Ilustraciones eróticas: mujeres crucificadas y el circo de la representación

'Claro de luna' de Albert von Keller, una pintura de 1894. Desde que la cruz se introdujo como parte de la simbología cristiana, lo que fue una forma de condena para criminales desde la antigua Roma, aplicada a los hombres deviene en imagen santificada y devocional pero si esa cruz acoge el cuerpo de una mujer, la imagen es una blasfemia, una ofensa o una depravación.

La crucifixión en la historia del arte y su carga simbólica

Uno de los momentos cumbres de la imaginería religiosa católica está asociada a la crucifixión de Cristo. Ese momento en el que, según los evangelios, las tinieblas se abren paso y Jesús encomienda su alma a Dios. A lo largo de la Historia del Arte, este momento de tensión y patetismo ha sido a menudo representado, porque este y no otro, es el tema central de la religión cristiana y también de la eucaristía.

El sufrimiento de Jesús en la cruz hace referencia a los aspectos doctrinales más importantes de la teología cristiana como son la expiación de los pecados, la salvación y la muerte y resurrección. Lo más interesante sobre este tema simbólico de la crucifixión es que, asociado a los hombres, otorga poder y distinción: son los casos paradigmáticos de Jesús de Nazaret, San Pedro, que fue crucificado boca abajo en Roma, según los evangelios apócrifos y San Andrés que fue martirizado en una cruz con forma de aspas.

Cambio de género: la crucifixión de mujeres en la iconografía

Resulta realmente interesante hacer un repaso a esas mismas representaciones surgidas en el mundo del arte pero cambiando el género del sujeto representado. Cuando la crucificada es una mujer, es inevitable sentir cómo la simbología empleada estigmatiza y señala la perversión por el mero hecho de ser mujer.

Martirio de Santa Eulalia de Bernat Martorell, pintado a mediados del siglo XV, marca la tendencia iconográfica de las llamadas crucificadas. Una mujer amarrada o clavada a una cruz, con poca ropa, exhibida ante una audiencia que la condena. Santa Eulalia y las que la suceden serán representadas con los brazos bien abiertos, en actitud de entrega y sumisión, y a menudo desnudas o semidesnudas como si siempre se insinuara la promiscuidad de la condenada.

En el siglo XIX, Mujer crucificada de Louis-Joseph-Raphaël Collin continúa este mismo tipo de representación de mujer desnuda sangrando crucificada, que en vez de apelar a la compasión parece estigmatizarla. En este sentido, podemos destacar varios lienzos de Félicien Rops, tanto en La tentación de San Antonio como en Los satánicos, el pintor y grabador belga representa a mujeres fatales en la cruz o al borde de la cruz. Son más bien el pecado y no penitentes que van a expiar sus pecados.

Erotismo, provocación y castigo

Sus cuerpos aparecen provocativos, las formas no insinúan la sensualidad, sino que la apuntalan y la remarcan. En La tentación de San Antonio, como indica la crítica de arte Avelina Lésper, “la mujer usurpa el lugar de la fe, la cruz se erige sobre el reclinatorio de San Antonio. Ella ríe divertida”. La imagen deja de ser religiosa, Rops adentra al espectador en el mundo de la tortura y del dolor, pero también del crimen y placer.

Los satánicos de Rops es la que más llama la atención por su explicitud: en ella se ve a un hombre crucificado que ocupa la parte alta de la imagen. Un fondo rojo otorga a la escena un tono macabro y violento. El pene erecto y los testículos del hombre se apoyan en el cuerpo desnudo de una mujer. La postura de ella con los brazos extendidos sosteniendo un manto negro paralelo al tablón horizontal parecen convertirla en cruz a ella también. La escena remarca la lascivia de la mujer y, además, la señala como culpable del pecado del hombre.

