Historia y características de la iglesia parroquial de Rivas Vaciamadrid

La parroquia de Rivas Vaciamadrid, con advocación a San Marcos y más tarde configurada en distintos hitos arquitectónicos, conserva una historia larga y compleja que se entrelaza con las crecidas del Jarama y el Manzanares, las vicisitudes de la población y las sucesivas reconstrucciones. La documentación histórica disponible -Relaciones Topográficas de Felipe II, visitas pastorales, archivos diocesanos y municipales- permite seguir la evolución de un templo que pasó de ser una modesta ermita a un edificio contemporáneo con fuerte presencia en la arquitectura local.

Primeras referencias y período antiguo

La primera referencia a una parroquia en Vaciamadrid figura en las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1575 (Alvar, 1993). En la mención sobre Perales del Río, se dice: «(…) y muchas personas han dicho que conocieron una campana y un campanario en la dicha iglesia, y yo vi el campanario y un altar enhiesto, aunque no vi la campana, porque oí decir a muchas personas que la conocieron y que la llevaron a la iglesia de Vaciamadrid, que es aneja al curato del dicho lugar de Perales…».

La escasez de útiles y materias primas litúrgicas previa a la inauguración que cita el sacerdote, aludiendo al archivo, apunta a que la primera iglesia debía ser un edificio religioso muy básico, apenas una ermita, como la de Santa Cecilia que existía en Ribas de Jarama. Se puede deducir que contó con campanario por la cesión antes citada.

El párroco Roque Redecilla, en una carta dirigida al cardenal Francisco Lorenzana, recogida por el cronista Agustín Sánchez Millán (2002), aporta información sobre la evolución: a petición de los vecinos, se permitió construir una nueva iglesia, que se hizo parroquia con el título de San Marcos; y en el año de 1632, a 21 días del mes de marzo, el licenciado Don Juan Ruiz colocó en la nueva iglesia parroquial el Santísimo Sacramento, pila bautismal, óleos y crisma.

Vida parroquial y bienes en los siglos XVII-XVIII

En una visita pastoral de 1644 se habla del clérigo Francisco de la Plaza, seleccionado por concurso, que enseñaba la doctrina y declaraba el evangelio en el templo en el pueblo. Se consideraba un «lugar malsano» por la cercanía a los ríos Jarama y Manzanares que hacía enfermar a los sacerdotes, por lo que era una plaza para curas meritorios.

Para entonces, el templo gozaba de una serie de rentas que lo abastecían: los perales de Cobanuebles, el soto de la torre y Vallespin; así como rompimientos, un pozo, leña y los derechos de pesca en el río. Según descripciones de principios del siglo XVIII, era un edificio de una nave pequeña y mala fábrica, que contaba con una sacristía estrecha. Estaba construido junto al palacio de Felipe II, prácticamente sobre el borde del río Manzanares.

La iglesia disponía de una torre y una tribuna; tenía tres retablos, un altar con tabernáculo en el que se guardaba un copón de plata, un altar con efigie de Nuestra Señora del Rosario o la Asunción y, en la zona de la Epístola, una talla de Cristo crucificado. Entre la actividad parroquial se celebraba un sermón el día de San Marcos y se adoraba a la Virgen de la Asunción y a Nuestra Señora la Antigua. La cofradía más importante del templo era la del Santísimo Sacramento, de carácter mixto, con permiso episcopal para celebrar el Corpus.

Problemas estructurales y proyectos de traslado

A finales del siglo XVII, los párrocos y enviados episcopales alertaban de los problemas arquitectónicos que sufría el templo. La proximidad del río consumía la cimentación y provocaba humedades que amenazaban paredes y techo. En 1697, una crecida del río inundó la iglesia, anegándola de barro, por lo que se propuso hacer una pared o una muralla terraplenada y crear un portal delante de la puerta del edificio. En 1714 se propuso trasladar la iglesia de lugar ante las continuas avenidas del río, con cargo a los diezmos de Madrid y de Vallecas, aunque las resistencias de la capital dejaron el proyecto en punto muerto.

