Quién fue el arcángel Miguel y la figura de Juan González Moreno

San Miguel Arcángel ocupa un lugar central en la tradición cristiana como príncipe de las huestes celestiales y defensor del pueblo de Dios. Su nombre y acciones aparecen en textos bíblicos y apócrifos, y su figura ha inspirado a la devoción, la liturgia y el arte a lo largo de los siglos. Junto a esa tradición religiosa, la biografía y la obra del escultor murciano Juan González Moreno (n. 11 de abril de 1908, Aljucer) muestran cómo la imaginería religiosa continúa encarnando la iconografía de figuras angélicas y cristológicas en el arte procesional y sacro español del siglo XX.

San Miguel: tradición bíblica, apócrifa y litúrgica

En la epístola católica de San Judas 1,9 se relata cómo “el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés”, un episodio enraizado en la tradición judía y recogido también en el apócrifo de la Asunción de Moisés. San Miguel es asimismo protagonista del Apocalipsis 12,7: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón.”

Los Padres de la Iglesia y la tradición litúrgica han atribuido a San Miguel múltiples papeles: guardián del paraíso que impide el acceso al árbol de la vida (Gén. 3,24), ángel que se interpone en el camino de Balaam (Núm. 22,22 ss.), y defensor frente a ejércitos enemigos. Las opiniones varían sobre su rango en la jerarquía angelical: unos le sitúan sobre todos los coros angélicos, otros lo consideran príncipe de los serafines o del coro de los ángeles; Santo Tomás, por ejemplo, lo ubica como príncipe del último coro, los ángeles.

La liturgia romana lo honra con fiestas en diversas fechas y lugares: el 29 de septiembre se consolidó en la Iglesia latina como la conmemoración popular de San Miguel; otras celebraciones remiten al Monte Gárgano (fiesta del 8 de mayo), al Michaelion en Constantinopla, o al santuario de Mont-Saint-Michel en Normandía. Leyendas vinculadas a su intervención milagrosa incluyen la aparición en el Monte Gárgano y la detención de pestes sobre Roma, atribuyéndosele también la facultad de sanar y la protección frente a calamidades.

Iconografía de San Miguel

En el arte, San Miguel suele representarse como guerrero angélico con casco, espada y escudo -a menudo con la inscripción Quis ut Deus-, pisando o venciendo al dragón. También puede aparecer con balanzas para pesar las almas o con el libro de la vida, aludiendo a su papel en el juicio. Estas imágenes han alimentado una tradición iconográfica que llega hasta los grandes talleres de imaginería y la escultura religiosa española.

Representación clásica de San Miguel venciendo al dragón

Juan González Moreno: vida y formación

En el seno de una familia de hortelanos, en Aljucer, una pequeña localidad enclavada en el corazón de la Huerta de Murcia, nace el once de abril de 1908 un artista de sobresaliente talento, Juan González Moreno. Quizá fue aquella niñez en la Huerta y el contacto y la contemplación de la naturaleza lo que despertó en él su vocación de artista.

Su paso por la escuela fue breve, hasta que a la edad de doce años continuó sus estudios en el Patronato de San José en el Barrio del Carmen. Apenas dos años después, comienza a trabajar por primera vez la talla de la madera en la Fábrica de Muebles Delgado. A los quince años logra formar parte del taller de escultura y retablo en el Barrio de San Antolín, e inicia aquí sus primeros pasos en la escultura figurativa y la imaginería. Poco después, ingresa en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, allí tendrá como profesores a José María Sanz y Clemente Cantos, y como compañeros a Antonio Gómez Cano y Antonio Villaescusa Morales, entre otros.

Ávido por la formación, acudía a las tertulias que el célebre pintor Luis Garay celebraba en su taller. Hubo de marchar a la edad de veintiún años al servicio militar, y a su regreso, prosigue su actividad como escultor en el taller de Milanés. En 1931, la Diputación Provincial le concede una beca de un año de preparación para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, lo que efectivamente consiguió al año siguiente. Finalizaría estos estudios cuatro años más tarde, con unas magníficas calificaciones y siéndole otorgado el Premio Madrigal.

