Historia y significado del Cristo de la Preciosa Sangre

Cuando escuchamos la palabra "devoción", podemos imaginar algo lejano, histórico o simbólico. Cada mes de julio, la Iglesia nos invita a adentrarnos en este profundo misterio: la Sangre de Cristo, derramada en la cruz y entregada por amor a la redención del mundo.

Origen bíblico y simbólico de la devoción

La meditación sobre la Sangre de Cristo tiene su origen en las Escrituras y resuena en todos los Padres de la Iglesia. "Fuisteis rescatados de vuestro …. no con cosas perecederas como la plata o el oro, sino con la Sangre Preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha e inmaculado".

En lo que atañe a la primera división, tenemos el ofrecimiento de Caín y Abel; el sacrificio de Abel resulta agradable a Dios, mientras que el de Caín no es aceptado. Esta oposición tiene como resultado el crimen del odio, y la única solución que Caín encuentra radica en el asesinato de su hermano. La tierra sedienta absorbe la sangre mientras que clama venganza al cielo. Esto prefigura la escena del Gólgota, donde la Sangre de Cristo clamó al cielo para pedir la redención de la humanidad.

Durante el exilio en Egipto, cuando el pueblo judío se encontraba oprimido, tuvo lugar el gran acontecimiento de la Pascua. Se sacrificó un cordero de un año; con su sangre se rociaron los postes de la puerta, permitiendo de este modo que las personas que se encontraran dentro de esa casa pudieran escapar del ángel vengador. Así, las casas enrojecidas con sangre fueron salvadas del ángel de la muerte. La sangre en los postes de la puerta era un símbolo de la Sangre de Cristo.

En segundo lugar, el profeta Isaías ve en una visión a un hombre pisando uvas. El profeta le pregunta: “¿Por qué son tan rojos tus vestidos?”, Él le contesta: “En el lagar he pisado Yo solo y nadie de Mi pueblo estaba conmigo.” El hombre que pisa las uvas es nuestro Divino Señor, Sus vestidos son de color carmesí por la Sangre de la Redención.

En tercer lugar, tenemos el símbolo de Adán y Eva. En el libro del Génesis, Dios abre el costado de Adán, saca una costilla y forma el cuerpo de Eva, infundiéndole también el alma humana. Eva se convierte en la madre de todos los seres vivos. La Iglesia, en su sabiduría, va más allá de este mero acontecimiento, y contempla en espíritu al Segundo Adán, es decir, Cristo Divino.

En el sueño de la muerte y de Su costado abierto en la Cruz fluye la Sangre y el agua, símbolos del Bautismo y la Sagrada Eucaristía, símbolos de la Bendita Virgen María, la Segunda Eva, y de la Iglesia, madre de todos los vivientes.

La Sangre de Cristo en la liturgia y la Misa

En esta fiesta de Nuestro Señor la imagen predominante es la de la sangre ofrecida en sacrificio. La separación de Su Sangre y Su Cuerpo ocasionó la separación entre Su alma humana y Su cuerpo, lo cual provocó Su muerte. Él quiso morir. En sus propias palabras: “Yo doy Mi vida por Mis ovejas. Nadie me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad.

La sangrienta muerte de Cristo en la Cruz no significa la redención automática del mundo, aplastado por el pecado y adicto a él. Exige que nos apropiemos de los méritos que fueron obtenidos para nosotros en la Cruz; debemos cooperar voluntariamente con las gracias obtenidas por el derramamiento de Sangre.

Durante la Misa, el mismo e idéntico Jesucristo, ahora glorificado, está presente en el altar de la misma forma en que estuvo presente en Su humanidad mortal en la Cruz. Es el mismo Jesús quien continúa y prolonga en la Misa lo que hizo una vez y para siempre en el Calvario, con la excepción de que ahora en la Misa ya no es mortal, ya no puede experimentar sufrimiento en Su persona física.

