Jesús, al invitar a renunciar a las riquezas, ¿apunta hacia la carencia, incita a ingresar en el vacío y la nada? Jesús apunta más bien a conseguir una riqueza infinitamente mayor. Al igual que se entra desnudo en la vida, sólo se entrará desnudo en el Reino de los cielos, pues, si desnudo se nace, desnudo se renace. Sólo quien se ha despojado de riquezas, de ambiciones, de poderes, de falsas ilusiones, de odios y revanchas, podrá entender mejor las riquezas del cielo. Jesús no viene a empobrecer al hombre, pero sí a sustituir una riqueza pasajera por la gran riqueza de Dios.
La actitud de Jesús frente a lo material
Todos los bienes materiales son regalos de Dios, nuestro Padre. Debemos usarlos en tanto cuanto nos lleven a Él, con rectitud, moderación, desprendimiento interior. Al mismo tiempo, son medios para llevar una vida digna y para ayudar a los más necesitados. Lo que Jesús recrimina es el apego a las riquezas, y el convertirlas en fin en sí mismas.
La enseñanza central de Cristo en lo económico es ésta: relativización del dinero. A Jesús le interesa mucho más cómo se usa lo que se tiene que cuánto se tiene y, sobre todo, le importa infinitamente más lo que se "es" que lo que se tiene. Jesús quiere dar a entender que la verdadera riqueza es la interior, la del corazón. Al decir que Jesús consideraba las riquezas como relativas, no significa que Jesús fuera un adorador romántico de la pobreza, en sentido material. No es que Jesús quiera la pobreza material, que se convierta en miseria. No. Por eso, su mensaje es bien claro: todos somos hermanos y debemos compartir lo que tenemos, para que nadie sufra esa pobreza material.
La postura de Jesús frente a las riquezas es de una gran libertad interior. Jesús no está apegado a ellas, no está esclavizado a ellas, no está obsesionado por ellas. Vive la pobreza como ese desapego interior de todo. Por eso, Jesús insiste en que lo material es perecedero y lo sobrenatural es eterno. La cruz descubre profundamente el valor que Jesús concede a las cosas materiales y terrenas. Para salvar a los hombres y cumplir la misión confiada por su Padre, dio todo cuanto tenía. Jesús en la cruz es pobre de cosas, pero es rico en amor, perdón, misericordia, obediencia.
¿Jesús desprecia las riquezas?
Hay expresiones de Jesús en los Evangelios bastante desconcertantes sobre las riquezas y sobre los ricos: "Hijos, cuán difícil es entrar en el Reino de Dios para los que confían en las riquezas. Más fácil es que pase un camello por ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios" (Mc 10, 24). O aquella otra frase: "No podéis servir a Dios y a Mammón" (Mt 6, 24; Lc 16, 13). ¿Jesús desprecia las riquezas, las condena? Jesús veía en la mayor parte de los fariseos y saduceos, representantes de la clase rica y dirigente del país, las funestas y alarmantes consecuencias del culto a Mammón. Lo que les impedía seguirle, manteniéndoles alejados del reino de los cielos, no era la riqueza en sí, sino su egoísmo duro, su orgullo, su apego a ella, a sus privilegios.
Cuando Jesús llama la atención a los ricos es porque el rico, apegado a las riquezas, no siente necesidad de nada, pues lo tiene todo y no desea que cambien las cosas para seguir en su posición privilegiada. Es un hecho que Jesús frente al pobre y necesitado lo primero que hacía era la liberación de su problema o dolencia, y sólo después venía la exigencia de conversión. Mientras que, frente al bien situado y rico, lo primero que le pedía era la exigencia de conversión y, sólo cuando esta conversión se manifestaba en obras de amor a los demás, anunciaba la salvación para aquella casa (cf. Lc 19, 1-10). Por eso Jesús no condena sin más al rico, ni canoniza sin más al pobre. Pide a todos que se pongan al servicio de los demás. Para Jesús el verdadero valor es el servicio.
El peligro de la riqueza
No obstante lo dicho, Jesús anuncia del peligro y riesgo de las riquezas. Aquí la palabra de Jesús no se anda con rodeos. Para Jesús la riqueza, como vimos, no es el mal en sí, pero le falta muy poco. La idolatría del dinero es mala porque aparta de Dios y aparta del hermano. Así se explican las palabras de Jesús: no se puede amar y servir a Dios y a las riquezas (cf. Mt 6, 24; Lc 16, 13); la preocupación por la riqueza casi inevitablemente ahoga la palabra de Dios (cf. Mt 13, 22); es sinónimo de "malos deseos" (cf. Mc 4, 19).
