La Catedral de Santiago de Compostela, situada en Galicia, España, es una de las joyas más emblemáticas del arte románico y un destino esencial para los peregrinos del Camino de Santiago. Su construcción y evolución se extienden a lo largo de varios siglos, involucrando a reyes, obispos, maestros canteros y escultores que, generación tras generación, añadieron estilos y soluciones arquitectónicas hasta configurar el conjunto que hoy conocemos.
Origen del culto y primeros templos
Según la tradición, los restos de Santiago el Mayor fueron llevados a Galicia tras su martirio en Jerusalén. El lugar de enterramiento del Apóstol Santiago, en el Monte Libredón, quedó en el olvido hasta que, en torno a los años 820-830, fue descubierto, en tiempos del obispo Teodomiro de Iria Flavia. Cuando el rey Alfonso II tuvo noticia del descubrimiento mandó que se construyera en el lugar un templo para acoger el sepulcro. Ya en el momento de su hallazgo, el rey asturiano Alfonso II el Casto ordenó construir una capilla de piedra y arcilla; el mismo monarca fue, según la tradición, el primer peregrino que la visitó.
Muchos estudiosos ubican el origen de la historia de la Catedral de Santiago en la iglesia que ordenó construir Alfonso II, tras el descubrimiento del sepulcro. La iglesia fue ampliada significativamente en el año 899 por Alfonso III, que encargó la construcción de un templo de piedra en estilo asturiano, con tres naves y cabecera rectangular. Esta basílica sería reducida a cenizas por Almanzor cuando asoló la ciudad de Compostela en el año 987, aunque las crónicas sostienen que respetó la tumba de Santiago.
Inicios de la gran catedral románica (1075-1128)
La obra de la actual catedral románica se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI y el patrocinio del obispo Diego Peláez. Desde el principio, la catedral se concibió como una iglesia de peregrinación, de modo que se pudiera dar acogida a un gran número de peregrinos sin por ello interrumpir los oficios de la catedral. De ahí que se planeara una iglesia con planta de cruz latina, con un gran crucero y una enorme cabecera con girola.
Según recoge el Códice, el inicio de obras estuvo a cargo del maestro Bernardo el Viejo. Este equipo de trabajo avanzó las obras durante la primera década de construcción de la Catedral de Santiago. En el año 1101 Diego Gelmírez fue consagrado obispo de Compostela. Este importante personaje consiguió el privilegio de acuñación de moneda, lo que le iba a permitir contar con los recursos económicos para afrontar su proyecto, que, a continuación, se centró en el transepto, sus fachadas historiadas y un nuevo altar de Santiago.
Las puertas laterales del crucero permitían la entrada y salida de fieles que recorrían el deambulatorio hasta llegar a la tumba de Santiago, situada en una cripta bajo el altar mayor; todo ello sin pasar por la nave central ni afectar al culto catedralicio. La Puerta de las Platerías quedó concluida en el año 1104. Cinco años después, Diego Gelmírez, el nuevo administrador de la diócesis, y Dalmacio, el nuevo obispo, dan un fuerte impulso a la construcción de la Catedral de Santiago.
Desde este momento se continuaron con regularidad los trabajos, probablemente ampliando la escala del edificio proyectado originalmente, y durante las dos primeras décadas del siglo XII se remataron los trabajos de los brazos del crucero, hasta la colocación de la última piedra, que, si atendemos las indicaciones del Codex Calixtinus, tuvo lugar en el año 1122. Diego Gelmírez, nombrado obispo en 1100 y primer arzobispo de Compostela en 1120, fue la figura más importante en la tarea de impulsar la actividad constructora en Santiago. La gran cantidad de limosnas conseguidas hizo posible su vuelta al culto y su consagración en 1128.
