“Jesús es Señor de la Historia”. ¿Cuál es el significado de esta afirmación? ¿Qué significa que Jesucristo es Señor de la Historia, del mundo, de la humanidad, Él, que luego de tres años de anuncio del Evangelio murió misteriosamente clavado en una Cruz? ¿Él, que en los últimos instantes de su vida fue abandonado incluso por sus propios amigos? ¿Él, que no ha querido eliminar el dolor, el sufrimiento o las contradicciones del mundo y, más aún, ha asumido personalmente todo este dolor hasta el fondo, hasta el fin? ¿No es acaso una contradicción?
Jesucristo sigue siendo una de las figuras más influyentes. En su nombre se han fundado ciudades, a su gloria se han dedicado increíbles obras de arte y su espíritu se ha invocado a la hora de entrar en batallas. Es el personaje central de los Evangelios que conforman la Biblia y el eje central en torno al que gira la religión cristiana.
Datos biográficos y preguntas fundamentales
Jesús, o más bien Yeshúa, nació en Galilea entre los años 7 y 1 a.C, según los historiadores, quienes también aseguran que la fecha del 24 al 25 de diciembre, día de Navidad, es un invento de varios siglos más tarde. Criado en el seno de una humilde familia palestina en la pequeña población de Nazaret, Jesús -a quien no habrían adorado ni reyes ni pastores- aprendió el oficio de carpintero y albañil de su padre.
Desde ese momento hasta que se convierte en profeta -sobre la treintena de edad, supuestamente- no se sabe nada de Jesús. ¿Estuvo casado? ¿Llegaría a tener hijos, algo sagrado para los judíos? Reclutó a un puñado de seguidores, pero sus prédicas pronto llegaron a los oídos de las autoridades romanas en Judea, donde Poncio Pilato actuó de prefecto entre los años 26 y 37 d.C. Yeshúa fue "un judío estudioso de la ley que fracasó en su empeño de comunicar que el fin del mundo estaba próximo y que fue ejecutado por ser un sedicioso contra la ley romana", asegura el divulgador Néstor F. Marqués en su libro Fake news en la Antigua Roma (Espasa).
A los pocos días de ser enterrado -fecha que se produjo en algún momento del gobierno de Poncio Pilato-, algunos de sus seguidores aseguraron que su tumba estaba vacía, que había resucitado y ascendido a los cielos. Él nunca llegó a conocer en vida a Jesús, y aparte de ofrecer algún dato biográfico como que había muerto crucificado, su relato se centra en reivindicar su figura como la del mesías que había anunciado el fin del mundo después de experimentar una visión en la que se le pedía convertirse en uno de sus apóstoles.
Jesús histórico vs Jesús de la fe
Si usted sale a la calle y pregunta por Jesús de Nazaret casi cualquier persona, aunque no sea creyente, recitará un pequeño puñado de datos sueltos que tras casi dos mil años de tradición están impresos en la memoria colectiva de los occidentales. Cualquiera sabe algo sobre Jesús, porque el personaje ha estado en todas partes: la pintura, la escultura, la literatura, la filosofía, el cine.
Hoy, los historiadores e incluso algunos teólogos contemplan esos otros dos conceptos: el Jesús histórico y el Jesús real. El Jesús real no dejó rastro material alguno, y de él no sabemos casi nada con absoluta certeza; más bien suponemos o deducimos cosas. No hay un sepulcro, ni un esqueleto, ni un mechón de cabello. Los primeros textos que mencionan a Jesús datan de unos veinte años después de su muerte y fueron escritos por Pablo de Tarso, san Pablo, que no conoció a Jesús y revela muy poco, o casi nada, sobre su biografía (más allá de que había sido crucificado y algún otro detalle).
El Jesús histórico es, pues, un retrato imperfecto e incompleto que los historiadores tratan de componer mediante el análisis crítico de la única información más o menos cercana a su época de la que disponen: el Nuevo Testamento (y, en menor medida, algún que otro texto que no está en la Biblia cristiana). Primero, porque otros textos son más tardíos y, cuanto más tardíos, más improbable encontrar en ellos un rastro de información fiable.