La crítica de Jesús al abuso de la riqueza se basa, efectivamente, en el poder totalizador y absorbente de ésta. La riqueza quiere ser señora absoluta de aquél a quien posee. Por eso, Jesús pone en guardia sobre la salvación del rico. Será difícil la salvación de aquel que haya vivido sólo para la riqueza, de la riqueza, con la riqueza, despreocupado del amor a Dios y al prójimo. Haría falta un verdadero milagro de Dios para que consiga la salvación (cf. Mt 19, 23; Mc 10, 25; Lc 18, 25). Esta es la razón por la que el rico tiene que "volver a nacer", como sucedió a Zaqueo (cf. Lc 19, 1-10); tiene que compartir, si quiere salvarse, cosa que no hizo el rico Epulón (cf. Lc. 16, 19-31); tiene que aceptar la invitación de Dios al convite de la fraternidad y no hacer oídos sordos, como hicieron los egoístas descorteses, que prefirieron sus cosas y por eso no entraron en el banquete del Reino (cf. Lc 14, 15-24).
Riqueza verdadera: ejemplos y consecuencias
¡Qué diversos son los bienes que nos alcanzó Cristo con su resurrección! Él nos consigue la verdad, la libertad, la sinceridad, la comprensión, la satisfacción de no tener ansiedades, la paz, el perdón. Y sobre todo, la riqueza de las riquezas: el cielo. Y por ese cielo es necesario vender todo y así comprarlo (cf. Mt 13, 44-46).
Es un error pensar que la vida es un ascenso hacia la fortuna material para gozar de los bienes en el más allá. Se salvará -rico o pobre- el que haya dado de comer, de beber, el que haya consolado al enfermo, el que haya tenido piedad con sus hermanos. Y se condenará -rico o pobre- el que haya negado lo que tiene, mucho o poco, a los demás (cf. Mt 25, 31-46).
San Francisco de Asís: paradigma de la renuncia
San Francisco de Asís, conocido como el "Poverello" por su amor radical a la pobreza, es una de las figuras más icónicas de la espiritualidad cristiana. Nacido en Asís, Italia, como Giovanni di Pietro Bernardone, creció en una familia adinerada, pero eligió un camino diametralmente opuesto al que su entorno social le ofrecía. Francisco pasó sus primeros años en una vida de comodidad y placeres mundanos, disfrutando de la riqueza de su familia de comerciantes. Sin embargo, tras una serie de experiencias personales, como la enfermedad y el cautiverio durante una guerra local, comenzó a sentir una insatisfacción profunda con su estilo de vida.
Su conversión se aceleró cuando, en la iglesia de San Damián, escuchó a Cristo desde el crucifijo decirle: "Francisco, repara mi iglesia". Interpretando esto al principio de manera literal, se dispuso a reconstruir físicamente la iglesia en ruinas. Se vestía con una túnica sencilla y descalzo caminaba por los caminos, predicando la paz, el arrepentimiento y el amor de Dios. Uno de los pilares de la espiritualidad de Francisco fue su profundo amor y servicio a los pobres, enfermos y marginados. El episodio más significativo de su vida ocurrió cuando, durante su conversión, abrazó y besó a un leproso, un acto que lo marcó para siempre.
Para Francisco, la naturaleza no era algo separado del ser humano, sino una hermana más, digna de respeto, amor y cuidado. San Francisco es conocido por su amor hacia la naturaleza y los animales, un amor que alcanzó su expresión más poética en su "Cántico de las Criaturas". En este himno, Francisco alaba a Dios por todas sus criaturas, llamándolas "hermanos" y "hermanas": el sol, la luna, el viento, el agua, el fuego y la tierra.
La minoridad, concepto central en su vida, es la elección de ser "menor" en todas las situaciones, es decir, de vivir en humildad y servicio a los demás. Francisco abrazó esta minoridad al rehusar cualquier tipo de poder o privilegio, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Él y sus primeros seguidores se autodenominaban "frailes menores", subrayando su deseo de ser los más pequeños, sirviendo a todos sin buscar reconocimiento o estatus.

Iconografía de la renuncia: Giotto y San Francisco
En el registro superior de la capilla Bardi, en el luneto de una de las paredes, Giotto figura esta Renuncia a los bienes, dentro del ciclo dedicado a la vida de San Francisco. El artista italiano presenta un bloque macizo de grandes dimensiones como marco donde se desarrolla el episodio. Mucho más evolucionado se muestra Giotto a la hora de componer un espacio en profundidad economizando sus elementos figurativos; muy evolucionado con respecto al mismo tema que representó para . En esta ocasión se deja toda la potencia de la escena a la estructura arquitectónica.
