El religioso(a) es ese hombre o mujer, que se esfuerza cada día por realizar aquello que falta: “vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme”. (Lc 18, 22).
Todo cristiano que se decide a vivir plenamente el mensaje de Cristo (de amor hasta dar la vida, de perdón a los enemigos, de donación incondicional, de desprendimiento de los bienes materiales, de aceptación de la cruz) acepta aquel bello ofrecimiento que rechazó el joven rico.
Naturaleza y significado de los votos religiosos
La vida consagrada, y específicamente la vida religiosa, se define por la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia mediante votos públicos. Esta es una forma estable de vida en la que los fieles se dedican totalmente a Dios, amado por encima de todo, y se consagran a su honor, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo. Los votos religiosos no son un fin en sí mismos, sino un medio para alcanzar la perfección de la caridad cristiana.
La consagración a través de los votos es una respuesta a un don previo de Dios, un regalo de amor que no puede ser racionalizado, sino que es obra de Dios mismo en la persona que ha elegido. Es una dedicación de toda la vida al servicio de Dios, buscando a Él antes que a cualquier otra cosa. Los votos liberan a la persona de obstáculos que podrían impedir un amor ardiente a Dios y una adoración perfecta, consagrándola de una manera más total a su servicio.
Los votos religiosos manifiestan en la Iglesia un «matrimonio maravilloso» realizado por Dios, siendo un signo de la vida futura. Esta consagración total de la persona se realiza mediante votos públicos, que pueden ser perpetuos o temporales y renovables. Al hacer estos votos, los religiosos asumen la observancia de los tres consejos evangélicos y son consagrados a Dios a través del ministerio de la Iglesia, incorporándose a su instituto con los derechos y deberes definidos por la ley.
La llamada divina
En el origen de la consagración religiosa se encuentra una llamada de Dios que se explica únicamente por el amor gratuito, personal y único que Él tiene por la persona a la que llama. Esta llamada divina invita a seguir a Cristo a través de la práctica y profesión de los consejos evangélicos. La vocación religiosa, aunque arraigada en el bautismo, es un don especial de gracia que no se concede a todos los bautizados, sino que es ofrecido libremente por Dios a quienes Él elige para el bien de su pueblo.
Al aceptar este don, los religiosos responden a la llamada divina, muriendo al pecado, renunciando al mundo y viviendo solo para Dios. El centro de sus vidas es un seguimiento más cercano de Cristo.
Los tres votos esenciales
Los tres votos esenciales de la vida religiosa son la pobreza, la castidad y la obediencia, conocidos como los consejos evangélicos. Estos votos son una triple expresión de un único “sí” a la relación de total consagración a Dios. Cada instituto define en sus constituciones cómo se observarán estos consejos de manera particular, de acuerdo con su carácter y fines propios.
Voto de pobreza
El voto de pobreza implica que el religioso renuncia al libre uso y disposición de sus bienes. Depende del superior legítimo del instituto para la provisión de bienes materiales, pone en común los dones y salarios como pertenecientes a la comunidad, y acepta y contribuye a un estilo de vida sencillo.
El objetivo de este voto no es alcanzar un estado de indigencia voluntario, sino formar la actitud de modestia, de sobriedad y desprendimiento hacia las cosas materiales para poseer un corazón más libre que aspire a los bienes espirituales. No es un desprecio sino un justo equilibrio: las creaturas no son más que el Creador, y por tanto éste merece el primer lugar en la vida.
Históricamente, la pobreza para los ermitaños consistía en la renuncia a bienes mundanos y en el uso muy austero de alimentos, ropa y otras necesidades; los cenobitas tenían prohibido poseer propiedades separadas y debían recibir del superior o procurador todo lo que necesitaban.
Voto de castidad
El voto de castidad implica que el religioso se compromete a vivir la castidad bajo un nuevo título, el del voto, y a vivirla en celibato consagrado por el Reino de los Cielos. Esto requiere un estilo de vida que sea un testimonio convincente y creíble de una dedicación total a la castidad, renunciando a cualquier comportamiento, relaciones personales y formas de recreación incompatibles con ella.
Similar al anterior voto es el de castidad: el religioso se compromete a no tener otro amor en su vida que no sea Jesucristo y por la vivencia de este compromiso dar un continuo ejemplo a los hombres de que hay un amor más grande y más perfecto que nos espera de modo pleno después de esta vida, pero que también puede disfrutarse ya en ésta.
La castidad no se limita al aspecto físico: abarca también la integridad de las esferas emocional y afectiva. La castidad permite así centrarse en el amor desinteresado y universal hacia todos los seres humanos y en la búsqueda de la santidad.
Voto de obediencia
El voto de obediencia compromete al religioso a obedecer las directivas de los superiores legítimos según las constituciones del instituto. Implícito en el compromiso con el instituto que incluyen los votos, está el compromiso de vivir una vida común en comunión con los hermanos o hermanas de la comunidad.
El voto más costoso pero también el que mejor logra en el religioso su transformación en Jesucristo, quien “siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer” (Heb 5, 8). Una obediencia que le costó mucho pero que no negó, “obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Filip 2, 8). El religioso confía su vida a la voluntad de Dios expresada en sus legítimos superiores.