Los evangelios y la conformación del mito
Pocos años después se redactarían los cuatro evangelios -aunque no se sabe quiénes fueron los encargados de ello- terminando de consolidar el mito de Jesucristo. Supuestamente escritos en el último tercio del siglo I, son los únicos textos de la época que han sobrevivido. Los cuatro evangelios canónicos no fueron seleccionados de manera caprichosa. Están entre los textos cristianos más antiguos, ya que fueron escritos en el siglo I, entre cuarenta y setenta años después de la muerte de Jesús.
Uno de esos textos, el Evangelio de Marcos, es la narración biográfica más antigua de la que se tiene noticia: los expertos suelen datarlo en torno al año 70. No existe ningún otro texto anterior que narre la vida de Jesús, o no ha sido descubierto. Los dos siguientes, el Evangelio de Lucas y el Evangelio de Mateo, fueron escritos muy poco después, en torno al año 80, y son adaptaciones modificadas de Marcos que copian casi toda su estructura hasta el punto de que esos tres son conocidos como «Evangelios sinópticos».
Los primeros relatos «biográficos» sobre Jesús, que en realidad eran textos de carácter doctrinal, fueron escritos medio siglo después de su muerte. Fueron redactados en griego, un idioma distinto al que Jesús hablaba, por personas que habitaban regiones alejadas de su tierra.
Milagros, enseñanzas y significado teológico
Jesucristo, según los evangelios, era el Mesías, el hijo de Dios; una persona capaz de desempeñar acciones sobrehumanas, como sanar a los enfermos tocándolos simplemente con su mano, caminar por encima del agua o multiplicar los panes y los peces. Y no solo eso: también resucitar de entre los muertos.
Jesús sanó a los enfermos, le dio la vista a los ciegos y revivió a los muertos. Lo más asombroso es que Él hizo que todos estos milagros fueran posibles. Jesús también es el ejemplo perfecto de amor. Jesús enseñó que debemos perdonar. Jesús curó y consoló: “Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos.” “Y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Y cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes.” “Y cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad.” “Y dijo: Joven, a ti te digo, ¡levántate!”
Jesús enseñó que debemos amar a nuestro prójimo. Sus enseñanzas estaban muy por delante de su tiempo. Él nos enseñó a amar a nuestros enemigos. Nos enseñó a perdonar. Nos enseñó a ver a las personas más allá de su raza, edad, género o nacionalidad. Nos enseñó a amar a Dios y a nuestro prójimo.
Pasión, crucifixión y resurrección
La noche antes de que lo mataran, Jesús se retiró al Jardín de Getsemaní para orar. Ahí, sintió la carga de cada pecado y dolor del género humano y sufrió por cada persona que jamás haya vivido. Después, Jesús fue traicionado, arrestado, burlado, golpeado y crucificado. Todo esto Él lo permitió para cumplir con la voluntad de Dios. “Yo pongo mi vida”, dijo el Señor, “para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”.
Tres días después de Su muerte, Jesús se levantó de la tumba y apareció a Sus amigos y seguidores. Gracias a que Jesús vivió otra vez, todos nosotros podremos ser resucitados algún día. Literalmente, Él rompió las cadenas de la muerte y se levantó de la tumba esa primera mañana de Pascua. A causa de Su sacrificio y resurrección, podemos superar nuestros desafíos diarios con fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El título «Mesías» y la tradición judía
El título «Mesías» fue utilizado en el Libro de Daniel, que habla de un «Mesías Príncipe» en la profecía acerca de «las setenta semanas». También aparece en el Libro de los Salmos, donde se habla de los reyes y príncipes que conspiran contra Yahveh y contra su ungido. Jesús es llamado «el Cristo» en los cuatro evangelios del Nuevo Testamento donde se le describe como ungido con el Espíritu Santo.
