Carisma vicenciano: el árbol que explica una tradición de servicio a los pobres

La Familia Vicenciana (FV) se puede comparar con un árbol frondoso y lozano, cargado de frutos y adornado con flores. Sus raíces, extensas y firmes, remiten a la experiencia espiritual de San Vicente de Paúl (+1660), cuyo carisma misionero, concebido hace 400 años, sigue siendo fecundo e inspirador hasta nuestros días, perpetuando el luminoso testimonio del gran místico de la caridad, «heraldo de la ternura y de la misericordia de Dios», como lo llamó San Juan Pablo II.

La savia que alimenta y vigoriza esta inmensa familia espiritual y apostólica proviene del encuentro con Jesucristo, el evangelizador de los pobres (cf. Lc 4,18), a quien sus miembros tratan de seguir, amándolo y sirviéndolo en los más pequeños de sus hermanos, en quienes reconocen la presencia del Señor que los interpela (cf. Mt 25,40). A la sombra de esta planta robusta con sus hojas verdes, se abriga un incalculable contingente de personas empobrecidas, acogidas con cuidado, evangelizadas con ardor, asistidas con diligencia y promovidas con respeto.

árbol con raíces y ramas representando la Familia Vicenciana

Ramas, brotes y diversidad: quiénes componen la Familia Vicenciana

Las ramas o los brotes del árbol vicenciano son diferentes en cuanto a los colores y formas: grupos más o menos numerosos, entre los que se cuentan Asociaciones Laicas, Sociedades de Vida Apostólica, Institutos de Vida Consagrada e incluso Comunidades pertenecientes a otras denominaciones cristianas. Injertadas en un mismo tallo carismático, las más de 260 ramas que componen la FV coinciden en la referencia a San Vicente de Paúl, identificado como fundador, inspirador o patrono de este su linaje secular.

Dispersos en los cinco continentes del orbe, fundados en épocas y contextos diferentes, reúnen a más de 2 millones de mujeres y hombres de todas las edades, laicos y consagrados, diáconos, sacerdotes y obispos, todos bajo el mismo impulso dinámico recibido del Espíritu a través de San Vicente. En efecto, «la vocación de Vicente de Paúl, este genial iniciador de la acción caritativa y social, ilumina todavía hoy el camino de sus hijos e hijas, de los laicos que viven de su espíritu, de los jóvenes que buscan la clave de una existencia útil y radicalmente consumada en el don de sí”.

Origen histórico: las raíces del carisma

En el camino abierto por «el gran santo del gran siglo», la trayectoria histórica de la FV tuvo su punto de partida en 1617, cuando se dio la fundación de la primera de las Cofradías de Caridad, hoy reunidas bajo el título de Asociación Internacional de Caridades (AIC), con sus más de 250 mil voluntarias laicas, luchando juntas contra la pobreza y sus causas. En 1625, nació la Congregación de la Misión (CM), constituida de Padres y Hermanos, más tarde llamados Lazaristas y hoy también llamados Paúles o Vicentinos, formando una porción de más o menos 3.200 Misioneros, presentes en más de 85 países, comprometidos con la evangelización de los pobres y la formación de clérigos y laicos. Finalmente, en 1633, con la participación sustancial de Santa Luisa de Marillac (+1660), surgió la Compañía de las Hijas de la Caridad (FC), hasta hoy la mayor comunidad de mujeres consagradas de la Iglesia, con un total de aproximadamente 16 mil Hermanas, sirviendo a Cristo en los pobres en más de 90 naciones.

Ya en su tiempo, San Vicente se mostraba convencido de la necesidad de colaboración entre sus tres fundaciones, todas nacidas del insondable designio de la Providencia. Es lo que queda patente en una carta dirigida por el santo a uno de sus sacerdotes, el 7 de febrero de 1660: “Nuestra pequeña Compañía se ha entregado a Dios para servir al pobre pueblo corporal y espiritualmente, y esto desde sus comienzos, de forma que al mismo tiempo que trabajaba por la salvación de las almas en las misiones, buscó un medio para atender a los enfermos con las Cofradías de la Caridad (...) Las damas de la Caridad de París son también otros tantos testimonios de la gracia de nuestra vocación para contribuir con ellas a un gran número de buenas obras dentro y fuera de la ciudad.”