Lo que Nuestro Señor hizo aquel día fue obtener las bendiciones de nuestra Redención. Lo que hace ahora en el Santo Sacrificio de la Misa es aplicar esas bendiciones a las constantes necesidades espirituales de una humanidad pecadora e incluso sufriente. La forma más elevada de honrar a Dios es el sacrificio. La Misa es la continuación del Sacrificio de Cristo, es una representación del Calvario. Es un sacrificio de alabanza y gratitud al Padre Eterno.

La Misa es un verdadero sacrificio porque el mismo Jesús que se inmoló en el Calvario se ofrece ahora a Sí mismo en el altar. Mismo sacerdote, misma víctima y misma e idéntica finalidad o propósito que en la Cruz. En la Cruz fue un sacrificio cruento, en la Misa es incruento por el estado glorificado de Jesús en el cielo. Pero la esencia del sacrificio es voluntaria, el ofrecimiento total de Sí mismo a Dios. Cristo hace este ofrecimiento voluntario en cada Misa, representado por la consagración separada del pan y el vino transubstanciados en el Cuerpo y la Sangre del Redentor. La finalidad es la misma, glorificar a Dios, darle gracias, obtener Su misericordia y rogarle por nuestras necesidades.

Desarrollo histórico de la devoción

Desde hace algo más de 176 años, la Iglesia universal celebra y dedica el mes de julio a la devoción de la Preciosísima Sangre de Cristo. Una festividad que, aunque se remonta formalmente a mediados del siglo XIX, tiene una larga trayectoria entre los fieles de toda la Iglesia.

Uno de los primeros grandes impulsores de esta devoción fue San Gaspar del Búfalo, nacido en Roma en 1786. Fue entonces, una vez puesto en libertad, cuando fundó la Congregación de la Preciosísima Sangre de Jesús, a la que Pío VII le confió la tarea de reevangelizar los territorios de los Estados Pontificios y para promover la renovación de la fe y de la vida cristiana.

En 1834, gracias a la colaboración de María De Mattias, a quien había conocido a los 17 años, Gaspar fundó tres años antes de morir la rama femenina de la congregación, las Hermanas Adoratrices de la Preciosísima Sangre de Cristo, que hoy en día tienen misiones en todo el mundo.

Con la devoción en vías de expansión, en siguiente hito relacionado a su consolidación sería en 1849, en plena guerra italiana por la independencia y con el Papa Pío IX exiliado en Gatea, junto con Giovanni Merlini, tercer superior general de los Padres de la Preciosa Sangre.

En el apogeo de la guerra, Merlini sugirió al pontífice que hiciera una promesa a Nuestro Señor Jesucristo para obtener el fin de la guerra y llevar la paz a Roma, gracias por las cuales prometía extender la fiesta de la Preciosa Sangre de Cristo a toda la Iglesia. Así, el pontífice hizo una primera declaración formal el 30 de junio de 1849, anunciando su deseo de crear una fiesta en honor de la Preciosa Sangre de Cristo. El 10 de agosto lo hizo oficial y proclamó que el primer domingo de julio se dedicaría a esta devoción, tan solo 12 días antes de que finalizase la guerra.

Como resultado de la triunfante revolución de Italia en el siglo XIX, el Papa Pío IX se vio obligado a huir de Roma, disfrazado de simple sacerdote, el 24 de noviembre de 1848, y vivió exiliado en el Castillo de Gaeta desde 1848 hasta 1850. Fue San Pío X quien le asignó a la fiesta la actual fecha en que se celebra durante su reforma del Breviario Romano.

En 1914, el Papa Pío X estableció la fiesta el 1 de julio. Y el Papa Pío XI, en memoria del Jubileo de la Redención, la elevó al grado de Solemnidad en 1934. Después del Concilio Vaticano II, la fiesta de la Preciosísima Sangre fue unificada con la del Corpus en una sola festividad, la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Sin embargo, se estableció una misa votiva en honor de la Preciosa Sangre que se puede celebrar en el mes de julio.