La guerra, la salvación del patrimonio y los primeros encargos

En su regreso a Murcia, pasa a formar parte voluntariamente en la Junta de Recogida del Tesoro Artístico murciano, que dirigió D. Pedro Sánchez Picazo, y en la que también colaboraron Clemente Cantos y Luis Garay. Aquellos años marcaron profundamente el alma de Juan. Incontables obras fueron protegidas por aquellos héroes del salvamento artístico que componían aquella comisión, y que gracias a ellos, Murcia pudo salvar una buena parte de ese tesoro artístico que hoy aún podemos disfrutar.

En estas tareas anduvo González Moreno hasta que en 1938 fue movilizado al frente republicano. Restaurando el cuerpo en el verano de 1937 y recogiendo “aproximadamente treinta pedazos” de imágenes dañadas, participó activamente en evitar la destrucción de patrimonio religioso: “los desmonté yo personalmente y luego los volví a colocar”, refería sobre su labor de conservación.

Taller, obras principales y consolidación artística

Al finalizar la Guerra Civil, estableció su primer taller en la Casa parroquial de San Juan Bautista, allí tuvo como ayudantes a Antonio Villaescusa y Clemente Cantos, de quien siempre dijo que fue su principal maestro, y como aprendices a escultores en ciernes como Antonio Campillo, Paco Toledo o José Hernández Cano. En aquél taller, se forjó su primera gran obra procesional, el Cristo de la Agonía de Cieza.

Debemos hacer mención que, ese mismo año de 1940, fue deseo del propio González Moreno trabajar en la completa restauración del Santísimo Cristo de la Sangre, pues él había sido quien, en 1936 tras aquella barbarie acaecida en la Iglesia del Carmen, logró recomponer la efigie que tallara Nicolás De Bussy. Un hecho importante en su trayectoria fue el montaje del Belén del Salzillo en el Palacio Episcopal en 1942, allí conoce a Eugenio d’Ors, crítico de Arte, y le hace partícipe de una exposición en la Biblioteca Nacional.

Un año después, traslada su estudio a la calle Corbalán nº 19 y su fama como escultor comenzó a extenderse. Al mismo tiempo que entregaba para la Cofradía del Santo Sepulcro la imagen de la Virgen de la Amargura, le fue concedido el Premio Salzillo por la Diputación Provincial de Murcia. Tres años después obtiene la III Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, con la escultura en bronce titulada Cabeza de Muchacha. Viaja a Roma donde reside casi un año merced una beca. El contacto con la obras de Donatello y Miguel Ángel resultarían de una gran influencia en su trabajo.

En 1949 obtiene por segunda vez el Premio Salzillo de Escultura Religiosa, y un año más tarde, traslada su taller en una continua producción al nº 6 de la misma calle Corbalán. Allí estuvieron como aprendices Elisa Seiquer, Luis Toledo, Pedro Pardo y su sobrino José González Murcia. Aquel fue su estudio hasta 1970 y quizá en donde dio forma a sus mejores obras.

Encargos relevantes y valoración crítica

En 1952 entregó a la Archicofradía de la Preciosísima Sangre, y ante una gran expectación, el magnífico paso del Lavatorio. Continuaron llegando reconocimientos para González Moreno, y en 1957 fue elegido miembro de la Academia Alfonso X El Sabio de Murcia. Ese mismo año concluye el monumento al Cardenal Belluga por encargo del Excmo. Ayuntamiento de Murcia, y que desde entonces luce en la Glorieta de España.

Un tratamiento especial requiere el contrato que en 1958 le ofreció la Junta del Santuario de Ntra. Sra. de la Fuensanta, para la realización de 6 relieves para las capillas y el crucero, así como toda la dirección de las obras que culminaría en 1961, ya que el propio escultor reconoce en una entrevista que: “- el trabajo de la Fuensanta es seguramente lo mejor que yo he hecho.”

Se suceden los encargos al taller de Juan González Moreno: “Estatuas Yacentes” para el Panteón del Cementerio de Albacete de los hermanos Chicuelo, labradas en mármol; “Relieves” para el Retablo del Presbiterio de la Iglesia del Complejo de Espinardo; el “Monumento a la Fama”; la imagen de “San Francisco de Asís” para la Iglesia de los Padres Capuchinos de Murcia (1982) y, entre otras, la participación en la Exposición “Murcia en tres dimensiones” en 1984 con obras como “Mujer en cuclillas” y “Dafne y Cloe”.

