La cuestión de la naturaleza de Jesucristo -si es únicamente hombre, únicamente Dios, o una persona que posee a la vez naturaleza divina y humana- ha sido una de las grandes preocupaciones de la teología histórica y la filosofía cristiana. Desde los primeros siglos hasta la Edad Media y la Reforma, teólogos y concilios confrontaron herejías y formularon definiciones destinadas a preservar el misterio de la Encarnación sin caer ni en la fusión ni en la división de las naturalezas de Cristo.
Testimonios bíblicos y la tensión entre divinidad y humanidad
Según el Nuevo Testamento, Jesús verdaderamente es un hombre, que nació entre la raza humana, sin embargo, también es completamente Dios. Juan 1:1 afirma que el Verbo es Dios y luego en el versículo 14 vemos que el Verbo del que habla Juan es Jesús, quien se hizo hombre y "habitó" entre nosotros. El Nuevo Testamento afirma que Jesucristo, quien caminó sobre la tierra, murió en una cruz y resucitó, era completamente hombre, con una naturaleza humana totalmente funcional (sin pecado). Al mismo tiempo, Jesús era completamente Dios.
La Biblia enseña que Cristo es el Hijo Unigénito de Dios, que Cristo fue hecho Señor y Salvador, Él fue puesto por Dios sobre todas las creaciones, Dios también mandó que todos los hombres adorasen al Señor Jesucristo. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. La Escritura también nos advierte de no “amar el mundo ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15), tomando en cuenta tres cosas en particular: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16).

Formulaciones teológicas clásicas: unión hipostática y communicatio idiomatum
La única forma de explicar correctamente la información que nos da la Biblia es decir que Jesús es una Persona con dos naturalezas: una naturaleza humana y una divina. Él es tanto Dios como hombre. Sus dos naturalezas están unidas de manera inseparable (no mezcladas) en lo que los teólogos llaman la “unión hipostática”.
La naturaleza divina no fue cambiada. No fue alterada. Las dos naturalezas de Jesús no están mezcladas juntas, ni están combinadas en una nueva naturaleza Dios-hombre. Están separadas pero funcionan como una unidad en la persona de Jesús. Esto es llamado La Unión Hipostática.
Una doctrina relacionada a la Unión Hipostática es la communicatio idiomatum (latín para “comunicación de propiedades”). Es lo que enseña que los atributos tanto de lo divino como de lo humano son atribuidos a la persona de Jesús. Esto significa que el hombre Jesús podía reclamar la gloria que tenía con el Padre antes que el mundo fuese hecho (Juan 17:5), reclamar haber descendido del cielo (Juan 3:13), y además reclamar omnipresencia (Mateo 28:20). Todos estos son cualidades divinas las cuales fueron reclamadas por Jesús; por eso, los atributos de propiedad divina fueron reclamados por la persona de Jesús.
Ejemplos prácticos de las dos naturalezas
La siguiente tabla le podrá ayudar a ver las dos naturalezas de Jesús “en acción”:
- Jesús como Dios: Es adorado (Mat. 2:2,11; 14:33). Se le ora (Hech 7:59). No tuvo pecado (1 Ped. 2:22; Heb. 4:15). Es omnisciente (Juan 21:17). Da vida eterna (Juan 10:28). En Él habita la plenitud de la Deidad (Col.2:9).
- Jesús como hombre: Adoró al Padre (Juan 17). Oró al Padre (Juan 17:1). Fue tentado a pecar (Mat. 4:1). Creció en sabiduría (Luc. 2:52). Pudo morir (Rom. 5:8). Tiene un cuerpo de carne y hueso (Luc 24:39).
Controversias históricas y herejías cristológicas
Desde los primeros siglos surgieron diversas posiciones que intentaron explicar la relación entre divinidad y humanidad en Cristo; algunas fueron declaradas herejías por los concilios ecuménicos porque alteraban de modo incompatible el misterio de la Encarnación.
Nestorianismo
Nestorianismo, herejía del siglo V, enseñaba la existencia de dos personas separadas en Cristo encarnado: una divina (el Hijo de Dios); otra humana (el hijo de María), unidas con una voluntad común. Toma su nombre de Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien fue el primero en difundir la doctrina. La síntesis del error era sostener que el hijo de la Virgen María es distinto del Hijo de Dios y que las propiedades humanas solo se pueden predicar del hombre Cristo; las propiedades divinas solo del Logos-Dios, negando así la comunicación entre ambas naturalezas.
La herejía fue condenada y la doctrina aclarada en el Concilio de Éfeso en el año 431, que afirmó que, habiendo unido consigo el Verbo la carne animada de alma racional, se hizo hombre de modo inefable y fue llamado hijo del hombre, y que las naturalezas que se juntan en verdadera unidad son distintas, pero que de ambas resulta un solo Cristo e Hijo.
Monofisismo
Herejía desarrollada por el monje Eutiques que enseñó que en Cristo había una sola naturaleza, la divina, en la cual la naturaleza humana habría sido absorbida. Fue condenada en el Concilio de Calcedonia (451), que proclamó la doble realidad: “uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad... en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”.
Monotelismo
Herejía del siglo VII que sostenía que Cristo posee dos naturalezas pero una sola voluntad. Fue refutada porque la voluntad es una función de la naturaleza y no de la persona; en consecuencia, la Iglesia confesó que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes.
Concilios y definiciones: Calcedonia y los "cuatro negativos"
En el Concilio de Calcedonia (451) la Iglesia definió que Cristo es "uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo", perfecto en divinidad y perfecto en humanidad, "en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación". Estos cuatro negativos (sin confusión, sin mezcla; sin separación; sin división) preservan la distinción de las naturalezas sin fragmentar la persona única de Cristo.
La iglesia sostuvo que la unidad personal de Cristo no implica la pérdida de las propiedades propias de cada naturaleza; cada naturaleza conserva sus atributos, y la unión se da en la hipóstasis de la Persona del Verbo encarnado. De esta forma se rechazan tanto la fusión monofisita como la separación nestoriana.

