El libro respira experiencia. Se nota que quien escribe sabe lo que dice, sabe de los destinatarios a los que se dirige y sabe hacer sencillos los contenidos. Este libro de Álvaro Ginel, publicado por EDITORIAL CCS, es una guía para la formación de catequistas. Ofrece materiales para escuelas de catequistas y para la formación personal, abordando tanto el ser como el saber hacer del catequista.
Autor y contexto editorial
Álvaro Ginel, es el fundador de la revista CATEQUISTAS y hasta 2020 director de la misma. Tiene un continuo contacto con catequistas a través de cursos y cursillos, además de ser él mismo catequista en ejercicio. Experiencia que ha dejado plasmada en numerosos libros, la mayoría de ellos publicados en EDITORIAL CCS. Álvaro Ginel es sacerdote salesiano; dirigió la revista Catequistas durante muchos años. En Editorial CCS tiene abundantes publicaciones sobre los tiempos fuertes litúrgicos.
Ficha técnica y formato
- Título: Ser catequista, hacer catequesis
- Autor: Álvaro Ginel
- Editorial: EDITORIAL CCS
- Páginas: 180
- Formato: tapa blanda
- Idioma: Castellano (es-ES)
- EAN / ISBN: 9788483167465 / 9788490236130
- Categoría: Religión y Espiritualidad
- Condición: Como nuevo
Estructura temática y enfoque
Dos son los aspectos fundamentales de la formación básica de catequistas que trata el autor: el ser del catequista y el saber hacer del catequista. Ser, saber y saber hacer, son las tres dimensiones en las que se tiene que centrar el catequista. El libro aborda la formación no solo como adquisición de técnicas, sino como proceso integral que incluye identidad, vocación y capacidad de diálogo con la realidad.
El autor hace hincapié en que la catequesis no es una cuestión metodológica, ni pedagógica, ni de instrumentos. Es fundamentalmente activa, de vivencia de comunidad cristiana. Hace hincapié en el "Primer anuncio", como primordial. Enzo Biemmi, que es un catequista italiano muy interesante, tiene muy reflexionado este tema del Primer anuncio y del Segundo. Propone unos cambios de mentalidad impresionantes.

Por qué es pertinente reflexionar sobre la formación de catequistas
La pertinencia se inscribe en la misma lógica con la que reflexionamos actualmente sobre la pastoral o la catequesis. Podemos tener hoy la sensación de estar construyendo una reflexión teórica sobre la pastoral y la catequesis y descubrir que, en la práctica, todo sigue igual, porque los que están bregando en la arena de las comunidades cristianas, por lo general, siguen haciendo lo mismo, siguen siendo los mismos y no se nota una especial preocupación por su formación.
Desde el campo específico de la catequesis, hoy disponemos de unas grandes líneas de formación de los catequistas bien definidas por los documentos catequéticos tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares; pero no se puede decir que estas hayan calado en el tejido de las comunidades eclesiales. La necesidad de abrir una reflexión sobre la formación de los educadores de la fe aparece en el terreno mismo de la acción, cuando nos vemos obligados a decir: “para hacer esto (transmisión de la fe, anuncio del Evangelio, hablar de Dios al hombre de hoy) hay que estar bien formados”.
El lugar del catequista en la comunidad
Un segundo aspecto de reflexión en el panorama sobre el catequista en la Iglesia es el puesto o “status” que se le concede en la Iglesia particular y local. Nos referimos en concreto a que en muchas comunidades cristianas, el llamado catequista parece más un “ayudante de segunda categoría” del presbítero, o un “voluntario obediente” cuya misión es ocuparse de niños y adolescentes en la preparación a un sacramento, que un verdadero vocacionado, con una misión específica y un perfil claro en el seno de la comunidad.
Un reconocimiento explícito o estatus, de la mejor forma que cada Iglesia particular o comunidad cristiana crea oportuno, de la vocación de los catequistas sería necesario poner en marcha. Reconocer a los catequistas no es solo darles gracias o dirigirles bonitas palabras por su labor, sino que habría que caminar hacia un reconocimiento más institucional en la comunidad.
Realidades observadas en la praxis catequética
¿Qué vemos, qué está pasando en el mundo de la catequesis? Es un mundo “tensionado”. No es que no dispongamos en la actualidad de “buenas reflexiones y principios catequéticos” (bastaría tomar el Directorio General para la catequesis en la mano), es que no acertamos, a pesar de los intentos, a poner en práctica la reflexión catequética y pastoral que hacemos.
Hay catequistas buscadores, inconformistas, que no se contentan con la realidad presente y reflexionan y abren caminos… Y hay catequistas cansados, sin ganas de formación y mirando más a repetir esquemas basados en lo mesurable cognitivamente que en otras opciones de iniciación cristiana. Esto nos lleva a preguntas importantes: ¿Cómo es posible que con lo que está pasando en el mundo, en la catequesis, en la educación… no haya más inquietud formativa en el colectivo dedicado a la educación en la fe?
Quejas de la acción pastoral
Cuando escuchamos a los que están en la acción, descubrimos que hay “quejas” que se centran en: “No se quedan con nada, todo les resbala”. “No están preparados para la catequesis que les damos”. “No están interesados, no buscan conocer más a Jesús. Vienen porque toca, no porque buscan a Jesús”. “Luchamos contra los elementos: lo que en catequesis se les dice, en sus hogares no lo viven ni en la sociedad. Cae en el vacío.
