El Santoral Católico es una lista que recoge los santos y beatos reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica, asignándoles una fecha específica en el calendario. Este reúne alrededor de 7.000 personajes insignes. Aluden a hombres y mujeres que han dejado una huella en la historia del cristianismo, así como su vínculo especial con lo espiritual.
Hace unas décadas, incluso siglos, los ancestros acostumbraban a nombrar a sus hijos con el nombre del santo del día en que nacieron, no en vano en las famosas “Mañanitas” hay una estrofa que dice: “Hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí…”. El onomástico hace alusión día en que se festeja algún santo, aunque es común que mucha gente lo use como sinónimo de cumpleaños, lo cual es erróneo, pues al hablar de él sólo se alude al listado de los nombres del santoral.
Santos y beatos conmemorados el 4 de febrero
Como se indica en el calendario santoral, hoy también se conmemora a las mujeres y hombres que destacaron por tener conexiones especiales con las divinidades, que hicieron buenas acciones por el prójimo y que tenían una elevada ética y moral, motivos que los llevaron a ser canonizados o beatificados y formar parte del santoral.
Este es el santoral del miércoles 04 de febrero
- San Eutiquio
- Santos Papías, Diodoro y Claudiano, de Perge
- Santos mártires Fileas y Filoromo, de Alejandría
- San Isidoro de Pelusio
- San Aventino de Châteaudun
- San Aventino de Troyes
- San Rabano, "Mauro"
- San Nicolás Estudita
- San Gilberto de Sempringham
- Santa Juana de Valois
- Beato Juan Speed
- San José de Leonessa
- San Juan de Brito

San Juan de Brito: onomástica del 4 de febrero
Este 4 de febrero se celebra la onomástica de San Juan de Brito, fue un sacerdote de origen portugués. Desde muy joven comenzó los estudios en un colegio de los jesuitas donde cayó enfermo. Tras recuperarse casi milagrosamente decidió vestir el hábito de esta orden durante un año. Más adelante decidió ingresar en la orden y continuar sus estudios además de ordenarse como sacerdote. Fue destinado como misionero al suroeste de la India, en Malabar, allí encontraría su muerte tras ser capturado y torturado tras convencer al príncipe de abandonar la poligamia.
Santa Juana de Valois: vida y legado
La historia de Juana de Valois, hija del rey de Francia, ha sido interpretada por muchos como una versión real de “Cenicienta”, según la plataforma catholic.net, aunque marcada por una existencia de privaciones y desdén palaciego que solo encontró redención a través de la religiosidad y el servicio. Canonizada el 28 de mayo de 1950 por el Papa Pío XII, ella estableció la Orden de la Santísima Anunciación de la Virgen María en Bourges tras el fin de su regencia y su retiro obligado, destinando todo su empeño al cuidado de los necesitados e inspirándose en la piedad hacia la Santa Cruz, según el Martirologio Romano, citado por la misma fuente.
Hija de Luis XI, Juana de Valois vivió desde su nacimiento bajo el peso del rechazo. Su padre, insatisfecho por la ausencia de un heredero varón y agravado por lo que veía como defectos físicos, ordenó apartarla de la corte de los Valois y confinarla en el castillo de Linières desde los cinco años, donde no volvió a ver a su madre, Carlota de Saboya.
El vínculo matrimonial fue definido por intereses políticos. Luis XI dispuso que su hija se casara con Luis de Orleáns el 8 de septiembre de 1476, pese a la oposición de la familia Orleáns y las propias circunstancias personales de Juana. La ceremonia se celebró en la capilla de Montrichard, en un ambiente de hostilidad donde el nuevo esposo evitó cualquier trato con la esposa, limitándose a encuentros forzados por exigencia real. La situación se agravó cuando Luis de Orleáns fue encarcelado por desafiar al monarca, y fue la santa quien intercedió por él ante su hermano, el entonces rey Carlos VIII. La muerte repentina de este último permitió que el duque ascendiera al trono como Luis XII, quien de inmediato promovió la anulación del matrimonio. Privada del título de reina, Juana de Valois pasó a ser duquesa de Berry y se instaló en Bourges.