'Claro de luna' de Albert von Keller también se decanta hacia el erotismo y los placeres prohibidos. La mujer representada está sobre una cruz pero todo su cuerpo parece estar en escorzo, como retorciéndose hacia el espectador. Su cabeza ladeada sobre su brazo, al igual que su mano atada descolgada, parecen formar parte de una escena de sadomasoquismo más que de una escena de crucifixión. Tanto en Keller como en Rops, las mujeres parecen crucificadas para ser castigadas por sus deseos sexuales. Estas crucifixiones parecen ser la última fase de una sesión de hipnosis o de psicoanálisis, tan en boga durante aquel tiempo, en las que el deseo sexual de la mujer es calificado de anormal. La cruz, por lo tanto, no limpia sus almas: las enturbia aún más.

Claro de luna de Albert von Keller, detalle de la figura femenina

Excepciones y versiones hagiográficas

En el siglo XIX, Gabriel von Max representaba en El martirio de Santa Julia de Cartago a una mártir cristiana condenada a morir en la cruz. En el lienzo, la santa aparece clavada a la cruz con los brazos extendidos. Ella es quizá una de las pocas excepciones en las cuales la mujer pintada aparece totalmente vestida. Una túnica blanca plisada le cubre el cuerpo y deja tan solo al descubierto los brazos. Ni los pies aparecen desnudos.

Julia era una noble doncella de Cartago. Cuando Genserico tomó la ciudad, en 439, la joven fue vendida como esclava a Eusebio, un mercader pagano originario de Siria. Se dice que Félix el gobernador de la isla, interrogó a Eusebio acerca de la esclava que se había atrevido a insultar a los dioses; Eusebio confesó que era cristiana, pero dijo al Gobernador que no podía prescindir de los servicios de una esclava tan fiel y habilidosa. Julia se negó indignada y proclamó que no deseaba otra libertad que la de seguir en el servicio de su Señor Jesucristo. Esta respuesta enfureció al gobernador, quien ordenó al punto que la golpeasen en el rostro y le arrancasen de raíz los cabellos. A continuación ordenó que Julia fuera crucificada.

De la imagen religiosa al pop y la protesta

Durante los últimos años, muchas representaciones surgidas en la televisión o desde la cultura pop han usado la crucifixión de Jesús como metáfora del sufrimiento padecido por las mujeres a lo largo de la Historia. Madonna ha empleado a menudo en sus espectáculos la cruz como un símbolo de liberación para la mujer. En el videoclip de Like a Prayer, acababa en un campo lleno de cruces ardiendo y lo hacía para denunciar el racismo del Ku Klux Klan. En la gira Confessions del año 2006, la artista escenificaba su propia crucifixión y se mostraba ajena a las críticas de la prensa más conservadora y el Vaticano que la calificaron entonces de blasfema.

La crucifixión también fue empleada como método de protesta por parte de las activistas de Femen en un acto contra el sistema patriarcal en la catedral de Santa Sofía de Kiev durante el año 2010. Desde que la cruz se introdujo como parte de la simbología cristiana, lo que fue una forma de condena para criminales desde la antigua Roma, aplicada a los hombres deviene en imagen santificada y devocional. Sin embargo, si esa cruz acoge el cuerpo de una mujer, la imagen es una blasfemia, una ofensa o una depravación.

Del circo a los dibujos eróticos: el cuerpo como espectáculo

Los Dibujos eróticos de Eisenstein, figura central de la vanguardia ruso-soviética, pueden asumirse como una experiencia plástica en la que tocan tierra las fantasías sin límite de un universo íntimo e irreductible. Es probable que estemos al encuentro del circo sexual que empezó a gestarse cuando a los once años el pequeño Serguéi asistió por vez primera a una función circense. En el excéntrico elenco de artistas descubre a los payasos acróbatas, cuyos despliegues y ductilidad corporales más tarde propagaron ecos que iluminarían su horizonte artístico.

Para el artista letón, se trata de obras que sacuden la rigidez de la moral conservadora, en las que están abiertamente expresadas la violencia, la profanación, el sadismo y la muerte; en ellas aparecen arquetipos y referencias mitológicas que nos remiten a la dualidad Eros y Tánatos, utilizada eficazmente para equiparar el trance religioso con el éxtasis sexual. De allí el carácter blasfemo, erotómano y místico de los dibujos, que representan una brusca irrupción de la línea transversa de la bisexualidad y el erotismo sacrílego.

