El Museo Diocesano de Coro Lucas Guillermo Castillo está ubicado en el centro histórico de la capital del estado Falcón. La institución se creó por iniciativa de Monseñor Francisco Iturriza Guillén en 1946. Las piezas que conforman su colección fueron recolectadas por este insigne prelado durante su obispado, rescatándolas del olvido y la destrucción.
El edificio y su entorno
El edificio fue la sede del antiguo convento franciscano de Nuestra Señora de la Salceda (1619), por ello contiguo al museo se halla la iglesia de San Francisco. Aunque ambos edificios han sido modificados y restaurados, aún se puede sentir cierto sabor colonial. En la iglesia recomendamos observar el hermoso artesonado colonial (reproducido aquí) que se encuentra en el altar del Santísimo Sacramento, y la vista a una parte de las criptas. Patio interior del Museo Diocesano de Coro Lucas Guillermo Castillo, que permanece solitario por falta de presupuesto para mantenimiento y personal. Coro, Falcón.

Origen de la colección y primeras sedes
Según afirma el general de brigada (Ej) Eumenes Fuguet Borregales, falconiano perteneciente a la Academia de la Historia del estado Carabobo, Iturriza comenzó a resguardar los objetos religiosos desde 1939. Entonces, en la población de Capadare, municipio Acosta, “observó, atónito, un vehículo de carga que llevaba objetos antiguos hacia Caracas. Con el tiempo acumuló pinturas, esculturas, muebles, orfebrería, retablos, arcas, armarios, ornamentos religiosos e incluso muebles, en su mayoría provenientes de las épocas colonial y prehispánica.
El historiador Carlos González Batista, en su libro Museo Diocesano de Coro Lucas Guillermo Castillo, asegura que la primera sede del museo fue una casona del siglo XVIII perteneciente a Ana Arcaya de Faría quien, en 1946, la donó para tal fin. Allí permaneció por quince años.
Estructura museográfica y salas
Este primer museo fue organizado por el museólogo Miguel Arroyo, para entonces director del Museo de Bellas Artes de Caracas. Este repartió los objetos por salas de acuerdo al material del que estaban hechos o su estilo artístico: metales, pinturas, esculturas, vidrio, loza, piezas líticas, muebles y joyas preciosas.
Luego de la restauración efectuada en 2013, la museografía de la colección de arte colonial fue cambiada totalmente. “Todo se cambió. Cada sala tiene un sentido temático vinculado a la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Sala de los sacramentos del Museo Diocesano de Coro. En primer plano un lebrillo o antigua pila bautismal, un banco, mesa, sagrario y crucifijos del siglo XVIII. La sala 2 del Museo Diocesano de Cora alberga la orfebrería. La sala 3 del Museo Diocesano alude a la Sagrada Familia. Las tallas de San Joaquín y Santa Ana, siglo XVIII, dominan la sala. La sala 5 del Museo Diocesano de Coro recuerda la pasión de Cristo. Las tallas de Jesús, la Virgen de los Dolores y el San Juan evangelista datan del siglo XVIII. En la sala 12 del Museo Diocesano de Coro se concentraron las colecciones de obras pictóricas y escultóricas de algunos santos.
Obras destacadas y orfebrería
La pieza de mayor valor según Gilson es el sagrario expositor de la catedral de Coro, que data del siglo XVIII, fabricado con plata repujada y martillada, única en Venezuela por su tamaño y elementos decorativos. Lo inició el orfebre coriano José Antonio Adames quien no lo culminó por razones de salud. Su elaboración se alargó por casi 10 años. Mide más de tres metros, es la más grande de Venezuela y la única que se conoce con esas características.
Quizá le dé la razón este pasillo de campanas de bronce y otros materiales, elaboradas entre el siglo XVI y el XIX. El Museo Diocesano no solo atesora arte religioso, sino objetos artísticos o de valor histórico provenientes de donaciones, compras por parte de benefactores o trueques, lo cual quiere decir que existen en él dos colecciones.
La colección pictórica: datos y características
La colección de pinturas del Museo Diocesano de Coro, fuentes museológicas para la investigación histórica, cuenta con 102 obras. Un 48.8% de obras corresponden al siglo XVIII, 32.5% al siglo XIX y en proporciones no significativas los siglos XVI, XVII y XX. Las obras sin data alcanzan el 11.6%.
Predominan las obras de pequeño formato o tablitas de devoción, propias de altares domésticos. En particular, la colección de pinturas del siglo XVIII que procedentes de toda la antigua jurisdicción de Coro se ubican hoy en el Museo Diocesano de Coro Lucas Guillermo Castillo, está conformada por 43 obras, de las cuales 24 son de pequeño formato.
