En torno a la figura de Jesús y a la rápida expansión de sus seguidores surgieron, desde los primeros siglos, variadas interpretaciones sobre su persona y su enseñanza. Como Jesús no había dejado nada por escrito, cada grupo interpretaba sus palabras y sus actos como podía. Esta diversidad puede reducirse a tres corrientes principales: una judía que consideraba a Jesús mesías pero hombre; otra paulatina, impulsada por Pablo de Tarso, que veía en Jesús al Hijo real de Dios y al sacrificio redentor por los pecados; y una tercera, más escasa y selecta, que se consideraba poseedora de un conocimiento secreto o revelación que garantizaba la salvación absoluta.
Origen y contexto histórico de los evangelios apócrifos
Tras la muerte y resurrección de Jesús, el movimiento cristiano se dividió y multiplicó. En el siglo II d.C., algunos maestros gnósticos como Valentín o Basílides habían recibido este conocimiento espiritual, la gnosis, y lo habían puesto por escrito. Todos estos textos forman parte de la literatura apócrifa del Nuevo Testamento. La palabra «apócrifo» deriva del verbo griego apokrypto, «ocultar».
En un principio, un libro apócrifo era el que convenía mantener oculto por ser demasiado precioso, no apto para ser entregado a manos profanas. También se designaban como «apócrifos» los libros que procedían de una enseñanza secreta o la contenían, como es el caso de los escritos gnósticos. Sin embargo, como los gnósticos se apartaban de las posiciones dominantes en la Iglesia, el vocablo «apócrifo» adquirió muy pronto el sentido de «falso», y esta acepción negativa es la que hoy prevalece.
La Iglesia rechazó los textos gnósticos y no los incluyó en la colección de libros sagrados que forman el Nuevo Testamento. Aquellos textos se fueron perdiendo y durante mucho tiempo sólo se conocieron a través de lo que de ellos explicaban sus adversarios, sobre todo Ireneo, obispo de Lyon, que escribía hacia el año 200. Pasaron más de mil quinientos años hasta su redescubrimiento. Alguno, como Pistis Sofía, fue localizado a finales del siglo XIX, mientras que el resto de los que hoy conocemos fueron hallados en diciembre de 1945 cerca de Nag Hammadi, una localidad egipcia.

Qué caracteriza al pensamiento gnóstico
Había un tercer grupo bastante más escaso en número, en el que participaban judíos y antiguos paganos, que se creía del todo especial. Sus miembros sostenían que eran superiores: sólo ellos disfrutaban de un conocimiento secreto, de una revelación gracias a la cual conseguirían la salvación total y absoluta. Creían que tan particular revelación se les había concedido porque eran descendientes de Set, el tercer hijo de Adán.
Sólo ellos, los hijos de Set, tenían, además de «cuerpo» y «alma», un «espíritu» que procedía directamente de la divinidad. Sin embargo, no eran plenamente conscientes de que su cuerpo albergaba esta chispa divina porque el ser humano está separado de Dios por el cuerpo, por la materia que la envuelve y la aprisiona entre deseos y sufrimientos. Dios envió una cadena de seres encargados de revelar estas verdades y el camino de la salvación a algunos escogidos.
Como el «espíritu» sólo había sido concedido a esta minoría, sus miembros podían ser llamados «espirituales». Y por haber recibido la revelación, «conocían» o sabían más que otros; por consiguiente, se les podía denominar «conocedores», en griego «gnósticos». Ellos eran los únicos capaces de entender plenamente las Escrituras reveladas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Creían que esos escritos contenían los mensajes del Gran Revelador e Iluminador, Jesús. Mientras los demás los entendían superficialmente, ellos lo hacían a fondo.
Los evangelios gnósticos y el evangelio de María
En el siglo II d.C., tras el paso de Jesús por la tierra, algunos maestros gnósticos plasmaron la gnosis en escritos que afirmaban recoger las enseñanzas secretas que Jesús había revelado entre su resurrección y su ascenso a los cielos a algunos de sus íntimos, como Juan, Santiago, el apóstol Felipe, Tomás o María Magdalena. Todos estos textos forman parte de la literatura apócrifa del Nuevo Testamento.