Promoción y documentos papales

En su Carta Apostólica Inde a Primis, el Papa Juan XXIII fomentó el culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo: “Porque, si es infinito el valor de la Sangre del Hombre Dios e infinita la caridad que le impulsó a derramarla desde el octavo día de su nacimiento y después con mayor abundancia en la agonía del huerto, en la flagelación y coronación de espinas, en la subida al Calvario y en la Crucifixión y, finalmente, en la extensa herida del costado, como símbolo de esa misma divina Sangre, que fluye por todos los Sacramentos de la Iglesia, es no sólo conveniente sino muy justo que se le tribute homenaje de adoración y de amorosa gratitud por parte de los que han sido regenerados con sus ondas saludables”.

Con el objeto de incrementar este culto y devoción, el Papa Juan XXIII aprobó las letanías de la Preciosa Sangre de Cristo, recomendando que se reciten a toda la Iglesia.

San Gaspar del Búfalo y la expansión de la devoción

Los medios de información del Vaticano describen la situación en 1809, un año después de la ordenación sacerdotal de Gaspar, mientras Roma y los Estados Pontificios eran ocupados por las tropas napoleónicas. Precisamente en los primeros días de julio, del 5 al 6 del mismo año, el Papa Pío VII fue encarcelado y deportado, mientras Napoleón obligaba a obispos y párrocos a firmar un juramento de lealtad al nuevo régimen, que a Gaspar se le impondría el 13 de junio de 1810.

Su respuesta de “no debo, no puedo, no quiero” sería recordada como un icono de la coherencia hasta el presente, pero entonces le valdría una pena de cárcel y exilio, lo que cumplió en Piacenza, Bolonia, Imola o en las cercanías de Ravena, durante cuatro años, regresando a Roma en 1814. Fue entonces, una vez puesto en libertad, cuando fundó la Congregación de la Preciosísima Sangre de Jesús.

Gaspar del Búfalo fue canonizado por Pío XII en 1954. Hablando de él a los miembros del Capítulo General de la Congregación el 14 de septiembre de 2001, Juan Pablo II les dijo: "Confiado en que la petición del Papa era una orden de Cristo, vuestro fundador no dudó en obedecer aunque el resultado fue que muchos le acusaron de ser demasiado innovador. Arrojando sus redes en las profundas y peligrosas aguas, hizo una sorprendente pesca."

San Gaspar del Búfalo y la Congregación de la Preciosísima Sangre

Oración y prácticas devocionales

Antes de que tus pies toquen el suelo, di esta oración: "Oh Jesús, por la Preciosísima Sangre que derramaste por mí, te ofrezco este día: mis alegrías, mis luchas, mi trabajo, mi descanso. Deja que Tu Sangre me cubra a mí y a todos los que amo. Amén". Es simple, pero poderosa.

Ruega: "Por Tu Preciosa Sangre, Señor Jesús, ten piedad de nosotros y del mundo entero". Ofrécela por las personas que sufren, las naciones quebrantadas y aquellos que están lejos de Dios. Tal vez haya cosas en tu vida que todavía te causen vergüenza o culpa, ya sea por haber hecho cosas o por cosas que te hicieron. La Preciosa Sangre de Jesús no es solo un símbolo de perdón. Es el perdón mismo. Ve a la Confesión este mes. Pídele a Jesús que te limpie.

La oración a la Sangre de Jesús de San Gaspar del Búfalo: Oh, preciosa sangre de mi Señor, que yo te ame y te alabe para siempre. ¡Oh, amor de mi Señor convertido en una llaga! Cuán lejos estamos de la conformidad con tu vida. Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas, fuente de misericordia, deja que mi lengua, impregnada por tu sangre en la celebración diaria de la misa, te bendiga ahora y siempre.

Letanía de la Preciosa Sangre de Cristo (extracto): Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión, Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas, Sangre de Cristo, manantial de misericordia, Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna.

