Liturgia del Domingo del Buen Pastor

El Domingo del Buen Pastor, que se celebra en el tiempo pascual, presenta a Jesucristo como Pastor que da la vida por sus ovejas, las conoce por nombre y las reúne en un solo rebaño. Las lecturas y el salmo responsorial nos sitúan en el camino de la Iglesia misionera guiada por el Buen Pastor; desde Pentecostés los apóstoles anuncian la resurrección de Jesús y llaman a la conversión y al bautismo para recibir el don del Espíritu Santo.

Lecturas y antífona de entrada

Primera lectura (Hechos 2, 14a. 36-41): El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Salmo responsorial (Salmo 22): R/. El Señor es mi pastor, nada me falta. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me un

Liturgia del domingo del Buen Pastor: sentido pascual, vocaciones y servicio en la Iglesia

“Yo soy el buen pastor. Como mi Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. El templo es la casa de Dios y la nuestra. Colaboremos para mantenerlo digno.”

La liturgia de este domingo se sitúa en el marco de la misión de la Iglesia misionera guiada por el Buen Pastor. Las lecturas nos sitúan en el camino de la Iglesia misionera guiada por el Buen Pastor, y la imagen de la puerta y del pastor se convierte en eje para comprender la vida cristiana en comunidad.

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“El Señor es mi pastor, nada me falta. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.”

El Evangelio de Juan 10, 1-10 presenta a Jesús como la puerta de las ovejas y como pastor que conoce a sus ovejas y estas le conocen. Jesús dice: “Yo soy la puerta de las ovejas” y añade: “El que entra por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.”

En la primera lectura de Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41, Pedro invita a convertirnos y a bautizarnos para recibir el don del Espíritu Santo; así se abre la vida nueva en la comunidad de creyentes, una comunidad que escucha la voz del Buen Pastor y sigue sus pasos.

La respuesta de fe que se entabla en la liturgia se apoya en el salmo responsorial: “El Señor es mi pastor, nada me falta. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.”

El Buen Pastor como modelo de identidad y misión

La imagen del pastor era bien conocida por los oyentes de Jesús y queda vinculada a la guía providente y amorosa de Dios. Jesús se presenta como el Pastor que da la vida por las ovejas y que conoce a las suyas, y las suyas lo conocen a él. “Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen.”

La celebración litúrgica recuerda que la Eucaristía es la propia entrega de Cristo: “En cada Eucaristía nos da su cuerpo que se entrega, su sangre que se derrama.” De este modo, la Eucaristía se convierte en alimento para vivir desde el corazón la misión de amar y servir a los demás.

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La Iglesia continúa la misión pastoral del Buen Pastor: desde Pentecostés, los apóstoles anuncian la resurrección de Jesús y llaman a convertirse y a bautizarse para entrar en la nueva vida del Espíritu. ¿Dónde escuchas la voz del Buen Pastor? ¿Cómo vives tu compromiso cristiano en medio de las dificultades?

El evangelio subraya tres rasgos del verdadero pastor: da su vida por las ovejas; las conoce y ellas le conocen; y sale a buscarlas para que vivan unidas en un único rebaño. “Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y para recobrarla.”

La homilía del Buen Pastor ofrece una reflexión sobre la cercanía de Cristo, que nos conoce por nuestro nombre y entrega su vida para que nuestra vida tenga sentido. Este domingo está marcado por la invitación a confiar en la Providencia de Dios y a vivir con un corazón de servicio compartiendo las riquezas de la gracia pagada con la entrega de Cristo.

En el contexto del IV Domingo de Pascua, la figura del Buen Pastor invita a convertirnos en buenos pastores en nuestra vida cotidiana, trabajando para que la comunidad cristiana sea verdaderamente casa de Dios y de todos los hijos de Dios. “El buen pastor da la vida, conoce desde el corazón, busca la unidad.”

La Pasión y la Resurrección están entrelazadas con la figura del pastor: Cristo es cordero que se entrega y pastor que guía a su rebaño hacia la vida eterna. La Cruz y la Resurrección definen la verdadera libertad de los hijos de Dios, la libertad de Cristo Jesús, la libertad de la entrega generosa.

La celebración litúrgica enfatiza la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la llamada a responder a Dios con gozo y prontitud, entregando la propia vida al servicio de la Iglesia. “Jesús vive y te quiere vivo.”

La Iglesia, al recordar al Buen Pastor, invita a cada persona a escuchar la voz de Jesús, a entender que Él conoce a cada uno por su nombre, y a vivir en comunión, unidad y servicio dentro de la comunidad eclesial.

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“Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.” En esta puerta se abre el encuentro con el Padre y la vida en plenitud. Jesús es el Mediador que nos introduce en la vida trinitaria y en la comunión de la Iglesia.

La liturgia de la Iglesia invita a mirar la vida a la luz de la voz del Buen Pastor, para que la pastoral cotidiana esté marcada por la entrega, la escucha y la unidad en Cristo, abrirse a los demás y caminar juntos hacia la pradera eterna.

El mensaje final es claro: el Buen Pastor nos llama a vivir con fe, a escuchar su voz, a reconocernos como una comunidad de ovejas que se reconocen entre sí por el amor y la unidad que nace de la entrega de Cristo en la Cruz y en la Eucaristía.

Lecturas del díaTemas principales
Hechos 2, 14a. 36-41Conversión, bautismo, Espíritu Santo
Salmo 22El Señor es mi pastor
Juan 10, 1-10Yo soy la puerta, yo soy el buen pastor

Conclusión: no hay conclusión. La vida del cristiano es caminar tras el Buen Pastor, escuchar su voz, y vivir la misión de una iglesia que se reúne en torno al pastor que da la vida por sus ovejas.

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