Salvo excepciones, la imagen de pequeño formato es de técnica simple y tiene su propia marca, que se puede apreciar en los rostros inexpresivos, cuerpos rígidos, anatomía sumaria con desproporción, simetría en la distribución de los elementos, ausencia de juego cromático imponiéndose los colores planos, manejo elemental de la perspectiva. Tal vez sean absolutamente improcedentes en términos del gusto barroco dieciochesco, pero suficientes para salvaguardar la devoción popular y satisfacer al gran público en su ritualidad doméstica.
Las obras de formato mediano y grande presentan un manejo diestro de la línea y gamas cromáticas. Algunas están firmadas, como “El Niño entre los Doctores de la Ley” de Juan Pedro López -procedente de una iglesia caraqueña- y “Nuestra Señora de la Antigua” obra del XIX factura de José Antonio Peñalosa, donada por un particular. Otras son atribuidas a pintores o talleres, como la “Santa Lucía” antes mencionada y el “San José y el Niño” (C. 1790) atribuido a Antonio José Landaeta, procedente de la iglesia de San Clemente, en Coro (González, 1998).
Iconografía y temas predominantes
En la iconografía del Museo Diocesano predominan los temas marianos. Siguen los cristológicos de evocación barroca, como los divinos rostros, escenas de la pasión y mártires. El manejo iconográfico es correcto en lo esencial, con uso de los atributos más característicos.
Pese a que casi la mitad de las obras mencionadas en los documentos no indican la advocación, la información encontrada y las obras en museo son suficientes para hacer una aproximación al tema. Los temas marianos, en particular la virgen del Rosario, y la figura de Cristo crucificado son la constante en los documentos, sin faltar los santos propios del barroco, como san Francisco Javier, san Ignacio, santa Rosa de Lima, san José e incluso la “Venerable Madre Ágreda” y el “santo rey don Fernando”.
Fuentes de archivo y la investigación histórica
El resultado fue un diagnóstico multidisciplinario de la colección de pintura y escultura, lo cual permitió acceder a la historia del objeto musealizado, retornándole valores patrimoniales e identitarios, así como incidir en su preservación como fuente para la historia, a partir localizar e identificar deterioros y sus posibles causas, valorar superficialmente el estado de conservación de las piezas y determinar prioridades de intervención en base a los valores apreciados. El trabajo realizado aportó información clínica a nivel de cada pieza para lograr interpretar el conjunto.
La investigación histórica se hizo sobre la base del arqueo de fuentes primarias procedentes tanto del Museo Diocesano como aquellas que reposan en el Archivo Histórico de Falcón-UNEFM, en sus secciones de Testamentarías e Instrumentos Públicos. En cuanto a fuentes de archivo, el desarrollo de la investigación histórica se soporta en 83 documentos, en su mayoría testamentos, y varias cartas dotales; todos ubicados en el Archivo Histórico de Falcón, Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, en sus secciones de Instrumentos Públicos y Testamentarías.
Las testamentarías e instrumentos públicos permiten encontrar información sobre una masa anónima de artistas populares que trabajaron en la región coriana durante todo el siglo XVIII, así como del tipo de religiosidad que se practicaba en la jurisdicción. Estos documentos reseñan un total de 517 obras pictóricas, de las cuales 234 no especifican la advocación, 238 son de pequeño formato y 92 carecen de medidas.
Contexto histórico-económico y producción artística
En el siglo XVIII la economía de Coro y su jurisdicción se soportaba sobre el cultivo de la caña de azúcar, la ganadería, el cacao y el comercio con el Caribe y la Nueva España, existiendo dos grandes circuitos: el normado y el del contrabando. Hacia las Antillas Holandesas y otras islas del arco caribeño se enviaban los mismos productos que a Santo Domingo, Veracruz o Puerto Rico; ingresando mercancías de las diversas naciones que pugnaban por controlar el comercio insular caribeño y con la tierra firme.
El hecho de que Coro no fuera un lugar apetecido por los capitales comerciales que dominaban España contribuyó a estimular el contrabando entre los blancos criollos de la jurisdicción y sus vecinos holandeses, además de sus extensas costas, imposibles de una regular vigilancia, y lo desasistido del mercado interno.
En lo social el mestizaje avanzaba, y el lento cambio social se asociaba a una extremada polarización social-racial, predominando los negros libres o esclavos, los indios, bien libres de tributo o tributarios, y blancos criollos empobrecidos. Menos del 1% de la población eran blancos que detentaban el poder en el amplio sentido. Un grupo profundamente arraigado en el conservadurismo de la iglesia católica, del poder monárquico.