El núcleo del carisma: Cristo y los pobres

Brota del descubrimiento que san Vicente hizo de Cristo como centro de su vida y de su actividad y del pobre, como lugar del encuentro con Cristo, al término de una larga experiencia espiritual, que, poco a poco y después de unos comienzos más o menos vulgares, fue transformando su visión de las personas y de las cosas. Para san Vicente la evangelización y la promoción humana son complementarias. Atender al cuerpo, enseñar a leer y a escribir, asistir en general a la persona de los pobres pero sin olvidar orientarlos hacia Dios. La promoción de las personas. La lucha contra las estructuras injustas. Conciencia aguda de la pobreza. Respeto y preferencia por los pobres porque ellos representan a Jesucristo que vive en la persona de los pobres y sigue sufriendo en ellos.

Hechos fundacionales: Folleville y Chatillon

Dos acontecimientos principales marcan el comienzo del carisma Vicenciano. Los dos tienen nombre del lugar donde ocurrieron: Folleville y Chatillon. En Folleville, dominio de la noble familia de los Gondi, el 25 de Enero de 1617, Vicente predica un sermón sobre la conversión, el mismo día de la conversión de San Pablo. El sermón encendido de Vicente tiene tales efectos que todo el mundo se mueve a hacer una confesión general. En Chatillon-les-Dombes, el domingo, 20 de Agosto de 1617, a punto de salir al altar para decir la misa, le vienen a decir que una familia está a punto de morir materialmente de hambre. El fogoso Vicente improvisa un sermón sobre la caridad que conmueve a todo el pueblo. Aquella noche, y los días siguientes, sobró de todo en aquella familia. Y de nuevo brilla el genio creativo y práctico del joven Vicente: aquella avalancha de buena voluntad y generosidad había que canalizarla y estructurarla: nacen las Cofradías de la Caridad.

Formas de pertenencia y transmisión del carisma

Hoy en día, los vínculos que aseguran la afiliación a la FV varían según la génesis de cada rama, siendo posible establecer diferentes niveles de pertenencia y distintos grados de asimilación y expresión del carisma original: fundaciones del propio San Vicente, fundaciones que han adoptado las Reglas Comunes de la CM o de las FC, fundaciones que han tenido a San Vicente en persona como mentor o instructor, fundaciones de miembros de la CM o de las FC’s o guiadas por ellos, fundaciones de miembros de la FV en general, fundaciones que tienen a San Vicente como patrón o que han hecho de su espíritu una referencia de vida y misión, personas y grupos asociados a las mencionadas fundaciones, etc.

En esta «gran red de caridad», tejida con muchos hilos, el carisma vicenciano revela su perenne actualidad y su extraordinario potencial para responder a llamadas imprevistas y a nuevos desafíos. Y lo hace con gran vitalidad profética, partiendo de un acercamiento concreto al mundo de los pobres, promoviendo acciones transformadoras desde el Evangelio, insertándose en la misión de la Iglesia y actuando en organismos internacionales, como, por ejemplo, en diferentes instancias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde los representantes de la FV buscan hacerse eco del clamor de los de la periferia del mundo.

Formación, espiritualidad y praxis

Por todo lo que su misión requiere, la FV se revela cada vez más convencida de la necesidad de una formación sólida, que le asegure una espiritualidad consistente, basada en la Palabra de Dios y en la herencia de su gran inspirador, y un compromiso caritativo-misionero cada vez más cualificado y perseverante. El cultivo de la espiritualidad y el compromiso apostólico encuentran su terreno fértil en la vida cotidiana, en la comunidad de fe, en el contacto directo con los pobres, en la entrega escondida de cada día, en la reunión del pequeño grupo, allí donde las semillas germinan en silencio y se comparten sus frutos.

Ningún evento de mayor proyección, ningún cargo u oficio pueden prescindir de esta experiencia básica de la vocación vicenciana. Imbuido de esta misma convicción, el Beato Antonio Federico Ozanam (+1853) supo traducir para su tiempo la exigencia ineludible de un acercamiento humilde y solidario a los pobres, sin el cual nada se podría hacer de eficaz o decirse de provechoso en el campo de la caridad.