El evangelio de María, o evangelio según María Magdalena, es un texto apócrifo que según especialistas fue originalmente escrito en el siglo II. De él se conservan solo tres fragmentos, dos ediciones en griego del siglo III y otro un poco más extenso en copto, del siglo V. Dicha traducción en copto fue hallada en un bazar de El Cairo por un erudito alemán en 1896. Todavía no se conoce una copia completa del evangelio de María. Menos de ocho páginas del antiguo texto de papiro sobreviven, lo que significa que casi la mitad del evangelio de María está perdido para nosotros, quizás para siempre, escribió la historiadora e investigadora Karen King.
La historia que contiene comienza algún tiempo después de la resurrección de Jesús. En ella, Jesús anima a sus discípulos a salir y predicar sus enseñanzas al mundo, pero tienen miedo de hacerlo. Es María quien da un paso adelante y dice: «no se preocupen, él prometió que estaría con nosotros para protegernos». Dice que ella dirigirá sus corazones hacia el bien y comienzan a discutir las palabras del Salvador.
En un momento del texto, Pedro le pide a María que les cuente «las palabras del Salvador» que ella había escuchado y ellos no. «Lo que está escondido para vosotros os lo anunciaré», responde María Magdalena. Entonces les habla de una visión que tuvo de Jesús y de una conversación con él, de la que da algunos detalles. Más tarde, relata una controversia en la que intervienen los apóstoles Andrés y Pedro. Andrés dice: «estas cosas me parecen muy extrañas», y Pedro cuestiona que Jesús hablara en privado con una mujer. Mateo defiende a María y reprime el ataque sobre ella: «si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla?»
Significado del evangelio de María
Según King, esta breve narración presenta una «interpretación radical de las enseñanzas de Jesús como un camino hacia el conocimiento espiritual interior» y también «el argumento más directo y convincente en cualquier escrito cristiano primitivo sobre la legitimidad del liderazgo de las mujeres». En cualquier caso, el evangelio de María destaca la figura de María Magdalena sobre los discípulos de Jesús y proporciona información importante sobre el papel de las mujeres en la Iglesia primitiva.
Sacramentos, ritos y práctica gnóstica
Un grupo gnóstico comenzaba casi siempre por una supuesta revelación divina a una personalidad religiosa sobresaliente, que transmitía a sus seguidores la sabiduría recibida; a menudo, esta transmisión se producía durante ciertos ritos de iniciación. Las revelaciones se solían escribir en libros difíciles de entender para los no iniciados, ya que en una comunidad gnóstica se daba una estricta división entre los conocimientos exotéricos, a los que podían acceder personas que no pertenecían al grupo, y los conocimientos esotéricos, que sólo estaban a disposición de los miembros de la comunidad.
En un sistema gnóstico no existen los sacramentos en estricto sentido, como acciones que transmiten por sí mismas la salvación a quienes las reciben. Para un gnóstico, la salvación es un acto intelectual: consiste en recibir una revelación y aceptarla. Pero, como indica el Evangelio de Felipe, los sacramentos eran símbolos que escenificaban que el «espiritual» estaba viviendo la «resurrección», o unión con la divinidad, ya en esta vida carnal.
El bautismo significaba que el espíritu quedaba libre de los demonios que lo acechan; y, a la hora de presentarse ante Dios, era un signo de haber sido elegido. La unción, que se solía celebrar junto con el bautismo, tenía gran importancia. Se ungían con aceite diversas partes del cuerpo, principalmente la cabeza, lo que servía para defenderse de los demonios y aliviar las enfermedades, pero la unción era, ante todo, un símbolo de la redención y del don de la definitiva inmortalidad: el ungido gnóstico se asimilaba al ungido por excelencia, Cristo.
La ceremonia de la «cámara nupcial» era también una suerte de sacramento gnóstico. El iniciado era introducido en un aposento que representaba una cámara nupcial, y allí tenía lugar de modo místico la unión del espíritu del gnóstico con su otra parte celeste y con Dios. No parece que ello entrañase un acto sexual entre dos creyentes, sino que era un acto puramente espiritual. En cuanto al beso o abrazo cultual, servía para expresar la fraternidad entre los «espirituales» o la iniciación en la comunidad.
Recepción, rechazo y canonización
Los escritos gnósticos fueron apartados por la Iglesia cuando se llegó a una versión oficial del cristianismo. Cuando el emperador romano Constantino se convirtió al Cristianismo en el año 312, quiso utilizarlo como forma de unificar su fragmentado imperio. Luego hubo un efecto concertado para estandarizar doctrinas cristianas y promover un canon acordado de las escrituras del Nuevo Testamento. A finales del siglo IV, los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron aceptados ampliamente como parte integral de los 27 textos que constituyen el Nuevo Testamento.
