Opinión crítica sobre Carlos Boyero y su lectura de El exorcista

El Exorcista constituye un mito en lo que al cine fanterrorífico se refiere. Su fama de película maldita hizo de ella un film temido. Pocas películas de terror en la historia del cine tienen una reputación tan sólida como la de "The Exorcist" (1973), film dirigido por William Friedkin, ganador del Oscar al mejor director por "The French Connection" (1971) y basado en la novela homónima (1971) de William Peter Blatty, que recoge un caso real de posesión diabólica en 1949.

Sobre El exorcista: contexto, argumento y valor cinematográfico

William Peter Blatty publicaba en 1971 su novela ‘El exorcista’, la cual tomaba como base un polémico caso real acaecido en 1949. El misticismo de la historia sirvió para disparar el interés por la historia, algo que aprovecharon en Warner para hacerse con los derechos de adaptación cinematográfica casi de inmediato. La premisa de "The Exorcist" (1973) funciona con solidez principalmente porque expone una posibilidad real de enfrentarse a entidades malignas, que la ciencia, a pesar de sus adelantos, no ha podido descartar completamente.

La aparición de los primeros síntomas de enfermedad en Regan sirve para que Friedkin nos ofrezca varios ramalazos de esa inusual fuerza que había caracterizado a su anterior trabajo. Lejos de caer en el impacto gratuito - el momento más dado a ello fue eliminado al no estar Friedkin satisfecho con el resultado técnico, pero varios años después fue recuperado-, la historia se desarrolla con calma, dejando espacio a todas las hipótesis sobre lo que podría estar sucediendo en realidad.

Otro mérito del guión ... tiene que ver con proponer una maldad etérea, intangible, omnipresente y omnisciente, lo que suponía un miedo que no podría ser descartado al confrontarlo con la realidad o la lógica. Así, en una época en el que el cine de terror se ubicaba principalmente en el cine de exploitation y su posibilidad real de eventos (psicópatas, asesinos en serie), "The Exorcist" (1973) exploraba un terror real en base a una figura mítica.

La cinta contiene algunas de las escenas más emblemáticas del cine de terror de la historia, comenzando por el enfrentamiento visual de la estatua milenaria del demonio Pazuzu y el Padre Merrin en el sitio arqueológico de Nínive, Irak. Las impactantes escenas de Reagan poseída, siendo azotada adelante y atrás, levitando sobre su cama, masturbándose con un crucifijo, lanzando vómito explosivo a los sacerdotes y bajando la escalera en posición de araña, que dan cuenta de un elaborado y efectivo trabajo de diseño y efectos especiales, que logran traspasar el horror del guión a la pantalla.

Las actuaciones son impecables, Ellen Burstyn quien interpreta a Chris de forma sólida, una madre atea desesperada por ayudar a su hija, siendo nominada por segunda vez en ese momento al Oscar. Linda Blair está soberbia, interpretando a la desafortunada Reagan, la dulce niña que se convierte literalmente en un monstruo. Max von Sydow encarna al padre Merrin, sacerdote antropólogo que asume la titularidad del exorcismo, y que aporta seriedad al relato. Jason Miller regala una de las mejores interpretaciones del film, presentando a un sacerdote melancólico y contrariado por su crisis de fe.

El aura, el rodaje y la influencia posterior

La reputación de "The Exorcist" (1973) traspasó el aspecto cinematográfico para extenderse a un plano metadiscursivo, con una serie de extraños sucesos relacionados al rodaje que incluyó un extraño incendio que retrasó el rodaje en un mes y medio, la muerte de familiares cercanos de actores, o actores que fallecieron como Jack MacGowran y Vasiliki Maliaros, la velación de rollos y una serie de accidentes laborales que llevaron a Friedkin a incluso llevar un sacerdote al set.

Friedkin, un director apasionado y demente al mismo tiempo, se ganó el respeto y el odio a partes iguales por sus pocos convencionales métodos para llevar a sus actores a interpretaciones más realistas. Fue así amarró un arnés al cuerpo de Ellen Burstyn para jalarla brutalmente en la escena en que el demonio la empuja, lo que dejó con molestias permanentes en la espalda; no avisar a Jason Miller que iba a recibir en pleno rostro el "vómito" de Linda Blair, y su decisión de filmar la escena del exorcismo literalmente dentro de un enorme frigorífico para captar el vaho de la respiración de los actores.

