La figura de Alfonso Jordán aparece en el cruce entre la vida eclesiástica y la violencia política que marcó España en 1936. El periodo histórico durante el que ejerció su sacerdocio se caracterizó por una enorme controversia y debate público sobre el papel de la Iglesia en la sociedad. En un extremo ideológico se encontraban los anticlericales, principalmente los partidos republicanos y de izquierdas e incluso buena parte del Partido Liberal, que responsabilizaban a la Iglesia de ser una de las causantes del retraso de España respecto a otros países europeos y que querían una total separación del Estado y la religión.
Origen y formación
Nacido en Vitigudino, Salamanca. Hijo de Luis y Romana. Ingresó en el seminario de Salamanca con 18 años y fue ordenado sacerdote en 1928. Estudia en el Seminario Conciliar de León. Ordenado sacerdote en León en 1928. En Salamanca conoció y colaboró con San Pedro Poveda.
Actividad pastoral y cultural
Llevaba siempre sotana y tenía la intención de evangelizar ambientes poco fáciles, dando testimonio de la colaboración de los católicos con la cultura y la vida pública. Trabajaba también en la Biblioteca Nacional como director de la sección de libros raros, para hacer presente a la Iglesia en el mundo de la cultura, por lo que siempre llevaba sotana. Es nombrado director de la sección de libros raros de la Biblioteca Nacional en 1930.
Era consiliario de jóvenes de Acción Católica en el barrio de Ventas y consiliario de la Asociación Católica de Propagandistas. Licenciado en Filosofía y Letras. Funcionario del Cuerpo de Archiveros del Estado. En Salamanca conoció y colaboró con San Pedro Poveda.
Testimonio y compromiso con los jóvenes
De vacaciones en su pueblo en 1936 se entera del hostigamiento de varios jóvenes de Acción Católica, siendo asesinados algunos de ellos, y regresa a Madrid para acompañarles. Llevaba siempre sotana y tenía la intención de evangelizar ambientes poco fáciles, dando testimonio de la colaboración de los católicos con la cultura y la vida pública.
Persecución, detención y martirio
Estallada la guerra, recibe presiones para que deje de celebrar Misa, pero él lo sigue haciendo, incluso llamando a la oración con las campanas. Se recluye en casa y se viste de paisano, pasando desapercibido en un registro. Avergonzado, cuando días más tarde fueron a su casa de nuevo, les recibe con el rosario en una mano y un crucifijo en la otra.
Finalmente los milicianos lo buscan en su domicilio y tras identificarse como sacerdote es violentamente apresado. Al día siguiente su cadáver aparece en la carretera de Extremadura. Tiene gran fama de martirio entre familiares y vecinos del pueblo natal. De su muerte, su familia se enteró bastante avanzada la guerra, pero siempre recordó su martirio «con perdón».

Memoria, causas de beatificación y reconocimiento
El Martirologio da fe de la vida y la muerte de 427 seminaristas y sacerdotes mártires en Madrid en los años 30, y es fruto de cuatro años de trabajo de un equipo de quince personas, sacerdotes y laicos, cuya principal dificultad ha sido recabar información fiable después de 80 años o más. De los 427 mártires recogidos en esta obra, 355 eran sacerdotes con oficio eclesiástico en la diócesis de Madrid-Alcalá -24 eran capellanes castrenses y once eran seminaristas-, y los 72 restantes eran sacerdotes o seminaristas que vivían en la capital, que habían venido a esconderse o fueron traídos aquí por sus verdugos. Sus edades oscilan entre los 16 y los 94 años; de casi la mitad de ellos no se sabe dónde fueron enterrados y no se han encontrado sus restos.
La causa de canonización de estos mártires ha seguido distintos procesos diocesanos y presentaciones públicas: «Sin duda este trabajo ayudará a valorar la fidelidad de tantos mártires en el siglo XX en España, que muestra la vitalidad de la Iglesia en ese tiempo, ya que el martirio es el ejercicio más pleno de la libertad humana y el acto supremo de la caridad cristiana».
Relatos familiares y recuerdo
Uno de estos familiares es Santiago de la Villa, a quien se le saltan las lágrimas en medio de la conversación. «El martirio de mi tío Clementino ha estado siempre presente en mi familia», dice. A Clementino de la Villa, párroco de Oteruelo del Valle, le mataron junto a otros sacerdotes de la sierra entre los puertos de Navacerrada y Cotos. Se conserva una nota escrita por él en la cárcel en la que dice: «Me despido hasta la eternidad de todos. Rogad por mí, no me abandonéis. A Dios para todos. Perdonadme, como yo perdono a todos. Recuerdo el rosario que he rezado todas las noches sin cesar. El Señor me da dolor y gracia en esta hora».
