Historia y devoción del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en El Viso del Alcor

La devoción al Santísimo Cristo de la Buena Muerte en El Viso del Alcor se inserta en una tradición más amplia de hermandades y cofradías que han venerado diversas imágenes con la misma advocación desde el siglo XVII. Aunque los materiales del borrador proceden de varias localidades y cofradías, permiten explicar el origen, la iconografía y la evolución histórica de una devoción centrada en un Cristo crucificado que ha sido objeto de restauraciones, encargos artísticos y profundas manifestaciones penitenciales.

Origen de la advocación y primeros encargos escultóricos

La Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte recibe esta advocación desde hace varios siglos, si bien, parece ser que no fue la originaria con la que se le denominase a esta talla, a partir de que el escultor Juan de Mesa y Velasco la tallase en 1620. En primer lugar, porque no se expresa en el contrato de encargo, ni tampoco en la descripción de la procesión que se efectuó al año siguiente, 1621, para entronizar la imagen en su altar. En segundo lugar, por los fines de la Hermandad a la que estaba destinada.

El 13 de marzo de 1620, el prepósito de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla, el padre Pedro de Urteaga, contrató su hechura con el imaginero cordobés Juan de Mesa. En la carta del concierto el artista queda obligado a “dar hechas y acabadas dos imágenes de escultura, la una con Cristo Crucificado y la otra una Magdalena abrazada al pie de la Cruz, de madera de cedro, ambas a dos, de la estatura ordinaria humana…”. El importe del encargo ascendió a 150 ducados. Las imágenes fueron terminadas el 8 de septiembre de 1620, pero el crucificado no fue entronizado hasta el primer domingo de Cuaresma de 1621.

El contexto jesuítico y la evolución del título

El grupo escultórico fue encargado para una Hermandad de sacerdotes, constituida en la casa profesa de los jesuitas, cuya motivación era la búsqueda del arrepentimiento y la conversión de los pecados de la carne. Por tanto, nada parece indicar que la advocación de la Buena Muerte estuviese relacionada con dicha motivación. Un siglo más tarde, en 1725, se quiso crear en la citada casa profesa una congregación de la Buena Muerte. En el texto que hace referencia a dicha fundación, se dice que los titulares serían “la Virgen Santísima Dolorosa a los pies de Cristo Crucificado y el Señor San José, especialísimo abogado de la buena muerte”. Es muy probable que fuese a partir de entonces cuando al Cristo comenzase a denominársele de la Buena Muerte. En una descripción del templo de la Anunciación de dos años después, se dice que el primer altar que existe en la nave del templo, en el lado de la epístola, está ocupado por el “Santo Cristo de la Buena Muerte”.

Olvido, rescate universitario y formación de hermandades

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús por la Pragmática sanción en el reinado de Carlos III, la antigua Casa Profesa pasó a ser Universidad, y con ella todos los bienes que contenía, pasando también a ser posesión de ésta el Cristo de la Buena Muerte. Tras estos avatares la figura del Cristo cayó en un lento olvido, ocupando diversos lugares dentro del edificio. No es hasta principios del siglo XX cuando una serie de universitarios, devotos de la imagen, acuerdan rescatar esta devoción creando una Hermandad a su alrededor. Creada la nueva Hermandad de los Estudiantes en 1924, no es hasta el Martes Santo de 1926 cuando el Cristo de la Buena Muerte efectuó su primera estación penitencial.

Cuando a finales del siglo XIX la Imagen comienza a retomar la devoción que tuvo en tiempos, por parte de los distintos profesores y alumnos de la Universidad de Sevilla, germen de lo que en 1924 sería la fundación de la Hermandad de los Estudiantes, la talla de Juan de Mesa continuaba denominándose así en el ámbito universitario, queriendo los hermanos fundadores mantener dicha advocación, la cual se mantiene hasta nuestros días como Santísimo Cristo de la Buena Muerte.

Iconografía y características artísticas

Como señalan estudios sobre la iconografía, la imagen sigue la estela de los grandes crucificados inspirados en Juan de Mesa, presentando la cabeza inclinada hacia la derecha, un rostro que conserva el rictus del dolor y una anatomía de marcada fortaleza. La cabellera y la barba, abiertas en el centro, caen en onduladas guedejas sobre la espalda, el cuello y el pecho derecho. El rostro, de acusados rasgos hebraicos, muestra los ojos y la boca entreabiertos, pómulos marcados y la frente lacerada por las espinas, aunque carece de corona tallada. La anatomía transmite tensión y solemnidad: los brazos permanecen firmes, resistiéndose a caer por el peso del cuerpo; el tórax es amplio, el vientre aparece contraído y la cintura se estrecha antes de dar paso a unas piernas dispuestas frontalmente.