Lejos de la corte, su vida tomó otro rumbo. En 1504, impulsada por su devoción mariana, fundó la Orden de la Anunciación -cuyo objetivo era honrar a la Virgen María, promover el aprendizaje de sus virtudes y atender a los pobres-, y realizó su propia profesión religiosa, según catholic.net. Juana de Francia murió el 4 de febrero de 1505 y fue canonizada por el papa Pío XII en 1950.
Otros santos destacados del día
San Gilberto de Sempringham, nacido en 1085 en el seno de una familia acomodada, fue un sacerdote inglés cuya vocación se manifestó desde muy joven. Tras ordenarse, asumió como párroco en su localidad natal. Luego de siete años como penitenciario en Lincoln, volvió a su comunidad y promovió la creación de un monasterio femenino según la Regla de San Benito, involucrando a los jóvenes de la parroquia en el proyecto.
Cada 4 de febrero la Iglesia recuerda a Santa Catalina de Ricci, dominica italiana que recibió los estigmas de Cristo. Alessandra Lucrezia Romola de Ricci -nombre de pila de Catalina- nació en Florencia el 23 de abril de 1522. Desde pequeña Catalina se mostró como una persona de gran devoción, especialmente sensible al misterio de la Pasión de Cristo. Catalina, al año siguiente, 1536, profesó los votos solemnes. Para cuando cumplió los 30 años, Catalina ya se desempeñaba como superiora de la comunidad, cargo que ocuparía hasta el final de sus días. Esta etapa estuvo marcada por las visiones y los encuentros místicos. Según su propio testimonio, Catalina cargó en sus brazos a Jesús Niño, que se le aparecía con frecuencia para recibir sus cuidados. En otras oportunidades, Jesús se le presentaba como adulto y permitía que ella lo acompañara en distintos momentos de su Pasión. El anhelo profundo por unirse místicamente al misterio de la Pasión del Señor hizo que Catalina sangrara espontáneamente y recibiera los estigmas. Santa Catalina falleció el 2 de febrero de 1590 después de una larga y dolorosa enfermedad, a la edad de 68 años.
El proceso de canonización y su significado
La iglesia católica y ortodoxa utiliza la canonización para declarar como santo a una persona ya fallecida que durante su vida hizo sacrificios o estuvo relacionada a un evento divino a favor de la iglesia. Esto implica incluir el nombre de la persona en el canon (lista de santos reconocidos) y se concede el permiso de la iglesia católica de venerarla, reconociendo su poder ante Dios. Durante el Cristianismo, las personas eran reconocidas como santas sin necesidad de un proceso formal; sin embargo, ello cambió en la Edad Media. En el caso del catolicismo, la Iglesia debe hacer una investigación exhaustiva de la vida de la persona a santificar.
Para la iglesia católica existen cuatro formas de lograr el nombramiento: la vía de las virtudes heroicas; la vía del martirio; la de las causas excepcionales, confirmadas por un culto antiguo y fuentes escritas; y la del ofrecimiento de la vida. Además, se considera si la persona vivió las virtudes cristianas en un grado heroico o si sufrió martirio a causa de su fe, asimismo, es requisito indispensable que haya hecho al menos dos milagros (o uno en el caso de ser mártir).

El Martirologio Romano y el santoral
El santoral católico es el conjunto de personas reconocidas por la Iglesia como santos o beatos en una fecha concreta. El Martirologio Romano es el documento que nombra y distribuye en el calendario los casi 7.000 santos y beatos reconocido por la Iglesia.
Tradición y actualidad de la onomástica
¿Alguna vez te han felicitado sin ser tu cumpleaños? Entonces probablemente era tu santo. La onomástica, esa tradición con raíces religiosas, sigue muy presente en el día a día, aunque muchos ya no la vivan desde la fe. Un mensaje, una llamada o una comida improvisada bastan para mantener vivo ese pequeño ritual que nos recuerda que alguien pensó en nosotros. Más allá de lo religioso, celebrar el santo es una forma sencilla -y muy nuestra- de conectar con los demás, de mantener vivas las costumbres y de encontrar, en lo cotidiano, una excusa para celebrar.