En la costa gaditana, donde el sol besa las olas del Atlántico y el viento levanta secretos entre las rocas, existe un lugar olvidado por muchos pero temido por quienes conocen su historia. Una de las construcciones más singulares de Cádiz, aunque ocultas a la vista, son las llamadas Cuevas de Maríamoco o María Moco, un conjunto de galerías y pasadizos subterráneos que se encuentran en el subsuelo del llamado Frente de Tierra, es decir, las actuales Puertas de Tierra y los glacis que en su día existían frente a éstas.

Origen y función militar
Las galerías subterráneas o contraminas tenían como finalidad evitar o dificultar el avance de las fuerzas enemigas haciendo estallar la pólvora que había acumulada en unos pozos u hornillos distribuidos a lo largo de las galerías y, así, destruir a los sitiadores y las piezas de artillería que colocasen ante la muralla, hecho éste que nunca llegó a producirse.
La creación de minas y contraminas para hacer retroceder a tropas enemigas posibilitó establecer este sistema de galerías subterráneas. Las contraminas acababan en pozos que contenían pólvora para hacer saltar por los aires a los enemigos que acamparan en los glacis. Aunque, "nunca se llegó a utilizar para la guerra, solo para la guardia".
Forman parte de un entramado de 1,5 kilómetros de túneles llamados "contraminas". Alrededor de cinco kilómetros de galerías formadas por pasadizos, minas y contraminas conforman este entramado de túneles. El tramo más largo es el localizado en la playa Santa María del Mar.
Ubicación y tramos conservados
Estos pasadizos subterráneos forman parte de una de las leyendas más populares de la ciudad y se extienden desde las Puertas de Tierra hasta la Alameda; se dice que eran túneles de conexión de las zonas nobles de la antigua Gades. En la actualidad, se conservan gran parte de estas galerías en la zona comprendida entre Bahía Blanca y la playa de Santa María, siendo visitables algunos de sus tramos.
Partiendo de las Puertas de Tierra, antiguas puertas de entrada a la ciudad, uno de los pasadizos lleva hasta el Arco de los Blancos, y de aquí, otro lleva hasta el puerto, aunque este en la actualidad parece hallarse inundado. Otros se dirigen hasta la Iglesia de Santiago y hacia el Convento de San Francisco y finalizan en la plaza de Argüelles, muy, muy cerquita de la Alameda.
En las laderas que daban a la playa de Santa María del Mar había algunos accesos a las mismas, así como al pie de la muralla junto a la estación de Renfe o en el foso de Puerta Tierra, todos ellos ya desaparecidos o cegados. Las entradas a las «Cuevas de Mariamoco» están cerradas en la actualidad, por seguridad, para evitar que puedan perderse personas en su interior o ser refugio de desaprensivos, delincuentes o indigentes.
Toponimia: ¿María Moco, Maríamoco o Malamocco?
El nombre de Maríamoco o María Moco, al parecer, procedía de una mujer gitana que vivía en estas cuevas cuando ya habían perdido su función militar, que elaboraba pócimas y ungüentos, y que un buen día desapareció sin dejar rastro. Las cuevas de María Moco llevan el nombre de una mujer infeliz que allí habitó.
Diferentes versiones populares hacen derivar la toponimia de tradiciones orales y leyendas: en la costa gaditana se contaba que el nombre Mariamoco proviene de una antigua bruja mora que habitó la cueva siglos atrás; pescadores y viejos del lugar mantenían la idea de que la cueva estaba maldita.
Leyendas y relatos populares
La leyenda de María Moco es sólo el escaparate más célebre de una realidad oculta. Dicen los pescadores más viejos del lugar que una joven hechicera llamada Mariana Al-Moqaddima vivía retirada en una cueva cercana al mar. Se decía que hablaba con los muertos, invocaba sombras en noches sin luna y que su mirada podía paralizar a un hombre valiente. Algunos la veneraban como sanadora.