El término Cristo no solo se utilizaba con los sacerdotes que eran mediadores entre Dios y la humanidad, sino también con los reyes teocráticos que eran representantes de Dios y adquirían de esa manera dignidad sacerdotal. Cuando se usa como nombre propio y, muchas veces, en los otros casos, designa a Jesús de Nazaret, el esperado Mesías de los judíos.
Cómo surgió la Iglesia y la difusión del cristianismo
El cristianismo surgió como una comunidad, la Iglesia, inspirada en las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Según san Lucas (en Hechos de los Apóstoles 11:26), los discípulos de Jesús fueron llamados «cristianos» por primera vez en Antioquía de Siria. La misión que los unía era la prédica de estas enseñanzas por todo el mundo, prédica inicialmente llevada a cabo por sus discípulos directos, llamados apóstoles.
La religión cristiana se inició en el seno del judaísmo como uno de tantos movimientos mesiánicos, centrado en la persona de Jesús de Nazaret. Los seguidores de Cristo en el mundo actual no forman un conjunto único y uniforme, sino que se agrupan en distintas confesiones, como las iglesias católica, ortodoxa, anglicana, luterana, bautista, anabaptista, menonita, presbiteriana, metodista, mormona, evangélica, etc.
Dogmas, debates teológicos y diversidad
La mayoría de los cristianos tienen como dogma la Santísima Trinidad que representa a Dios. El teólogo Arrio discrepó de esa enseñanza y dijo que Jesús estaba subordinado a Dios Padre y por lo tanto no hace parte de Dios; ese modelo llevó a un movimiento llamado Unitarismo. El teólogo Nestorio indicaba que Jesús y Dios son de naturaleza divina pero separados. El binitarismo enseña que Dios son dos personas. En algunas ramas cristianas Jesús es Dios. Saliendose del cristianismo, en el islam, Jesús es uno de los tantos profetas enviados por Dios.
Para la Iglesia católica, Cristo, en el mundo actual, es «Lumen Gentium», «Luz de los pueblos». Cristo, siendo una sola Persona divina, es perfecto Dios y perfecto hombre. Se han producido dentro de la Iglesia católica distintos debates referidos a cómo deben interpretarse estas afirmaciones. Estas precisiones han surgido como respuesta a distintas doctrinas que fueron apareciendo: el arrianismo, el nestorianismo, entre otras.
Tradición, canon y textos descartados
Los veintisiete libros que hoy contiene el Nuevo Testamento eran solo una parte de los muchos textos cristianos que circularon por el Imperio romano durante cientos de años, hasta que en el siglo IV, después de mucho debate, las autoridades eclesiásticas seleccionaron esos veintisiete como parte del canon, esto es, del conjunto de textos inspirados por Dios en los que los creyentes debían centrar su atención.
El resto de textos circulantes, incluyendo algunos que eran muy populares, empezaron a ser tachados como herejías o, con suerte, como errores bienintencionados, por una Iglesia cada vez más centralizada. Por suerte, unos cuantos de esos textos descartados han sobrevivido hasta hoy y copias antiguas han sido descubiertas por arqueólogos.
Contexto histórico y social de Galilea y Judea
Jesús era judío y parte de la tribu de Judá, a pesar de haber vivido la mayor parte de su vida en Galilea. Y, según los Evangelios, descendía del rey David a través de su padre José. Galilea, sin embargo, era un reino vasallo de Roma y estaba gobernado por Herodes el Grande, un rey de origen pagano literalmente colocado en el trono por Augusto, de quien era prácticamente un subordinado.
En Israel, en ese momento, el judaísmo no era de ninguna manera un bloque uniforme. Saduceos, fariseos, herodianos, doctores de la ley, zelotes y esenios componían el panorama religioso y social de la época. Es precisamente a ese pueblo del cual se burla toda la élite sacerdotal, espiritual e intelectual de Israel a quien se dirigirá primero Juan el Bautista y luego Jesús.
¿Existió realmente Jesús?
A esta primera pregunta ya se puede responder con bastante claridad: sí. ¡Sin lugar a dudas! Lo primero hay que decir es que nuestra era, la era “cristiana”, se calcula precisamente desde su nacimiento, “después de Cristo”.
