Biografía del misionero agustino recoleto José Luis Garayoa Alonso

José Luis Garayoa nació en Falces el 7 de agosto de 1952 y, tras ingresar en la Orden de Agustinos Recoletos, fue ordenado sacerdote en 1976. Acto seguido pidió ser enviado como misionero a la Sierra de Chihuahua, México, y a lo largo de su vida trabajó también en la Ciudad de los Niños, el proyecto socioeducativo de los Agustinos Recoletos en Costa Rica, en Valladolid y en diversas misiones en África y Estados Unidos.

Vocación misionera y primeros destinos

Tras su ordenación, Garayoa fue destinado inicialmente a México y a Costa Rica, y más tarde a Valladolid y Madrid. José Luis acudió a la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas (Madrid) acompañado por Rodrigo Diez, secretario provincial y su representante en España como el propio misionero lo presenta, para contar la realidad que más le gusta contar: lo que vive y siente de cerca.

Llamada a Sierra Leona y el secuestro de 1998

La llamada de África llegó con una carta pidiendo voluntarios para Sierra Leona; "yo tenía entonces 45 años", recuerda Garayoa. Llegó a Sierra Leona en enero de 1998 y enseguida cayó con fiebres tifoideas. Estaba recuperándose en el hospital de los Hermanos de San Juan de Dios en Mabesseneh cuando el 14 de febrero los rebeldes atacaron el hospital y se les llevaron como rehenes a tres hermanos, a un farmacéutico cooperante español y a él.

Las televisiones y los diarios españoles durante 14 días se volcaron en los misioneros secuestrados. "Cada día yo celebraba la misa con mis compañeros, sentados en el suelo, con una cruz de madera, partíamos un poquito de pan y chupábamos las migas", relató. El 25 de febrero les quisieron fusilar, pero una facción decidió mantenerlos vivos; tres días después las fuerzas de la ONU liberaron al grupo. "Fue como nacer otra vez", dijo Garayoa.

Período en Estados Unidos y retorno definitivo a África

Después del secuestro regresó a España y posteriormente fue enviado a Nuevo México y Texas, donde trabajó con inmigrantes hispanos durante cuatro años. "Allí trabajó con inmigrantes hispanos, 'gente sencilla que se estrellaba con una realidad dura'". En 2005, tras la finalización de la guerra y el desarme en Sierra Leona, José Luis volvió a la misión en septiembre de 2005 cumpliendo una promesa hecha durante su cautiverio: "Si sobrevivo, diosito, te prometo... darle a este pueblo no menos de 5 años de mi vida".

La misión en Kamabai (Biriwa, Bombali)

La misión de Kamabai, situada en el chiefdom Biriwa, provincia de Bombali -la más pobre del país- fue el centro de su entrega. Desde que volvió, en 2005, no ha parado de pelear para conseguir leche y papillas que llegan en contenedores solidarios desde España, montar escuelas, promover un invernadero, criar cabras o gallinas e instalar pozos de agua en las aldeas.

Mapa de la provincia de Bombali y ubicación de Kamabai

La misión tiene 34 escuelas a su cargo, con 5.000 alumnos y 115 profesores. "Es una alegría inmensa ver a los niños bombear el agua y cargar el cubo en la cabeza; significa menos gusanos en sus estómagos", decía Garayoa. En la comunidad le acompañaban Manuel y Russell (religiosos filipinos) y Juan Jesús, de México, así como personal local y algún voluntario por temporadas.

Proyectos y prioridades

  • Construcción de escuelas: 34 centros con 5.000 alumnos y 115 profesores.
  • Instalación de pozos: 40 pozos de agua en aldeas para mejorar la higiene y reducir enfermedades.
  • Invernadero y cría de animales: proyectos agrícolas y ganaderos para mejorar la alimentación.
  • Clínica de maternidad y salud: proyecto de pequeña clínica de maternidad, higiene y medicina general en Kamabai con 4 habitaciones y 2 consultorios.
  • Programas educativos y becas para niñas: formación contra el sida y apoyo para que las chicas puedan estudiar.
  • Campañas contra la mutilación genital femenina y promoción de derechos humanos.

Condiciones locales y retos

Sierra Leona ocupa un puesto muy bajo en el Índice de Desarrollo Humano: "Se nos mueren 4 de cada 10 niños", confirmaba Garayoa. Enumeraba las necesidades: "alta mortalidad infantil y materna, alta incidencia de enfermedades, falta de alimentos y capacidad de producirlos, desnutrición crónica, analfabetismo, desconocimiento de los derechos fundamentales, indefensión frente a la injusticia social, discriminación de la mujer…".