Aspectos filosóficos: identidad personal, propiedades y comunicación de atributos
Filosóficamente, la cristología plantea preguntas sobre identidad personal y la predicación de atributos: ¿cómo puede una sola persona recibir atributos de dos naturalezas distintas? La communicatio idiomatum responde que los atributos de ambas naturalezas pueden ser predicados de la única Persona del Verbo encarnado sin confundir las naturalezas.
Una cuestión práctica relacionada es la de la ubicuidad de la naturaleza humana: si la naturaleza humana conserva sus propiedades, ¿cómo puede, por ejemplo, estar presente el cuerpo de Cristo en más de un lugar? Tradiciones teológicas han desarrollado respuestas diversas, entre ellas la comunicación de atributos, para explicar cómo atributos divinos pueden manifestarse en la persona humana sin borrar las distinciones ontológicas entre naturalezas.
La Encarnación en la espiritualidad y la soteriología
La Encarnación tiene su origen en el amor de Dios por los hombres: “Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él” (1 Jn 4:9). Tras la caída, la Encarnación tiene una finalidad salvadora y redentora: “por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María Virgen, y se hizo hombre”.
La humanidad de Cristo es radicalmente santa y, por su unión con la Persona del Verbo, la naturaleza humana de Cristo ha sido elevada; la unión hipostática es el mayor don que jamás se haya podido recibir, y por la gracia habitual el alma de Cristo fue perfeccionada para expresar humanamente las costumbres divinas de la Trinidad.
Aplicaciones pastorales y vigilancia contra errores
Para un entendimiento propio de Jesús y, a la vez, de las demás doctrinas que se relacionan con Él, es necesario definir y entender correctamente sus dos naturalezas. Errores contemporáneos consisten en enfatizar solo la humanidad (por ejemplo, algunos Testigos de Jehová) o solo la divinidad (por ejemplo, ciertas versiones de la Ciencia Cristiana), perdiendo la unidad de la Persona.
La vida y ministerio de Jesús muestran cómo ambas naturalezas operan: Él creció en sabiduría y estatura y fue tentado; al mismo tiempo, realizó obras y reclamó atributos divinos. Jesús no sólo murió por nosotros, también vivió por nosotros; su obediencia, su enseñanza y sus milagros son expresión de su misión salvífica, desempeñada por la Persona que es a la vez totalmente Dios y totalmente hombre.
🔺¿Qué es la unión hipostática?
Lecturas y pasajes clave
Para considerar la deidad y humanidad de Cristo conviene meditar en pasajes como Juan 1:1,14; Juan 10:30-33; Juan 17; Colosenses 2:9; Filipenses 2:5-8; Hebreos 1:1-3; y 1 Timoteo 2:5 que afirma la singularidad del mediador: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.
Los concilios y las confesiones patrísticas (Éfeso 431; Calcedonia 451) siguen siendo referencias centrales para entender cómo la Iglesia histórica resolvió las controversias cristológicas, afirmando la plena divinidad y plena humanidad de Jesucristo en una sola Persona.

tags: #jesucristo #hombre #filosofo #o #dios