El Cordero inmolado en la Cruz (cf. Ap 5, 6-12), con sus brazos abiertos y resucitados, se hace guía, pastor, defensor y refugio de sus ovejas por medio de nuevos pastores que Él elige para cuidar su rebaño. Jesucristo es el único Sacerdote. Y solo se puede ser pastor de su rebaño por medio de Él y en la más íntima comunión con Él.
El rostro humano del sacerdote
Hoy, en el Día del Buen Pastor, no queremos hablar de la institución, sino de la persona. Del hombre que dijo «sí» renunciando a un proyecto propio para abrazar los proyectos de Dios y, por extensión, los de cada uno de nosotros. ¿Te has fijado alguna vez en las manos de un sacerdote? Son manos que han bautizado a nuestros hijos, que han partido el Pan de Vida y que, a menudo en el silencio de un confesionario, han sostenido los pedazos rotos de nuestras historias.
Sois la mano, el consuelo y la felicidad que muchos anhelan encontrar cuando lo han perdido todo. Sois la esperanza a través de la cual, Jesucristo consuela las heridas. No olvidéis el precioso barro que os ha formado para ser eternamente Suyos. Aunque paséis por momentos de aridez o de prueba, vuestra vida sacerdotal siempre merece la pena.

La identidad y la misión sacerdotal
El Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre los sacerdotes, dice cosas muy bonitas de la identidad sacerdotal: “Rigiendo y apacentando el Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a entregar su vida por sus ovejas, preparados también para el sacrificio supremo, siguiendo el ejemplo de los sacerdotes que, incluso en nuestros días, no rehusaron entregar su vida”.
El sacerdocio no es para quien está investido de él; no es una dignidad solamente personal; no es fin en sí mismo. El sacerdocio está destinado a la Iglesia, a la comunidad, a los hermanos; está destinado al mundo... El sacerdocio es apostólico… es misionero. El sacerdocio es ejercicio de mediación. El sacerdocio es esencialmente social… Cada uno de vosotros deberá repetirse a sí mismo: yo estoy destinado al servicio de la Iglesia, al servicio del pueblo.
El sacerdocio como servicio y sacrificio
La caridad pastoral lleva al presbítero a no tener tiempo para sí mismo, porque ya no se posee, le pertenece a otro: a Dios y, por Él, a sus hermanos. El sacerdote es un hombre, tan frágil y débil como los demás, su fuerza le viene de estar muchas horas delante del Santísimo, las raíces de su vida están en Cristo; es un hombre de plegaria sincera y confiada, porque es plenamente consciente de que si quiere evangelizar, antes debe pasar el Evangelio por su corazón en el silencio de la plegaria.
El Buen Pastor que busca y salva
El próximo domingo contemplamos en la liturgia de la Iglesia a Jesucristo Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas, así lo expresa en el Evangelio: “Yo soy el Buen Pastor, el buen pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11), además, el Evangelio destaca las características de Jesús Buen Pastor y nos dice que va en busca de las ovejas para llevarlas hasta el Padre.
La acción del Buen Pastor que da la vida por las ovejas, que no las abandona, son acciones que muestran cómo debemos corresponder a la actitud misericordiosa del Señor. Jesucristo Buen Pastor se ha quedado con nosotros en cada uno de los sacerdotes, que, participando del único sacerdocio de Jesucristo, hacen visible al Buen Pastor, siendo Pastores del pueblo de Dios, cuidando las ovejas, saliendo en busca de la oveja perdida y comportándose como pastor en medio del redil y no como asalariado que abandona las ovejas en el momento del peligro.

La santidad sacerdotal y su efecto en la comunidad
La santidad sacerdotal no es perfección, es transparencia. Cuando un sacerdote es santo, Cristo se vuelve visible. Necesitamos sacerdotes que se enamoren de la oración antes que de la gestión. La importancia de que nuestros pastores sean santos radica en que ellos son nuestra brújula. Si su corazón arde, toda la parroquia se mantiene caliente; si su fe es firme, nuestro caminar se vuelve más seguro.
