El Museo del Prado atesora una de las colecciones de pintura religiosa más importantes del mundo, con obras que cubren desde los grandes maestros del Renacimiento y el Siglo de Oro hasta la producción religiosa del siglo XIX. Singularmente rico en cuadros de maestros europeos de los siglos XVI al XIX, muchos historiadores consideran que se trata del espacio más importante del mundo en pintura europea.
La colección del siglo XIX y la recuperación de obras
La colección de pintura del siglo XIX es una de las más amplias del Museo del Prado, un extenso fondo del que tan solo se exhiben algo más de cien obras, lo que no supone ni un 10% del total. El resto permanece en los depósitos hasta que un proyecto puntual o una restauración permite rescatar alguna de ellas para el deleite del público. Es lo que ha sucedido con la obra de Antonio María Esquivel y es el motivo por el que el Prado creó en su día la sala 60 “Sala de presentación de colecciones del siglo XIX”.
Antonio María Esquivel: pintura religiosa y biografía
Antonio María Esquivel (1806-1857) desarrolló en varias ocasiones temas religiosos que muestran su conocimiento anatómico y su atención al soporte pictórico. Preside la sala La caída de Luzbel, una obra religiosa que, en este caso, tiene también algo de personal. Esquivel perdió temporalmente la vista y durante la época en la que no pudo pintar sus compañeros del Liceo de Madrid fueron su apoyo y sustento, por lo que una vez recuperada la visión, y en agradecimiento, pintó para el Liceo este triunfo del Bien sobre el Mal, de la luz sobre las tinieblas.
La tercera gran obra en la sala es una imagen de La Virgen María, el niño Jesús y el Espíritu Santo con ángeles en el fondo, en la que aúna las referencias a Murillo con su gusto por la exactitud anatómica y la monumentalidad clásica. La muestra se completa con un Autorretrato de Esquivel, el último de los que realizara, y un retrato de José de Espronceda, amigo del pintor y uno de sus grandes apoyos durante su ceguera.

Restauración y estado de conservación
Eva Perales, responsable de la restauración de esta pintura, nos desvela algunas claves interesantes como la originalidad y la dureza del tejido (conocido como tela de colchón), lo que nos indica que Esquivel se preocupó por elegir un soporte caro y duradero; una tela muy robusta y tensa, poco vulnerable a roturas. También para El Salvador Esquivel escogió el mejor soporte, manteniéndose con un buen estado de conservación en los años en los que la pintura estuvo expuesta en la Lonja de Palma de Mallorca, desde 1901 a 1964.
Es en ese último año, momento en que es devuelta al Museo Provincial de Palma, cuando, posiblemente por falta de espacio, se enrolla y se producen alteraciones en la pintura y el quebrantamiento de los bordes. El trabajo de restauración, muy laborioso en este caso, ha consistido en colocar algunas suturas en los desgarros originados al eliminar las tachuelas con las que estaba guardada la pintura, la limpieza de barnices y la restauración de algunas faltas. Sin embargo, hay en ella algunos daños irreversibles, solo apreciables de cerca, producidos por el exceso de secativo empleado por el propio autor, lo que ha provocado en algunas zonas la aparición de pequeñas ampollitas, efecto que en restauración se conoce como piel de serpiente.
En cuanto a la representación de Cristo, vemos un acercamiento a la manera de Murillo pero llama la atención el tratamiento que Esquivel hace de la anatomía, materia en la que era docto. Antonio María Esquivel. El Salvador (antes y después de la restauración), 1842.
Grandes obras religiosas de la colección histórica
En la primera parte de la serie se recogen los principales lienzos de contenido religioso del Prado, desde obras del Medievo y Renacimiento hasta el Barroco y el Neoclasicismo. El Prado presenta ejemplos señeros que cubren múltiples iconografías: la Anunciación, la Adoración de los Reyes Magos, escenas de la Pasión, la Virgen y la infancia de Cristo, mártires y episodios bíblicos clásicos.
Obras emblemáticas y sus claves
- Tríptico del jardín de las delicias (1490-1500) de El Bosco: la creación más compleja y enigmática del Bosco. En el tríptico cerrado reproduce en grisalla el tercer día de la Creación del mundo; en el tríptico abierto incluyó tres escenas que tienen como único denominador común el pecado.
- La Anunciación (1570-1572) de El Greco: representa el momento en que María acepta los designios divinos y destaca por su monumental arquitectura clásica en perspectiva y el grupo de ángeles que coronan la escena.
- Santa Bárbara (1772) de Goya: una obra temprana de Goya con iconografía tradicional (corona, palma, torre) y claras influencias del clasicismo romano.
- Adoración de los Reyes Magos (1619) de Velázquez: una obra maestra sevillana en la que confluyen contenidos artísticos y biográficos, y donde Velázquez funde el mundo real con el relato histórico.
- Cristo sobre la piedra fría (1496-1497) de Juan de Flandes: uno de los primeros ejemplos conocidos en pintura del tema, que presenta a Cristo totalmente desnudo y acentúa las huellas de la Pasión.

