Casas religiosas Hermanas del Amor Misericordioso en Filipinas: historia, obras y sacrificios

Como cristianos y como españoles debemos enorgullecernos. Es verdad, que allí, la obra de España quedó a medio hacer. Un siglo más y aquellas Islas serían hoy como Colombia o Perú. ¿Qué parte han tenido las Hijas de la Caridad en esta empresa misionera de España?

Influencia de las Hijas de la Caridad en la formación cristiana del pueblo filipino

En 1912 el P. Bruno Saiz, en su diligente obra «Los PP. Paúles y las Hijas de la Caridad en Filipinas» pone de manifiesto la gran influencia que las dos Congregaciones han tenido en la formación cristiana del pueblo Filipino, los unos desde sus Seminarios Clericales y las otras, desde sus importantes colegios. Su testimonio es abonado por haber pasado allí muchos años.

Hay que confesar que la instrucción de la juventud femenina era poco menos que nula, antes de la venida a Filipinas de las Hijas de la Caridad de S. Vicente. Con la venida de las Hermanas a Filipinas la instrucción de la Juventud femenina cambió de aspecto y bien puede decirse que el año de 1862 formará época en la cultura de la Mujer filipina. Ese cambio trascendental se debe a los distintos colegios que, así en Manila como en provincias, abrieron las Hermanas de la Caridad, pues fueron las primeras que regentaron colegios tal y como se ven hoy establecidos.

Con la tercera misión de los Padres Paúles y Hermanas de la Caridad vinieron en 1865, algunas religiosas dominicas españolas para establecer en el Beaterio de Santa Catalina, un colegio en toda forma. Al hablar de la escuela Municipal hemos dicho ya que Sor María Ibarra, en el siglo vizcondesa de Sto. Domingo, mujer muy ilustrada y educada en París, fue la que implantó la enseñanza en los Colegios y escuelas de Hermanas, según el método francés, entonces y aún ahora, muy común en Europa.

Las que estudiaban para maestras pasaban dos años más, perfeccionándose en las asignaturas arriba mencionadas, estudiándolas con más amplitud y ejercitándose prácticamente en el magisterio. Sucedía no pocas veces, sobre todo cuando eran pocas las Hermanas, que una sola tenía sobre sí una clase de treinta, cuarenta y más niñas, a las cuales hubiera sido imposible casi enseñar por sí sola, estudiando materias tan diversas como hemos dicho. De ahí el uso de instructoras, oficio que solían desempeñar las niñas más adelantadas del Colegio.

Para complemento de lo que vamos tratando es necesario hacer distinción entre el Colegio propiamente tal y la Escuela Normal, que solía haber en cada Colegio, aunque no con carácter oficial. Estas normalistas recibían, además de sus respectivas notas, un certificado de haber completado sus estudios en el Colegio, por si querían optar al título de maestras oficiales o como prueba de su aptitud para desempeñar el magisterio en sus respectivos pueblos, aunque sin título oficial.

Cuatro eran propiamente, durante la dominación española, los colegios que en Manila regentaban las Hermanas de la Caridad: Santa Isabel, Santa Rosa, La Concordia y la Escuela Municipal. En Provincias tenían otros: En Jaro, Cebú y Nueva Cáceres, en cuyo último punto había, además del Colegio, una escuela Normal Oficial de Maestras, que fue la única para niñas desde 1875 hasta 1895, en que vinieron las Religiosas Asuncionistas. Dirigían además la escuela de Cavite, asilo-colegio de Loobán y el Hospicio, en cuyos establecimientos se estudiaba, aunque no con la misma amplitud, casi lo mismo que en los Colegios.

Por lo anteriormente expuesto se verá la magna labor llevada a cabo y sin mucho ruido por las Hijas de S. Vicente en pro de la mujer filipina, pudiéndose sentar la siguiente conclusión; a saber que la mayor o menor ilustración de la mujer filipina es debida, en su mayor parte, a las Hermanas de la Caridad, pues si bien es cierto que por sí mismas no han educado sino a unas 38.000, téngase presente, que, además de las 1100 maestras que, al salir del Colegio ejercieron oficialmente el magisterio, hicieron lo propio, según nuestros informes, mas de 1500 de las otras, en sus respectivos pueblos.

«En Filipinas, dice el folleto, tienen las Hermanas de la Caridad 12 establecimientos, a saber: 4 Hospitales, 2 Asilos, (Loboán y el Hospicio), 6 Colegios y 7 escuelas (6 anejas a los Colegios y la Municipal de Manila). La instrucción y enseñanza de la mujer en Filipinas comenzó por las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Paúl». Casi todas las maestras que hay en la actualidad en todos los pueblos de Filipinas, han salido de los Colegios regentados por las Hijas de la Caridad de S.

