Qué es el credo de los monaguillos y su relación con el vino

Los monaguillos han sido protagonistas discretos y esenciales de la vida parroquial: pies y manos de los curas, lazarillos de sacristía que conocían todos los secretos de su parroquia y casi todas las debilidades de los que la habitaban. El ministerio de monaguillos o acólitos es una oportunidad para cualquier adolescente o adulto joven que los servidores del altar ha recibido la primera confesión y la Santa Comunión. La función principal del Altar Server es para ayudar al sacerdote en la celebración de la liturgia durante la misa.

El "credo" práctico de los monaguillos: memoria, servicio y pequeñas transgresiones

Los monaguillos eran la memoria de los sacerdotes: “Niño, ¿dónde me he dejado la llave del arcón?”, y allí estaba el acolitillo para rescatar la llave perdida o para recordarle al clérigo que el vino se estaba terminando. Conocíamos los monaguillos mejor que nadie los entresijos ceremoniales de las misas y sus prolegómenos de sacristía. Ayudar al cura a vestirse para las funciones religiosas era tarea reservada a los veteranos del escalafón. Había que saber diferenciar colores para cada tiempo litúrgico y prendas para cada ceremonia: amitos, albas, cíngulos, casullas, roquetes, estolas, manípulos… y conocer el orden de su colocación.

Había monaguillos vocacionales, niños con cara de curas que desde el colegio ya se intuía que iban a ser carne de seminario. Pero dentro del gremio había también auténticos granujas que se iban transformando en santos cuando se enfundaban la sotana y el roquete. Uno podía ser un golfo de prestigio dentro de su pandilla callejera, pero cuando te vestías de monaguillo tenías que aprender a poner cara de bueno, lo mismo que aprendías a comportarte cuando jugabas en la puerta de la iglesia, dentro de la jurisdicción de los sacerdotes.

Anecdotario: humanidad y picardía en la sacristía

Los monaguillos conocían todos los rincones de la iglesias y entraban en la vida íntima de los curas más allá del templo. Si el sacerdote necesitaba un recadero solía echar mano de los niños con los que ya tenía confianza porque eran ellos los que le ayudaban a vestirse en la intimidad de la sacristía, y eran ellos, los monaguillos, los que sabían si al clérigo le gustaba un vaso de más o roncaba en la siesta. Fui monaguillo de repiques, de ayudantía y de trastienda, que en gajes eclesiásticos recibe el nombre de sacristía. No figuraba yo en la nómina de los doce duros al mes que el cura estipendiaba a los fijos, sino en el ramo de aficionados y en cierto deber moral que nos comprometía a los seminaristas.

Nos distraíamos mi amigo Francisco y yo, a falta de ocupaciones más complejas, viendo como sacaba la lengua cada uno de los comulgantes. Había una mujer con un ojo de cristal que nos provocaba la risa cada vez que acudía. El cura, que ya conocía nuestra debilidad, nos miraba con el rabillo del ojo a los dos cuando la buena mujer se acercaba en la fila, no sé si advirtiéndonos para que nos contuviéramos o siendo cómplice de nuestro regocijo.

El vino en la vida parroquial: más allá de la Eucaristía

Porque también hubo un tiempo en el que el vino era algo más que la sangre de Cristo y formaba parte de la vida diaria de las parroquias y de las misas de los domingos. El vino ha desempeñado un papel importante en la historia de la Iglesia desde sus primeros días. Desde tiempos bíblicos, el vino ha sido considerado como un símbolo sagrado de la fe cristiana. Jesús transformó el agua en vino en las bodas de Caná, y compartió el vino con sus discípulos durante la Última Cena.

En la religión cristiana el vino juega un papel muy importante, siguiendo la tradición judaica, pero intensificando su función dentro de la liturgia cristiana. La metáfora del vino como sangre de Cristo, preside el ritual de la misa, y esta imagen va a crear representaciones artísticas de todo tipo. Según el Concilio de Trento (1545-1563), la Eucaristía debe ser celebrada con pan y vino, que simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo, respectivamente. El vino utilizado en la Eucaristía debe ser fermentado, puro y natural.

