Significado de la iconografía de Jesucristo con esplendor

Vamos a hacer una meditación contemplativa ante el icono de Nuestro Señor Jesucristo el Salvador. La imagen es una mediación que nos acerca, que representa a Jesucristo el Verbo Encarnado. En efecto, la imagen es sólo un medio; como cuando leemos un libro a través de las palabras escritas, especialmente cuando leemos la Biblia a través de la mediación de las letras escritas en un papel y nos hacen elevar a Dios, así vamos a leer la imagen a través de los símbolos en ella escritos para remontarnos a las verdades de fe que en ella se representan.

Decía San Juan Damasceno: “lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen”. Esto prueba que la imagen, -además de la palabra- es otra de las mediaciones que la Iglesia ha escogido desde el principio para que podamos elevarnos a Dios. Dice San Juan Pablo Magno: “Como la lectura de los libros materiales permiten que comprendamos la palabra viva del Señor, así el mostrar las imágenes pintadas permite a aquellos que las contemplan acercarse con su mirada a los misterios de la salvación.

Lo que por una parte se expresa con la tinta y el papel, por otra se presenta con los diversos colores y otros materiales (San Teodoro Estudita)”. Para facilitar su lectura, daremos como una guía para poder leer los iconos. Nos podemos servir de una estampa bendecida del icono y ponernos frente al Santísimo Sacramento, o también en nuestra casa. ¿Como vamos a hacer esta Contemplación? En primer lugar, hagamos bien hecha la Señal de la Cruz, nos pongamos en calma, y podríamos agregar: “perdamos el tiempo” para entrar en la Eternidad. Nos pongamos en la presencia del Dios que se hizo visible en la Persona divina de Jesucristo y que es representado a través del icono.

El icono del Salvador: origen y título

La palabra “icono” procede del griego eikon, que significa “imagen” o “retrato”. El icono del Salvador que se nos dona a la mirada, es del monasterio serbio de Kilandari, en el Monte Athos. A la derecha vemos el negativo del Santo Sudario de Nuestro Señor, notemos el gran parecido de ambas imágenes. El icono del Salvador pertenece a la segunda mitad del siglo XIII. Este icono tiene como título el de “Salvador”, “Soter”, en griego, “Spas” en ruso.

“Este icono nos muestra no sólo un nombre, sino una función. Jesús, que significa Salvador. Si miramos atentamente su rostro, veremos como todos sus trazos esenciales nos hablan de su misión. Su rostro tiene como modelo arquetípico las facciones del rostro de la sábana santa de Turín”. Es también muy parecida a la imagen del Cristo del Sinaí, del siglo VI, que se encuentra en el monasterio de Santa Catalina del Sinaí, como podemos observar. Como también semejante al hermosísimo mosaico de Santa Sofía de Constantinopla, también de la segunda mitad del siglo XIII.

Icono del Salvador del Monasterio de Kilandari, Monte Athos (detalle del rostro)

Símbolos formales y teológicos en el rostro de Cristo

El primer círculo, el “lik” (‘rostro’ en ruso), que se encuentra al centro, donde están los ojos, representa el alma; el segundo círculo, que abarca los cabellos y el volumen de la cabeza, (sede de la sabiduría) representa el cuerpo; ahora bien, el alma y el cuerpo se originan del punto del centro, (la punta del compás) donde está la raíz de la nariz, que es el Espíritu. Pero nosotros no decimos aureola sino “nimbo”, porque aureola viene de aureum, que viene del hombre, del anima, de la santidad (que es la interioridad inmanente del hombre). El “nimbo”, en cambio, es la nube que viene de Dios, (como la Nube que guiaba a Israel por el desierto), es la Luz. El nimbo, por tanto, tiene más un sentido de gracia, de don, y no de capacidades personales de imitar como un modelo.

La cruz y la inscripción que se dibujan sobre el nimbo, como en todos los iconos de Cristo, indican el título mesiánico y divino de Jesús. Así en el Pantocrator los dos dedos alzados indican las dos naturalezas, mientras que los otros tres dedos reunidos indican la unidad y la Trinidad de Dios. Cuando tiene el meñique alzado representa sus iniciales IC XC [Jesous Cristos], como se escribe a izquierda y derecha del icono.

El oro, la luz y la trascendencia

El oro intenso del fondo es símbolo de Dios. A diferencia de los demás colores, que necesitan de luz para ser vistos, el oro, en cambio, que es un mineral con luz propia, es el símbolo de la Luz divina. Este símbolo se muestra de manera especial en el “nimbo”, ya que en él se manifiesta la divina Presencia de Aquel que es la “irradiación luminosa de su gloria e impronta de su substancia”, como dice San Pablo. Todo el rostro de Cristo es luminoso, irradia luz desde adentro, (ningún icono tiene un foco de luz externa). Él es el único que puede decir: “Yo soy la Luz del mundo”. “Al encarnarse, el Hijo de Dios se manifestó como luz”, y se convirtió en “lux mundi, la luz del mundo”.

