Historia y arquitectura del Monasterio de San Juan de la Peña

Cubierto por la enorme roca que le da nombre, el conjunto abarca una amplia cronología que comienza en el siglo X y aparece perfectamente mimetizado con su excepcional entorno natural. El Monasterio de San Juan de la Peña es uno de los monumentos cuyos muros fueron testigo de los orígenes del Reino de Aragón. Se rodea de un halo de leyenda potenciado por su recóndita ubicación en un paraje entre rocas, en el Alto Aragón.

Los auténticos orígenes del monasterio se pierden en la oscuridad de los tiempos altomedievales y se le ha supuesto refugio de eremitas, aunque los datos históricos nos conducen a la fundación de un pequeño centro monástico dedicado a San Juan Bautista en el siglo X, del que sobreviven algunos elementos. Se tiene constancia literaria sobre el asentamiento de eremitas en esta zona, entre ellos los hermanos Voto y Félix y de la construcción, en el siglo X, de una iglesia prerrománica dedicada a san Julián y santa Basilisa.

Fue este monarca quien introdujo en él la regla de San Benito, norma fundamental en la Europa medieval. Sancho Garcés III, rey de Pamplona, introduce la regla de San Benito en 1028, por lo que se instalan en San Juan de la Peña monjes huidos del monasterio francés de Cluny. El Monasterio se renombra como San Juan de la Peña alusivo a su peculiar emplazamiento.

Monasterio San Juan de la Peña bajo la gran peña

Función política y religiosa: panteón de reyes y lugar de peregrinación

Considerado por la tradición como la cuna del Reino de Aragón, fue parada habitual del Camino de Santiago y lugar de leyendas. Durante el siglo XI se convierte en panteón de reyes y mausoleo de nobles, sus principales benefactores. Fue centro del poder religioso y político durante los siglos XI y XII. Así, acoge en su interior la sepultura de grandes reyes aragoneses y pamploneses como Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.

Fue Sancho Ramírez también quien transformó el convento en un panteón real. En él descansan los tres primeros reyes de Aragón, Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I. El panteón real, muy afectado en un incendio que tuvo lugar en 1675, tras el cual se remodeló en estilo neoclásico.

La arquitectura primitiva y la iglesia prerrománica

Nada más entrar en el edificio se encuentra, a mano derecha al fondo, la zona más antigua del monasterio. Todavía existe la primitiva iglesia prerrománica, que consta de dos naves cubiertas por bóvedas de cañón y separadas por arcos de herradura sobre columnas. Las naves culminan en dos ábsides rectangulares excavados en la roca. Esta cabecera se decoró en el siglo XII con pinturas murales, realizadas al fresco, cuyo programa iconográfico se centraba en el martirio de los santos Cosme y Damián y la glorificación de la cruz.

Al construirse la iglesia románica, esta zona pasó a realizar las funciones de cripta, en ella se encuentran enterrados cinco abades del cenobio. En la iglesia inferior del monasterio viejo aparecen pinturas murales restauradas en intervenciones recientes.

La iglesia románica - la iglesia alta

Sobre la iglesia baja se levantó, en el piso superior, la iglesia románica. En relación a la arquitectura románica destaca la llamada iglesia alta, consagrada a fines de 1094. Tiene una sola nave y cabecera triabsidal, cubierta por la roca que cobija al monasterio. El paso de la nave a los ábsides se realiza bajo tres arcos que descansan sobre columnas.

De los capiteles que poseen las columnas, el más interesante es el del profeta Habacuc llevado por un ángel para alimentar a Daniel que se encontraba en el foso de los leones. Estos ábsides se decoran con una banda de ajedrezados y arquitos ciegos.

El claustro románico: joya escultórica

Por una puerta de arco de herradura se accede de la iglesia románica al claustro, que se ha convertido en el elemento más significativo y estudiado del conjunto monacal. Fue construido a finales del siglo XII y principios del XIII. Se compone de arquería de medio punto dispuesta sobre un podio. Los arcos se rodean por una moldura ajedrezada y descansan en columnitas con capiteles decorados.

Los capiteles han sufrido daños con el paso del tiempo y su disposición no corresponde con la original. Se atribuyen al trabajo del taller del Maestro de San Juan de la Peña o Maestro de Agüero y su iconografía agrupa representaciones sobre el Génesis, la infancia de Jesús y la vida pública de Cristo. Del claustro parten dos capillas, la capilla de san Victorian al norte y la de san Voto y Félix al sur.

Detalle de capiteles románicos del claustro

Capillas y otras dependencias: gótico y neoclásico

La capilla de San Victorián es un estupendo ejemplo de la arquitectura gótico flamígera y contiene decoración pintada del siglo XIII. A partir del siglo XV se introducen reformas artísticas como la capilla gótica de San Victorián construida para panteón abacial.

En la segunda mitad del siglo XVIII se realizó en él una obra artística digna de mención. Se trata del panteón de reyes de estilo neoclásico. El panteón real fue remodelado en estilo neoclásico por el estado de abandono de los sepulcros. El último noble enterrado en este panteón fue Don Pedro Pablo Abarca de Bolea X Conde de Aranda.