Hay no pocas niñas pobres o huérfanas salidas de los Colegios , las cuales deben su educación completamente gratuíta a la caridad de las Hijas de San Vicente, pues, siendo los pobres su gloriosa herencia, juzgaron un deber admitir entre las pensionistas, algunas pobres agraciadas. Ordinariamente suelen ser un 10 por ciento. El número total de educandas pobres que han recibido instrucción y alimentación gratuíta asciende a unas tres mil.

En conformidad con este espíritu de Caridad, han tenido siempre abiertas en los Colegios sendas escuelas externas para las niñas de la población o vecindad, casi todas completamente gratuítas; y en algunas, como en la Concordia, no contentas con esto las Hijas de S. Vicente, vienen dándoles, asimismo comida diaria y esto por espacio de más de cuarenta años. Todo esto han hecho y vienen haciendo las Hijas del gran Vicente por Dios y por la juventud de Filipinas.

Colegio de las Hijas de la Caridad en Manila, fotografía histórica

Discurso del Sr. Obispo de Nueva Cáceres

Ellas han revelado nociones nada vulgares en Religión, en la Historia Sagrada y en la especial de nuestra patria, en economía e higiene doméstica, en geografía, pedagogía y métodos de enseñanza, en una palabra, no tan sólo elemental sino también superior y muy cumplida. Además de presentar labores de mano de un trabajo exquisito y acabado.

De modo que es un hecho felizmente consumado, que unas jóvenes indígenas, ayer tan atadas e ignorantes, hablan hoy español, visten con sencillez y modestia, han adquirido formas cultas, han observado una conducta intachable y reúnen condiciones para llevar la elevada misión para que han sido llamadas. No sólo saben lo necesario sino que tienen muchos conocimientos de adorno, y aun si se quiere de lujo. Ahí están.

Verdad es que para trasformar de esta manera a estas jóvenes indígenas, han sido imprescindibles prodigios de un celo ingenioso y tolerante; de una constancia paciente, de una abnegación constante, de una vocación sublime. Los Señores de la Junta encuentran muy sencillo y natural este desenlace satisfactorio, porque, en la inspección mensual, en los exámenes trimestrales y en los generales de los cursos pasados han ido viendo y palpando los progresos y aplicación de esas jóvenes y el excelente método y constante desvelo de las Hermanas maestras.

Las Hijas de la Caridad en los hospitales y obras de beneficencia

El verdadero campo, donde ha obrado y obra prodigios la Hija de S. Ahí están, como testimonio elocuente, los cinco Hospitales de Manila, Cavite y Cebú, los que por espacio de muchos años han estado servidos por las Hijas de S. Vicente. Miles de enfermos han salido de esos Hospitales bendiciendo, llenos de gratitud, su nombre.

Pero no sólo se ha extendido su caridad a los enfermos de los Hospitales, hable por nosotros el Hospicio de S. José de Manila, en donde miles de seres necesitados, huérfa­nos, ancianos, pobres dementes, niños expósitos y jóvenes delincuentes son asistidos, tantos años ha, por su solicitud maternal. Hablen por nosotros los Asilos de Looban y Cebú, a cargo y cuenta de las mismas Hermanas.

Una de las cosas que más llaman la atención de toda clase de personas que visitan los Establecimientos de caridad es ver la alegría con que hace ya treinta o cuarenta años vienen sirviendo muchas Hermanas a los pobres, casi siempre en el mismo oficio. Entrad en el Hospital de S. Juan de Dios y en el Hospicio de S. José y os encontraréis con venerables ancianas tan alegres y contentas hoy, como hace cuarenta años, cuando empezaron a servir a los pobres y enfermos.

Sumidas en la oscuridad de su ministerio y desconocidas de los hombres, han pasado todo ese tiempo consagradas en cuerpo y alma al bien de sus semejantes. Más aún; no sólo en los Hospitales y establecimientos de beneficencia han desplegado su caridad, sino también en las grandes calamidades con que ha visitado el Señor a Filipinas, en estos cincuenta años.

Listado de establecimientos (extracto)

  • Colegio de la Inmaculada Concepción, Concordia.
  • Colegio de Santa Isabel.
  • Colegio de San Vicente de Paúl.
  • Asilo Loobán.
  • Hospicio de San José.
  • Hospital de San Juan de Dios.
  • Colegio del Sagrado Corazón.
  • Colegio de San José. Iloilo.
  • Asilo de Santa Luisa de Marillac. Molo.
  • Colegio de la Milagrosa. Sorsogon.
Hospicio de San José, Manila - interior histórico

Sus fundaciones y expansión docente hasta 1941

En 1904 volvieron las Hermanas a encargarse del Colegio de Lingayen, y en 1911 extendieron su radio de acción docente al Colegio de Santa Rita de Pampanga. En enero de 1890 la Provincia del Sto. ... En 1904 volvieron las Hermanas a encargarse del Colegio de Lingayen, y en 1911 extendieron su radio de acción docente al Colegio de Santa Rita de Pampanga.