Rasgos faciales: mirada, boca, orejas

Su majestuosa cabellera contornea poderosamente su cabeza, sede de la Sabiduría divina, y a la vez “corona sus sienes y hace resaltar su semblante. Semblante bello con la armonía de su frente ancha y luminosa”. Su nariz fina y alargada, vibra con la potencia del poder divino. Sus cejas arqueadas hacen resaltar sus ojos penetrantes y bondadosos.

Los ojos de Jesús: Sus ojos grandes, verdaderas ventanas del alma por donde se puede vislumbrar el fuego del Espíritu que nos invita al mundo espiritual de los misterios divinos, a la unión con el Verbo de Dios. Los ojos, se dice, son los “espejos del alma”, por donde podemos conocer un poco más la fisonomía espiritual de Cristo, son como el límite por donde se funde y se traspasa de lo transitorio a lo Eterno, de lo visible a lo Invisible. Más que el ojo humano, debemos descubrir en Jesús una Mirada, la mirada del mismo Dios que se ha revestido de una carne humana para salvarme.

Los labios de Jesús, son labios viriles, sin ningún asomo de sensualidad. Así como los ojos son espejo del alma, los labios manifiestan la fisonomía de una persona. En las orejas de Jesús, no debemos ver tanto unas orejas humanas, sino más bien oídos abiertos, enfrentados hacia el hombre, atentos para escuchar las súplicas del que golpea con fe la Puerta del que dijo: “golpead y se os abrirá”.

Color y vestimenta: simbolismo teológico

El doble color de la vestimenta -rojo y azul-, simboliza la doble naturaleza divina y humana en la unidad de la Persona divina. Según Egon Sendler, El rojo representa la humanidad de Cristo, y el azul su divinidad. Como decía Dionisio el Areopagita, el rojo es “incandescencia” y “actividad”. También “la capa (roja) que ponen sobre sus espaldas en la pasión (Mt 27,28), que significa la vida que el Salvador lleva a los hombres con la efusión de su sangre.

El azul oscuro del manto del Pantocrátor (himátion), -siguiendo a Sendler-, representa la divinidad (“el misterio de la vida divina”). “Es el color de la trascendencia en relación a todo lo que es terrestre y sensible: en efecto, entre todos los colores la irradiación del azul es la menos sensible y la más espiritual”, “produce una impresión de profundidad y de calma, da la ilusión de un mundo irreal, sin pesantez. En la iconografía, encontramos el azul oscuro sobretodo en el manto del Pantocrátor (himátion), como también en los vestidos de la Virgen (kitón) y de los apóstoles”.

Icono como catecismo visual y ventana al misterio

No nos olvidemos que la imagen “es recuerdo/memorial, lugar de encuentro de miradas y presencias; es posibilidad de contemplación, (y además) es estímulo para la imitación. En la oración ante una imagen de Cristo o de la Virgen no sólo miramos, sino que nos sentimos mirados por Alguien que nos ama”. El Salvador que estamos contemplando, es un Cristo en plenitud, vigoroso, que ni siquiera tiene el color de la carne terrenal, sino la tez pálida de Aquel que ya ha vencido la muerte, lleno de luz, transfigurado.

No nos olvidemos que “el icono no es una simple imagen, ni un elemento decorativo, ni siquiera una ilustración de las Sagradas Escrituras. El icono es algo más: Es el equivalente al mensaje evangélico”, pero transcrito en imagen. Como dice el Catecismo: “la iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra” (CIC 1160).

Hemos dicho algo; pero siempre falta algo por decir. Es el misterio de los iconos: una ventana abierta al misterio. Porque el artista que lo realizó está conectado con el misterio, con la Tradición de la Iglesia, con la Sagradas Escrituras. El icono no se hace tan “obvio”, como un relato histórico, más que un relato histórico, es un retrato de la vida del cielo, por tanto hay que ver al icono con ojos de fe, como leyendo las Sagradas Escrituras a través de la imagen. Aquí lo vemos como verdadero Pastor de las ovejas, lleno de bondad y belleza. Escuchémoslo…!

El Monte Athos (Documental) - SUBTÍTULOS EN ESPAÑOL

Tabla resumida: símbolos y su significado

  • Nimbo: nube-luz, gracia y don divino.
  • Oro de fondo: Luz divina, presencia de Dios.
  • Dos dedos alzados: las dos naturalezas de Cristo (divina y humana).
  • Tres dedos reunidos: unidad y la Trinidad.
  • Rojo en vestimenta: humanidad, sangre, pasión.
  • Azul en vestimenta: divinidad, misterio de la vida divina.
  • Mirada y ojos: ventanas del alma, invitación al mundo espiritual.

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