La vida urbana en la Edad Media en Europa fue prácticamente inexistente. La mayoría de las ciudades romanas quedaron convertidas sólo en centros de administración eclesiástica y pasaron a formar parte del señorío territorial de un señor feudal, laico o religioso. Muy pocas personas vivían en ellas. Sin embargo, a partir del siglo XII esta situación cambió. Como consecuencia del aumento demográfico, del desarrollo económico y de la necesidad de los mercaderes de establecerse en un lugar fijo, las ciudades recobraron su importancia.
Entonces, las viejas ciudades romanas o antiguos burgos volvieron a poblarse y a su lado, aparecieron nuevos burgos: de la fusión entre los antiguos y los nuevos burgos nació la ciudad medieval. A los pobladores de las ciudades medievales, se los llamó burgueses. Este gran desarrollo urbano llegó a su máximo esplendor en el siglo XIII en el que algunas ciudades como, por ejemplo, París. Ciudades nacidas del despertar comercial, pero también del progreso agrícola del Occidente, que empezaba a alimentar mejor en víveres y en hombres a los centros urbanos.
Factores del renacimiento urbano
No queda otro recurso que atribuir el nacimiento y el progreso de las ciudades medievales a un complejo conjunto de estímulos y en particular, a grupos sociales diversos. Las regiones más fuertemente urbanizadas del Occidente medieval son regiones a las que convergen grandes rutas comerciales: Italia del Norte; Alemania del Norte y Flandes. Pero esas regiones son al mismo tiempo, las que poseen las llanuras más ricas, las que disfrutan de los progresos más seguros de la rotación trienal, las que emplean con mayor extensión el arado y el caballo de labor.
Las ciudades medievales atrajeron a una enorme cantidad de mercaderes que se establecieron en ellas y que con el tiempo, llegaron a dominarlas. La mayoría estaba situada cerca de un río, del mar o de un camino importante. Este hecho las convirtió en centros comerciales. Las ciudades también se convirtieron en centros de atracción para los campesinos que buscaban mejores oportunidades. Algunos siervos llegaron a ellas huyendo de los señores feudales. Los campesinos libres lo hicieron atraídos por la creciente actividad artesanal y comercial. Con ello, estos campesinos se convirtieron en artesanos.
Forma urbana y topografía
En la ciudad medieval, el emplazamiento topográfico tendrá gran influencia en el futuro desarrollo del plano, ya que con frecuencia, los emplazamientos nuevos se localizaban en zonas escarpadas y altos para garantizar una mejor defensa. Hechas las introducciones, nos centramos en su aspecto físico: por razones de defensa, se emplazaban en lugares difícilmente expugnables, buscando utilizar los cauces de los ríos como obstáculos para el enemigo, y el situarse en esas topografías irregulares condicionó el aspecto de estas ciudades, de calles irregulares.
En la configuración de la ciudad la función principal que motivó su surgimiento tendrá un papel decisivo y muchas veces el plano también va a reflejar la organización de la sociedad. Las diferentes grupos sociales (clero, nobles, artesanos, etc.) viven con frecuencia en grupos aislados organizados en calles, zonas o barrios propios que presentan fisionomías propias. Las más importantes partían del centro y se extendían de forma radial hacia las murallas; las secundarias se unían a ellas, muchas veces formando un círculo en torno al centro, atendiendo a un patrón radiocéntrico muy común.

Murallas, puertas y espacio público
Eran recintos amurallados, lo que aseguraba su paz. Como los antiguos burgos también tenían murallas, fue muy frecuente que las ciudades tuviesen dos murallas: la antigua y la nueva. Sus puertas se cerraban en la noche y se abrían de nuevo en la mañana. La plaza del mercado solía encontrarse en el centro de la ciudad o cerca de una de sus puertas de acceso, donde se desarrollaba la actividad comercial.
El espacio urbano está diferenciado en dos dominios el público y el privado, que se corresponden a dos categorías de suelos: las calles, plazas y espacios públicos por un lado y los solares edificables o espacios privados por otro. El espacio intramuros hay que parcelarlo y repartirlo entre los nuevos pobladores, los existentes en el momento de la fundación y también los futuros vecinos que puedan venir. Dentro del recinto intramuros el espacio parcelado para su utilización con fines privados constituye la mayor parte del suelo urbano.
Vivienda, calles y condiciones sanitarias
En su interior, las casas casi siempre tenían tres pisos: el primero, construido de piedra, servía de taller y de tienda; el segundo y el tercero, en cambio, se usaban como vivienda y eran de madera. El uso de este material en las viviendas ocasionaba frecuentes incendios en las ciudades. Las calles eran estrechas y por ello, oscuras. No había sistemas de alcantarillado por lo que las ciudades solían tener malos olores.