Selección de otros hitos religiosos
El Prado conserva además una larga lista de obras significativas por su iconografía y calidad técnica: 'La Trinidad' de El Greco, 'El Descendimiento' (antes de 1443), 'Cristo muerto sostenido por un ángel' de Antonello, 'El lavatorio' (1548-1549), grandes retablos como el 'Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas' (1415-1420) y obras narrativas como 'El sueño de Jacob' (1639) o 'La Resurrección de Cristo' (1597-1600).
Goya y la pintura religiosa
El Museo del Prado presentó recientemente tres cuadros inéditos de tema religioso de Francisco de Goya que se incorporan a la colección, adquiridos por el Estado a través de la dación en pago de impuestos de Caja Madrid. Los óleos Sagrada Familia y Tobías y el ángel se compraron en subasta en la sala Alcalá por 3,5 millones de euros, mientras que San Juan Bautista niño en el desierto se adquirió a un anticuario de Londres por 4,2 millones de euros. Las tres piezas se consideran fundamentales para conocer la pintura religiosa de Goya y se suman a las seis obras de este género que tiene el museo.

Iconografías y temas recurrentes
La pintura religiosa en el Prado abarca temas que van desde la Anunciación, la Natividad, la Adoración de los Magos, la Oración en el Huerto, la Pasión y la Crucifixión, hasta escenas de santos, mártires y episodios del Antiguo Testamento como Moisés salvado de las aguas o Judith y Holofernes. Estas obras muestran tanto la devoción como la función pública y didáctica del arte sacro en distintas épocas.
Variabilidad estilística y técnica
Las piezas del Prado permiten apreciar la evolución de recursos técnicos: desde la témpera sobre tabla y la grisalla del gótico y el Renacimiento hasta el óleo sobre lienzo del Barroco y la complejidad compositiva renacentista y barroca. Se observan, además, las distintas aproximaciones al tratamiento de la luz, el color y la anatomía, con autores que van de Tiziano y Veronés hasta Murillo, Ribera y Velázquez.
Visitar el Prado y recomendaciones
En 2018 visitaron el museo madrileño 3,6 millones de personas. Muchos de los asistentes coinciden a la hora de afirmar que es necesario más de un día para contemplar todas las joyas que atesora el museo. El arte religioso es uno de los grandes fuertes del Prado, y una selección de sus cuadros religiosos principales se puede contemplar en distintas salas, exposiciones temporales y proyectos de restauración que periódicamente sacan obras de los depósitos.
Tabla: Selección representativa de obras religiosas en el Prado
| Obra | Autor | Fecha |
|---|---|---|
| Tríptico del jardín de las delicias | El Bosco | 1490-1500 |
| La Anunciación | El Greco | 1570-1572 |
| Adoración de los Reyes Magos | Velázquez | 1619 |
| Santa Bárbara | Goya | 1772 |
| Cristo sobre la piedra fría | Juan de Flandes | 1496-1497 |
| La caída de Luzbel / El Salvador | Antonio María Esquivel | 1840 / 1842 |
Por qué ver las obras religiosas del Prado
Las pinturas religiosas del Prado no solo ofrecen una experiencia estética y espiritual, sino que también permiten estudiar la historia del arte, la técnica pictórica y las transformaciones culturales a lo largo de siglos. Desde escenas bíblicas icónicas hasta representaciones íntimas y personales como las de Esquivel, el Prado reúne narrativas sacras que han marcado la iconografía occidental.