Cristo de la Esperanza de Segovia: historia, devoción y características

La figura del Cristo de la Esperanza en Segovia reúne historia, devoción y características artísticas que se entrelazan con las prácticas procesionales y las capillas de la ciudad. Su presencia en las calles y en la Catedral forma parte de la Semana Santa segoviana y de tradiciones que se remontan varios siglos, mientras que las obras y el entorno arquitectónico que la acoge aportan contexto y valor artístico.

Contexto histórico y devocional en Segovia

Por primera vez, el Cristo de la Esperanza de la Hermandad Nuestra Señora de la Dolorosa ha desfilado por las calles de Segovia, para conmemorar el décimo aniversario del grupo de costaleros, con la oración de los cinco misterios en el trayecto entre la iglesia de Santa Eulalia y la Catedral, donde ha realizado una estación de penitencia, para regresar de nuevo a su lugar de origen. Un numeroso grupo de personas aguardó a las puertas de la iglesia parroquial de Santa Eulalia para ver salir el paso con el esfuerzo y devoción de su Cuadrilla de Costaleros, después de que haya transmitido la señal la concejala de Deportes, Marian Rueda, acompañada por varios miembros de la corporación y el coronel de la Academia de Artillería, Alejandro Serrano Martínez.

La devoción popular al Santo Cristo de la Esperanza viene de antiguo en el histórico Arrabal Grande. La iglesia de los Santos Justo y Pastor, conocida popularmente como San Justo, es una parroquia situada fuera de la muralla de Segovia, en la zona sur de los arrabales. Esta iglesia guarda imágenes y tradiciones que refuerzan la importancia de los Cristos yacentes y de las ceremonias del Descendimiento en la ciudad.

La procesión y la Hermandad

La Procesión de los Cinco Misterios, que ha presidido el vicario judicial, Mariano Sanz, llamada así porque durante su recorrido se rezan los cinco misterios dolorosos del santo rosario, se celebra desde el año 2004 por parte de la Hermandad de Nuestra Señora La Soledad Dolorosa Cofradía del Recogimiento. "Las previsiones era muy malas esta mañana pero una vez se ha obrado el milagro de la extraordinaria, abre, y esperemos poder hacer la estación de penitencia hasta la Catedral", sostuvo el Hermano Mayor de la Hermandad, Javier Robledo. Durante todo el recorrido, suenan los acordes de las marchas procesionales a cargo de la Banda de Tambores y Cornetas de La Soledad Dolorosa.

Los costaleros alzan sobre el paso la imagen del Cristo de la Esperanza tras su salida del templo. Aunque la jornada anunciaba altas probabilidades de lluvia, las previsiones meteorológicas finalmente no se cumplieron y la Hermandad pudo respirar aliviada y desarrollar todo el recorrido procesional conforme a lo previsto inicialmente. Una vez fuera, la imagen del Cristo de la Esperanza fue alzada por los costaleros en medio de un silencio únicamente roto con el aplauso de las centenares de personas que se congregaban a las puertas del templo cuando ocupó su lugar. Centenares de personas siguieron la procesión.

Dos años sin poder salir se notó en el ambiente, con todas las ganas de hacerlo bien, por parte de los 24 costaleros, los dos capataces, dos contraguías, a los que se sumó este año, la primera cuadrilla de costaleras de la provincia, que debutaron el pasado fin de semana en la Semana Santa de Palazuelos de Eresma, acompañando la imagen de la Virgen de la Hermandad de la Paz. "Va a ser un digno día para celebrar este décimo aniversario", sostuvo Javier Robledo. Los inicios no fueron fáciles, según recuerda Javier Gómez, uno de los capataces de la cofradía que en 2012 respondió positivamente a la llamada del que fuera hermano mayor de la cofradía Félix Santiuste para hacerse cargo de la organización de una cuadrilla por la que ya han pasado un total de 68 integrantes a lo largo de su historia.

La imagen: características artísticas y autoría

Si bien está fuera de toda duda la intervención de Francisco Salzillo, tanto en la cabeza del Cristo como en el paño de pureza, la falta de documentación que arroje más luz sobre la autoría de la imagen, unido a ciertas características formales que parecen no coincidir con las de otros crucificados salidos de la gubia del genial imaginero murciano, ha motivado que se especule con la posibilidad de que el maestro, al realizar el Cristo de la Esperanza, interviniera una obra que ya existía con anterioridad, siendo varios los historiadores del arte que han señalado al gran Antonio Dupar como artífice del Cristo primitivo.

A falta de nuevos datos al respecto, la única prueba documental que tenemos al respecto del Titular de la Cofradía figura en los folios 51, 52 vto. y 53 del libro de la Congregación que recogen el capítulo celebrado por los hermanos el día 6 de julio de 1755, se refleja que “en virtud de deterioros, - en esa fecha - se manda componer la imagen del Stmo." De cualquier forma, a falta de nueva documentación que arroje luz sobre la autoría, solo podemos afirmar que la imagen del Stmo. posee un torso de modelado excepcional donde el artista refleja la tensión de todos los músculos.