En la zona sólo hay una carretera asfaltada y no hay electricidad, salvo en la misión gracias a paneles solares. Hay que pagar para ser atendido en el hospital público y por las medicinas. Mientras, urge alimentar bien a los niños. Se estaban habilitando puntos para recoger móviles usados y, tras venderlos a empresas autorizadas, lograr fondos para comprar vacas. En toda la provincia de Navarra se organizaban mercadillos y campañas para apoyar la misión y se admitían donativos para la ONG La Esperanza.

Trabajo en salud y crisis sanitarias

Durante la epidemia del ébola (2014) vivió experiencias durísimas: "Pasé la epidemia con Rene, mi hermano, amigo y compañero Agustino Recoleto. Sin él no habría sido posible. Nos apoyamos el uno al otro y lloramos a mares juntos por impotencia: no podíamos hacer más que correr de aldea en aldea llevando arroz, recomendando aislamiento, consolando".

También dijo que, ante el sida, era necesario educar más allá de la distribución de condones: "Cuesta menos dar un condón que educar... queremos dar formación, explicar qué es el amor cristiano, la fidelidad, la relación de pareja, formar a las mujeres... damos más becas de educación a las chicas".

Estilo de misión: fe, sencillez y cercanía

"Garayoa personificaba la entrega a los demás por Cristo, desde la alegría y la sencillez de la misión", señalaron sus superiores. Él mismo afirmaba: "Estoy allí desde la fe, no por solidaridad humana... Soy sacerdote, anuncio la Buena Nueva. Eso incluye dar agua al que tiene sed, y hacer pozos". Amaba las misas africanas: "La gente baila en la Eucaristía, la Palabra se proclama mientras se baila. La misa dura dos horas... Una misa allí te llena".

Su cercanía a la población quedó patente en anécdotas como la de un anciano musulmán que le decía: "Grandpa, si tú te vas, ¿qué esperanza nos queda?" y en la convivencia con gente de otras creencias: "Los cristianos son muy pocos en el país. Hay sobre todo animistas, y algunos musulmanes, que se llevan bien con los cristianos".

La Misión de Kamabai en Canal 4 Castilla y León. Parte 2.

Comunicación y sensibilización

Garayoa escribía un blog, África en el corazón, nacido de la necesidad de comunicarse y luchar contra la soledad, y utilizaba las redes y materiales audiovisuales familiares para acercar la realidad a su provincia. Su sobrino Javi realizó un video que se compartió para difundir la realidad de la misión entre amigos y congregaciones. La labor de José Luis y su personalidad alegre, apasionada y esperanzada siempre inspiraron proyectos como los de la Fundación Maga en Sierra Leona.

Reconocimientos y última etapa

Tras su secuestro en 1998, ese mismo año recibió la Medalla de Oro de Navarra junto a otros misioneros en representación de más de mil misioneros navarros presentes en más de 67 países. Tras varios años en Sierra Leona regresó en 2006 y permaneció hasta 2015. Desde 2015 estuvo destinado en El Paso (Texas), donde trabajó con inmigrantes latinos en la parroquia Little Flower y donde, desde 2016, estuvo al cargo de la misión de los Agustinos Recoletos en esa ciudad fronteriza.

Enfermedades, sacrificio y testimonio final

Garayoa soportó múltiples enfermedades: "Por allá le llaman 'Grandpa'. A José Luis no le tumban ni un secuestro ni la malaria -17 veces ya-". Llegó a padecer 22 malarias y varias tifoideas. Durante la crisis del ébola y otras emergencias mostró una entrega total: "¿Cómo no creer en Dios? ¿Cómo no tener la esperanza de que exista un cielo para quien ya vivió en los infiernos? Sin fe, me volvería loco siendo testigo de tanta muerte absurda y de tanta injusticia".

Fallecimiento y legado

José Luis Garayoa, misionero navarro de la orden de los Agustinos Recoletos, falleció a los 67 años víctima del Covid-19. Su congregación señaló que "Él era la Evangelii Gaudium que buscaba a Dios en las periferias existenciales del mundo". Su labor dejó proyectos concretos -escuelas, pozos, proyectos sanitarios, invernaderos, y casas para voluntarios- y una gran influencia en quienes colaboraron y se implicaron en Kamabai y otras comunidades.

Palabras y enseñanzas

  • "Para liberar a alguien, enséñale a valerse por sí mismo" - la educación como vía para la autonomía.
  • "La indiferencia se acaba con la cercanía" - su llamada a implicarse desde la responsabilidad personal.
  • "El pastor debe oler a oveja" - la necesidad de la cercanía pastoral entre los más pobres.

Su testimonio continúa inspirando campañas de apoyo, proyectos solidarios y el compromiso de voluntarios y ONG que hacen posible mantener y ampliar la obra que impulsó en vida.

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