Una versión popular cuenta que Mariana hizo un pacto con el mar, ofreciéndole su alma a cambio de eternidad, y que aún vive en la cueva, rejuvenecida cada siglo, esperando a que Don Alonso reencarne y vuelva a ella. Otros relatos recogen historias de marineros que se internaron y solo dejaron tras de sí objetos misteriosos, como una guitarra flotando en una poza de agua salada.
Además de la figura de la bruja, las galerías, desde luego, eran el lugar perfecto para refugio de forajidos y contrabandistas. Un testigo presencial a principios del siglo XIX relataba: continuamente, todos los días, estoy viendo entrar y salir por las bocas de las minas a muchachos, zagalones y hombres de mala facha, con faroles, linternas y hachones de viento... y asimismo he visto entrar y salir con sacos de sal...
Usos sociales: contrabando, viviendas e infancia
La práctica del contrabando para burlar al fisco siempre ha sido una constante en la historia y Cádiz no podía ser menos, máxime en un puerto tan floreciente y de tanto tráfico comercial como el gaditano durante el siglo XVIII. El contrabando de la sal, que era robada del muelle, era común.
También fue lugar de residencia de gentes de baja condición y sin recursos, que encontraban en ellas un sitio donde vivir. Con el paso del tiempo, las cuevas se convertirían en el lugar predilecto de las correrías de muchos chavales que se internaban en ellas en busca de aventuras y de antiguos tesoros que, según la creencia popular, había escondidos allí.
Los niños de la ciudad crecieron, hasta el cambio de siglo, con las cuevas como protagonistas en su imaginario de terror y aventuras. Raro es el gaditano de más de 40 años que no ha fantaseado con llegar con su bicicleta hasta una de sus hipotéticas entradas y pasar a ver.
Investigación moderna y conservación
La investigadora Cristina Álvarez tuvo la oportunidad de investigar, y entrevistar a los responsables de estudiar la documentación de los pasadizos de Cádiz, en concreto a Germán Garbarino, gerente del museo de la Casa del Obispo, quien le decía a la investigadora: «La Delegación de Cultura nos pidió pruebas tangibles y científicas.»
Germán Gabarino, gerente de la empresa Monumentos a la Vista, se hizo cargo de su investigación y tras contrastar diversos testimonios transmitidos de "boca en boca", descartó los falsos y las pistas le llevaron hasta la Iglesia de Santiago, a pocos pasos de la Catedral. Allí, en la cripta, existe una enorme puerta sellada con ladrillos y piedra ostionera que no conduce, ya, a ningún lugar. Pero Germán, con un plano fechado en 1837, en el que se reflejaban claramente los túneles, su emplazamiento y tamaño, los encontró al fin en 2004.
Para profundizar en el estudio del subsuelo se utilizó tecnología y a través de Geytex, una empresa especializada en tecnología subterránea, GEO-Radares y gavimetría, se estudió el subsuelo de Candelaria, la Plaza de la Catedral, la Plaza San Francisco y la Calle San Juán con resultados positivos.
Desde hace unos años existe el proyecto de hacer visitable al público parte de estas galerías. En la ciudad existen tres tipos de galerías diferentes: las más antiguas pertenecen a pasadizos que unían las estructuras arquitectónicas más relevantes del antiguo Gades; otra de las rutas es la que sirve de escape del castillo de la Villa; y las minas y contraminas a las que se le otorga el nombre de María Moco.
Óscar Antonio Castaño Veguilla es uno de los jóvenes ciudadanos que ha impulsado la investigación y la ilusión por recuperar estas galerías subterráneas: "se convirtieron en una pasión y a la vez en una angustia que a día de hoy me ha quitado el sueño muchas noches". Óscar declara que el estado de las cuevas, pese a los años de antigüedad, es bueno, e incide en que "no hay peligro real y hay bastante profundidad".
Una de las claves que Óscar considera un problema para su apertura al público es que los respiraderos permanezcan tapiados e impidan la respiración en el interior de las contraminas. "Es necesario explorar las grutas con bombonas de oxígeno, ya que las condiciones ahí abajo no son aún del todo idóneas para pasear tranquilamente, pese a que no hay peligro de derrumbe alguno".