En materia de producción artística, la ciudad de Coro tiene como antecedente la noticia del primer pintor ubicado en Venezuela: Tomás de Cocar, en 1602, posteriormente Juan Agustín Riera, además de pintor, escultor; y Pedro de la Peña, carpintero, dorador y pintor. Esto generó actividad que ha quedado registrada, por ejemplo, en el ingreso de materiales para pintar a través de la misma ciudad (Boulton, 1987: 14).
Durante el siglo XVIII hubo una producción anónima tanto en pintura como en escultura, nada despreciable si consideramos la muestra que ha llegado a nuestros días. Los estudios realizados no han podido detectar, sin embargo, algún núcleo artístico formal en la ciudad de Coro, como sí se dio en Caracas, lo que puede atribuirse a la capitalidad de ésta y el despoblamiento y menor peso económico de aquélla. Con todo, será el siglo XVIII el que verá el desarrollo del arte colonial venezolano, un arte que en el caso de la jurisdicción de Coro tuvo dos grandes polos: el de los grupos enraizados en el poder económico, político y social -incluyendo a la iglesia católica-; y el de la numerosa masa de oprimidos. Ambos grupos han dejado para la historia, y ello se resume en la colección del Museo Diocesano de Coro, el testimonio de su religiosidad, una religiosidad que tiene uno de sus componentes en la masiva producción anónima de tablitas devocionales que se imponen en la colección.
Patrimonio, conservación y problemas actuales
En el año 2002 la Dirección de Bienes Muebles de la Arquidiócesis de Coro puso en marcha el proyecto Plan de Conservación Preventiva en el Museo Diocesano Lucas Guillermo Castillo, cuyo propósito fue la coordinación y puesta en marcha de un conjunto de estrategias sistemáticas y organizadas para preservar y resguardar las colecciones de pintura y escultura del Museo Diocesano. Como primer paso se procedió a actualizar las fichas de registro.
El resultado fue un diagnóstico multidisciplinario de la colección de pintura y escultura, lo cual permitió acceder a la historia del objeto musealizado, retornándole valores patrimoniales e identitarios, así como incidir en su preservación como fuente para la historia, a partir localizar e identificar deterioros y sus posibles causas, valorar superficialmente el estado de conservación de las piezas y determinar prioridades de intervención en base a los valores apreciados.
Gracias a la colaboración de la dirección del museo podemos ofrecer a nuestros lectores algunas fotografías de las piezas conservadas, con la intención de que sirvan de invitación a recorrer sus instalaciones en la calle Zamora. Aunque la Gobernación entregó el edificio totalmente remozado en 2013, el organismo que lo administra, la Iglesia católica, no tiene dinero para los gastos de mantenimiento ni pago del personal que debe atender al público. Desde hace más de 10 años las puertas del Museo Diocesano de Coro permanecen cerradas al público.
Hasta 2004 el museo recibió aportes de Pdvsa y del Consejo Nacional de la Cultura. Por ello, en 2007 la Sociedad de Amigos del Museo anunció el cierre indefinido debido a la presencia de grietas, comején, hongos y filtraciones. En aquel entonces se invirtieron cinco millones de bolívares para recuperar las 12 salas de exposición que comprende el museo fundado en 1946 por el obispo Francisco José Iturriza Guillén.
Arzobispo Mariano Parra: «Buscamos ayudas económicas fuertes porque es muy costoso el mantenimiento y el pago de personal». - Posiblemente tengamos la oportunidad de que nos den two y cuando eso ocurra abriremos. El museo está listo.

Visitas, memoria y valor cultural
El Museo Diocesano Lucas Guillermo Castillo siempre formó parte de las visitas que turistas y falconianos hacían en el centro histórico de Coro. Para el recordado escritor y periodista venezolano Pedro Berroeta, el Museo Diocesano de Coro es «el más hermoso, rico y conmovedor museo de Venezuela».
La Sociedad Amigos del Museo Lucas Guillermo Castillo adquirió en 1985 la Casa de los Capriles, ubicada al lado del convento. La idea era exhibir los muebles que forman parte de la colección del museo y que van desde púlpitos, camas, vitrinas, butacas, arcas, retablos, armarios de dos cuerpos y mesas. La obra de Miguel Arroyo dejó huellas indelebles.
Tabla: distribución cronológica aproximada de la colección pictórica
Fuente: inventario y estudio histórico del Museo Diocesano de Coro.
- Siglo XVIII: 48.8% (aprox. 43 obras del siglo XVIII en la colección específica)
- Siglo XIX: 32.5%
- Siglos XVI, XVII, XX: proporciones no significativas
- Obras sin data: 11.6%
Gracias a la investigación histórica y a los proyectos de conservación, el Museo Diocesano de Coro no solo preserva objetos sino que devuelve sentido histórico y social a un patrimonio que documenta la religiosidad y la vida cotidiana de una jurisdicción colonial con intensos lazos comerciales y culturales.