Maestro Mateo y la culminación occidental (1168-1211)
Todo ello sería posible gracias a la figura del Maestro Mateo. No se tienen datos ciertos acerca de su origen y procedencia, pero aparece citado en el documento de 1168 por el cual Fernando II le concede una pensión vitalicia por la dirección de las obras de la Iglesia de Santiago. En 1168 fue encargado al maestro Mateo la cripta y el famoso Pórtico de la Gloria, terminada oficialmente en abril de 1211. El maestro Mateo era un arquitecto y escultor excepcional para la época. Fue en el año 1168, casi un siglo después del comienzo de la edificación románica, cuando Fernando II de León contrató a Mateo para iniciar unas obras que acapararían el resto de su vida, pues no finalizaron hasta 1211.
El arquitecto ordenó el derribo de los pies de la catedral con su antigua fachada para edificar un gran pórtico, que sería erigido sobre una amplia cripta. Esta doble piso permitía nivelar la construcción y salvar la inclinación del terreno. El Maestro Mateo, conjugando influencias francesas, italianas e hispanas, concibe el cierre occidental de la Catedral con un pórtico de granito policromado que, por sus características estilísticas, apunta a la transición al arte gótico: el Pórtico de la Gloria, obra cumbre del arte hispánico de su época.

El pórtico del maestro Mateo representa la gloria celestial y se divide en tres accesos, cada uno de los cuales recibe un significado determinado. El tímpano central aparece presidido por Cristo en su trono rodeado de los cuatro evangelistas. La gran arquivolta en torno al tímpano está ocupada por los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, que aclaman al Salvador haciendo sonar sus instrumentos musicales. La composición se completa con la imagen destacada de Santiago apóstol en el parteluz, situado en el centro.
Evolución estilística: gótico, renacimiento y barroco
A lo largo de los siglos la catedral incorporó elementos góticos, renacentistas y barrocos. La Edad Moderna viene marcada por el barroco, estilo que iba a aportar al conjunto unas nuevas vestiduras. El siglo XVII se inició con el derribo del coro pétreo y la construcción de una monumental escalinata en la fachada occidental. De la mano del canónigo José Vega y Verdugo, se comenzó a acometer la gran modernización de la catedral. Al exterior, la nueva fachada de la Quintana y la remodelación de la Torre del Reloj. En el interior, la nueva decoración de la capilla mayor, diseñada como una verdadera apoteosis jacobea.
Esta gran remodelación barroca se completaría, en el siglo XVIII, con importantes intervenciones, entre ellas, la nueva fachada occidental, la del Obradoiro, obra de Fernando de Casas Novoa, y la de la Azabachería, que a mediados de esta centuria iba a sustituir a la antigua fachada del Paraíso. La fachada occidental de la Catedral medieval ha llegado a nuestros días a través de los dibujos realizados por Vega y Verdugo.
Estructura, materiales y elementos destacados
La Catedral de Santiago de Compostela responde, en su esquema original, a una planta de cruz latina con tres naves, crucero, deambulatorio y capillas absidiales. Respecto a los materiales de construcción, se utilizó la piedra granítica local, dotando al conjunto de gran resistencia y sobriedad. En su estructura cuenta con varias torres, las dos de la fachada principal, conocidas como la Torre de las Campanas y la Carraca, y la de la Berenguela.
En la actualidad tiene 16 capillas, además de la cripta del Apóstol, la cripta del Pórtico de la Gloria y una parroquia independiente, la Corticela. Algunas capillas forman parte del museo de la catedral y contienen las reliquias, las tumbas de los reyes de Galicia y el tesoro. El altar mayor tiene 350 años y está presidido por el apóstol Santiago vestido de peregrino.
El Botafumeiro
El término en gallego “Botafumeiro” significa “el que echa humo” y se refiere al gran incensario existente en la Catedral compostelana. El Botafumeiro es usado desde la Edad Media como instrumento de purificación de las multitudes que llenaban la catedral. Se trata de un inmenso incensario (53 kilos y 1,5 metros de altura) de latón bañado en plata que necesita la atención de ocho especialistas o tiraboleiros para columpiarse por el interior de la catedral. En la actualidad hay dos ejemplares; uno en latón que data de 1851 y es obra de José Losada, y una réplica en plata regalado en 1971.