Sacristía con garrafas de vino y objetos litúrgicos

El vino como tentación y consuelo: relatos desde la sacristía

En las tardes de verano, a esa hora en la que el templo estaba todavía vacío, al cura le gustaba sentarse en una butaca junto a la puerta que comunicaba la sacristía con el patio. Era un lugar sombrío, abierto a la suave corriente de aire que entraba del patio, un auténtico paraíso a la hora de la siesta, donde el bueno de don Francisco no tardaba en quedarse dormido. En esos momentos aparecían los monaguillos para sacarle del bolsillo de la sotana la llave del cofre donde escondía el caldo sagrado y celebrar su pequeño festín aprovechando el sueño del burlado.

No era un vino cualquiera, aquel vino de la Catedral era un dulce abocado que traían de la bodega Montenegro, que en el paladar de los niños se convertía en un regalo de Dios. Don Francisco Sánchez Egea mantenía una batalla permanente con los monaguillos cada vez que descubría que la capacidad de la garrafa había disminuido de forma sospechosa. Don Francisco era muy exigente para el vino y si alguna semana lo compraban sin su permiso en otro sitio que no fuera el Montenegro, el cura montaba en cólera y se ponía de mal humor. “Ya habéis traído vino de misa”, decía.

Un secreto de sacristía era el lugar donde se guardaba el vino para la consagración. Estaba bajo llave en uno de los armarios. Sólo el sacristán era el encargado de llenar las vinajeras. Un día, bastante tiempo antes de empezar la misa, tuve que ir, mandado por el cura, a llevar algo y sorprendí al sacristán dándole un trinque a la botella. Como no había explicación posible que justificara la libación, me ofreció como una especie de chantaje y complicidad probar el fruto de la vid de la botella que aún tenía en sus manos.

Vino, liturgia e historia: perspectivas académicas

En la Biblia se cita el vino, su cultivo, elaboración y consumo más de 150 veces. La vid en ese libro sagrado hace referencia a la Tierra Prometida, al ser un cultivo plurianual y continuado que precisa de población estable e instalada. El consumo de vino en las fiestas hebreas va acompañado de bendiciones rituales al comienzo de cada comida y sobre todo en la cena del Sabat.

En un artículo publicado en la revista International Journal of Humanities and Social Science Research, titulado «Wine in the History of the Church», se destaca la relación entre la Iglesia y la producción de vino en Europa, en donde la mayoría de los viñedos históricos se encuentran en terrenos eclesiásticos. El autor señala que el vino ha sido utilizado no solo en la liturgia, sino también en la vida monástica. En la Edad Media, muchos monasterios producían su propio vino para su uso y para la venta, lo que era una fuente de ingresos.

En otro estudio, Andrew McGowan destaca la importancia del vino en la Eucaristía en los primeros siglos del cristianismo. Timothy O’Malley, en «The Wine in Catholic Liturgy: A Brief History», analiza la importancia del vino en la liturgia católica a lo largo de la historia y recuerda que su importancia ha sido reconocida por los concilios y las enseñanzas de la Iglesia. En una publicación más reciente, el sommelier Matthew Horkey explora la relación entre el vino y la religión en diferentes culturas y tradiciones.

Controversias y normas

El uso del vino en la liturgia ha sido objeto de controversia a lo largo de la historia. Se han producido debates sobre el uso del vino en la Eucaristía y su consumo por parte de los sacerdotes. Algunos grupos religiosos consideraban que el consumo de alcohol era inapropiado y contrario a la moralidad cristiana. En respuesta, la Iglesia defendió el uso del vino en la Eucaristía y su consumo por parte de los sacerdotes como una parte legítima de la liturgia.

Del altar al viñedo: historias de monaguillos emprendedores

La relación entre monaguillos y vino no queda solo en anécdotas: hay casos en los que la figura del monaguillo se integra en nombres y proyectos vitivinícolas. La bodega Crego e Monaguillo es un ejemplo de éxito de emprendimiento en el rural y un referente de la calidad de los vinos gallegos: pasaron de elaborar 8.000 botellas en 2003 a cerca de 1 millón en 2016, dando trabajo permanente a 14 personas en la comarca de Monterrei.