Actividades económicas y gremios
EI atractivo que las ciudades medievales ejercieron sobre los campesinos la liberación del campo, a partir del siglo XII, cierta cantidad de mano de obra que trabajó en la industria urbana. En la Edad Media la industria no contaba con grandes maquinarias y su producción era limitada, es decir, era de tipo artesanal. Por eso a los obreros se los llamó artesanos. Los artesanos medievales del siglo XII retornaron a las viejas técnicas olvidadas y aprendieron, a la vez de los artesanos del Islam y de Bizancio.
Los habitantes de la ciudad se especializaban en un oficio y compraban en el mercado lo que no producían. Los artesanos de un mismo oficio y los comerciantes se agruparon en gremios. Los gremios fijaban los procedimientos de fabricación, las normas laborales, las horas de trabajo y los salarios. También aseguraban la destreza en el oficio: se accedía al grado de oficial tras un aprendizaje de diez años, como mínimo, en el taller de un maestro. Nadie podía ejercer un oficio si no pertenecía al gremio respectivo.

Burguesía, poder y cartas de libertades
El poderío económico de los mercaderes estuvo estrechamente vinculado al desarrollo de las ciudades que fueron sus centros de negocios. El papel protagónico en el desarrollo de las ciudades lo tuvieron sus habitantes: los burgueses. Bajo este nombre pasó a designarse a todas aquellas personas cuya riqueza se basaba en el dinero y no en la tierra. El enriquecerse con dinero y no dedicarse a actividades rurales, distinguió a los burgueses de los campesinos y de la nobleza feudal. Por eso formaron una nueva clase social: la burguesía.
La aparición de la burguesía rompió el rígido esquema de la sociedad feudal de órdenes. Algunas ciudades acogieron a los señores feudales. En esos casos, la nobleza invirtió su riqueza en el comercio, se dedicó personalmente a los negocios y acaparó los cargos políticos de la ciudad. De esta manera la nobleza se aburguesó. En otras ciudades, en cambio, los mercaderes plebeyos acapararon el poder y, al hacerlo, buscaron liberarse del control que ejercía sobre ellos la nobleza.
Generalmente, los burgueses se libraron del dominio feudal emprendiendo sublevaciones y contratando mercenarios que forzaron a la nobleza a renunciar a sus derechos. En otros casos, recurrieron al apoyo de los reyes, a quienes les interesaba doblegar a la nobleza. A cambio de apoyo financiero, las ciudades recibieron de los monarcas cartas de libertades que las colocaban directamente bajo la autoridad real -sustrayéndolas del control de los señores-, las autorizaban a administrar justicia por sí mismas y otorgaban libertad personal a sus habitantes.
Iglesia, órdenes mendicantes y barrios religiosos
Entre los edificios urbanos destacaban las iglesias, el palacio episcopal, y más tarde, el palacio comunal, que fue la sede administrativa de la ciudad. La Iglesia no vio con buenos ojos el rápido ascenso de la burguesía. Sus ocupaciones encaminadas a acumular dinero fácil fueron consideradas por los clérigos síntomas de avaricia. Por eso, pasaron a formar parte de una lista de oficios deshonrosos.
Desde el punto de vista religioso, el contraste entre ricos y pobres provocó una necesidad de reforma. De esta manera surgieron en el siglo XIII las órdenes mendicantes: franciscanos y dominicos. Ambas adoptaron una moral basada en la austeridad y se instalaron en las ciudades, relacionándose con sus problemas. EI principal papel de la ciudad en la Baja Edad Media consistía en la atracción que ejercía el mundo exterior. Las órdenes mendicantes se consagraron por entero a la conquista espiritual de los hombres y se instalaron en el tejido urbano, influyendo en la vida cotidiana y en la presencia de barrios religiosos.
EI miembros de la orden franciscana obedecían a la prédica de San Francisco, hijo de un rico mercader italiano de la ciudad de Asís, que en 1206 había abandonado a los suyos renunciando a todos sus bienes. San Francisco, que llevaba una vida de pobreza y mendigaba para obtener el sustento diario, pronto tuvo muchos seguidores. Por eso, en 1210 el Papa Inocencio III aprobó su regla que exigía vivir de acuerdo con el principio de la pobreza evangélica.
Barrios y segregación funcional
Las ciudades habían segregación funcional. Las diferentes actividades económicas y religiosas tendían a concentrarse en zonas o barrios propios que presentaban fisionomías particulares: barrios de artesanos, barrios mercantiles, enclaves episcopales o monásticos y conjuntos habitacionales ligados a determinados oficios. La misma plaza de la catedral solía albergar los mercados y en ella se elevaban también edificios administrativos, como el Ayuntamiento o la Casa de los Gremios. En muchas ocasiones las iglesias y monasterios ocupaban extensas superficies en el centro urbano transformando en parte la retícula urbana romana, generando sus propios parcelarios medievales.
