Antonio nació y se crio en el seno de una familia acomodada en Lisboa, Portugal, y murió en Padua, Italia. Antonio nació como Fernando Martins de Bulhões en Lisboa, Portugal. Antonio nació en Lisboa, Portugal, de allí que el Martirologio romano lo llama «Lusitanus». La casa donde se estima nació el santo, en el barrio medieval de la Alfama, fue destruida completamente en el terremoto que arrasó Lisboa el 1 de noviembre de 1755 y sólo se conserva un pequeño sótano.
Formación y primeras etapas religiosas
Su familia, rica y noble, dispuso que fuera educado en la escuela catedralicia local. Se educó en la escuela catedralicia local. Contrariando los deseos de su familia, Antonio ingresó en la abadía agustina suburbana de San Vicente en las afueras de Lisboa, perteneciente a los canónigos regulares de san Agustín. Los monjes de la orden de San Agustín, de la cual él era miembro, eran famosos por su dedicación a los estudios.
Antonio estudió las Sagradas Escrituras y la teología de algunos doctores de la Iglesia católica como Jerónimo de Estridón, Agustín de Hipona, Gregorio Magno y Bernardo de Claraval. También estudió los clásicos latinos, como Ovidio y Séneca. Después de dos años, y tras obtener el permiso de sus superiores religiosos, se trasladó en 1210 al monasterio agustiniano de Santa Cruz en Coímbra, para continuar sus estudios. Tras su ordenación sacerdotal, Fernando fue nombrado maestro de huéspedes a la edad de 19 años y se le encargó la hospitalidad de la abadía.
Encuentro con los franciscanos y cambio de orden
Mientras estaba en Coimbra, llegaron algunos frailes menores y se instalaron en una pequeña ermita a las afueras de Coimbra dedicada a San Antonio el Grande. Fernando se sintió muy atraído por el estilo de vida sencillo y evangélico de los frailes, cuya orden se había fundado solo 11 años antes. Conducidas sus reliquias a Coímbra, el evento produjo un cambio decisivo en la vida de Antonio, quien en el verano de 1220 se mudó de orden y se hizo franciscano. En ese momento adoptó el nombre de Antonio en honor de a quien estaba dedicada la ermita franciscana en la que él residía.
Antonio partió para Marruecos pero enfermó gravemente durante el invierno de 1220, lo que lo hizo retornar. En la fiesta de Pentecostés de 1221 Antonio participó junto con unos 3000 frailes del Capítulo general de Asís, el más multitudinario de los llamados Capítulos de las esteras, nombre que recibió en razón de que muchos de los frailes ahí reunidos tuvieron que dormir en esteras. Allí vio y escuchó en persona a san Francisco.
Primeros encargos y desarrollo como predicador
Desde Sicilia, se dirigió a Toscana, donde fue asignado a un convento de la orden, pero se encontró con dificultades debido a su aspecto enfermizo. Finalmente fue destinado a la ermita rural de Montepaolo di Dovadola («monte de San Pablo de Dovadola»), cerca de Forlì, en Romaña, una elección tomada tras considerar su delicada salud. Allí, recurrió a una celda que uno de los frailes había construido en una cueva cercana, donde pasaba el tiempo en oración privada y estudio.
La convicción, cultura y talento de Antonio como predicador se mostraron por primera vez en Forlì en 1222. Pronto se divulgó la noticia de la calidad de sus sermones, y Antonio recibió una carta del propio san Francisco con el encargo de predicar y de enseñar Teología a los frailes. Luego, fue comisionado por el mismo Francisco para luchar contra la propagación de la herejía cátara en Francia.

Método, enseñanza y nombramientos
Pronto llamó la atención del fundador de la orden, Francisco de Asís. Francisco sentía una gran desconfianza hacia el lugar que ocupaban los estudios teológicos en la vida de su hermandad, por temor a que pudieran llevarles a abandonar su compromiso con una vida de verdadera pobreza y servicio. Sin embargo, en Antonio encontró un alma gemela que compartía su visión y que además podía impartir la enseñanza que cualquier joven miembro de la orden que deseara ordenarse pudiera necesitar.
De vez en cuando, Antonio aceptaba otro puesto como profesor en universidades como la Universidad de Montpellier y la Universidad de Toulouse en el sur de Francia, pero su don supremo era la predicación. Según el historiador Sophronius Clasen, Antonio predicaba «la grandeza del cristianismo». Su método incluía alegorías y explicaciones simbólicas de las Escrituras.
En 1226, tras asistir al capítulo general de su orden celebrado en Arles, Francia, y predicar en la región de Provenza, Antonio regresó a Italia y fue nombrado superior provincial del norte de Italia. En 1228, ejerció como enviado del capítulo general ante el Papa Gregorio IX. En la corte papal, sus sermones fueron aclamados como un «joyero de la Biblia» y se le encargó que recopilara sus sermones en la obra «Sermones para días festivos» (Sermones in Festivitates).
Reconocimientos y título
En la curia papal, Antonio suscitó en los cardenales y en el papa Gregorio IX tal admiración por su predicación que el pontífice «llegó a llamarlo, con epíteto muy propio, "Arca del Testamento"». Las citas bíblicas en los Sermones dominicales y Sermones festivi -ambas obras de su autoría acreditada- superaron el número de seis mil, lo que supone un nivel de conocimiento escolástico que justifica el título específico que se le adjudicó, doctor evangélico.
Predicaciones, obra social y reconciliación
Sus predicaciones -en particular la de la Cuaresma de 1231- alcanzaron un éxito notable. Esas últimas predicaciones tuvieron un éxito popular destacado. Sus mensajes desafiaban los vicios sociales de su tiempo, en forma especial la avaricia y la práctica de la usura.