La película, por su dirección, actuaciones, maquillaje, guión, fotografía y atmósfera sobresaliente, ha quedado como un clásico imperecedero del terror clásico cuyo impacto e importancia como obra cinematográfica la llevan a ser considerada uno de los más importantes films de terror de todos los tiempos. Cincuenta años después, seguimos hablando de una película que marcó época y que aún a día de hoy sigue influyendo en el género, especialmente en el subgénero de posesiones.

Cartel icónico de The Exorcist y escena de la lluvia en la escalera

Carlos Boyero: estilo, polémica y relación con El exorcista

Que sí, claro; yo también, no lo dudes. Es más de sentido común defenderlo que atacarlo, independientemente de que te guste o no lo que escribe y como lo hace. Boyero ha sido desde ese entonces una referencia para quien ahora les escribe para ir o no ir a ver una película. Me gusta como escribe y me gusta sobre todo que escriba con honestidad y en primera persona. Es decir, que comente una película desde el corazón y ya no tanto desde la cabeza.

“Yo no hago crítica de cine. No me considero un crítico de cine. No pertenezco a esa cofradía, a esa religión abarrotada de reglas absurdas.” Boyero sigue este librillo al pie de la letra, y yo qué otra cosa voy a hacer sino celebrarlo. Me llama la atención su uso de la primera persona: ese subjetivismo extremo, ese yoísmo, es indispensable para entender el fenómeno, y lo que precisamente le toca las pelotas a los casi 300 (¡me encanta llamarlos así!) de marras.

Su postura al respecto de las polémicas que surgen a su alrededor, sea o no honesta, es inteligente. No es un Mourinho que tenga siempre una réplica a sus enemigos. Cuando salió el manifiesto aquél de los trescientos, se limitó a decirles, escuetamente, en uno de sus textos, que hablaba en primera persona. Y luego, siempre que le han preguntado al respecto, dice lo mismo. Que le da igual lo que diga la gente en los blogs, y que de esos trescientos apenas conocía a nadie, así que también se la suda.

Lo que más me fascina de Boyero es que cabree a sectores tan diferentes de la crítica, desde el inframundo del blog o el cuadernillo grapado a mano hasta las altas esferas, y dentro de estas, tanto a los críticos más abiertos a nuevas tendencias como a los más tradicionalistas. Parece de cajón: si vas a decir que una película te parece infumable, o una obra maestra, usa el yo, parte de tu propio criterio (sesgado) y de tu propia experiencia (insuficiente). Date un baño de humildad antes de condenar o ensalzar algo.

¿Por qué defender a Boyero?

Porque cabrear a 300, o a casi 300, es un síntoma de algo. De que estás haciendo algo mal o de que la estás liando a base de bien. Si consideramos a Boyero un estudioso o una especie de historiador de cine, nadie le libraría de una buena colleja o reprimenda. Pero tratándolo de polemista -y ningún crítico debería despreciar la polémica como recurso para conectar con el público- no se merece otra cosa que una buena palmada en la espalda.

La personalización, como ya digo inevitable y deseable, es el mayor desafío con la que debería enfrentarse la crítica contemporánea. Estos tiempos piden más que nunca el uso de la primera persona -que tampoco es nada nuevo, ni siquiera en crítica cinematográfica-, y reclaman a gritos más dudas, más imperfecciones, más experiencia personal, más contradicción y más limitación asumida.

Boyero frente a El exorcista: lecturas contrapuestas

¿Qué tanto más se puede escribir sobre “El exorcista”? Se trata de un clásico, de una de las películas de terror más famosas de la historia, y de un filme cuya reputación, hasta cierto punto, ha sobrepasado sus considerables cualidades. Puede que “El exorcista” no dé la misma cantidad de miedo que hace casi cincuenta años -hemos tenido demasiados filmes de terror en el ínterin-, pero eso no quiere decir que sea una película deficiente.

El mal verdadero no es tan fácil de ver, pero, a veces, resulta más lejano. Lo identificamos con guerras, catástrofes, genocidios y no tenemos en cuenta que el mal también está entre nosotros, dentro de nosotros mismos y en muchos actos cotidianos. ¿Qué puede haber más terrorífico que el hecho de ver reflejado a Satán, la representación del mal, en tus propios hijos?