El Jesús histórico es el campo de trabajo de esos historiadores, que admiten que nunca podremos recuperar al Jesús real, como tampoco podemos recuperar al Sócrates real. La única manera de averiguar cómo era el Jesús real sería viajar en el tiempo.
Oficio, lengua y condiciones sociales
En el Nuevo Testamento Jesús es descrito como τέκτων, «tekton», que indica un trabajo relacionado con la construcción y que podríamos traducir como «obrero» o «artesano». El oficio de τέκτων sugiere que Jesús no recibió educación formal, así que es muy probable que fuese analfabeto. Algunos autores especulan con la posibilidad de que supiese leer el hebreo, dado que debió tener un buen conocimiento de las profecías judías.
En realidad, es indiferente que desempeñara cualquiera de esos trabajos, ya que el estatus social de Jesús no cambiaría fuese carpintero o albañil. El motivo por el que la tradición dice que fue carpintero es que otros trabajos que podrían ser incluidos en el término τέκτων, como herrero, albañil o cantero, solían ser mencionados con términos más específicos en los textos judíos traducidos al griego.
Imágenes, arte y memoria histórica
Las representaciones de Cristo son muy frecuentes en el arte cristiano a pesar de que no hay retratos de Jesús, ni indicaciones concretas acerca de su aspecto físico. Hasta aquí, nada nuevo. Pero no siempre fue así. Los primeros lugares cristianos fueron, de hecho, casas que habían surgido o existían anteriormente donde había lugares considerados sagrados.

Preguntas no resueltas y el misterio del sufrimiento
¿Porqué, si Jesús es Dios, no elimina entonces el dolor, la fatiga, el sufrimiento? ¿Porqué deberíamos afirmar su señorío todavía hoy, si muchos inocentes están siendo asesinados por manos criminales? ¿porqué, si miles de personas aún hoy caen víctimas del hambre, la miseria y la indigencia allí, en el así llamado “Sur del mundo”?; ¿si todavía hoy un desastre natural puede fácilmente hacer desaparecer una región entera?
Todo esto plantea la aparente contradicción entre el señorío divino y la realidad del mal. Algunos creyentes responden que Cristo asumió personalmente todo este dolor hasta el fondo, hasta el fin, que su pasión y crucifixión inauguraron la redención y que su resurrección garantiza la victoria última sobre la muerte y el mal. Otros plantean preguntas históricas y filosóficas sobre el significado de un Dios que sufre y permite el sufrimiento.
Influencia cultural y legado
Si usted sale a la calle y pregunta por Jesús de Nazaret casi cualquier persona, aunque no sea creyente, recitará un pequeño puñado de datos sueltos que tras casi dos mil años de tradición están impresos en la memoria colectiva de los occidentales. Todos tenemos una imagen mental prototípica sobre cómo era su carácter, sobre el tipo de cosas que hacía y decía. Este es el Jesús de la tradición cultural y religiosa.
La fe es parte inseparable de la historia del mundo y cada cultura se entiende en relación a las religiones que han contribuido a darle forma. En lo que llamamos Occidente, esta religión ha sido mayoritariamente la cristiana, una evolución que ha sido mucho más conjunta de lo que a veces pensamos.
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Tabla resumen: fuentes y fechas aproximadas
- Siglo I: vida y ministerio de Jesús (aprox. 7-30 d.C.).
- Años 50-60: cartas de Pablo (primeros textos cristianos escritos).
- c. 70: Evangelio de Marcos.
- c. 80: Evangelios de Mateo y Lucas.
- Finales del siglo I: Evangelio de Juan.
- Siglo IV: conformación del canon del Nuevo Testamento.
Jesús es llamado «el Cristo» en los cuatro evangelios del Nuevo Testamento donde se le describe como ungido con el Espíritu Santo. Muchos aspectos de su persona y significado dependen de la perspectiva desde la que se lo considere: histórica, teológica, cultural o artística. A partir de esos distintos enfoques es posible comprender por qué su figura sigue generando preguntas, devoción, arte, polémica e investigación.
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