Restauraciones, hallazgos documentales y conservación

En 1983, mientras el Cristo era trasladado para celebrar su Quinario anual desde la Universidad a la iglesia de la Anunciación, éste sufrió una caída, desprendiéndose la cabeza del Crucificado. Durante la restauración de la talla por parte del profesor Francisco Arquillo Torres, fue hallado un documento que confirmaba la autoría y la datación de la obra: “Ego feci Joannes de Mesa, anno de 1620”. En 1985 los hermanos Cruz Solís, al ultimar la consolidación de la talla, encontraron otro escrito que fijaba su terminación el 8 de septiembre de 1620. Entre el 1 de junio de 1994 y el 9 de marzo de 1995, la imagen volvió a ser intervenida en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, dependiente del Ministerio de Cultura, en Madrid.

Prácticas devocionales y manifestaciones públicas

Desde su primera salida procesional en 1927, las hermandades vinculadas a esta devoción han actuado como potentes palancas de revitalización de la Semana Santa local, presentando procesiones de gran belleza y seriedad. La devoción cristaliza en estaciones de penitencia, quinarios y cultos cuaresmales, que incluyen actos formativos, conferencias y la intervención de coros. La hermandad organiza un Triduo en honor al Cristo de la Buena Muerte con la intervención del Coro de la hermandad.

Traslaciones, tallas y variantes locales: El Viso del Alcor y otras cofradías

En el ámbito andaluz y en localidades como El Viso del Alcor, las cofradías que veneran al Cristo de la Buena Muerte han encargado distintas imágenes a lo largo del siglo XX, algunas obra de Jacinto Higueras Fuentes (1927) y otras de escultores contemporáneos. En algunos casos, la cofradía que hoy existe nació transformando una antigua cofradía de Gloria; así sucede con la Real Hermandad Sacramental y Cofradía de nazarenos que en 1926 transformó la antigua cofradía del Señor de la Buena Muerte, y que encargó una imagen al escultor Jacinto Higueras Fuentes, radicándola en la Santa Iglesia Catedral y consiguiendo la imagen de Nuestra Señora de las Angustias para su devoción.

Imagen procesional del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en estación de penitencia

Composición de los pasos y portadores

Las cofradías modernas que veneran esta advocación presentan pasos compuestos por el crucificado o por conjuntos escultóricos más complejos. Por ejemplo, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de una cofradía citada es obra de Jacinto Higueras Fuentes de 1927, realizado en madera de aliso y crucificado sobre cruz de nogal; en 2009 fue restaurado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Artístico y lo portan 100 anderos. El Cristo Descendido de la Cruz, un grupo escultórico de 1959 de Víctor de los Ríos Campos, lo componen varias figuras y también lo portan 100 anderos. Nuestra Señora de las Angustias, atribuida a José de Mora de principios del siglo XVIII, procesiona a hombros de 70 anderos.

Hábitos, emblemas y estética penitencial

El traje de estatutos que porta la cofradía se conforma por túnica y capa blancas con botonadura negra y filo negro en bocamanga, cíngulo negro de lana, caperuz de seda negro y sobre el pecho, en círculo blanco de seda, el emblema de la Hermandad bordado. Otras hermandades, conscientes de una estética sobria, optan por la austeridad: no llevan bandas ni flores ni adornos, solo una cruz luminosa, tambor y estandarte, buscando un ambiente de recogimiento y penitencia.

Reconocimientos, honores y vínculos institucionales

Las corporaciones que custodian estas imágenes han recibido en ocasiones distinciones y nombramientos honoríficos: en varias cofradías se han concedido honores a unidades militares y a la Guardia Civil, y reyes o autoridades han aceptado nombramientos como Hermanos Mayores Honorarios. Asimismo, algunas hermandades han adquirido la condición de Hermandad Sacramental, integrándose así en el calendario litúrgico con funciones específicas de culto y asistencia.

Tabla: Cronología selecta de hechos relevantes

  • 1620: Contrato de Juan de Mesa para ejecutar un crucificado y una Magdalena.
  • 1621: Entro­nización del crucificado en su altar el primer domingo de Cuaresma.
  • 1725-1727: Creación de la congregación de la Buena Muerte y mención del "Santo Cristo de la Buena Muerte" en descripciones del templo.
  • Siglo XIX-XX: Olvido y recuperación por universitarios; fundación de la Hermandad de los Estudiantes (1924).
  • 1926-1927: Primera estación penitencial y reactivación procesional.
  • 1983: Caída y restauración; hallazgo del documento “Ego feci Joannes de Mesa, anno de 1620”.
  • 1994-1995: Intervención en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (Madrid).

Significado devocional y pervivencia

La imagen del Cristo de la Buena Muerte se ha convertido, tras siglos de historia, en un referente devocional que articula la vida sacramental y litúrgica de sus hermandades. Su iconografía y su estética dramática propician actos de piedad como quinarios, triduos y estaciones penitenciales que mantienen viva la memoria de la pasión y la muerte redentora de Cristo. La pervivencia de la advocación, las restauraciones documentadas y el compromiso de cofrades y custodios garantizan su conservación y su presencia en la vida religiosa y cultural de la comunidad.

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