El Exorcista ... se toma en serio el cine de terror y va desarrollando la historia con calma y mimando a sus personajes, algo que ya le daría de sobra para estar muy por encima de la media. Es así que uno termina preocupándose por todos, lo cual hace que el inevitable -y famosísimo- clímax todavía lo deje a uno con la piel de gallina. Pero el desenlace del exorcismo puede resultar un tanto precipitado por la aparente necesidad de resolverlo de forma impactante.

La trivialización y el paso del tiempo

Que ha sido tantos los films que han seguido su estela, que han hecho de ella la fundadora de un subgénero dentro del género de terror, pero, al mismo tiempo, la han trivializado. A eso debemos añadir el realismo espeluznante que se ha conseguido en muchas películas, unido esto a lo acostumbrados que están hoy en día nuestros ojos a ver toda clase de atrocidades con sólo encender el televisor. No obstante, la película sigue envuelta en un halo de misterio y cumpliendo, a pesar de todo, su principal objetivo, producir miedo en el espectador.

Puede que todo el aura que rodea a ‘El exorcista’ haya hecho que se hayan exagerado un poco sus virtudes, pero estamos ante una película que se toma en serio el cine de terror. La película sigue siendo tétrica y se mantiene fresca porque tiene una especie de estilo propio que no se ha visto en ninguna otra película sobre exorcismos.

Reflexiones finales sobre crítica, gusto y autoridad

La gente normal -con esto me refiero a la que no escribe, o a la que no va al cine para escribir sobre él- sigue viendo películas pero, a la vista está, ha perdido completamente la confianza en la crítica. En cambio, es curioso, no desautorizan el criterio de una persona concreta. No irían a ver una película porque la recomiende tal diario o cual programa, pero sí porque un amigo ... les ha dicho que vale el precio de la entrada.

Un buen crítico nunca debería respetar al cineasta que tiene detrás o por encima, al menos mientras esté escribiendo sobre su película; es la mejor manera de dejarse llevar por sus emociones, por una cierta irracionalidad, y de lograr algo realmente valioso. A veces la gente se olvida de que estamos hablando de películas, no de conmutaciones de pena de muerte ni de investigación con células madre. No pasa absolutamente nada por que digas que la última película de Haneke te parece una mierda.

La pasión es enemiga del rigor, pero eso es sólo porque la pasión es rigurosa en sí misma. El estar encerrado en el mundo del Hollywood clásico no me parece contradictorio ni contraproducente. Muchos directores respetados lo están, de Garci a Todd Haynes, por no hablar de Almodóvar: a veces perjudica su cine, muchas veces lo enriquece. La diversidad nos hace más fuertes y más guapos.

Ciclo 'Mi vida en películas' l Encuentro con Carlos Boyero

Tabla: Puntos clave de El exorcista y la lectura de Boyero

Nota: la tabla sintetiza elementos recurrentes en los textos sobre la película y las posiciones críticas que se comentan en el material consultado.

  • Argumento y tema: posesión diabólica, bien vs mal, conflicto entre ciencia y fe.
  • Dirección y rodaje: William Friedkin, métodos extremos, rodaje conflictivo.
  • Actuaciones: Ellen Burstyn, Linda Blair, Jason Miller, Max von Sydow destacadas.
  • Efectos y maquillaje: diseño impactante, trabajo de Dick Smith, efectos de Marcel Vercoutere.
  • Influencia: fundadora del subgénero de posesiones; ampliamente imitada y a veces trivializada.
  • Lectura crítica (Boyero y defensores): valoración del uso de la primera persona, honestidad, estilo polémico.
  • Críticas a Boyero: lenguaje directo, repetición de fórmulas, molestar a sectores del cine.

En definitiva, tanto El exorcista como la figura de Carlos Boyero constituyen casos paradigmáticos: la película, por su estatus mítico y su capacidad para seguir inquietando; Boyero, por su estilo personal, polémico y efectivo para conectar (o enfrentarse) con públicos diversos. Ambos muestran que en el cine y en la crítica perdura la tensión entre tradición y renovación, entre rigor y pasión, entre autoridad establecida y voz singular.

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