Estas afirmaciones se convierten en interrogaciones: ¿Qué educación básica (o soporte humano previo) requiere la catequesis? ¿Qué acción educativa conlleva la catequesis? El Directorio consagra la expresión “evangelizar educando y educar evangelizando”, ¿cómo hacerlo realidad hoy?
Concepto de formación según Ginel
Una palabra previa sobre el término formación. Existe una reflexión abierta sobre el término “formación”. Podemos encontrar como elemento común a todas las definiciones de formación el acento que hoy se pone en los instrumentos necesarios para que la persona en formación alcance la madurez. No se trata de que la persona sepa para transmitir, sino que se apropie o adquiera identidad para que pueda transmitir.
Formar será ayudar a que la persona madure o adquiera la plenitud de la capacidad de Dios que todos llevamos dentro para poder responder al Dios que en lo escondido de la vida nos busca y nos nombra. Me propongo ahora fundamentalmente suscitar y evocar aspectos que deben integrarse con nueva fuerza en los itinerarios de formación de los educadores de la fe.
Preguntas fundamentales: identidad y origen
Formar es ayudar a la persona a plantearse las preguntas básicas. Formar no consiste en que el otro acepte sin más respuestas dadas y hechas. ¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Estas son preguntas fundamentales que la persona se suele hacer. La segunda sensibilidad que apuntamos como necesarias en la formación es aquella que nos lleva a la pregunta por la identidad personal.
Nos encontramos en escena con hombres y mujeres que son capaces de hacerse muchas preguntas “profesionales” pero rehúyen o les atemorizan las preguntas personales. Tener identidad no es solo estar informado vagamente sobre algo… sino estar “adiestrado”, “educado” en la elección de unos valores. Es poder decir: “Yo me identifico con esto”. “Yo hago míos estos valores”.

Actitud ante la realidad y la confianza
Cuando ponemos como primera sensibilidad de la formación de los catequistas la apertura consciente “a la pregunta por uno mismo, a la pregunta por lo que está pasando en el gran teatro del mundo” no estamos abogando los creyentes y los educadores de la fe por un estudio de la sociología, que está muy bien… El creyente no se contenta con saber la realidad, sino que escudriña en ella la presencia de Dios, el paso de Dios por nuestras vidas, la llamada de Dios, los signos de la presencia y del designio de Dios.
Confiar es la base para poder caminar y emprender algo personal y comunitario. Confiar aún cuando las preguntas que nos formulamos sean tan consistentes, que no tengamos palabras para responderlas. No tener todas las respuestas aquí y ahora no es carecer de respuesta, sino confiar que hay una respuesta que está más allá de nuestra palabra. La respuesta reside en un acto de confianza, de fe en Aquel de quien me fío, el Verbo encarnado, la Palabra de Dios.
Recursos prácticos y publicaciones relacionadas
En Editorial CCS tiene abundantes publicaciones sobre los tiempos fuertes litúrgicos. Obras suyas son: Ser catequista. Hacer catequesis; Orientaciones para preparar bien las celebraciones; Charlas a padres con hijos en Primera Comunión; La Palabra de Dios, fuente de oración; El belén: oportunidad catequético-cultural. El libro ofrece materiales para escuelas de catequistas y para la formación personal, siendo una herramienta práctica y sugerente para aquellos involucrados en la catequesis.
Sinopsis de la obra
Si bien es verdad que todo está dicho, sí se dice lo fundamental de manera ágil, activa, sugerente. El libro respira experiencia. Dos son los aspectos fundamentales de la formación básica de catequistas que trata el autor: el ser del catequista y el saber hacer del catequista.
¿Qué significa ser Catequista? | CURSO PARA CATEQUISTAS | Curso de Formación en la FE Parte 1
Fragmentos clave para el trabajo formativo
- La razón de ser catequista es la vocación.
- La catequesis no es de los catequistas ni del párroco: es una cuestión de toda la comunidad cristiana.
- La predicación acomodada de la Palabra revelada debe mantenerse como ley de toda evangelización.
- La adaptación tiene que tener siempre presente a la persona en su totalidad y en su unidad esencial.
- Formar es ayudar a que la persona pueda estar de manera original, cara a cara, como dialogante de Dios.
Ideas para aplicar en la práctica parroquial y en cursos de formación
- Poner el énfasis en la identidad personal del catequista: acompañar procesos de pregunta existencial y vocacional.
- Entrenar el saber hacer mediante escenarios reales y reflexión sobre la propia acción catequética.
- Promover el reconocimiento institucional del catequista en la comunidad local.
- Priorizar el Primer anuncio y trabajar la inserción de la catequesis en la vida comunitaria y sacramental.
- Favorecer itinerarios formativos que integren teoría, praxis y experiencia personal de fe.
Valoración final
Con 180 páginas, esta edición en tapa blanda es una herramienta práctica y sugerente para aquellos involucrados en la catequesis. El libro respira experiencia y aporta claves para repensar la formación de los catequistas partiendo de la acción pastoral y la realidad de las comunidades.