Para que un siervo de Dios sea declarado santo en la Iglesia católica, la normativa exige la confirmación de hechos que se consideran una manifestación extraordinaria de la acción divina: los milagros. En el caso de Juan Pablo II (Karol Wojtyla) la causa siguió un recorrido singular por su rapidez y por la atención mediática y popular que la acompañó desde su muerte.
¿Cuántos milagros hacen falta?
Un milagro para ser beato y dos para convertirse en santo. Para la beatificación de un siervo de Dios no mártir la Iglesia pide un milagro; para la canonización, otro más. Sólo los presuntos milagros atribuidos a la intercesión de un siervo de Dios o de un beato “post mortem” pueden ser objeto de verificación.
¿Qué se considera milagro?
Se considera milagro aquel “hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado por Dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un siervo de Dios o de un beato”. La curación, para considerarla objeto de un posible milagro, debe ser juzgada por los especialistas como rápida, completa, duradera e inexplicable según los actuales conocimientos médico-científicos.
El procedimiento de verificación
La investigación del milagro se lleva a cabo separadamente de aquella sobre las virtudes o sobre el martirio. El itinerario procesal para reconocer un milagro se desarrolla en dos momentos: el primero en el ámbito de la diócesis donde ocurrió el hecho prodigioso -se recogen declaraciones de testigos oculares, documentación, etcétera-; en el segundo momento, la Congregación examina todo este material.
Un órgano colegial constituido por cinco médicos especialistas y dos peritos de oficio forman la Consulta médica, encargada del examen científico del presunto milagro. El juicio de aquellos es de carácter estrictamente científico. Su examen y discusión final se concluyen estableciendo exactamente el diagnóstico de la enfermedad, el pronóstico, el tratamiento y su solución.
Si la consulta médica llega a la mayoría o unanimidad favorable, el examen pasa a los teólogos, quienes identifican el nexo de causalidad entre las oraciones al siervo de Dios y la curación o suceso técnico inexplicable. Cuando los teólogos han expresado su voto, la valoración pasa a la Congregación de los obispos y cardenales y, finalmente, al Papa, que determina el milagro y dispone la promulgación del decreto.
Importancia teológica y canónica de conservar la necesidad de milagros
Es de “importancia capital” conservar la necesidad de los milagros en las causas de canonización porque constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al margen de posibles errores humanos. Declarar la santidad de alguien no es como asignar un título honorífico: aunque uno esté en el cielo, puede darse que no sea digno de un culto público.
Los milagros que respaldaron la elevación de Juan Pablo II
El proceso de canonización de Juan Pablo II siguió todos los pasos marcados por la Iglesia, aunque con una dispensación excepcional: Benedicto XVI dispuso la exención del requisito de esperar cinco años desde la muerte para iniciar la causa. Juan Pablo II fue proclamado beato en 2011 y, para su canonización, se consideraron dos milagros reconocidos por la Santa Sede.
Milagro reconocido para la beatificación: Marie Simon-Pierre
El primer milagro confirmado por la Congregación de la Causa de los Santos fue el caso de la hermana francesa Marie Simon-Pierre. Esta monja de 49 años se curó de un mal de Parkinson que le afectaba la motricidad y le impedía realizar tareas básicas como caminar, conducir o escribir. Asegura que fue producto de sus oraciones y de las de sus compañeras del convento, dirigidas al pontífice. Sus médicos nunca pudieron explicar la cura y el caso fue elegido entre más de 200 supuestos milagros presentados.
Milagro verificado para la canonización: Floribeth Mora
El milagro más reciente que permitió la canonización fue protagonizado por la costarricense Floribeth Mora. Ingresó en un hospital de Costa Rica con un aneurisma cerebral grave en mayo de 2011. Según su relato, pidió la ayuda de Juan Pablo II apenas recibió su diagnóstico y siguió por televisión su beatificación. Pasados unos días, los médicos confirmaron que el coágulo en el cerebro se había disuelto sin necesidad de tratamiento y nunca se encontró una explicación científica para la súbita mejoría.