El aprendizaje en el contacto con los pobres

«Estamos convencidos de que la ciencia de las reformas benéficas no se aprende en los libros ni tampoco en las tribunas de las asambleas públicas, sino en el subir a las buhardillas de los pobres, en sentarse a su cabecera, en sufrir el frío que él sufre, en arrancar con la efusión de un coloquio amigable el secreto de su alma desolada.» Cuando alguien se dedicó a este ministerio, no por algunos meses, sino a lo largo de los años, cuando uno ‘estudió’ el pobre en su casa, en la escuela, en el hospital, no en una sola ciudad, sino en muchas de ellas, no en el campo, sino en todas las condiciones donde Dios lo ha colocado, entonces puede empezar a conocer los elementos fundamentales de este problema que se llama miseria.

voluntariado atendiendo a personas necesitadas

Santos y beatos: flores del árbol vicenciano

Entre los «descendientes» de San Vicente, directos o indirectos, surgieron admirables brotes de santidad, mujeres y hombres que, revestidos del espíritu de Cristo e impregnados de la herencia vicenciana, florecieron en la caridad misionera, haciendo de la «misericordia su misión vital» para la gloria de Dios y el bien de los pobres. Entre los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia, nos complace mencionar: San Francisco Régis Clet, Santa Elisabeth Ann Seton, Santa Juana Antida Thouret, San Juan Gabriel Perboyre, San Justino de Jacobis, Santa Catalina Labouré, Santa Agustina Pietrantoni.

De los que ya han sido beatificados, mencionamos: los 5 Padres de la CM y las 7 FC’s mártires en la Revolución Francesa; el Beato Antonio Federico Ozanam; el Beato Ghebra Michael; la Beata Rosalie Rendu; el Beato Marcantonio Durando; la Beata Marta Wiecka; la Beata Nemesia Valle; la Beata Josefina Nicoli; los 102 miembros de la FV mártires en la persecución española; la Beata Lindalva Justo de Oliveira. La vida y el testimonio de estas y otras grandes luminarias son las flores que embellecen el árbol de la FV y que perfuman su historia con el buen olor de la santidad recibida del Señor.

Modelos de vida vicenciana

En esta admirable floración, los miembros de la FV - laicos (incluidos los matrimonios), personas consagradas, ministros ordenados - pueden encontrar los más diversos modelos, capaces de suscitar y corroborar actitudes y compromisos sólidamente fundamentados en nuestra común vocación a la santidad: seguidores de Jesucristo evangelizador de los pobres, oblativos en la caridad y en la misión, contemplativos en la oración y la acción, artesanos de comunión y fraternidad, capaces de dar la vida por el Reino.

Desde el Cielo, por el ejemplo que nos han dejado y por la intercesión que nos prodigan, estos hermanos y hermanas nuestros siguen inspirándonos e incentivándonos a «luchar sin desfallecer en la carrera” para «alcanzar, como ellos, la corona de gloria que no se marchita». Al concluir su magnífica Encíclica Deus caritas est, el Papa Benedicto XVI quiso situar a San Vicente y Santa Luisa entre los santos que «han ejercido de modo ejemplar la caridad», añadiendo que “siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad”.

Propuestas prácticas y experiencias contemporáneas

La FV se propone ir al encuentro de los pobres allí donde viven para escucharlos atentamente y estimular su protagonismo en la Iglesia y en la sociedad; adapta los proyectos a las necesidades, anhelos y posibilidades de las personas a las que se dirige y a las realidades en las que las iniciativas deben producir sus impactos; suscita y forma agentes multiplicadores, particularmente entre los jóvenes; cultiva una espiritualidad que ilumina e impulsa su actuar y desarrolla una praxis coherente con ella, teniendo como referencias indispensables su carisma específico y la Doctrina Social de la Iglesia.

Sólo así, puede la FV responder a lo que San Vicente recomendaba cuando invitaba a las Hijas de la Caridad a “pasar del amor afectivo al amor efectivo, que consiste en el ejercicio de obras de caridad, en el servicio a los pobres emprendido con alegría, entusiasmo, constancia y amor”.

Encuentros y reflexión sobre el carisma hoy

Madrid acogía, del 23 al 25 de mayo, el Congreso sobre el Carisma Vicenciano, organizado por las dos Provincias de la Congregación de la Misión de España con motivo de los 400 años de la fundación de la Congregación de la Misión por San Vicente de Paúl en París. Cerca de 300 personas se dieron cita en el salón de actos de la Casa Santa Luisa de Marillac para vivir unos días de reflexión, celebración festiva, experiencias compartidas y convivencia, para toda la Familia Vicenciana (FAMVIN) de España. Todo bajo la doble vertiente del carisma vicenciano: BUENA NOTICIA y CARIDAD.