La auténtica devoción a la Preciosisima Sangre de Cristo, que no te engañen

El arte y la imagen del Cristo de la Preciosa Sangre

El "Cristo de la Preciosa Sangre" es la obra cumbre de Lázaro Gumiel. Cristo ha muerto en la Cruz. Lázaro Gumiel estudia la obra de Juan de Juni, pero como artista, no se limita a copiar, a reproducir la obra de las Catalinas. Eso se ve a simple vista.

Magníficamente dotado el hombre representado en la cruz, tiene los ojos entrecerrados. Si la sangre suele producir rechazo, ¿por qué la Iglesia dedica todo el mes de julio a venerar la Preciosísima Sangre de Cristo? A primera vista parece una contradicción. Estamos acostumbrados a apartar la mirada de las escenas sangrientas e incluso los medios de comunicación advierten cuando una imagen puede herir la sensibilidad del público.

Sin embargo, para los cristianos, la sangre derramada por Jesús no es un símbolo de violencia, sino el signo supremo de su amor y de la redención. La Preciosa Sangre de Cristo representa el sacrificio y el amor infinito de Jesús al derramar su sangre por nosotros en la cruz. Durante este mes recordamos y honramos el sacrificio de Jesús y su victoria sobre el pecado y la muerte.

La intención de Mel Gibson fue mostrar con mayor realismo el sufrimiento físico de Jesús. La crudeza de esas imágenes puede resultar impactante. Sin embargo, ayudan a comprender el alcance del sacrificio de Cristo. Jesús derramó su sangre por la salvación de la humanidad, soportando la flagelación, la coronación de espinas, el camino al Calvario y, finalmente, la crucifixión. Esa sangre que hoy la Iglesia venera durante el mes de julio no es un símbolo de violencia, sino del amor llevado hasta el extremo.

Significados teológicos clave

  1. La sangre era considerada sede de la vida. ¡Cuánto más lo es la Sangre de Cristo, el Viviente por excelencia, el Autor de la existencia, Aquel que derrotó la muerte con Su Resurrección!
  2. En la noche en que el pueblo judío salió de Egipto, la sangre del cordero salvó de morir a quienes vivían en las casas marcadas. La Sangre de Cristo, el Cordero inmolado, no sólo nos salva de la muerte, sino que ya en este mundo nos libera de la esclavitud del pecado.
  3. Dios estableció alianzas mediante sacrificios; Jesús estableció la alianza nueva y eterna: cuando en la Última Cena Él tomó en Sus manos una copa de vino y lo transformó en Su Sangre, dijo que ésa era la Sangre de la alianza, nueva y eterna, que sería derramada por muchos, para el perdón de los pecados.

Devoción, perdón y conversión

Pregúntate: ¿Cuánto me cuesta el amor? ¿Cuánto le costó a Jesús? Que este reconocimiento profundice el amor sacrificial, el perdón y la fidelidad. El amor no es fácil, y la Preciosa Sangre nos muestra que el verdadero amor implica sacrificio.

"La Sangre de Cristo purifica nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo". Juan XXIII (30 de junio de 1960). Inde a Primis [Carta Apostólica]. Benedicto XVI. (5 de julio de 2009). Angelus [Meditación].

Recursos devocionales y prácticas recomendadas

  • Rezar la letanía de la Preciosa Sangre de Cristo.
  • Rezarlo como oración personal al iniciar el día: "Oh Jesús, por la Preciosísima Sangre que derramaste por mí..."
  • Acercarse al sacramento de la Confesión para experimentar el perdón que simboliza y realiza la Preciosa Sangre.
  • Participar en la Misa y ofrecerla por las intenciones de los que sufren y por la paz de las naciones.
Representación artística de la Sangre y el Agua que brotan del costado de Cristo (símbolos del Bautismo y la Eucaristía)

La Preciosa Sangre de Cristo ha sido llamada Sangre vivificadora, salvadora, fuente de redención, torrente infinito de perdón, manantial de vida eterna, mar de inagotable misericordia, bebida de salvación. No alcanza este espacio para describirla. No alcanza este mes para contemplarla. No alcanza esta vida para adorarla y agradecerla.

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