La ciudad de Calatayud posee un rico patrimonio histórico-artístico, donde destaca especialmente el legado mudéjar visible en sus torres y templos. Entre estos tesoros se encuentra la Basílica del Santo Sepulcro, un monumento con profundas raíces históricas y artísticas que reflejan la influencia de la Orden del Santo Sepulcro y la Corona de Aragón.
Orígenes históricos
La Basílica del Santo Sepulcro tiene sus orígenes en el testamento de Alfonso I el Batallador, quien, tras incorporar Calatayud a la Corona de Aragón en 1120, legó en 1131 su reino a las instituciones religiosas de Jerusalén, incluyendo la Orden del Santo Sepulcro. Aunque este testamento no pudo ejecutarse en su totalidad, estableció las bases para la llegada y asentamiento de la Orden en Calatayud. Los canónigos del Santo Sepulcro impulsaron entonces la construcción de un primer complejo monástico dedicado en 1156 y consagrado en 1249.
Según la tradición, al capitular Calatayud ante Alfonso I el Batallador en 1120, la mezquita mayor fue purificada y consagrada como iglesia bajo la advocación de Santa María. Este relato se confirma con la aparición de restos de un edificio islámico público bajo el ábside de la actual Colegiata.
Consolidación y reconstrucción medieval
El templo fue citado en una bula papal de Lucio II entre 1144 y 1145 con el nombre de Santa María de la Mediavilla, y consagrado solemnemente en 1249. La construcción original románica contaba con tres ábsides de piedra y una nave de ladrillo, sobre cuyos cimientos se levanta el templo actual.
Durante el siglo XIV, el edificio sufrió posibles daños debido a la Guerra de los Dos Pedros (1356-1369), lo que motivó su reconstrucción a finales del siglo XIV y principios del XV. Esta rehabilitación fue probablemente patrocinada por Pedro IV el Ceremonioso y guiada por el maestro de obras Mahoma Ramí, aplicando el estilo mudéjar, característico por sus técnicas y decoraciones. Actualmente, el claustro, los cuerpos bajos del ábside y la torre pertenecen a este periodo y forman parte del Patrimonio Mundial declarado por la UNESCO en 2001.

Importancia de la Orden del Santo Sepulcro y su tutela real
La Real Colegiata del Santo Sepulcro fue beneficiaria de la protección firme de la monarquía aragonesa. En 1146, Ramón Berenguer IV donó un solar en Calatayud para la construcción de un convento de la Orden, compensando la renuncia de la Orden al testamento del rey Alfonso I. La continuidad de la Orden en Calatayud estuvo también respaldada durante conflictos con bulas papales que buscaban la supresión de la Orden del Santo Sepulcro, amenazada en 1489 por el papa Inocencio VIII pero defendida por el rey Fernando II el Católico, quien logró que la Orden siguiera vigente en su reino.
La Colegiata fue gobernada por una comunidad de canónigos regulares regidos por la regla de San Agustín, cuyo Prior también era superior regional de la Orden en Aragón y territorios cercanos. A partir de 1431, los priores fueron nombrados directamente por la Santa Sede hasta que en 1746 el priorato fue declarado de Patronato Real.
Desarrollo y construcción renacentista
Durante finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, la Colegiata experimentó una remodelación arquitectónica en estilo clasicista característico del Escorial, impulsada por el prior Juan de Palafox y el arquitecto Gaspar de Villaverde. El edificio actual presenta planta de salón con tres naves de igual altura, siendo la central casi el doble en anchura que las laterales, doce capillas laterales y un crucero cubierto por una cúpula sobre pechinas.
La importancia artística del templo reside en el conjunto de retablos que representan el ciclo completo de la pasión de Cristo, configurando una peculiaridad única en el mundo. El coro presenta sillerías talladas del siglo XVII, destacando el sitial del prior con un bajorrelieve de san Agustín, siguiendo la Regla que los canónigos profesaban hasta el siglo XIX.

Elevación a basílica y estado actual
En 2020, la Real Colegiata del Santo Sepulcro fue elevada al rango de Basílica menor por la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, con la aprobación del Papa y la comunicación al obispo de Tarazona. Esta basílica es la única en la diócesis de Tarazona y una de las siete que existen en Aragón. Posee los signos propios de una basílica, como el escudo con llaves papales, el tintinábulo y la umbela o conopeo.
Actualmente se vienen realizando obras de restauración en diferentes partes del templo, como la cúpula y la torre sur, preservando así este rico patrimonio histórico y arquitectónico para las futuras generaciones.
Espacio Medieval Pedro IV
Ubicado en el claustro alto del siglo XIV, este espacio museográfico recorre la historia de la Orden del Santo Sepulcro y su relación con Calatayud, la Corona de Aragón, la Santa Sede y el Patriarcado Latino de Jerusalén. El ala del claustro donde se encuentra fue reconstruida gracias al mecenazgo de Pedro IV el Ceremonioso, quien también da nombre al espacio.
El Espacio Medieval Pedro IV está abierto al público de jueves a sábado en dos franjas horarias, así como los domingos, facilitando la visita para conocer en profundidad tanto la historia como el arte de la basílica.
VISITA POR LA BASÍLICA DEL SANTO SEPULCRO - Calatayud
Tabla: Cronología principal del Santo Sepulcro de Calatayud
| Año | Evento |
|---|---|
| 1120 | Incorporación de Calatayud a la Corona de Aragón por Alfonso I. |
| 1131 | Alfonso I lega su reino a las instituciones religiosas de Jerusalén. |
| 1156 | Dedicación del primer templo del Santo Sepulcro en Calatayud. |
| 1249 | Consagración solemne del templo románico por obispos y arzobispos. |
| Siglo XIV - XV | Reconstrucción en estilo mudéjar tras la Guerra de los Dos Pedros. |
| Siglo XVII | Construcción de la fábrica actual en estilo clasicista. |
| 1851 | Supresión del cabildo regular, se convierte en parroquia. |
| 1901 | Estatus de Colegiata ad Honorem concedido por el Papa León XIII. |
| 2020 | Elevación a basílica menor reconocida por el Vaticano. |
La Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud es un ejemplo vivo de la evolución histórica, religiosa y artística de la región, un monumento que combina el legado mudéjar, el románico, el renacimiento y el barroco, y que sigue siendo un epicentro de la cultura y la espiritualidad aragonesa.