La obediencia a la autoridad legítima es un medio para la perfección y no es una sumisión ciega, sino un acto de libre voluntad que ofrece una estructura y un marco en el que los religiosos pueden desarrollar su relación con Dios y formarse espiritualmente.
El "cuarto" voto y votos adicionales
Además de los tres votos esenciales, las reglas o constituciones de una orden o congregación pueden añadir votos especiales inspirados por el propósito de la orden. Por ejemplo, los Franciscanos Menores hacen un voto de obediencia especial al Papa y a la Iglesia Romana; las Clarisas Pobres, un voto de clausura; los Mercedarios, un voto de dedicarse a la redención de cautivos cristianos, incluso dándose como rehenes; los Mínimos, un voto de abstinencia estricta; las Carmelitas y las Agustinas Descalzas, un voto de humildad.
La primera profesión en la Compañía de Jesús implica un voto de indiferencia con respecto a los votos finales, y la profesión solemne añade un voto de obediencia al Papa para las misiones y otros compromisos para asegurar la observancia de la pobreza.
Los votos son entonces el mayor acto de amor que podemos hacer para vincularnos, atarnos, ligarnos raigalmente a nuestro Dios, por eso le dijimos o nos preparamos para decirle de lo más profundo de nuestro corazón: “Al Padre, origen primero y fin supremo de la vida consagrada; a Cristo, que nos llama a su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone el ánimo a acoger sus inspiraciones”.

Tipos de votos y profesión religiosa
La profesión religiosa es el acto de abrazar el estado religioso mediante los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, de acuerdo con la regla de una orden canónicamente aprobada. Implica un triple voto hecho a Dios, que vincula a la persona a la regla de una determinada orden.
Los votos pueden ser simples o solemnes. La Iglesia ha reconocido la distinción entre ambos, siendo los votos solemnes aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales. Históricamente, algunas comunidades introdujeron la profesión acompañada de votos simples, lo cual es ahora la práctica ordinaria en las congregaciones más recientes.
Los votos religiosos pueden ser perpetuos o temporales. Los votos temporales son renovables al expirar el período de tiempo. La profesión perpetua es una característica del estado religioso, ya que este implica algo fijo y permanente, y para asegurar esta estabilidad el religioso se promete a Dios mediante un voto perpetuo.
Las condiciones para la validez de la profesión temporal, su duración y su posible extensión se determinan en las constituciones de cada instituto, siempre en conformidad con el derecho común de la Iglesia.
Impacto y testimonio de la vida consagrada
La consagración a través de la profesión de los consejos evangélicos en la vida religiosa tiene un impacto social. Aunque la protesta social no es el propósito de los votos, su vivencia siempre ha ofrecido un testimonio de valores que desafían a la sociedad, así como a los propios religiosos.
La pobreza, castidad y obediencia religiosas pueden hablar con fuerza y claridad al mundo actual, que sufre tanto de consumismo y discriminación, erotismo y odio, violencia y opresión. A través de la profesión de los consejos, el religioso desea liberarse de los impedimentos que podrían apartarlo de un amor ardiente a Dios y de una adoración perfecta, y consagrarse de manera más profunda al servicio divino.
Estos consejos tocan a la persona humana en los tres ámbitos esenciales de su existencia y relaciones: afectividad, posesión y poder. Su fiel ejercicio fomenta el desarrollo de la persona, la libertad espiritual, la purificación del corazón, el fervor de la caridad y ayuda al religioso a cooperar en la construcción de la sociedad humana.
Los religiosos dan a Cristo y a la Iglesia un testimonio público de separación con respecto al «espíritu del mundo» y al comportamiento que implica, y al mismo tiempo de una presencia en el mundo acorde con la «sabiduría de Dios».
LOS VOTOS (¿como vivir la pobreza, la castidad y la obediencia?)
Práctica y formación
El voto de pobreza significa también vivir en la medida de lo posible del trabajo de las propias manos y compartir todo en comunidad, viviendo en la sencillez y la sobriedad. Así, todo lo que poseen los religiosos se utiliza en función de las necesidades de la comunidad, y el énfasis se pone en la vida comunitaria y el reparto equitativo.
La vida monástica, aunque exigente, es una fuente de paz interior y de espiritualidad profunda. Los monjes y las monjas consagran su tiempo a la oración, al estudio y al trabajo manual, cultivando así una vida de contemplación y de servicio a Dios y al prójimo.
Resumen comparativo de tipos de votos
- Pobreza: renuncia al uso libre de bienes, vida sencilla, dependencia de la comunidad.
- Castidad: celibato consagrado, transformación del amor humano en amor a Dios y al prójimo.
- Obediencia: sometimiento a los superiores legítimos según constituciones, instrumento de humildad y unidad.
- Voto adicional: compromisos específicos según el carisma de la orden (clausura, redención, humildad, abstinencia, etc.).
Los votos monásticos se hacen de por vida y exigen un compromiso total y sincero con Dios y con la comunidad. Ofrecen un camino de consagración profunda y de abandono de uno mismo, que permite a los religiosos centrarse en la búsqueda de la santidad y de la cercanía con Dios.
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