En la arista que forma la confluencia de dos de sus paramentos, se sitúa la figura de San Francisco, que ya se ha despojado de sus ropas y está siendo cubierto con una túnica por un eclesiástico. A la izquierda, todo el grupo de ciudadanos que asisten en el desconsuelo al padre del santo, destacado de este grupo y muy caracterizado en su rostro de rabia y en su ademán violento.
Prácticas y orientaciones sobre objetos religiosos y bienes sagrados
Actualmente surgen dudas a la hora de reparar o deshacernos de los artículos religiosos. ¿Hay que tratar estos objetos con especial atención? ¿En algunos casos se puede tirarlos a la basura? Cualquiera que sea la tradición religiosa seguida por una persona, lo más importante, a la hora de decidir qué hacer con artículos religiosos dañados o no deseados, es tratarlos con reverencia y respeto. En casi todos los casos, la manera preferida de deshacerse de artículos dañados es enterrarlos.
En la tradición católica la veneración de las imágenes, sean pinturas, esculturas, bajorrelieves u otras representaciones, además de ser un hecho litúrgico significativo, constituye un elemento relevante de la piedad popular: los fieles rezan ante ellas, tanto en las iglesias como en sus hogares. La imagen no se venera por ella misma, sino por lo que representa. Por eso a las imágenes se les debe tributar el honor y la veneración debida, no porque se crea que en ellas hay cierta divinidad o poder, sino porque el honor que se les tributa se refiere a las personas que representan.
Es conveniente que desterremos de nosotros la idea, muy generalizada, de que una imagen dañada es algo mágico, que tenerla en casa trae mala suerte. Nunca con miedo, nunca pensando o actuando como si nos fuera a pasar algo malo. La imagen se destruyó, se rompió y nada nos va a pasar, fuera de la pena que a veces sentimos porque era imagen que teníamos desde niños.
Recomendaciones prácticas
- No llevarlas a los templos, santuarios ni cementerios sin los cauces adecuados de recepción y tratamiento.
- Si se trata de telas (pinturas), hay que buscar una persona entendida que nos oriente en la forma de devolverle la belleza a esas pinturas.
- Cuando se trata de imágenes de madera, bronce, mármol o piedra, hay que conservarlas en casa y buscar algún buen restaurador o entregarlas a un museo o institución religiosa.
- Si son imágenes de yeso, hay que ver si es posible restaurarlas; conservar con cuidado todos los trozos, especialmente los rostros.
- Rosarios, libros y otros artículos bendecidos: lo mejor es reparar o restaurar lo que se pueda; muchas parroquias aceptan donaciones o reutilización en obras de caridad.
La renuncia en la vida cotidiana: simplicidad y compartir
Elegir la simplicidad no implica abandonar todos los bienes materiales, sino aprender a vivir con lo necesario, evitando el exceso y compartiendo lo que tenemos con los más necesitados. Para Jesús el verdadero valor es el servicio. La salvación no será convertir al pobre en rico ni al rico despojarlo, sino convertir a todos en servidores, descubrir a todos la fraternidad que cada uno ha de vivir a su manera.
Si bien puede ser difícil deshacernos de las cosas, puede ser gratificante saber que los artículos pasarán a un lugar adecuado. A la hora de regalar o donar un artículo, piensa en quién lo podría valorar. Se debe procurar que "estos objetos beneficien a un número mayor de personas".
Sobre la Vida de San Francisco de Asís (Completo Tv Española)
Tabla: Actitudes hacia los bienes materiales (idea resumida en base al material)
- Apego: convierte lo material en fin, riesgo de idolatría, aparta de Dios y del prójimo.
- Desprendimiento: libertad interior, uso moderado, comparte y sirve, abierta a la fraternidad.
- Pobreza vivida: elección de minoridad, servicio a los pobres, riqueza interior y espiritual.
- Práctica pastoral: restaurar, donar, respetar imágenes; orientar la piedad popular teológicamente.
La renuncia a los bienes materiales, en la tradición cristiana y especialmente en el ejemplo de Jesús y de figuras como San Francisco de Asís, es ante todo una llamada a la libertad interior y al servicio. No se trata de perseguir la miseria, sino de ordenar lo material en función de lo eterno y de la caridad: usar los bienes para acercarnos a Dios y para ayudar a los hermanos.