El mismo compromiso que inspiró a uno de sus fundadores: el padre paúl Ernesto Atanes, capellán de la comunidad gallega y española en Londres durante 43 años, que quiso hacer algo por su aldea natal, A Salgueira. A comienzos del 2000 le echó una mano a su ahijado, Ernesto Rodríguez “Tito”, que también hacía de monaguillo cuando oficiaba en la aldea durante sus visitas. La bodega se creó en 2002, si bien es cierto que la primera cosecha salió al mercado en 2003.

Bodega Crego e Monaguillo: viñedos en Monterrei

Estrategia, variedades y mercado

A comienzos del 2000 estaba realizándose la reestructuración de los viñedos en la comarca de Monterrei, sustituyendo los viejos “bacelos” por nuevas plantaciones con variedades autóctonas. Monterrei fue al inicio conocida por sus vinos blancos, sobre todo el Godello, pero su mayor potencial, según sus productores, estaría en las variedades tintas: Sousón, Caiño Tinto o Brancellao. En la actualidad tienen como variedad principal en blancos la Godello y en tintos la Mencía.

Los dos vinos estrella de la marca son Crego e Monaguillo Godello, que lleva un pequeño porcentaje de Treixadura, y Crego e Monaguillo Mencía, que lleva algo de Araúxa. También elaboraron un blanco monovarietal de Dona Branca procedente de cepas viejas y un tinto que privilegia Sousón, con algo de Caiño y Brancellao.

Desafíos y visión a largo plazo

Como cualquier empresa en el sector primario, los inicios fueron duros. El año 2006 fue un punto de inflexión para la bodega al recibir el premio al mejor vino blanco de Galicia, un antes y un después que dio un empuje importante a la marca. La aspiración de la bodega no es seguir creciendo sino mantenerse, fidelizar a los clientes y no decepcionarlos. Creo que el secreto es el día a día y no defraudar al cliente. Para mí este trabajo es apasionante y lo que motivó y me motiva fue el sentimiento de gratitud con Ernesto y con toda la gente que valora nuestro trabajo.

Significados culturales: de Dionisos a la Eucaristía

En la religión griega, el dios Dionisos le entrega la planta de la vid a Ampelo quién enseña el cultivo a los hombres. Al dios del vino se le representa ornado con los racimos y las hojas de la vid, y es un dios contradictorio que produce placer y dolor. La adaptación romana del dios griego es Baco con similares virtudes. La religión clásica y las anteriores de corte politeísta sacralizaban el vino, bien por su origen o por su vinculación con el poder, en muchos casos de reyes-sacerdotes.

En la Biblia y en la iconografía cristiana la vid y el vino permanecen como símbolos potentes: la vid alude a territorio y permanencia; el vino, a la comunión y a la sangre de Cristo. En las representaciones artísticas la vid, sus frutos y el vino están presentes hasta nuestros días.

Tabla: roles del monaguillo y su vínculo con el vino

  • Memoria y ayuda al sacerdote: rescatar llaves, preparar objetos litúrgicos, recordar la falta de vino.
  • Prolegómenos litúrgicos: vestir al sacerdote, organizar prendas, conocimiento ceremonial.
  • Tentación y travesuras: acceso a vino almacenado, pequeñas libaciones y anécdotas en la sacristía.
  • Representación cultural: nombre y figura en emprendimientos vitivinícolas como símbolo de tradición y calidad.

La relación entre el "credo" real de los monaguillos -servicio, discreción, aprendizaje litúrgico- y el vino combina la dimensión sacra y la humana: mientras el vino simboliza la sangre de Cristo en la Eucaristía y ocupa un lugar central en la liturgia, en la vida cotidiana de parroquias y sacristías ha sido también fuente de historias, tentaciones y proyectos que trascienden lo religioso para integrarse en la historia rural y empresarial.

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