Nuestra Familia religiosa se compone de dos Congrega­ciones, la de las Esaclavas del Amor Misericordioso y la de los Hijos del Amor Misericordioso, con una autono­mía interdependiente, en la que “una relación respetuosa, propia de una familia distinguida, entre hermanos y her­manas que se aman en el Señor, constituye una magnífica oportunidad para un mejor desarrollo de la madurez afectiva, para una mayor eficacia apostólica, pues de esta manera es mucho más completo el testimonio, al abarcar los aspectos masculinos y femeninos”.

La única Familia y las dos Congregaciones, posterior­mente, se van estructurando en seis formas de pertenen­cia que la Madre Fundadora llamaba “ramas”. Su fundación se remonta al año 1696, cuando un grupo de devotas mujeres pertenecientes a la Tercera Orden secular de Sto. Domingo comenzaron a vivir en comunidad bajo una Regla y Constituciones propias.

La invasión japonesa en Filipinas y las pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial

No hay para que relatar aquí los horribles padecimientos del pueblo Filipino durante la guerra. A los Hijos e Hijas de San Vicente les tocó una parte muy dolorosa. Manila está en ruinas con todas nuestras obras, así como las demás islas y provincias del archipiélago.

De las dieciocho casas de la Viceprovincia sólo quedan cuatro en pie, aunque con sus correspondientes desperfectos; las demás, en total trece, duermen en sus propias ruinas o cenizas. Seis Colegios, dos Asilos, dos Escuelas Parroquiales, el Hospicio de San José, el Hospital de San Juan de Dios y la Casa de Salud de Baguio. Todo perfectamente equipado en muebles, ropas, librerías, Capillas, laboratorios, música, vehículos juegos. etc.

Los Padres han perdido todos los Seminarios y la Casa y parroquia de San Marcelino, donde fueron vilmente asesinados por los japoneses diez Padres y cinco Hermanos. De nuestras Hermanas han muerto tres, víctimas de los bombardeos, una en Manila y dos en Baguio. Puede V. suponer las horas de angustia que hemos pasado viendo desaparecer en pocos momentos el trabajo de ochenta y tres años.

Sin embargo, todo se ha ofrecido al Señor con generosidad y grandeza de ánimo, en la confianza de que tantos sacrificios estarán escritos en el cielo. Lo más doloroso ha sido perder a nuestros queridos Padres y Hermanas. Nunca podremos olvidarlos, sobre todo a aquel santo Padre Tejada, tan abnegado, tan prudente y bueno, sentido por todos, particularmente por el Sr. Obispo, que según sus mismas palabras, ha perdido al mejor y más prudente consejero.

Ahora vivimos cada casa en sus ruinas o en casas prestadas, de lo poco que en Manila ha quedado libre de la destrucción, pero todas trabajan. Estamos poniendo techos de nipa o cogón, plantas tropicales que nos defienden del sol abrasador y de la lluvia. Así hemos empezado el curso, sin libros ni material de escuela, hasta que pueda venir de América.

Movimiento misionero y presencia internacional

A estas primeras dominicas españolas de la misión de China, cuyos nombres no constan en la relación del P. Torres, siguieron otras tres del Beaterio de Manila, las cuales llegaron a China en enero de 1888 para dirigir la Santa Infancia de Aupoa, en el sur de la provincia de Fokién. Volveremos, desde luego, hilvanar el hilo de la historia del Beaterio y de las misiones de China, Foochow, Amoy, Aupoa, y otros lugares de misión cuando tengamos que acompañar a las Misioneras de Sto. Domingo, a fines de siglo XIX, por los caminos trazados por las precursoras.

En el Junio de 1940 llegaba a la India con Sor Magdalena Villanueva. Cuatro meses antes habían llegado otras cuatro Hijas de la Caridad de España. Sor. Ana Ximenez, superiora de la Comunidad, en la India. Trabajó bien. Enseguida comenzó la promoción de las vocaciones indias para su Compañía. Gracias a la colaboración de sus conocidos en Filipinas, fundo enseguida una casa Cuna en Gopalpore.

Datos resumidos de presencia y obras

  1. Educación: más de 38.000 educandas atendidas directamente; alrededor de 1100 maestras tituladas salidas de sus colegios y más de 1500 maestras ejercientes sin título oficial pero formadas.
  2. Establecimientos (según fuentes antiguas): 4 hospitales, 2 asilos, 6 colegios y 7 escuelas en Filipinas.
  3. Acciones sociales: hospicios, asilos, atención a huérfanos, ancianos, dementes y jóvenes en conflicto con la ley.
  4. Resiliencia: reconstrucción y reinicio de actividades tras la guerra, pese a pérdidas humanas y materiales.

Todo lo aquí expuesto muestra una labor constante y polifacética: desde la formación docente y cultural de la mujer filipina hasta la atención hospitalaria y asistencial, pasando por la entrega heroica en tiempos de guerra. Las Hijas de la Caridad, junto con otras congregaciones, dejaron una huella indeleble en la vida social y religiosa del archipiélago.

Mapa histórico: localización de colegios y hospitales de las Hijas de la Caridad en Filipinas

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