Estilo, originalidad y legado

Don Juan González Moreno hizo dominar todas las vertientes y temáticas de la iconografía religiosa. Desde sus crudos episodios pasionales -Crucificados de intenso dramatismo barroco- hasta imágenes de raíz apolínea y armoniosa, su obra combina dolor físico y verdadera angustia de soledad, representando el Cristo que entrega su espíritu al Padre en páginas de honda emoción. La imponente nobleza de algunos rostros justifica la sentida advocación que alcanzan sus imágenes procesionales.

Se ha destacado la originalidad de su obra y su capacidad para quebrantar leyes estéticas heredadas de varios siglos, incorporando un mediterraneísmo pormenorizado y una finura armónica que hacen de muchas de sus piezas hitos de la imaginería murciana del siglo XX. Su obra, murciana, española y universal, merece atención y estudio por parte de historiadores y restauradores, sobre todo ante las pérdidas sufridas en los años oscuros de la guerra fratricida, cuando muchas obras fueron destruidas o mutiladas.

Proceso de tallado en madera: taller de imaginería

Obras religiosas destacadas (selección)

  • 1940: Cristo de la Agonía - Cofradía del Cristo de la Agonía, Cieza.
  • 1942: Ecce Homo - Cofradía del Rollo, Jumilla.
  • 1943: Jesús Resucitado - Cofradía N. P. Jesús Resucitado, Cartagena.
  • 1945: Virgen de la Amargura - Cofradía del Santo Sepulcro, Murcia.
  • 1952: Lavatorio - Archicofradía de la Sangre, Murcia.
  • 1958-1961: Altorrelieves para el Santuario de la Fuensanta - Murcia.
  • 1978: Ntra. Sra. de los Buenos Libros - Iglesia S. Francisco de Asís, Murcia.
  • 1982: San Francisco de Asís - Iglesia S. Francisco de Asís - PP. Capuchinos, Murcia.

Obras laicas representativas (selección)

  • 1932: Torso de joven.
  • 1949: Aguadora de Caracalla; Anunciación; Desnudo de mujer con paño.
  • 1957: Mujer Mediterránea; Alegoría del Río Segura; Estatua en bronce del Cardenal Belluga.
  • 1970-1984: Retratos y alegorías, entre ellas “La Larga” y “Alegoría de Murcia”.

Reconocimientos y exposiciones

González Moreno obtuvo múltiples reconocimientos: Premio Madrigal, medallas en la Exposición Nacional de Bellas Artes, varios Premios Salzillo (1943, 1949), y la Medalla de Bronce al Mérito en las Bellas Artes (1974). Fue Académico Correspondiente de la Corporación de Murcia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cuatro exposiciones antológicas han reagrupado su obra: 1979 (Galería Chys), 1989 (Centro de Arte del Almudí), 1999 (Sala de Exposiciones de San Esteban y Verónicas) y 2008 (centenario de su nacimiento).

Restauración, memoria y responsabilidad patrimonial

Las labores de salvamento y restauración en las que participó González Moreno durante y después de la Guerra Civil subrayan la fragilidad del patrimonio religioso y la deuda de las generaciones presentes con los artistas y restauradores que evitaron su pérdida. Muchas piezas destruidas en los años oscuros de la guerra fratricida requieren hoy atención de historiadores y restauradores para preservar su memoria y evitar su probable destrucción futura.

Tabla resumen: hitos biográficos y artísticos

  • Nacimiento: 11 de abril de 1908, Aljucer (Murcia).
  • Formación: Patronato de San José; taller de retablo; Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Premio Madrigal).
  • Guerra Civil: participación en la Junta de Recogida del Tesoro Artístico; movilizado al frente en 1938.
  • Obras claves: Cristo de la Agonía (1940), Lavatorio (1952), relieves de la Fuensanta (1958-1961).
  • Reconocimientos: Premios Salzillo, III Medalla Exposición Nacional, Medalla de Bronce al Mérito en las Bellas Artes (1974).

Por qué su legado importa

No es fácil ser escultor en Murcia, cuna de un imaginero universal. Don Juan González Moreno no sólo trabajó con técnica y sensibilidad: creó un lenguaje propio que unió tradición barroca, dramatismo pasional y un mediterraneísmo fino y armónico. Su extensa producción religiosa y la calidad de sus imágenes procesionales lo sitúan entre los imagineros importantes del siglo XX en España. Su vida y obra evidencian también la responsabilidad del artista frente al patrimonio y la comunidad: una labor que iba mucho más allá del mero encargo profesional, y que hoy reclama estudio, conservación y reconocimiento.

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