La organización supo combinar conferencias que nos ubicaron desde los primeros tiempos hasta la realidad actual. Participaron ponentes pertenecientes a la propia Congregación de la Misión, así como otros que, desde fuera, ayudaron a reflexionar sobre qué se pide hoy al carisma vicenciano. Los talleres presentados mostraron una visión general no solo de las obras en las que la Congregación de la Misión está presente, sino también cómo estos servicios han influido en la vida de las personas, de la sociedad, de la Iglesia y de la propia FAMVIN. El concierto-oración ofrecido por el grupo Alma Vicenciana, las oraciones de inicio de cada jornada y la Eucaristía final en la Basílica de la Milagrosa, presidida por el Superior General, aportaron una base espiritual profunda a todo lo vivido.

Un compartir que no se limitó solo a la Congregación organizadora, sino que incluyó también a otras ramas de la FAMVIN: AIC, JMV e Hijas de la Caridad. El clima fraterno que se creó propició intercambios animados y encuentros durante los tiempos de descanso, fomentando la relación entre todas las ramas de la FAMVIN. Se necesitan encuentros como este, que facilitan la comunión y el trabajo conjunto.

Logotipo y símbolo de los 400 años

Padre Cerqueira Alexis Trujillo compartió con nosotros el logotipo que preparó para los 400º años del carisma vicenciano. Se construye a partir de una figura básica: el círculo … (el mundo, la historia, la vida, etc. …) Este círculo es formado por las diferentes líneas que están organizadas de una manera «radiante» en diferentes colores (rojo, verde, azul) … Estas líneas o rayos simbolizan las congregaciones, grupos, asociaciones fundadas desde el carisma vicenciano. También simbolizan la sociedad con sus imperfecciones y alegrías, esperanzas y cansancios… Este círculo es una relación entre dos estrellas que recuerdan dos «lugares teológicos», donde Vicente de Paul vio las huellas de Dios en su vida y que por sus palabras se han convertido en acontecimientos importantes: Folleville-Gannes y Châtillon-sur Chalaronne. Las estrellas: Su lugar recuerda la ubicación en el territorio francés.

El sentido último: servicio organizado y continuo

Vicente se da cuenta de que no basta con ayudar al pobre, sino que hay que hacerlo de una manera organizada. “Servicio al pobre, pero bien organizado”, esa es la máxima que sigue, desde un principio, la gran corriente vicenciana de Caridad: no basta con ayudar al necesitado, hay que hacerlo con orden y sistemáticamente, de modo que quede asegurada la continuidad. Vicente mismo se cuidará de dotar de reglamentos adecuados esta institución.

La Hija de la Caridad encontrará a Dios en el pobre y le buscará allí donde el pobre se encuentre. El texto en el que Vicente describe una especie de Ideario de la Hija de la Caridad es revelador en su simplicidad, y supone, a la vez, el comienzo de una nueva etapa en la historia de la vida religiosa femenina: “Tendrán por monasterio las casas de los enfermos y aquella en que está la superiora. Por celda, un cuarto de renta. Por capilla, la iglesia parroquial. Por claustro, las calles de la ciudad. Por clausura, la obediencia. Por verja, el temor de Dios. Por velo, la santa modestia.”

Invitación a traducir el espíritu vicenciano hoy

Vicente y Luisa nos interrogan, aquí y ahora: ellos hicieron la traducción más adecuada del evangelio para la sociedad de su tiempo; nosotros estamos invitados a hacer nuestra propia traducción, inspirados y movidos por la misma fuerza transformadora, la dinamita de las Bienaventuranzas. No podremos copiar sus formas, pero nos dejaremos interpelar por su espíritu y por su entrega a la causa de los pobres, aquí y ahora, en su circunstancia concreta y en cualquiera de sus manifestaciones más apremiantes. La Bienaventuranza de la Misericordia, tan apremiante en nuestros días, no se encasilla en la pasiva aceptación del mal, en el perdón del pecador; va mucho más allá, es la apertura y disponibilidad al servicio del necesitado: ser misericordioso, en el contexto evangélico, es estar disponible, hacer las obras de misericordia.

Por eso, porque pocos, como Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, han encarnado, a lo largo de la historia de la Iglesia, este Ideario evangélico, podemos llamarlos, hoy como ayer, Patriarcas de la Misericordia, Profetas de la Caridad, Testigos del Amor fraterno entre todos los hombres.

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