Instalación: circo erótico, vista de sala

El circo como metáfora y el erotismo transgresor

Los dibujos tienen una fuente genésica y conceptual diversa; poco o nada tienen que ver con el erotismo elegante y aséptico, calificado favorablemente por los tribunos clasicistas. Junto con el referente circense, establecen una cercanía indudable con el grafiti de los baños públicos o con obras de la tradición popular o del arte menor del pasado, en buena medida integrado por creaciones anónimas. Un objetivo fundamental de los dibujos está en hacer explícita la ritualidad impúdica que corre al interior de la sexualidad, a partir de notables estrategias formales que van de cuidadosos trazos unilineales hasta trabajos realizados con la celeridad del borrador o el boceto.

Artistas contemporáneas que resignifican el cuerpo y la crucifixión

La artista afgana Kubra Khademi vive en el exilio en París desde hace más de diez años. Tuvo que hacerlo después de realizar una performance por las calles de Kabul, con la que denunciaba con su cuerpo la persecución que sufren las mujeres de su país. Caminando por los pasillos del pabellón 7 de IFEMA es difícil no fijarse en esa escena de sexo lésbico en el que uno identifica a algunas de las principales líderes mundiales de los últimos años. Realizada en gouache sobre papel, a los desnudos realizados en tamaño natural la artista ha añadido motivos históricos, religiosos o mitológicos occidentales. "Quise mostrar pura alegría y libertad y celebración. Es solo celebración y solo mujeres con sus cuerpos", explica la artista.

Imágenes poderosas en las que Khademi las insta a que usen su poder para acabar con un mundo que es cruel e injusto. Es una propuesta que resignifica el cuerpo femenino no como objeto de castigo sino como sujeto de placer, poder y protesta.

El debate público: escándalo, censura y mercado

La polémica se instaló en ocasiones alrededor de obras explícitas. La instalación de esculturas eróticas de Antoni Miró en los viejos muelles de Valencia provocó críticas y demandas de retirada por considerar que eran "inadecuadas" para un espacio público y que podían vulnerar la Ley del Menor. Otros recordaron que en muchos museos de Italia y de otros países se exhiben figuras similares sin que pase demasiado. "Siempre que se hable de cultura y arte es interesante", dijo el artista.

El conflicto entre libertad artística y sensibilidad pública se repite en ferias y exposiciones donde obras transgresoras conviven con intereses comerciales. En una edición de ARCO, por ejemplo, la rebaja del IVA cultural se planteó como asunto urgente porque el diferencial con otros países penaliza al mercado español. Mientras tanto, la obra contemporánea que juega con la blasfemia o el erotismo sigue provocando reacciones encontradas: desde la censura y la protesta hasta la celebración crítica y la compra por coleccionistas.

Tabla: ejemplos y lecturas posibles

  • Bernat Martorell, Martirio de Santa Eulalia - iconografía de la mujer como víctima y objeto de escarnio público.
  • Louis-Joseph-Raphaël Collin, Mujer crucificada - estigmatización y eroticidad sangrienta en el siglo XIX.
  • Félicien Rops, La tentación de San Antonio / Los satánicos - mujer como pecado y provocación; cruces invertidas en clave erótica.
  • Albert von Keller, Claro de luna - sadomasoquismo y escorzo erótico sobre la cruz.
  • Gabriel von Max, El martirio de Santa Julia - variante hagiográfica con vestimenta y devoción.
  • Kubra Khademi, Pan, trabajo y libertad - exaltación del cuerpo femenino como protesta y celebración.

Arte y erotismo sagrado. Mónica de la cruz

Reflexión final

Mayoritariamente una mujer crucificada se la asocia con el demonio. La representación de mujeres en la cruz, desde la pintura religiosa hasta el dibujo erótico y las performances contemporáneas, interroga nuestras categorías sobre lo sagrado y lo profano, el castigo y la transgresión, el arte y la provocación. Mientras algunas obras utilizan la crucifixión para estigmatizar y señalar la depravación, otras la resignifican como herramienta de denuncia, liberación y poder femenino.

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