Reconducía a la paz fraterna a los desavenidos, hacía restituir lo sustraído con la usura y la violencia. Liberaba a las prostitutas de su torpe mercado, y disuadía a ladrones famosos por sus fechorías de meter las manos en las cosas ajenas. La popularidad de sus predicaciones llamaba a grandes cantidades de seguidores, por ello, en una ocasión, la iglesia donde se encontraban no era lugar suficiente para todos, por lo que decidieron llevarla a cabo al aire libre.

Milagros y testimonios populares
El más grande taumaturgo de todos los tiempos tiene el crédito por interceder en muchas ocasiones a lo largo de su vida mortal, e igualmente en su vida santa. La frecuencia de sus milagros no se ha visto disminuida en ninguna ocasión.
La historia de Antonio «predicando a los peces» tiene su origen en Rímini, donde había ido a predicar. Cuando los herejes de allí lo trataron con desprecio, se dice que Antonio se dirigió a la orilla del mar, donde comenzó a predicar a la orilla del agua hasta que se vio una gran multitud de peces reunidos ante él. Según otra versión muy conocida, que también tuvo lugar en Rímini, Antonio fue desafiado por un hereje a demostrar la realidad de la presencia de Cristo en la Eucaristía. El hombre, que quería burlarse de Antonio, sacó una mula medio muerta de hambre y le mostró forraje fresco. San Antonio le mostró a la mula el ostensorio que contenía el Santísimo Sacramento. La mula ignoró el forraje y se inclinó ante el Santísimo Sacramento. El Tempietto de Sant'Antonio marca el lugar donde tuvo lugar el milagro.
En otra historia, cuando estaba cenando con herejes, Antonio se dio cuenta de que la comida que le habían servido estaba envenenada y los confrontó; los hombres admitieron que intentaban matarlo, pero luego lo desafiaron a comer si realmente creía en las palabras de Marcos 16:18. El Niño Jesús le hizo una visita cuando aún era fraile, y se encontraba rezando en su habitación solo. Se atribuyen a san Antonio numerosos episodios de carácter místico, entre ellos la bilocación, ser entendido y comprendido por los peces cuando las personas despreciaron sus predicaciones, o de llevar en sus brazos al Niño Jesús durante una noche.
Últimos años, muerte y canonización
Aquejado por continuas enfermedades, perseveraba en la enseñanza y en la escucha de confesiones hasta la puesta del sol, a menudo en ayunas. Antonio enfermó de hidropesía y, después de la Pascua de 1231, se retiró a la localidad de Camposampiero, con otros dos frailes para descansar y orar. Allí, Antonio vivió en una celda construida por él mismo bajo las ramas de un nogal. Poco después, decidió retornar a Padua.
Tal y como había solicitado, Antonio fue enterrado en la pequeña iglesia de Santa Maria Mater Domini, probablemente de finales del siglo XII, cerca de un convento que él mismo había fundado en 1229. Debido a su notoriedad, alrededor de 1232 se inició la construcción de una gran iglesia, hoy Basílica de San Antonio de Padua, que se terminó en 1301. La iglesia más pequeña se incorporó a la estructura como la Cappella della Madonna Mora o Capilla de la Virgen Morena.
Antonio de Padua fue el segundo santo más rápidamente canonizado por la Iglesia, tras san Pedro Mártir de Verona. La celebración de las multitudinarias exequias y la multiplicidad de milagros que se le atribuyeron promovieron su rapidísima canonización, bajo el pontificado de Gregorio IX. Cuando su cuerpo fue exhumado 30 años después de su muerte, se encontró convertido en polvo, pero se observó que la lengua brillaba y parecía como si todavía formara parte de un cuerpo vivo; se observó además que esto era un signo de su don de la predicación.
La Vida MILAGROSA de San Antonio de Padua
Culto, devoción y legado
Es uno de los santos católicos más populares y su culto se encuentra extendido universalmente. La fama de Antonio se extendió gracias a la evangelización portuguesa, y se le conoce como el más célebre de los seguidores de Francisco de Asís. Las coronillas de San Antonio ayudan a los devotos a meditar sobre las trece virtudes del santo.
En 1692, unos misioneros españoles se encontraron con una pequeña comunidad indígena payaya a orillas del entonces conocido como río Yanaguana el día de la festividad de San Antonio, el 13 de junio. El capellán franciscano, el padre Damien Massanet, con el consentimiento del general Domingo de Terán, renombró los ríos en su honor y, finalmente, construyó también una misión cercana.
En muchas ciudades del mundo se celebran fiestas y procesiones en su honor: en Nueva York, la Iglesia Santuario de San Antonio en Greenwich Village celebra su fiesta con la tradicional novena de 13 martes; en Boston, el North End celebra cada año la «Fiesta de todas las fiestas», iniciada en 1919 por inmigrantes italianos; y en Beaumont (Texas) se consagró una iglesia en su honor en 1907, que más tarde fue designada basílica menor en 2006.
Datos destacados
- Nombre de nacimiento: Fernando Martins de Bulhões.
- Lugar de nacimiento: Lisboa, Portugal.
- Orden religiosa: inicialmente agustino, luego franciscano.
- Reconocimientos: llamado «Arca del Testamento» por Gregorio IX; doctor evangélico por su erudición bíblica.
- Obras principales: Sermones dominicales y Sermones festivi (Sermones in Festivitates).
- Fama de milagros: predicación a los peces, conversión de la mula ante la Eucaristía, sanaciones y protección frente a veneno.
- Lugar de sepultura: Basílica de San Antonio de Padua.