Contexto geográfico y humano
Oteruelo del Valle, Rodeado por los Montes Carpetanos, al este por la Sierra de la Morcuera y al sur por la denominada Cuerda Larga. Esta situación le confiere unas características climáticas muy especiales. Gracias al efecto barrera que provoca la Sierra del Guadarrama, este enclave goza de unos parámetros climáticos a escala local claramente diferentes a los de las zonas contiguas de la meseta castellana. De este modo la precipitación es mucho más abundante y las temperaturas son menos cálidas. En esta localidad, la cual comparte ayuntamiento con Rascafría, destaca sobre todo la espadaña de su iglesia.
La noción de martirio en la Iglesia
Para que exista el martirio, la Iglesia estipula que deben concurrir dos circunstancias. Una atiene a los autores y otra a los mártires. Por parte de los autores, el asesinato debe cometerse por motivos religiosos: odio a la fe, odio a la Iglesia o intento de destrucción de la vida cristiana. Por parte del mártir, es necesario que acepte el designio de Dios y muera perdonando a sus perseguidores.
En estos casos, el primer extremo está comprobado. En todos ellos, la ejecutoria fue muy similar, con los mismos hechos: quema de la iglesia y de las imágenes albergadas en ella, y prendimiento y posterior asesinato del sacerdote. Y el segundo, también está comprobado: cada uno de los casos ha sido investigado con detalle, porque estas decisiones nunca se pueden tomar a la ligera.
Testimonio e impacto cultural
La obra que recoge los mártires y las presentaciones públicas buscan ensanchar la memoria: «Con estas beatificaciones, se continúa una serie que se inició en el Pontificado de San Juan Pablo II, en 1987, que comenzaron en Roma y luego se trasladaron a las diócesis originarias de los mártires», afirma un responsable eclesiástico. Monseñor Martínez Camino concluye el folleto de presentación de los once siervos de Dios con esta invocación: «Quiera Dios que podamos celebrar pronto la beatificación de estos siervos de Dios, testigos de la fe hasta la sangre».
1 La persecución religiosa durante la Guerra Civil Española (Documental)
Vida cotidiana, ministerio y entrega
Don Julio -otro ejemplo del período- el 12 de agosto de 1936 es avisado de que en la Casa del Pueblo se ha decidido su muerte para el día siguiente. Aquella noche celebró la santa Misa y se quedó en el templo orando. Don Ángel y don Luis son advertidos por un amigo guardia civil del peligro que corrían, pero se niegan a huir abandonando su “rebaño”. Don Ángel contesta: «Un pastor no abandona a su rebaño, y yo lo soy doblemente: por párroco y por apellido».
Actos de perdón y fortaleza espiritual
Ante la violencia, muchos sacerdotes mantuvieron una actitud de perdón: «Nosotros no vivimos todo aquello con rencor, pero sí con muchísimo dolor, ni siquiera pudimos encontrar su cuerpo». El padre Manuel Reyes subraya que la Iglesia no entra a juzgar la historia ni a señalar a sus responsables, solo constata los hechos y las circunstancias que llevaron al martirio antes de tomar la decisión de beatificar a nadie. No es una revancha; simplemente, la Iglesia pone a estas personas como ejemplo de amor a Dios y a los hermanos, y de fidelidad a sus votos y a su fe.
Datos resumidos (tabla)
- Origen: Vitigudino (Salamanca) y otras localidades citadas
- Formación: Seminarios de Salamanca y León; ordenación en 1928
- Actividad: Ministerio parroquial, enseñanza, Archivo/ Biblioteca Nacional, Acción Católica
- Hechos de 1936: detención por milicianos, encarcelamiento, ejecución extrajudicial
- Memoria: inclusión en listas de mártires, causas diocesanas y presentaciones públicas
Relevancia histórica
La violencia anticlerical en 1936 y la subsecuente represión en distintas zonas reflejan el clima social e ideológico de la Segunda República y de los primeros meses de la Guerra Civil. Las vidas de estos sacerdotes, seminaristas y laicos muestran tanto la tensión entre la Iglesia y sectores políticos como el testimonio personal de entrega, pastoral y, en muchos casos, de perdón ante la muerte.
La investigación histórica y las causas de beatificación buscan mantener viva la memoria de esas personas y ofrecer elementos para entender un capítulo complejo de la historia española: la mezcla de convicciones religiosas, compromiso social y el drama humano que supuso la contienda.