En 1945, un grupo de personas que cavaban en busca de fertilizante en el desierto egipcio encontraron varios textos primitivos cristianos incluyendo los evangelios de Tomás, Felipe y Marción, que habían permanecido enterrados durante 1.600 años. El Jesús de estos textos era radicalmente diferente al aceptado en los evangelios del Nuevo Testamento. En lugar del hijo de Dios sufriente y humano, mostraban a un ser divino cuyas expresiones misteriosas revelaban los secretos de la inmortalidad.

Iluminación: del simbolismo de la luz a su sentido espiritual
Una de las mayores virtudes que son exaltadas y reclamadas por todas las religiones del mundo es la «iluminación». Aunque su significado varía en cada una de ellas, podemos inferir que la intención del vocablo es proveer respuestas, guía, significado, tanto en los niveles internos y secretos del alma, como sentido y dirección en las búsquedas externas de la vida bajo el sol. La luz bíblica es más práctica que poética: de nada sirven buenas y potentes lámparas si no estamos dispuestos a prestarle atención a aquello que se va iluminando y empezamos a percibir.
Jesucristo dijo con propiedad: «Yo, la Luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en Mí no permanezca en tinieblas». Si la luz no hace que distingamos lo que somos y lo que tenemos alrededor, entonces permanecemos en tinieblas. Jesucristo es la luz que ha venido al mundo para disipar las tinieblas. La verdad es que nunca podríamos alcanzar a la luz si es que fuéramos tras ella. Por eso debemos aprovechar la luz que viene a nosotros para iluminar nuestro día a día, en superficies pequeñas como nuestras decisiones diarias, nuestras circunstancias, o las horas y minutos que se nos ponen por delante.
La luz espiritual nos demanda acomodarnos a su luz y no ella a nosotros: el mundo vive sumido en oscuridad. Las tinieblas son la condición natural en la que los ojos del ser humano están acostumbrados a desenvolverse. Por eso es que cuando uno ha estado todo el tiempo en oscuridad, necesita un tiempo para acomodar su visión a la luz poderosa. Cuando el Señor ilumina nuestra oscuridad, siempre tendremos que pasar por un breve período de encandilamiento antes de poder percibir con claridad lo que está alrededor.
Paralelismos entre gnósis y «evangelio secreto de la iluminación»
Los evangelios gnósticos presentan la iluminación como un conocimiento interior y secreto: la salvación es un acto intelectual que consiste en recibir una revelación y aceptarla. En el evangelio de María, por ejemplo, la enseñanza de Jesús toma la forma de un camino hacia el conocimiento espiritual interior y la legitimidad del liderazgo femenino. Este enfoque resuena con la idea de un «evangelio secreto de la iluminación», donde la luz y el conocimiento son entregados a unos pocos elegidos y se transmiten mediante revelaciones, ritos de iniciación y textos reservados.
Textos y fuentes relevantes
Entre los textos apócrifos más conocidos figuran el evangelio de Tomás, el evangelio de Felipe, el evangelio de María y el evangelio de Pedro. Algunos, como Pistis Sofía, fueron localizados a finales del siglo XIX. La mayoría de los textos que hoy conocemos fueron hallados en 1945 cerca de Nag Hammadi. Los gnósticos solían escribir revelaciones difíciles de entender para los no iniciados y separar conocimientos exotéricos y esotéricos, lo que explica en parte por qué sus escritos fueron pronto vistos como peligrosos o heréticos por la Iglesia dominante.
Tabla resumida: características del evangelio de María y otros textos gnósticos
Tabla:
- Evangelio de María: siglo II, fragmentos en griego y copto; enfatiza liderazgo femenino y conocimiento interior.
- Evangelio de Tomás: colección de dichos atribuidos a Jesús; enfoque en sabiduría y autorrealización espiritual.
- Evangelio de Felipe: simbolismo sacramental y unión mística; importancia de la unción y la cámara nupcial.
- Pistis Sofía: obra extensa de carácter gnóstico con mitología y revelaciones esotéricas.
Los escritos gnósticos y el llamado «evangelio secreto de la iluminación» nos muestran que desde muy temprano existieron lecturas alternativas de la figura de Jesús y de la naturaleza de la salvación. Mientras la Iglesia oficial acabó por elaborar un canon y una doctrina dominante, las corrientes que privilegiaron la gnosis reivindicaron una experiencia interior de la luz y del conocimiento como camino de redención.