El caso fue elevado desde la arquidiócesis de San José a las autoridades eclesiásticas en Roma, donde se ordenó un proceso de recolección de información para convalidar el relato y confirmar la ausencia de causa científica que explicara la recuperación.
Milagros en vida que no cuentan para la canonización
La Iglesia mantiene que los milagros ocurridos en vida del pontífice, aunque numerosos y documentados, no sirven para la canonización; la canonización es un ejercicio estrictamente póstumo. Miles de milagros fueron informados al Vaticano inmediatamente después de la muerte de Juan Pablo II, pero para la causa formal deben ser hechos posteriores a la beatificación.
Ejemplos de curaciones atribuidas a Juan Pablo II (no todas válidas para el proceso)
- Un cardenal recobró la voz tras la bendición del Papa tras una operación de carótidas.
- Un tumor cerebral desapareció en horas tras comulgar en la Misa del Papa (caso relatado por Estanislao Dziwisz).
- En Colombia, una religiosa afirmó curarse de una enfermedad incurable del oído tras un encuentro con el pontífice.
- Casos infantiles de recuperación tras el contacto o la bendición del Papa en audiencias y visitas pastorales.
Contexto y cronología de la causa de Juan Pablo II
- 13 de mayo de 2005: Benedicto XVI da a conocer la dispensa de los cinco años necesaria para iniciar la causa.
- 18 de mayo de 2005: El cardenal vicario de Roma, Camilo Ruini, firma el edicto de la causa.
- 28 de junio de 2005: Apertura oficial del proceso de beatificación en la Basílica de San Juan de Letrán.
- 30 de enero de 2006: Se hace público el milagro seleccionado para avalar la beatificación (Marie Simon-Pierre).
- 2011: Juan Pablo II proclamado beato.
- 5 de julio de 2013: El papa Francisco promulgó el decreto sobre el milagro por intercesión del entonces beato Juan Pablo II, permitiendo su canonización.
Notas sobre la rapidez del proceso y decisiones “pro gratia”
El proceso de Juan Pablo II fue extraordinario por su rapidez pero siguió las formas canónicas. Existen situaciones excepcionales: en el caso de Juan XXIII la canonización “pro gratia” permitió prescindir del segundo milagro preceptivo. En el caso de Juan Pablo II, la identificación y verificación de los dos milagros post mortem -Marie Simon-Pierre y Floribeth Mora- habilitaron su elevación a los altares.
La función de los milagros en la vida de la Iglesia
Los milagros son considerados un “signo cierto de la revelación, destinado a glorificar a Dios, a suscitar y reforzar nuestra fe, y son también, por lo tanto, una confirmación de la santidad de la persona invocada”. Por eso la investigación es rigurosa, con exámenes médicos y teológicos que buscan garantizar la ausencia de explicaciones naturales y el nexo de causalidad con la intercesión del candidato.
San Juan pablo II (Documental).
Tabla: pasos clave para que un milagro sea aprobado
Fase diocesana: recolección de testimonios, documentación clínica, declaraciones de testigos.
Consulta médica (Vaticano): examen científico por médicos especialistas; se valora rapidez, completitud, durabilidad e inexplicabilidad.
Consulta teológica: valoración del nexo entre oraciones al siervo de Dios y el hecho inexplicable.
Congregación (obispos y cardenales): discusión y votación sobre el conjunto de pruebas.
Decisión papal: promulgación del decreto que reconoce el milagro.
La causa de Juan Pablo II muestra cómo la combinación de la devoción popular, la documentación médica y la valoración teológica pueden converger en la confirmación de milagros que permiten a la Iglesia proclamar la santidad de una persona. Aunque los testimonios y las curaciones en vida subrayaron su fama de santidad, los milagros válidos para la causa debían ser aquellos posteriores a su muerte y sometidos al escrutinio riguroso que exige la Iglesia.