Las encíclicas papales son cartas solemnes sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica que el Papa dirige a los obispos y fieles católicos de todo el mundo. Su origen se encuentra en las epístolas del Nuevo Testamento, consideradas como documentos más importantes escritos por los Pontífices. Una encíclica fue originariamente una carta circular enviada a todas las iglesias de una zona en la antigua iglesia cristiana. En ese momento, la palabra puede ser usada para una carta enviada por cualquier obispo a sus fieles.
Etimología y naturaleza
La palabra proviene del latín encyclia y del griego ἐγκύκλιος («enkyklios») que significa ‘envolver en círculo’, que es también el origen de la palabra «enciclopedia». La palabra “encíclica” viene de un término griego, enkýklios, que significa “circular”, “que da vueltas”.
Para la Iglesia católica una encíclica papal es, en el sentido más estricto, una carta (generalmente sobre algún aspecto de la doctrina católica) enviada por el papa y dirigida por este a los obispos católicos de un área en particular o, más frecuentemente, a los obispos del mundo. Sin embargo, la forma de la dirección puede variar ampliamente, y a menudo se designa a un público más amplio.
Finalidad y autoridad
Las encíclicas tienen una finalidad pastoral, a través de ellas los papas ejercen su munus docente (oficio docente), proporcionan siempre orientaciones para la acción de los católicos, en ocasiones denuncian "alguna forma frecuente de error, señalan los peligros que amenazan la fe o la moral, exhortan a los fieles a la constancia o prescriben remedios para los males previstos o ya existentes, pero también son frecuentes aquellas otras que exponen una devoción que desea difundir u orientar.
En el catolicismo, en los últimos tiempos, una encíclica se utiliza generalmente para cuestiones importantes, y es el segundo documento más relevante emitido por los papas, después de la Constitución Apostólica. Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: “El que a vosotros oye, a Mí me oye.” (Lc 10, 16); y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya -por otras razones- al patrimonio de la doctrina católica.
Forma y evolución histórica
Las encíclicas papales suelen adoptar la forma de un breve del papa debido a su carácter más personal en oposición a la bula papal formal. Las encíclicas papales son tan famosas que el término encíclica se usa casi exclusivamente para las enviadas por el papa.
Estas cartas, como lo que son, llevan la firma de cada papa que las escribe. Durante siglos, estos escritos mantuvieron este carácter de cartas pastorales, destinadas a comunidades específicas, a menudo abordando cuestiones internas de la Iglesia. Pero fue en el siglo XVIII cuando empezaron a adquirir el perfil que conocemos hoy. Benedicto XIV utilizó este tipo de documentos para tocar asuntos que consideraba de interés más amplio, aunque aún dentro de los límites de la Iglesia. La primera carta considerada oficialmente como tal fue Ubi Primum, firmada el 3 de diciembre de 1740.
Fue en el siglo XIX, con León XIII, que estas cartas se convirtieron en una herramienta poderosa para hablar del mundo moderno. Con cada papa, la voz de la Iglesia adopta un nuevo tono, un enfoque distinto. Cada papa pone su sello, su tono, su manera de ver las cosas. El lenguaje de estas reflexiones también ha ido cambiando, volviéndose más accesible con el tiempo.
Clasificación y tipos
- Encíclicas Doctrinales
- Encíclicas Exhortatorias
- Encíclicas Disciplinares
Hay varios tipos de encíclicas en función según los temas de que traten. Algunas de estas finalidades pueden alcanzarse con otro tipo de documento pontificio: por ejemplo mediante una carta apostólica; o bien exponerlo mediante un discurso, etc. Sin embargo, la denominación «encíclica» no siempre denota tal grado de importancia. Los archivos de la página web de la Santa Sede actualmente tienden a clasificar ciertas encíclicas como "Exhortaciones Apostólicas".
Encíclicas sociales y su impacto
En 1891, León XIII publicó Rerum Novarum, un texto que miró de frente la realidad de los trabajadores, la explotación, y el papel de la Iglesia ante los cambios provocados por la Revolución Industrial. Desde Rerum Novarum, estos documentos han seguido cambiando, reflejando los problemas de cada época y la manera en que la Iglesia trata de enfrentarlos.
Sobre cuestiones sociales, papa León XIII promulgó la Rerum Novarum (1891), que fue seguida por la Quadragesimo anno (1931) de Pío XI, y la Centesimus annus (1991), de Juan Pablo II. Tiempos de explotación laboral a los obreros que finalmente la iglesia se justificó, con un documento que la llamarían luego como la Carta Magna del Trabajo, en el que abordaba la situación de la clase obrera, de lado de la justicia y los trabajadores; llamaba a que las clases sociales bipolares e irreconciliables, Estado, Iglesia y Obreros trabajaran todos juntos.
La encíclica Populorum progressio (1967) de Pablo VI se destaca por subrayar que «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.» Pablo VI definió al desarrollo como “el nuevo nombre de la paz”.
Al cumplirse 20 años de la publicación de Populorum progressio, Juan Pablo II incorporó a su mensaje original el riesgo que presentó la dimensión financiera que ha imperado en el capitalismo de fines del siglo XX. En particular, de cómo es necesaria una ética al respecto para promover un desarrollo inclusivo. Benedicto XVI hace su magistral actualización en 2007 poniendo énfasis en la caridad como factor determinante del desarrollo.
Encíclicas sobre paz, guerra y moral
Juan XXIII, en medio de la Guerra Fría, escribió Pacem in Terris en 1963, un mensaje de paz mundial que no se dirigía solo a los fieles, sino a “todos los hombres de buena voluntad”. Era una propuesta para un mundo al borde del abismo nuclear, que buscaba tender puentes cuando muchos pensaban en levantar muros.