Cada sacerdote en el mundo es sacramento de este Sumo Sacerdote de los bienes presentes y definitivos. El sacerdote actúa en representación del Señor, no actúa nunca en nombre de un ausente, sino en la persona misma de Cristo Resucitado, que se hace presente con su acción eficaz. El Espíritu Santo garantiza la unidad en el ser y en el actuar con el único sacerdote.
Vocaciones: sembrar hoy para cosechar mañana
Miremos al futuro con esperanza. El mundo tiene sed de Dios, y esa sed solo se sacia con manos consagradas. Pero no pedimos solo «más» sacerdotes; pedimos vocaciones verdaderas. Jóvenes que no tengan miedo a la entrega total. Hombres que busquen la santidad antes que el prestigio. Corazones valientes que entiendan que el servicio es la mayor forma de libertad.
Nota para los jóvenes: Si sientes que el Buen Pastor te llama, no tengas miedo. No te quita nada, te lo da todo. Podemos volver a echar las redes en nombre del Señor, con toda confianza. Queridos hermanos y amigos, los invito a que juntos asumamos con decisión, y sin ningún tipo de prejuicio o temor, la pastoral vocacional.
Estrategias para la pastoral vocacional
- Plantear la vocación al sacerdocio no solamente con palabras, sino sobre todo con el testimonio de la propia vida que se manifiesta con autenticidad en la alegría.
- Generar «la sensibilidad vocacional, que es la actitud de quien se siente llamado y busca cada día aquella voz que pronuncia su nombre, y le revela el puesto que debe ocupar en la vida». (Cencini)
- Escuchar y acompañar: necesitamos escuchar y acompañar. Los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, pero también necesitan ser acompañados.
- La pastoral vocacional no trata de imponer trayectos, sino de suscitar y acompañar procesos.
Agradecimiento y acompañamiento al sacerdote
Por eso, este artículo es una carta abierta de gratitud. Gracias, Padre, por esas noches de desvelo preparando la homilía, por tu paciencia infinita cuando no sabemos cómo rezar y por ser ese rostro de misericordia cuando más necesitábamos perdón. Cada sacerdote como Pastor de una comunidad parroquial necesita de la oración y del acompañamiento de su pueblo.
El regalo más grande para el pueblo: quizás esta costumbre de saludar al párroco se haya perdido en muchos sitios, pero no estaría mal pedirle al Señor por vuestro párroco. Este es el mejor regalo que un sacerdote recibe, que se acuerden de orar a Dios para que nos fortalezca en la vocación recibida y seamos fieles a la tarea de evangelizar.
TESTIMONIO EX SACERDOTE CATÓLICO: JUAN BAUTISTA RAMÍREZ
Cómo responder al llamado del Buen Pastor
El encuentro con Jesús vivo ha dado inicio a nuestra vida cristiana. Este encuentro debe renovarse constantemente por medio de la oración, la celebración gozosa de la Eucaristía y la experiencia del perdón. La respuesta de quien escucha al Buen Pastor no puede ser momentánea, un sentimiento pasajero. Quien decide ser amigo de Jesús cambia su forma de pensar y de vivir, deja a un lado sus criterios y comodidades, busca una sincera conversión.
Se despoja de sus caprichos y profundiza en el conocimiento de Jesús, hace suya su doctrina de amor. Decide seguirlo e imitarlo. Le da importancia a la vida sacramental y a la formación en la fe. Esta nueva vida se va desarrollando en la comunidad familiar, en el ambiente laboral, en la parroquia y en diversos apostolados de servicio con los que manifiesta su amor a Cristo y solidaridad con el prójimo.
Invitación final a la comunidad
Les reitero la invitación a caminar juntos en esta tarea de hacer resonar la voz del Maestro que llama, de proponer el llamado, pero también de acompañar la escucha. Podemos preguntarnos, ¿somos sensibles en nuestra vida sacerdotal a las llamadas que el Señor nos hace día a día, para que podamos vivir en plenitud y en la libertad del amor, a pesar de nuestra fragilidad, nuestra vocación?
Agradecemos hoy, el don de cada uno de los sacerdotes de nuestra Diócesis y también de las vocaciones, para que el Señor siga enviando obreros a su mies, para rescatar tantas ovejas perdidas que necesitan volver al redil a beber el vino de la gracia de Dios y llegar un día a participar de la felicidad eterna.