Patrimonio visitable y ejemplos
Actualmente, apenas unas pocas muestras son utilizadas con fines turísticos. Para poner orden en el laberinto, lo mejor es remitirse a los clásicos. Juan Serafín Manzano es el autor de los que se consideran planos más fiables del subsuelo de Cádiz. Apenas se conservan tres. Están custodiados en el Archivo Histórico Provincial o en colecciones de familias como Pettenghi o Joly.
Desde 2015, es posible visitar las Cuevas del Beaterio. Abren sus puertas de martes a domingo. La entrada libre cuesta dos euros y la guiada sube algo más, en horario de 13 y 19 horas. El recorrido viene a durar 45 minutos. Aquí, todo comenzó en 1633. El edificio era un beaterio (residencia de religiosas no consagradas y con estatus inferior al de monja).
Propuestas y retos para su apertura
- Estudio científico y arqueológico riguroso para documentar y proteger las galerías.
- Desatasco de respiraderos y medidas de ventilación que garanticen seguridad a visitantes.
- Instalación de pasarelas, iluminación y señalética para usos turísticos y didácticos.
- Gestión que equilibre protección patrimonial y aprovechamiento económico sostenible.

Relatos de exploración y memoria colectiva
Muchos relatos de infancia y aventuras alimentan la leyenda: Felipe Marín sostuvo una interesante entrevista y narró su experiencia en las cuevas: «Fuimos bordeando Cádiz, saliéndonos de los márgenes del barrio sin que nuestros padres supiesen nada... Estuvimos atravesando las entrañas del barrio de Bahía Blanca. Recuerdo que era una entrada que se dividía en dos pasillos... Poco a poco fuimos saliendo hasta llegar a la salida y nos fuimos totalmente embarrados hacia nuestro barrio intentando dar explicaciones a nuestros padres de cómo llegamos en esas condiciones. Más adelante, de mayor, me enteré que se trataba de minas y contraminas, y que muchas de ellas estaban por debajo del nivel del mar con lo cual, con las subidas de marea posiblemente se inundaban.»
Historias personales como la de Felipe o los rumores sobre entradas descubiertas durante obras alimentan el misterio y el interés ciudadano por estas galerías. Muchos soñaron en la infancia con recorrer la ciudad por debajo: el dicho más común era que si encontrabas la entrada por la plaza de Mina, podías recorrer toda la ciudad por debajo.
Estado actual y perspectivas
Las entradas a las cuevas están cerradas actualmente por seguridad, pero desde hace años se trabaja para documentarlas y abrir tramos al público. La administración no termina de poner en valor este patrimonio, pese al gran potencial turístico que poseen estas galerías, aunque existen iniciativas y proyectos técnicos que han dado pasos importantes.
La mejor zona para acceder a las cuevas y que podría ser explotada para su uso turístico es la que se encuentra a la altura del Instituto Hidrográfico, con cerca de 400 ó 500 metros de recorrido perfectamente transitable, según exploradores locales. Los costes de una posible restauración rondarían un coste elevado, debido a la amplitud de los túneles, pero se vería recompensado por el beneficio económico que a largo plazo obtendría la capital gaditana.
Datos resumidos
| Aspecto | Información |
|---|---|
| Ubicación principal | Frente de Tierra, Puertas de Tierra, Bahía Blanca, playa de Santa María |
| Extensión estimada | Entre 1,5 km y hasta 5 km de galerías (según tramos) |
| Origen | Minas y contraminas de los siglos XVII-XVIII; trazas medievales y romanas en el subsuelo |
| Usos históricos | Defensa militar (contraminas), contrabando, refugio, vivienda |
| Accesibilidad | Entradas tapiadas y cerradas; tramos visitables como Cuevas del Beaterio |
Sea cual sea la verdad sobre sus orígenes más remotos o los matices de sus leyendas, todos coinciden en algo: las cuevas son, innegablemente, un pedazo de la Historia de Cádiz, un pedazo desconocido que huele a leyenda y a historias secretas. La nueva tecnología ha puesto al descubierto pasadizos de origen romano de entre 6 y 8 kms. que recorren la mayor parte del casco antiguo, y que en breve se podrán, además, visitar.