Modelos urbanos y variantes regionales
El modelo de ciudad que hoy entendemos como propiamente medieval no apareció hasta el siglo XI y se desarrolló en las dos centurias siguientes, a raíz del crecimiento de las actividades artesanas y mercantiles. En la Península Ibérica, el proceso de creación urbana por la sociedad medieval cristiana fue muy intenso. Las ciudades que surgen, de forma espontánea, a partir de un primitivo enclave militar o religioso y que aglutinan entorno a sí población en progresión creciente, pueden dar origen a posteriores ciudades, normalmente con una planta urbana compleja e irregular.
En la zona norte peninsular se dan ciudades de planta regular especialmente en zonas donde los monarcas tuvieron un especial interés por organizar el espacio con nuevas poblaciones concentradas que les permitía un mejor control del territorio. En la zona de Guipuzcoa, Vizcaya, Cantabria, Asturias y Galicia se crean más de 100 poblaciones urbanas. Las nuevas plantas de dichas villas están programadas de inicio. No podemos incluir a todas las ciudades que se crean en la ruta o camino de Santiago en un mismo modelo urbanístico, pero hay una tendencia a crear villas y ciudades con un “plano itinerario”: poblaciones creadas en torno al camino con una calle larga y viviendas a ambos lados.

Espacio público como centro de la vida urbana
El espacio público es el centro de las actividades económicas. Estaban continuamente ocupadas y frecuentadas por comerciantes, viandantes, trabajadores y bestias de transporte. Los artesanos y comerciantes no tienen ningún reparo en ocupar la calzada para la realización de sus actividades profesionales. Sacan sus bancos de trabajo a la calle para aprovechar mejor la luz diurna, exponen sus productos en tableros o mostradores que extienden y prolongan desde sus viviendas hasta la calle. El espacio público es también el lugar de encuentro y reunión de la sociedad medieval.
La plaza como lugar común de la sociedad medieval no tiene las mismas connotaciones de la plaza renacentista. Las Ordenanzas Municipales de los centros urbanos tratan de mantener la paz en el espacio público. Tarea nada fácil ya que si nos atenemos a las numerosas sanciones que se recogen en el ordenamiento concejil, las disputas y los enfrentamientos armados constituían una actividad frecuente dentro de las ciudades. No todo el contacto social era de carácter violento, abundan los contactos cotidianos de relación normal, cordial e incluso festivo.
Privacidad, solares y presión demográfica
La privacidad de los solares y las edificaciones es fuerte, están cerradas y no son de libre acceso. En el caso Guipuzcoano el reparto de los suelos de casas según las medidas del “solar guipuzcoano” tenía las medidas de 8 metros de fachada a la calle por 12 metros de profundidad. Con el paso del tiempo la homogeneidad del solar familiar puede sufrir alteraciones bien por fragmentación o por adiciones parciales o totales. El espacio urbano se muestra insuficiente en la mayor parte de las ciudades dada la presión demográfica que sufren y la “imposibilidad de rebasar los recintos amurallados sin perder el derecho a la vecindad.
Esta tendencia a permanecer intramuros lleva a la sociedad urbana medieval a tratar de recuperar los pocos espacios públicos existentes con técnicas poco ortodoxas. Se adelantan las fachadas de las casas sobre el espacio público. Se aumenta la superficie construida en los pisos superiores sacando voladizos que impiden la correcta ventilación de la calle, se instalan las escaleras de las viviendas en el exterior, se ocupan los caminos de ronda entre las viviendas y las cercas, se construye sobre la muralla y las torres defensivas. Todas estas trasgresiones urbanísticas son denunciadas por los concejos tratando de devolver al espacio público toda la superficie primitiva.
Educación y cambio social
Como las actividades urbanas requerían nuevos conocimientos como, por ejemplo, llevar libros de cuentas, escribir cartas o redactar inventarios, los burgueses fundaron las primeras escuelas laicas. Al principio, había igualdad en la ciudad: la sociedad urbana contrastaba con la jerarquización feudal. Con el tiempo se acentuaron las diferencias entre ricos y pobres y nació el concepto de ciudadanía: para ser ciudadano y obtener las ventajas urbanas, había que tener recursos para pagar un impuesto especial a la comuna y poseer una casa en la ciudad.
Tabla: Tipos de espacios y funciones en la ciudad medieval
- Espacio público: plazas, calles principales, mercados - centro económico y social.
- Espacio privado: solares y viviendas - mayor parte del suelo urbano, privacidad fuerte.
- Barrios religiosos: catedrales, monasterios, parroquias - influencia espiritual y territorial.
- Barrios gremiales: talleres y casas gremiales - concentración de oficios y regulación por gremios.
**York 4K Video | Recorrido Completo por la Ciudad Medieval**
Para realizar un buen estudio del paisaje urbano medieval hay que incidir de una forma especial en las fuentes de información indirectas, tales como la documentación textual, la iconografía y la cartografía histórica. Y, sobre todo, aplicarnos en la observación directa del espacio urbano pues todavía hoy, la propia ciudad medieval es una buena informante.
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