Peregrinación y función religiosa
La Catedral de Santiago de Compostela es el destino final de la famosa peregrinación del Camino de Santiago, una ruta que ha atraído a millones de peregrinos desde la Edad Media. El Camino de Santiago se convirtió en la mayor vía de peregrinación de Occidente, y Compostela, la ciudad surgida junto a la tumba, en destino de un incontenible movimiento en el mundo cristiano. Esta vía de comunicación fue determinante para que los reinos hispánicos medievales participaran en los movimientos culturales de la época.
La Puerta Santa únicamente se abre durante los Años Santos Compostelanos (aquellos en que la festividad de Santiago Apóstol se celebra en domingo). Los peregrinos que llegan a la catedral tienen que mostrar la «credencial» del Camino, que demostrará que han recorrido y se han alojado en los lugares que en ella se muestran. La «Compostela» es un certificado expedido por las autoridades eclesiásticas y que se entrega a los peregrinos cuando acaban su peregrinaje en la catedral.
El Pórtico de la Gloria: la obra de un maestro universal
Conservación, redescubrimientos y patrimonio
El resurgir del fenómeno jacobeo se inició en la noche del 29 de enero de 1879, cuando un grupo de canónigos encabezado por López Ferreiro, con el apoyo del cardenal Payá, halló, en el trasaltar, la tumba apostólica, oculta en aquel lugar desde los tiempos del arzobispo Sanclemente, en el siglo XVI. Tras este redescubrimiento de las reliquias del Apóstol Santiago el Mayor, certificados en 1884 por el Papa León XIII con la Bula Deus Omnipotens, el fenómeno jacobeo vivió un primer resurgir.
La Catedral de Santiago de Compostela es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1985, aunque no deja de ser un monumento muy importante durante siglos para la tradición católica. Pese a tantas fases constructivas resulta asombrosa la armonía y la coherencia arquitectónica del edificio. Transitada por innumerables viajeros, víctima de guerras, incendios y revueltas, la catedral de Santiago de Compostela parece ajena al paso del tiempo y se alza majestuosa siempre que un peregrino llega exhausto y conmovido al Monte do Gozo.
Tabla resumida: principales hitos y responsables
- Siglo IX: Descubrimiento del sepulcro (Pelayo y obispo Teodomiro) y capilla inicial (Alfonso II).
- 899: Ampliación bajo Alfonso III (templo prerrománico de tres naves).
- 987: Incendio por Almanzor; la tumba se conserva.
- 1075: Inicio de la catedral románica (Alfonso VI y obispo Diego Peláez). Maestros: Bernardo el Viejo, Galperinus Robertus, Esteban.
- 1100-1128: Impulso y consagración (Diego Gelmírez; obras finalizadas en primera fase).
- 1168-1211: Encargo y obra del Maestro Mateo (cripta y Pórtico de la Gloria).
- Siglos XVII-XVIII: Remodelaciones barrocas y fachadas (Vega y Verdugo, Fernando de Casas Novoa).
- 1879-1884: Redescubrimiento de la tumba apostólica y certificación papal.
Visitar la catedral hoy
Entrar a la catedral de Santiago de Compostela es totalmente gratis, salvo para grupos organizados que sí deben pagar. El santuario abre todos los días del año (de 7:00h a 20:30h), se puede entrar y pasear libremente por su interior incluso cuando haya misa. Si ya has completado tu recorrido por el interior de la catedral y su entorno, también puedes subir a sus tejados y llevarte un recuerdo único de la ciudad de Santiago de Compostela. Para ascender a lo más alto de la catedral, deberás subir los estrechos escalones de la Torre de la Carraca; llegarás a estar 30 metros por encima de la plaza del Obradoiro. Te recomendamos pasear por estas cubiertas de granito y visualizar chimeneas y campanarios de una ciudad histórica.
La Catedral de Santiago de Compostela es mucho más que un monumento religioso; es un símbolo de fe, arte y cultura que ha perdurado a lo largo de los siglos. Su conexión con el Camino de Santiago la convierte en un destino de peregrinación de renombre mundial, donde la historia, la arquitectura y la espiritualidad se entrelazan en una experiencia única.