Sobre la cuestión del control de la natalidad y la anticoncepción, papa Pío XI emitió la Encíclica Casti connubii; papa Pío XII, mientras que dio un discurso a las comadronas y la profesión médica, la clarificación de la posición de la Iglesia sobre la cuestión. Papa Pablo VI publicó una encíclica Humanae Vitae sobre el mismo tema. A veces, chocan con el espíritu de la época, como le ocurrió a Humanae Vitae, que generó gran controversia en medio de la revolución sexual.
Encíclicas contemporáneas destacadas
León XIII escribió 86 encíclicas, uno de ellas, Rerum Novarum, la primera gran encíclica social en 1891. Le siguen Pío XII (1939-1958), con un 41, Pío XI (1922-1939) que redactó 30, y Juan XXIII (1958-1963) que presentó ocho. Anteriormente, Juan Pablo II había publicado catorce encíclicas. La primera de ellas fue en 1979 bajo el nombre de «Redemptor hominis». En ella trazó los principios de su ministerio papal.
Francisco dictó dos encíclicas importantes: Lumen Fidei y Laudato Si’. Laudato Si’, subtitulada «Alabado seas», se refiere al daño provocado al ambiente a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes, tomado como si fuéramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La encíclica Laudato si’, mi’ Signore» - «Alabado seas, mi Señor», cantaba su cántico San Francisco de Asís.
La encíclica «Pacem in terris» de Juan XXIII invitaba a la paz entre todas las naciones y condenaba la carrera armamentista, mientras imperaba la llamada Guerra Fría. La encíclica más política y social del papa Francisco no habla específicamente de la problemática del subdesarrollo pero sí hace una férrea crítica al modelo económico vigente.
Estructura y estilo
El nombre de cada carta sigue una tradición curiosa: se titulan con sus primeras palabras. Cada una de estas reflexiones está escrita con el cuidado de quien sabe que sus palabras pueden tener consecuencias importantes. Están llenas de citas bíblicas, referencias a los primeros pensadores de la Iglesia y a otros textos de papas anteriores. Primero, el papa cuenta por qué escribe, qué le preocupa. La estructura típica incluye una introducción, donde el papa presenta el contexto y motivo de la carta; un desarrollo central, en el que analiza y argumenta los temas principales; y una conclusión, donde se ofrecen sugerencias pastorales y se reafirma la invitación a reflexionar y actuar desde la fe.
Recepción y debates
Estas cartas no son dogmas. No son declaraciones absolutas ni infalibles, como lo sería una proclamación “ex cathedra”. Forman parte del magisterio ordinario de la Iglesia, que es la enseñanza regular del papa sobre fe y moral. Esto no quiere decir que carezcan de peso o que puedan ser ignoradas por los fieles. Al tocar temas de actualidad, al proponer ideas que afectan la vida cotidiana, suelen ser objeto de debate y de análisis, dentro y fuera de la Iglesia. Esto les da una vida particular. Porque, más allá de las reacciones que provocan, lo cierto es que buscan abrir una conversación.
Las encíclicas son, esencialmente, cartas papales que viajan mucho más allá de los límites del Vaticano. Son mensajes que, con el tiempo, han ido ganando fuerza, una fuerza que en sus primeros días tal vez nadie se hubiera imaginado. Eran tiempos en que no existían los medios rápidos, así que estas cartas iban de mano en mano, cruzaban caminos polvorientos y llegaban a las primeras comunidades dispersas, que esperaban con ansias noticias desde Roma.

Alcance cultural y académico
Las encíclicas brindan la interpretación de la Iglesia sobre problemas sociales de cada tiempo a la luz de los evangelios. La Iglesia católica tiene una larga historia de compromiso con el desarrollo, entendiendo este concepto no solo como crecimiento económico, sino como un desarrollo integral que incluye aspectos sociales, espirituales y culturales.
La encíclica Populorum progressio señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo.
Aspectos económicos y éticos tratados
- Crítica al liberalismo sin freno que considera el lucro como motor esencial del progreso económico.
- Denuncia de mecanismos económicos y financieros que refuerzan desigualdades entre naciones.
- Necesidad de una ética en las finanzas y de políticas que promuevan el bien común.
- El desarrollo como proceso integral que incluye dimensiones culturales y trascendentes.
La encíclica de Pablo VI advierte que las naciones altamente industrializadas exportan productos elaborados, mientras que las economías poco desarrolladas no tienen para vender más que productos agrícolas y materias primas; de ahí provienen grandes dificultades cuando han de contar con sus exportaciones para equilibrar su economía y realizar su plan de desarrollo.
Fuentes y colecciones
Colección completa de encíclicas pontificias 1830-1950: preparada por las Facultades de Filosofía y Teología de San Miguel. Marquez, P. Gabino (1949). Las encíclicas al alcance de todos (4 edición). Spadaccino, Arnaldo (1967). Las Encíclicas para un nuevo tiempo. Colección Diálogo (1). Guerrero, Fernando (ed.) 1991, El magisterio pontificio contemporáneo. Colección de encíclicas de documentos desde León XIII a Juan Pablo II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.
Las encíclicas son, en definitiva, instrumentos con alcance teológico, pastoral y social; son enseñanzas del Magisterio ordinario que ofrecen orientaciones para la acción de los católicos y, en muchas ocasiones, dialogan con la sociedad civil para proponer caminos de justicia, paz y desarrollo integral.
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