El Cristo de la Esperanza muestra elementos dramáticos y anatómicos concretos: hematoma en el pómulo derecho, herida en el párpado derecho que recuerda la espina clavada, y el incipiente rigor mortis, signo reconocible de la proximidad de la muerte. A pesar de todos estos elementos dramáticos, y de ahí la genialidad del autor, lejos de la tragedia el Cristo de la Esperanza emana dulzura y serenidad. El rostro materializa todo el sentido de la virtud de la Esperanza cristiana. Todo ello hace de la imagen del Titular de la Cofradía de la Esperanza, una obra señera dentro de la escultura religiosa del siglo XVIII murciano.

Relaciones con otras imágenes y modelos locales

En Segovia se venera el Cristo yacente, popularmente conocido como Cristo de los Gascones en la iglesia de San Justo y Pastor. La imagen que allí llegó y que aún se conserva en esta iglesia, es la figura en madera policromada de un Cristo de brazos articulados, movilidad que le serviría para poder representar la ceremonia del Descendimiento. Valorable más por su función y contenido religioso que por sus méritos artísticos, esta imagen despertó tan devoción y veneración popular por su "extraño y prodigioso caso" que a partir de ese momento, la ermita de los Santos Justo y Pastor va a sufrir una serie de transformaciones, como ya anunciábamos, en su estructura y ornamentación que la van a convertir artísticamente hablando, en una de las iglesias más importantes de la ciudad.

La articulación de los hombros y brazos, permitiría descenderlo de la bóveda del presbiterio, donde aún hoy son visibles los orificios que servían para colgar la figura, depositándolo en un sepulcro que se mostraría vacío como prueba irrefutable de su Resurrección. En España los antecedentes más remotos nos acercan hasta tierras del viejo reino de Mallorca a finales del s XIII, pero hubo que esperar hasta los dos siglos siguientes para que el rito se extendiera por Cataluña y Valencia, y en mucha menor medida por Castilla.

Procesión del Cristo de la Esperanza en Segovia - paso en la calle con costaleros

La capilla del Descendimiento en la Catedral y su conexión

La capilla del Descendimiento se encuentra en la nave de la Epístola, entre la capilla de San Blas y la capilla de Santa Bárbara. Alrededor de sus muros, una leyenda cuenta que fue adquirida en 1661 por el canónigo Don Cristóbal Bernardo de Quirós para su entierro y patronazgo. La capilla está cubierta por una bóveda estrellada, policromada en vivos colores.

El retablo, realizado a mediados del siglo XVII, es obra de algún ensamblador segoviano que siguió los pasos de Pedro de la Torre. Es de orden gigante y consta de banco, cuerpo principal flanqueado por dos pares de columnas y ático. El hueco central lo llena un gran lienzo del Descendimiento de Cristo y, en el ático, se encuentra otro del Calvario (Cristo, la Virgen y San Juan) con la figura de María Magdalena al pie de la cruz. A ambos lados de esta pintura, hay dos tallas que representan a San Pedro y San Pablo.

Sobre el altar del retablo, hay una urna vacía, ahora vacía, que en tiempos pasados albergaba la imagen del Cristo Yacente, realizada para ser contemplada lateralmente como complemento escultórico de las pinturas de la calle central ya mencionadas. El Cristo Yacente es una obra barroca del siglo XVII, realizada por Gregorio Fernández en su última etapa (1631 - 1636) y donada a la Catedral por el obispo Melchor de Moscoso y Sandoval. La talla se caracteriza por el dramatismo contenidos en los rasgos, pero enfatizado en la sangre que mana de sus heridas. Nos encontramos ante un cuerpo esbelto, tratado con un gran naturalismo, detallismo y minuciosidad, reforzado por los postizos de los ojos, dientes y uñas, que otorgan más realismo a la imagen.

Presenta las características que definen el trabajo del artista en la individualización de los mechones del pelo y la barba, así como los pliegues angulosos del paño de pureza y sudario. Para esta capilla se instalaron cuatro obras pertenecientes a la instalación “El pliegue sobre el pliegue”, una exposición temática y retrospectiva del autor David Rodríguez Caballero, que recoge una selección de todas las tipologías y series de su trabajo, presentados simultáneamente en dos espacios de la ciudad: el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente y la Catedral.

La capilla se cierra con una reja barroca realizada por el rejero madrileño Lorenzo Hernández de Medina y dorada por el maestro segoviano Pedro de Prádena en la segunda mitad del siglo XVII. Consta de dos cuerpos de barrotes abalaustrados, rematados por sendos frisos con cornisas. En el segundo cuerpo se sitúan dos adornos con estética heráldica, el primero de los cuales contiene la palabra “año” y el segundo la fecha de “1668”.

