Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros». Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Juan 1,41). La samaritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Juan 4,39). También san Pablo, a partir de su encuentro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era el Hijo de Dios» (Hechos de los Apóstoles 9,20). ¿A qué esperamos nosotros? (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 120)
¿Qué es el apostolado?
La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Juan 20, 21); "embajadores de Cristo" (2 Corintios 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Corintios 4, 1).
Todos los cristianos, por la naturaleza de la vocación cristiana, están llamados a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra. (Catecismo de la Iglesia Católica, 858-859; 863)
Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que -siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial- capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación.
Cada uno de nosotros ha de ser ipse Christus. El es el único mediador entre Dios y los hombres; y nosotros nos unimos a El para ofrecer, con El, todas las cosas al Padre. Nuestra vocación de hijos de Dios, en medio del mundo, nos exige que no busquemos solamente nuestra santidad personal, sino que vayamos por los senderos de la tierra, para convertirlos en trochas que, a través de los obstáculos, lleven las almas al Señor; que tomemos parte como ciudadanos corrientes en todas las actividades temporales, para ser levadura que ha de informar la masa entera. (Es Cristo que pasa, 120)
¿Por qué hacer apostolado?
Todos los fieles, pastores y laicos, están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra.
En los laicos la evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo: «Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes como a los fieles.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 900; 905)
El apostolado cristiano -y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales- es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.
Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico: me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación. ¿Qué fuego es ése sino el mismo del que habla Cristo: fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda?. Fuego de apostolado que se robustece en la oración: no hay medio mejor que éste para desarrollar, a lo largo y a lo ancho del mundo, esa batalla pacífica en la que cada cristiano está llamado a participar. (Forja; Es Cristo que pasa)
La gran misión que recibimos, en el Bautismo, es la corredención. Nos urge la caridad de Cristo, para tomar sobre nuestros hombros una parte de esa tarea divina de rescatar las almas. Nos toca purificar el mundo de las ocasiones de pecado y ofrecerlo al Señor como hostia espiritual, presentada y dignificada con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo. (Es Cristo que pasa, 120)
La catequesis capacita al cristiano para vivir en comunidad y para participar activamente en la vida y misión de la Iglesia. El Concilio Vaticano II señala la necesidad de cultivar el espíritu de comunidad y de aprender a cooperar eficazmente en la evangelización y edificación de la Iglesia. La catequesis prepara a los discípulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social, y para cooperar en los diferentes servicios eclesiales, según la vocación de cada uno.
Campos del apostolado
- Las comunidades de la Iglesia: los laicos tienen su papel activo en la vida y en la acción de la Iglesia, como partícipes del oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey.
- La familia: la fuente principal de transmisión de la fe a los hijos; «esto se lo enseñarás a tus hijos» (Éxodo).
- Los jóvenes: necesitan una evangelización adaptada a sus problemas y circunstancias.
- El orden nacional e internacional: ámbito en el que los laicos son dispensadores de la sabiduría cristiana.
¿Por qué el apostolado es dar luz?
“Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra” (Mateo 5, 11-16). La luz del Evangelio es “una luz que atrae”. Al ver las buenas obras del cristiano, el prójimo está llevado a dar gloria a Dios y a descubrir y alabar el inefable amor de Dios. El apostolado es dar testimonio de la luz.
El mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos para manifestar ante los hombres la fuerza de verdad y de irradiación del Evangelio. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios. (Evangelii Gaudium, 100;128)
Implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad.
Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia.
Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado depende de su unión vital con Cristo. La caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, "siempre es como el alma de todo apostolado". (Catecismo de la Iglesia Católica, 864; 2044)
¡Sé alma de Eucaristía! Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! (Forja, 835)

Enseñanza de los patriarcas y su papel en la nueva evangelización
Las figuras patriarcales del Antiguo Testamento son fundamentales para entender la historia de la salvación y preparar el anuncio de Cristo. Todas las figuras que trata la historia de la salvación nos hablan de Cristo que es luz para los hombres que con su muerte y resurrección nos devuelve la vida que nos fue robada en el paraíso por la serpiente que engañó a Adán.
Es necesario que la familia sea la fuente de la transmisión de la fe a los hijos y que la Iglesia ayude y sostenga a la familia para que haga su misión. El método catequético sencillo y didáctico ayuda a los niños a descubrir que todas las promesas del Antiguo Testamento se cumplen en Cristo y que la Santísima Virgen María estaba ya profetizada en todas las matriarcas de Israel.
Un ejemplo práctico es el recurso educativo que presenta figuras patriarcales mediante poemas, preguntas y catequesis para niños, fomentando el diálogo entre generaciones: padres e hijos, catequista y niño. Este enfoque es útil para pasar la fe a la próxima generación y tiene buena acogida en ámbitos parroquiales y escolares.
Recursos y propuestas pastorales
- Equipos itinerantes de servicio que pueden desplazarse a cualquier país para iniciar escuelas parroquiales, comunitarias, regionales y diocesanas.
- Programas formativos subdivididos en etapas con cursos sobre Introducción a la Biblia, temas fundamentales del Antiguo Testamento y evangelización para adolescentes.
- Métodos didácticos para trabajar con niños (6-12 años): poesía catequética, diálogo, lectura de la Palabra y actividades creativas como dibujos.
- Formación de catequistas: forjar en cada catequista la personalidad y el corazón del apóstol celoso, consciente del sentido de su misión.
La conciencia de la misión apostólica del catequista va tomando cuerpo paulatinamente durante su vida. Gracias a ella el catequista vive en un esfuerzo constante de superación de sí mismo en su vida espiritual, en su formación intelectual y humana, en su preparación pastoral. La misión no es poner al catequista en el centro: lo importante es que Cristo sea anunciado, conocido y amado.
Tabla: Fundamentos, campos y medios del apostolado
- Fundamento: Bautismo, Confirmación, unión con Cristo Cabeza.
- Campos: comunidad, familia, juventud, ámbito nacional e internacional.
- Medios: testimonio de vida, diálogo personal, catequesis, Eucaristía, oración.
Notas prácticas para la acción apostólica
- Buscar siempre unir la vida de oración (Eucaristía) con la actividad misionera: «la caridad... siempre es como el alma de todo apostolado.»
- Evangelizar desde la propia condición laical: no es necesario abandonar el mundo, sino transformar con levadura cristiana las realidades temporales.
- Educar en comunidad: fomentar la sencillez, la atención a los pequeños, la corrección fraterna, la oración en común y el perdón mutuo.
- Preparar la catequesis para el diálogo interreligioso sin confundirlo con el anuncio de Cristo.
Cada cristiano está llamado a ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo.
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