El marqués de Ribas de Jarama, Antonio de Ubilla, ordenó la reparación de la iglesia arruinada y el Arzobispado de Toledo promovió la construcción del nuevo edificio, reutilizando parte del material de la antigua iglesia e invirtiendo los caudales del templo. La orden episcopal definitiva de construcción se produjo el 2 de marzo de 1726. Las obras proyectadas incluían cimentación de cal y piedra, muros de doble hilada de ladrillo, pilares y una tribuna con acceso por escalera de caracol, además de sacristía, vidrieras y yeso en paredes interiores.

Siglos XIX y XX: reparaciones, robos y destrucción en la guerra

En 1816 se rehabilitó el edificio. Entre 1881 y 1882 se hicieron obras urgentes por valor de 1.500 pesetas debido al deterioro de la fábrica. En 1831 el capital disponible era reducido (587 reales y 26 maravedíes) como consecuencia de la pérdida de población. En 1929 la iglesia sufrió un robo en el que se llevaron objetos de plata, según la denuncia interpuesta por el Obispado.

Durante la Guerra Civil, el templo resultó destruido en la batalla del Jarama, por lo que la actividad pastoral de San Marcos pasó a depender de la parroquia de Velilla de San Antonio. La Dirección General de Regiones Devastadas proyectó la reconstrucción del poblado en 1941, aunque la falta de fondos y la dispersión de vecinos demoraron la reconstrucción hasta 1959.

Reconstrucción y nuevo edificio de 1959

La iglesia de San Marcos fue uno de los elementos clave en la resurrección del pueblo en 1959. Según la memoria del proyecto, el edificio se dispuso en orientación norte-sur, con dos accesos: uno principal, con pórtico, en la fachada de poniente, y otro en la fachada sur. La cimentación era de hormigón, con muros de sillería de piedra natural en zócalos y esquinas, y de sillarejo sentado con mortero de cemento hasta 4,5 metros; a partir de ahí, las paredes eran de ladrillo cerámico a cara vista.

La cubierta tenía dos aguas (salvo en el ábside, con tres), con armadura de madera, teja curva de barro y boquillas de mortero de cemento. La torre, de planta cuadrada y con escalera, se proyectó en el ángulo sur-oeste con un chapitel sobre estructura de madera y tejado de pizarra. Dentro del templo, al fondo de la nave, se situaba el presbiterio y, a la izquierda, los servicios parroquiales, sacristía y despacho. Todos los suelos eran de baldosa hidráulica.

Las obras concluyeron en noviembre de 1959 y el nuevo edificio, situado a unos cientos de metros de la antigua ubicación, mantuvo la advocación a San Marcos. El cuerpo principal amplió ligeramente su capacidad en 2007 mediante la construcción de una capilla a modo de nave lateral del Evangelio, para lo que se cerró el antiguo atrio.

Plano histórico de la ubicación junto al Jarama y Manzanares

Situación contemporánea y necesidades pastorales

A pesar de las ampliaciones, la parroquia se ha quedado pequeña para la población asignada (un territorio con 35.000 vecinos) y tiene pocas posibilidades de crecer por la cercanía de infraestructuras municipales. Por eso, se ha planteado la posibilidad de aprovechar terrenos frente a la gasolinera Avia para crear un nuevo templo con espacio para una labor parroquial acorde con la población.

El templo fue inmatriculado en 1998 junto a otros bienes como la casa parroquial y un piso, por la Iglesia. A nivel ornamental, la pieza de mayor valor del templo es la pila bautismal pétrea, único elemento conservado de la antigua iglesia.

Santa Mónica: modernidad arquitectónica en Rivas Vaciamadrid

Además de la parroquia de San Marcos, Rivas Vaciamadrid es sede de la iglesia de Santa Mónica, obra de los arquitectos Ignacio Vicens y José Antonio Ramos, que ha situado al municipio en el mapa de la arquitectura contemporánea. Por su interior, su estructura y materiales parece la sede del más vanguardista de los museos contemporáneos, pero el edificio diseñado por Vicens & Ramos es, en realidad, un templo religioso. El edificio, con una estructura de hormigón chapada en acero cortén, despierta admiración y rechazo a partes iguales entre los vecinos por su propuesta innovadora.