Procesiones relacionadas y repercusión social

Finalizado El Descendimiento el día de Viernes Santo, en horas ya de la tarde, se colocaba a Cristo en una urna para llevar a cabo la procesión del Santo Entierro por las calles de la ciudad. La imagen salía de la desaparecida ermita de San Antolín o desde la sala de juntas de la cofradía -finalizada en 1703- en torno a las 17.30 horas. Si salía desde San Justo recorría las calles de San Antolín, San Juan, San Agustín, Plaza Mayor -con Sermón en la Catedral- para retornar por la calle de Juan Bravo.

Existen además numerosos testimonios conservados acerca de procesiones realizadas con la que fuera la imagen más venerada de Segovia, a la que acudían en rogativa la Ciudad, la Tierra y el Cabildo de la Catedral en casos de grave calamidad pública (sequía, hambre, peste, guerras o temporales...). La historia de este Cristo está ligada a la propia de Segovia y a su repoblación. Cuenta la leyenda que apareció en un pueblo fronterizo de las Gascuña (sur de Francia). En disputa por su propiedad dos localidades, decidieron los habitantes de las mismas someterse a juicio divino, montando la imagen sobre una burra y hacerla caminar sin rumbo. Finalmente, el animal llegó con el Cristo hasta Segovia, cayendo muerto ante la Iglesia de los santos Justo y Pastor, adquiriendo la denominación de “Cristo de los Gascones” y rindiéndole culto hasta nuestros días en la citada Iglesia.

Notas sobre cofradías y normativa histórica

El marco legislativo de las cofradías se remonta a los años 1462 y 1473 y vienen del mando del Rey Enrique IV pero no será hasta una pragmática de 1534 cuando se regulen el funcionamiento de las cofradías de carácter estrictamente religioso suprimiendo con ello las de carácter civil. La autorización para la fundación de una nueva cofradía debía ser aprobada por el Prelado y la autorización Regia. Para su control se servían de la persona del Corregidor cuya función era “vigilar de que no se hagan excesos en gastos de cofradías, ajenos al verdadero culto, así como que no se erijan nuevas sin el permiso correspondiente”.

La cofradía del Santo Entierro, encargada de realizar la procesión del Santo Entierro con la imagen del Cristo yacente, parece estar ya fundada en 1459 pues se constituyó un censo a su favor, según escritura pública de 25 de julio ante Alfonso Pérez de Villalar. En el año 1794 el Rey Carlos III otorga a la Cofradía el título de “Real”, pudiendo utilizar en todos sus actos el estandarte Real.

Iconografía y función litúrgica

El Cristo de los Gascones pertenece al modelo iconográfico que toma sus referentes de las tradiciones centroeuropeas que conmemoraban el ciclo de Pasión. Eran figuras articuladas, construidas expresamente para ser utilizadas en ceremonias litúrgicas de Semana Santa, que a su vez están imbricadas en los orígenes mismos del teatro medieval. La ceremonia fundamental entre todas ellas, era la que recordaba su entierro y posterior resurrección a través del rito conocido como Deposito -Elevatio - Visitatio , recogido en el Liber Ordinarius de Essen.

Elementos estéticos relevantes

  • Modelado anatómico y tensión muscular en el torso del Cristo de la Esperanza.
  • Marcas dramáticas: hematoma en el pómulo derecho, herida en el párpado y rigor mortis incipiente.
  • Contraste entre dramatismo y serenidad en el rostro, que simboliza la virtud de la Esperanza cristiana.
  • Uso de elementos postizos (ojos, dientes, uñas) en algunas tallas para reforzar el naturalismo.

Intervenciones artísticas y restauraciones

En 1755 se documenta que “se manda componer la imagen del Stmo.” dado su deterioro, lo que evidencia restauraciones históricas que buscan conservar la devoción. La falta de documentación plena sobre autorías llevó a que historiadores atribuyan partes o intervenciones a Francisco Salzillo o a Antonio Dupar, según rasgos formales y registros de la época.

La trascendencia social y cultural

El impacto social de la imagen se aprecia cada año en las procesiones y en la participación de la comunidad: los costaleros preparan el paso meses antes con ensayos, aprendiendo técnicas para mover un peso superior a los 300 kilos; estas prácticas son recompensadas al completar el recorrido y poder abrazarse con los costaleros al final de la jornada. La procesión del Cristo de la Esperanza reunió a centenares de personas y permitió, además, la realización de estaciones de penitencia en la Catedral, con la participación de autoridades civiles y eclesiásticas.

La devoción y las leyendas que rodean a la imagen, así como su relación con otras tallas y con el repertorio de ceremonias del Descendimiento y el Santo Entierro, explican su permanencia en la memoria colectiva y su protagonismo en la liturgia y la vida pública de Segovia.

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