En el pasaje de hoy del Sermón de la Montaña (Mt 5,17-37) Jesús afirma claramente: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Con estas palabras Mateo presenta a Jesús como continuador y cumplimiento de la herencia de Israel, no como su adversario. El evangelista recuerda que Jesús asume la Ley y revela su sentido más pleno, desplazando el centro desde la letra hacia la raíz moral y espiritual que la Ley pretende cultivar.
La Ley: continuidad y cumplimiento
Las primeras comunidades cristianas procedentes del judaísmo, a las que se dirige Mateo, tienen la experiencia de haber vivido siempre buscando cumplir la Ley. Esa Ley que liberó al pueblo en tiempos de Moisés pero que en tiempos de Jesús se ha convertido en un montón de preceptos, 613 prescripciones que había que cumplir escrupulosamente o encontrar una justificación para saltárselos “quedando bien”. Jesús ha recibido del Padre la misión (= he venido), no a derogar la Ley sino «a dar plenitud».
Para no excedernos en las comparaciones entre la ley antigua y la novedad de Jesús nos fijamos en el Decálogo, los diez mandamientos, principios fundamentales de la moral y la ética en la tradición judeocristiana. Bien entendidos, en lugar de oprimir a la criatura, son un camino de libertad. Jesús no rompe con la herencia de Israel, sino que la asume y revela su sentido pleno.

De la letra a la raíz: las antítesis del Sermón
En la segunda parte del texto aparecen cuatro antítesis, en las que Jesús retoma mandamientos bíblicos con la fórmula «Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…», y revela su sentido más profundo. La primera antítesis, referida al quinto mandamiento, muestra que no basta con evitar la muerte del hermano, sino que es necesario cultivar una relación fraterna auténtica con él. La segunda y la tercera se refieren al adulterio y al repudio; la cuarta trata del uso de la palabra y los juramentos.
- “No matarás”: Jesús amplía el mandato indicando que la cólera y el desprecio hacia el hermano son ya formas de violencia moral: “todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado… y si uno llama a su hermano ‘imbécil’… merece la condena de la gehenna del fuego”.
- Reconciliación antes de la ofrenda: “si cuando vas a presentar tu ofrenda… te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda… y vete primero a reconciliarte con tu hermano”. El altar queda subordinado a la comunión fraterna.
- “No cometerás adulterio”: Jesús se fija en la intención del corazón: “todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”.
- Divorcio y repudio: al criticar el acta de repudio que dejaba a la mujer desamparada, Jesús protege a quienes quedaban sin posibilidades de vida digna y reclama la fidelidad como conservación del proyecto de Dios.
- Juramentos: Jesús invita a la verdad simple y sin ostentaciones: “no juréis en absoluto… Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no”.
Justicia: otra clave del mensaje
El evangelio introduce la noción de justicia con una afirmación sorprendente: “si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Esta afirmación descubre que Jesús no habla de un cumplimiento formal y multitudinario de preceptos, deshumanizados y lejos del corazón. La justicia verdadera no es simplemente observar reglas externas, sino vivir con referencia a Dios y al prójimo: “Principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente”.
Si la Ley cala en el corazón, lo que pensemos, digamos o hagamos será sincero, auténtico y expresión del amor, el perdón y la comprensión. La justicia mayor que la de escribas y fariseos no consiste en multiplicar preceptos, sino en dejar que la Ley se inscriba en el corazón.

Interioridad y transformación
Jesús interioriza la Ley: “No matarás” alcanza su raíz en la cólera; el desprecio verbal es ya una forma germinal de violencia. La reconciliación precede al culto. Lo mismo sucede con el mandamiento sobre el adulterio: la mirada codiciosa revela que el pecado comienza en la intención. Cristo desplaza el centro desde el acto visible hacia la interioridad. No se trata de una moral de vigilancia obsesiva, sino de una pedagogía de la pureza del corazón.
El lenguaje hiperbólico -“arráncate el ojo”, “córtate la mano”- subraya la urgencia de cortar con aquello que conduce al pecado. En la cuestión del repudio, Jesús remite al designio original de Dios: la concesión mosaica aparece como tolerancia ante la dureza del corazón; la proclamación de la fidelidad ahora se presenta como expresión del amor auténtico.
Implicaciones éticas y comunitarias
En tiempos de Jesús, las escuelas rabínicas de marcado acento farisaico favorecían una interpretación excesivamente legalista y casuística de la Ley. De ahí que la pregunta de cómo se justifica la criatura ante Dios tuviera respuesta en la observancia escrupulosa de la ley y la tradición. Jesús propone, en cambio, que el seguimiento del Señor sea un camino de libertad: “Si quieres, guardarás los mandamientos”.
La exhortación evangélica tiene un alcance social y eclesial: Jesús advierte contra actitudes que dañan a otros y fracturan la comunión. En nuestra sociedad contemporánea se observa un crecimiento de la agresividad verbal y una facilidad de injuriar o despreciar. El Papa ha lamentado cómo en algunas comunidades cristianas se permiten celos, calumnias y persecuciones, conductas que impiden evangelizar. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?
Reconciliación y verdad
El evangelio exige coherencia: no hay verdadera ofrenda si no hay reconciliación; no hay palabra verdadera si se apoya en juramentos frívolos. Jesús nos invita a amar la verdad, a vivir en verdad y a decir la verdad. Simplemente, sencillamente… lo demás no es del Reino. Acojamos esta invitación a dar plenitud a la Ley en nuestra vida.

Lecturas que iluminan
La segunda lectura (1 Cor 2, 6-10) recuerda que la sabiduría de Dios no es la de este mundo; la transformación interior que propone Cristo solo puede comprenderse desde la acción del Espíritu. La primera lectura del Sirácida (o del Eclesiástico) subraya que guardar los mandamientos no es una carga insoportable sino el verdadero camino hacia la vida plena. Jeremías contrapone la insensatez de quien confía en sus fuerzas con la sensatez de quien confía en el Señor, ofreciendo la imagen del árbol plantado junto al agua.
Preguntas para la reflexión personal y comunitaria
- ¿Desde dónde hago lo que “tengo que hacer”: desde la rutina, la costumbre o desde el corazón?
- ¿Qué relación tienes con la ley: la saltas cuando puedes, la cumples a regañadientes o vives desde la verdad del mandato?
- ¿A cuántas personas damos “acta de divorcio” hoy al desentendernos de ellas social o emocionalmente?
- ¿Qué valor real damos a la verdad en el hablar cotidiano: preferimos juramentos, escudos verbales o un sencillo “sí” y “no”?
Si vivimos profundamente la Palabra de Dios, si su Ley cala directamente en nuestro corazón, lo que pensemos, digamos o hagamos será sincero y será expresión del amor. Sólo así el vivir los mandamientos nos acercará a Dios y nos hará felices.
MAS ALLA DE LA LEY | Evangelio Aplicado (SAN MATEO 5, 17-37) - SALVADOR GOMEZ
Tabla resumen: Antítesis y su aplicación
Resumen práctico
- No matarás → Erradicar la cólera, el desprecio y la injuria; promover la reconciliación.
- No cometerás adulterio → Vigilar la intención del corazón; practicar la pureza interior.
- Repudio → Defender la dignidad y la protección de los vulnerables; proclamar la fidelidad.
- No jurar en falso → Vivir la verdad sin artificios; que la palabra sea confiable: sí/ no.

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