La forma del esquema determinó la actuación de los planos, permitiendo que la obra naciera desde el borde y explote en lucernarios orientados al norte. La pieza sonora y la caja de luz se desvelan en el encuentro del sacro, guardado en una piel de acero cortén que expresa el paso del tiempo. El interior blanco se apoya en una línea de horizonte con base de granito negro pulido en el pavimento, creando un evocador contraste herido solo por la grieta de la luz.

Fachada y lucernarios de la iglesia de Santa Mónica

Programa y construcción

La iglesia necesitaba un esquema longitudinal direccional por la forma de la parcela y el programa incluía, además de la iglesia, espacios para gestión, catequesis y dos viviendas para sacerdotes. Para optimizar la superficie, el proyecto se desarrolla en un edificio continuo que unifica las viviendas, el centro parroquial y el templo. La construcción es sencilla: estructura metálica, revestimiento de cortén y trasdosado de pladur; el bajo presupuesto se compensó con la colaboración de párrocos, fieles y artistas.

Intervención artística

El templo reúne obra de artistas contemporáneos: José Manuel Ciria pintó la Capilla del Santísimo con un mural sobre la creación del mundo; Javier Viver realizó las imágenes de la Virgen y de Santa Mónica; José Luis Sánchez donó el crucifijo del presbiterio; José Antonio Ramos creó el Vía Crucis con catorce cruces de acero; Javier Martínez realizó el Cristo de la sacristía; y Fernando Pagola pintó el altar, ambón, sede y pila bautismal. Estas aportaciones artísticas llenan el espacio sagrado y muestran una generosa colaboración entre creadores y comunidad.

Recepción y reconocimiento

La obra de Santa Mónica ha sido publicada en diversas revistas especializadas y catálogos internacionales: ARQUITECTURA (Colegio de Arquitectos de Madrid), A+D Architectural Digest bajo el título “Milagro en acero cortén”, CHIESA OGGI, ARS SACRA, ARQUITECTURA PLUS, ARQUITECTURA VIVA, WALLPAPER y otras publicaciones internacionales. Su existencia ha situado a Rivas Vaciamadrid en el mapa de la arquitectura contemporánea y del arte sacro actual.

Elementos destacables y legado

  • Antigua pila bautismal pétrea, único elemento preservado de la iglesia primitiva.
  • Evolución desde una ermita básica vinculada a Perales del Río hasta parroquia con retablos, tribuna y torre en los siglos XVII-XVIII.
  • Vulnerabilidad frente a las crecidas de Jarama y Manzanares, que condicionaron traslados y reformas.
  • Reconstrucción en 1959 con cimentación de hormigón, sillería, ladrillo y cubierta de teja, y ampliación posterior (2007).
  • Iglesia de Santa Mónica como hito contemporáneo en acero cortén, con fuerte presencia artística y reconocimiento internacional.

Tabla resumen: hitos principales

(Fechas aproximadas extraídas de documentos históricos y archivos diocesanos)

  1. 1575 - Primera referencia documental en las Relaciones Topográficas.
  2. Antes de 1632 - Repoblación y elevación a parroquia con título de San Marcos; colocación del Santísimo y pila bautismal en 1632.
  3. Siglos XVII-XVIII - Función parroquial con rentas y cofradías; problemas por crecidas del río; proyectos de traslado y reconstrucción en 1726.
  4. 1816, 1881-82 - Reparaciones y rehabilitaciones.
  5. 1929 - Robo de objetos litúrgicos de plata.
  6. Guerra Civil - Destrucción en la batalla del Jarama; dependencia pastoral de Velilla de San Antonio.
  7. 1959 - Reconstrucción y reinauguración del templo con nueva planta y materiales modernos para su época.
  8. 2007 - Ampliación con capilla lateral; 1998 - inmatriculación de bienes parroquiales.
  9. Finales del siglo XX / XXI - Presencia arquitectónica contemporánea con la iglesia de Santa Mónica.

La historia de la parroquia de Rivas Vaciamadrid es, por tanto, la narración de una comunidad que ha sabido rehacer su espacio sagrado ante las adversidades naturales y humanas, preservando elementos antiguos y abrazando la arquitectura contemporánea para responder a las necesidades pastorales y culturales de su población.

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