Expolio, incendios, decadencia y reconstrucción barroca

Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XII se inició una cierta decadencia que se acentuó en el periodo siguiente, y aún más a partir del siglo XIV. Fueron las características de esta época el final de las donaciones, las pérdidas patrimoniales, los múltiples pleitos ante numerosas instancias, y especialmente con los obispados donde estaban ubicadas sus propiedades, las deudas, el deterioro de las construcciones por su peculiar ubicación y diversos incendios que resultaron devastadores.

Sufrió dos incendios devastadores, uno en 1494 y otro en 1675, que propició que se construyera el Monasterio Nuevo en un lugar cercano. Por estas circunstancias (humedades, incendios, ruina de estancias, etc.) obligaron a la comunidad a trasladarse hasta la cercana Pradera de San Indalecio donde se empezó a levantar un gran Monasterio barroco para cobijar a los monjes pinatenses.

El libro da a conocer la historia y la arquitectura del monasterio barroco de San Juan de la Peña, que se edificó de nueva planta en la pradera de San Indalecio, sobre la gran roca, tras el incendio ocurrido en su fábrica medieval en 1675. Para su construcción, la comunidad benedictina disfrutó del mecenazgo de la casa real, lo que permitió desarrollar un proyecto arquitectónico tan ambicioso como requería esa histórica fundación.

Patrimonio documental y función patrocinadora

Pero también se escribieron miles de documentos y otros numerosos códices que se conservan en diversos archivos. La documentación atestigua diversos casos en los que el de la Peña renunció a cobrar ciertos ingresos para que, con ese dinero, se construyeran diversas iglesias. Así, se puede afirmar que de las arcas pinatenses salió el dinero para las pinturas de Bagüés, uno de los conjuntos pictóricos románicos más importantes de Europa, o el tímpano de Botaya, las iglesias románicas de Luna y la espléndida torre de Tauste, una auténtica joya del estilo mudéjar.

Los archivos del centro contuvieron cientos de documentos en los que los otorgantes entregaban total o parcialmente sus propiedades a cambio de ser enterrados en el recinto monástico. Después del Claustro de Roda de Isábena, el de la Peña es el lugar aragonés con mayor número de inscripciones epigráficas, con más de sesenta. Los monjes, al pasear por el recinto, evocaban en sus oraciones a todos estos difuntos.

Restauraciones, musealización y estado actual

Con la desamortización de Mendizábal el edificio pasa a ser propiedad nacional. En 1843 el Estado cede el conjunto monástico a la Diputación de Huesca para su mantenimiento. En 1889 obtiene el título de Monumento Nacional y en 1920 es declarado Sitio Nacional por el rey Alfonso XIII.

El primer proyecto de restauración es ideado por el arquitecto Ricardo Magdalena a principios del siglo XX. La restauración más completa se realiza a finales de este siglo, por iniciativa del Gobierno de Aragón, en varias campañas llevadas a cabo entre 1984 y 2009. En 1984 con el arquitecto Ramón Bescós se interviene en aspectos relacionados con la estructura del edificio y en la restauración de las pinturas interiores por Liberto Anglada.

Entre 1987 y 1988 se consolidan e impermeabilizan las bóvedas y otros elementos exteriores y se procede a la reposición de las cubiertas. Las intervenciones realizadas en años posteriores han tenido como objeto el mantenimiento del monasterio. En noviembre de 2012 concluyen las obras de restauración del Panteón de los Nobles y de las pinturas murales de la iglesia inferior del monasterio viejo de San Juan de la Peña.

En 2019, la dirección general ya intervino de emergencia en dieciocho capiteles. En 2022 la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón llevó a cabo trabajos de restauración en las arquerías de claustro.

San Juan de la Peña

Paisaje, leyenda y legado cultural

El Monasterio Antiguo de San Juan de la Peña permaneció como símbolo. Hay una historia de San Juan de la Peña que puede calificarse como "auténtica" y que se ha podido desentrañar con el estudio minucioso de sus documentos, pero también hay un San Juan de la Peña "legendario", mejor dicho, escenario de leyendas y tradiciones. Circuló una leyenda alusiva al origen del convento y del propio reino de Aragón.

Otra tradición intenta explicar el paso de San Juan de la Peña como lugar de refugio de anacoretas a comunidad monástica. Después de la conquista musulmana de Aragón entre el año 714 y 721, unos trescientos guerreros cristianos, mal equipados y cansados, se refugiaron en la cueva donde vivían los eremitas Voto y su hermano Félix, más otros dos, de nombre Benedicto y Marcelo.

Tabla: Cronología resumida

  • Siglo X: fundación primitiva y asentamiento eremítico; iglesia prerrománica.
  • 1028: introducción de la regla benedictina por Sancho Garcés III.
  • Finales s. XI (1094): consagración de la iglesia alta.
  • S. XII-XIII: construcción del claustro románico y decoración pictórica.
  • 1494 y 1675: incendios devastadores; construcción del Monasterio Nuevo.
  • S. XVII-XVIII: construcción barroca en la pradera de San Indalecio; panteón neoclásico.
  • S. XIX-XX: desamortización, protección estatal y primeras restauraciones.
  • 1984-2009, 2012, 2019-2022: campañas de restauración y musealización.

Y para finalizar debo recordar que en las líneas anteriores sólo he intentado, y espero haber conseguido, subrayar algunos de los aspectos más singulares de este sin par Monasterio aragonés de San Juan de la Peña. Desde otro punto de vista y todo adquiere nuevas perspectivas.

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