Cancionero religioso "Cantemos al Señor": historia y contenido

Una de las expresiones más bellas del ser humano es el canto. Para mí el canto es como una oración más alegre, como una bocanada de alegría hecha palabras donde se combina el sonido y el tiempo de la expresión musical.

Por esto, hoy día de Corpus, nuestro corazón se eleva en plegarias de gozo, de amor y de fe. ¡Cantemos al Señor!

Origen y contexto histórico

¡Cantemos al Señor!, como decía la letra maravillosa del poeta agustino Restituto del Valle para aquel recordado Congreso Eucarístico Internacional que España celebró en 1911 que contó con la presencia de la familia real encabezada por Su Majestad don Alfonso XIII. Un canto que era mucho más, porque nos traía el sentido de devoción y de fe de quienes renacían al autentico espíritu religioso ante el Sagrario lleno de esplendor.

El jueves 29 de junio de 1911 se celebró en Madrid una de las más grandes procesiones católicas de la historia, dentro del marco del XXII Congreso Eucarístico Internacional. El momento más solemne y recordado de ese desfile se dio en la puerta principal del Palacio Real.

Desde el rey Alfonso hasta el más humilde de los madrileños quedaron sobrecogidos por el majestuoso himno. Se estrenaba en ese instante una de las más bellas canciones de alabanza a Dios que se haya escrito en español.

Su nombre original para el Congreso fue “A Cristo Jesús”, pero ha pasado a la historia como “Cantemos al Amor de los Amores”.

El himno había sido escogido para el Congreso en un gran concurso, cuyo jurado estaba encabezado por la infanta doña Isabel, tía del rey don Alfonso XIII, a la que el pueblo llamaba “la Chata".

La emocionante letra del himno había sido escrita por el padre Restituto del Valle Ruiz (1865-1930), agustino de El Escorial, poeta y autor de la letra de muchos himnos.

Contenido del himno y su estructura

“Cantemos al Amor de los Amores” es de aquellas canciones que nunca deja de emocionarme. El himno sigue transmitiendo exactamente lo que buscaron hace 113 años el poeta del Valle y el maestro Busca: expresar el amor hacia Dios y sentirlo presente con los que cantan esa bella alabanza.

Cantemos al amor de los amores, Cantemos al Señor. Dios está aquí. Venid, adoradores; Adoremos a Cristo Redentor. Gloria a Cristo Jesús. Cielos y tierra, bendecid al Señor. Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria. Amor por siempre a ti, Dios del Amor.

Unamos nuestra voz a los cantares del coro celestial. Dios está aquí. Venid, adoradores; Alabemos con gozo angelical. Gloria a Cristo Jesús. Cielos y tierra, bendecid al Señor. Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria. Amor por siempre a ti, Dios del Amor. Del Amor.

Oh, Rara Caridad y Real Fineza, Oh, Dulce Memorial. Dios está aquí con toda su riqueza, Con su cuerpo Y sangre divinal. Gloria a Cristo Jesús. Cielos y tierra, bendecid al Señor. Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria. Amor por siempre a ti, Dios del Amor. Del Amor.

Uso litúrgico y simbolismo

En esta fecha es cuando más se canta de forma solemne y procesional. La fe de un pueblo viva, en el misterio más grande de su religión, con la presencia de Dios en la Eucaristía.

Entre el olor hecho aroma e incienso, la Custodia presente en nuestras calles, la juncia y el romero como alfombra de honor y la presencia de los fieles, hermandades, cofradías, a la se añadió después la numerosa presencia de los niños que en ese año habían hecho su Primera Comunión.

Un cortejo lleno de fe donde el canto hecho oración nos transporta a un sentido religioso que desde niño anida en nuestra alma.

Hoy renovamos nuestra fe y rendimos culto de adoración al Santísimo, haciendo votos por esa verdad a la que imploramos, como al final del himno: "Cristo en todas almas y en el mundo la Paz".

Procesión de Corpus con Custodia y fieles

Recepción y recuerdo público

Allí esperaban la procesión el rey don Alfonso XIII, la reina doña Victoria Eugenia, la reina madre doña María Cristina, las infantas doña Isabel, doña María Teresa y doña Luisa de Orleáns, así como los infantes don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y don Fernando de Baviera, acompañados del nuncio de Su Santidad Pío X en España, monseñor Antonio Vico, arzobispo titular de Filippi.

A continuación, el cardenal legado salió al balcón del Palacio Real y dio la bendición con la sagrada custodia al pueblo congregado en la Plaza de la Armería, acompañado por los compases de la Marcha Real. Nuevamente se entonó el himno del Congreso. Cuando terminó, hubo un atronador saludo de los clarines del Cuerpo de Caballería, las trompetas del Cuerpo de Artillería, las salvas de los cañones y los vítores lanzados por miles y miles de madrileños.

Desde el año 1952 se impuso también otro canto maravilloso que aprendimos los españoles de aquellas fecha, con letra de mi querido y admirado José Maria Pemán, que fue bandera del Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Barcelona y que dejó indeleble memoria.

Huelva, es hoy el más bello altar para rendir culto al Señor.

Fragmentos destacados

  1. Cantemos al amor de los amores, Cantemos al Señor.
  2. Dios está aquí. Venid, adoradores; Adoremos a Cristo Redentor.
  3. Gloria a Cristo Jesús. Cielos y tierra, bendecid al Señor.
  4. Honor y gloria a ti, Rey de la Gloria. Amor por siempre a ti, Dios del Amor.

Impacto cultural y perdurabilidad

El himno fue mucho más que una canción efímera de un Congreso: era un canto que nos traía el sentido de devoción y de fe de quienes renacían al autentico espíritu religioso ante el Sagrario lleno de esplendor.

“Cantemos al Amor de los Amores” es de aquellas canciones que nunca deja de emocionarme. Yo lo oigo siempre con la misma admiración y emoción con que lo oyeron aquel 29 de junio de 1911 el rey Alfonso y los miles de madrileños que participaron en ese gran desfile.

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