Historia y origen del Obelisco Vaticano y su relación con el Circo de Nerón

En el año 37 d.C., el emperador Calígula decidió llevar el monolito a Roma para decorar la espina dorsal del circo que estaba construyendo en la colina del Vaticano. Para la empresa, se construyó un barco colosal, tan grande que, según el historiador Plinio el Viejo, tenía la misma longitud que el ancho del circo. Para darle estabilidad, se lastró con una enorme cantidad de lentejas, que luego se donaron al pueblo de Roma. El viaje fue largo y arriesgado, pero el obelisco llegó a su destino intacto.

Una vez en Roma, fue colocado con una ingeniería increíble en el centro del Circo de Nerón, quien heredó su construcción. En un primer momento, fue colocado en el Forum Iulii de Alejandría y, en el año 40, fue llevado a Roma por Calígula y colocado en la spina del Circo de Nerón. El obelisco estaba tallado en un bloque único de granito rosa de 25,4 metros de altura. En la actualidad, si sumamos el basamento y la cruz que lo corona, alcanza los 40 metros de altura.

El Circo de Nerón: entre juegos y mártires

El obelisco adquirió un papel destacado en la vida pública de Roma. El circo, una inmensa estructura similar a un hipódromo en la colina del Vaticano, era el lugar predilecto para el entretenimiento de masas, en particular las carreras de cuadrigas que encendían la pasión de los romanos. El obelisco se alzaba sobre la columna vertebral central, el muro bajo que dividía la arena en dos y servía de punto de giro para los carros.

Durante siglos, fue testigo del desfile de veloces carros y aclamados aurigas en un torbellino de polvo, ruido y adrenalina. Era el corazón palpitante del circo, testigo silencioso de los juegos y los grandiosos espectáculos que animaban los días de la ciudad. Sin embargo, el destino del obelisco no se limitó a ser un simple marcador de vueltas.

Su historia estuvo teñida de drama durante el reinado del emperador Nerón. Después del Gran Incendio de Roma en el año 64 d.C., para sofocar los rumores que lo acusaban de haberlo provocado, Nerón culpó a los cristianos. El Circo se convirtió así en el escenario de una de las persecuciones más brutales de la historia. Cientos de cristianos, acusados injustamente, fueron torturados y ejecutados de maneras horribles para el entretenimiento de la multitud. Muchos fueron crucificados y sus cuerpos prendidos fuego para iluminar las noches romanas.

Según la tradición, San Pedro fue martirizado hacia los años 64 o 67 en el Circo de Nerón, siendo enterrado en el cementerio adyacente. Cuando el circo cayó en desuso, su superficie fue ocupada por la necrópolis vaticana.

Mapa superpuesto del Circo de Nerón y la actual Ciudad del Vaticano

El olvido y el renacimiento: del Campo Vaticano a la Plaza de San Pedro

Durante más de 1.500 años, el obelisco permaneció en una zona abandonada del Campo Vaticano, medio enterrado y prácticamente olvidado. Su historia experimentó un punto de inflexión trascendental con la elección del Papa Sixto V en 1585. Este Papa, un visionario y un gran urbanista, tenía el plan de reorganizar Roma y convertirla en una ciudad moderna y funcional.

Su primera y más audaz decisión fue trasladar el obelisco al centro de la incipiente Plaza de San Pedro, una hazaña que muchos consideraban imposible. El proyecto era una locura: consistía en levantar un monolito de 331 toneladas, desplazarlo unos 300 metros y volver a colocarlo en posición vertical perfecta. El desafío era tal que nadie se ofreció voluntario, hasta que el arquitecto Domenico Fontana dio un paso al frente.

Fontana, con su ingenio, diseñó una compleja “máquina” hecha de madera, cuerdas y cabrestantes. Su invención fue una obra maestra de la mecánica renacentista, un sistema de engranajes, poleas y roldanas que debían ser operadas por 900 hombres y 75 caballos. Toda la operación fue un evento público y un desafío titánico.

Para garantizar la máxima concentración, el Papa impuso silencio absoluto a todos los presentes, amenazando con la pena de muerte a quien se atreviera a pronunciar una sola palabra. En aquel fatídico día, la multitud presenció el izado en un silencio reverente. Pero ocurrió lo inesperado: las cuerdas, bajo el enorme peso, comenzaron a sobrecalentarse y a ceder. Fue entonces cuando un marinero ligur, Benedetto Bresca, desafiando el edicto papal, gritó con todas sus fuerzas: «¡Agua para las cuerdas!». Su valentía salvó la empresa, y el obelisco fue izado y luego descendido con éxito.

Del 30 de abril al 26 de septiembre de 1586, fecha de su consagración, el obelisco se extrajo de su emplazamiento anterior y se fue trasladando a la plaza de San Pedro con extremo cuidado. En la mañana del 26 de septiembre de 1586, el obispo Ferratini celebró una misa y dirigió una procesión con más de tres docenas de cardenales, obispos y otros dignatarios por la calzada de tierra del obelisco hasta un altar que se había montado.

Grabado de la máquina de Domenico Fontana para izar el obelisco

De símbolo pagano a emblema cristiano

Se dice que al ver el obelisco ya montado, el papa exclamó emocionado «Lo que era pagano es ahora emblema del cristianismo». Una vez trasladado, el obelisco comenzó su nueva vida como símbolo del cristianismo. Su ubicación no fue en absoluto casual, sino el resultado de un profundo significado espiritual. Sixto V lo eligió como el punto de apoyo de su "ciudad ideal" y lo hizo colocar exactamente en el lugar donde, según la tradición, San Pedro fue crucificado y enterrado.

El obelisco, testigo de las persecuciones en el Circo de Nerón, se convirtió así en un monumento a los mártires, transformando un lugar de muerte en un espacio de esperanza y triunfo espiritual. Para enfatizar este nuevo significado, el papa Sixto V añadió una serie de inscripciones en su base que celebraban la victoria del cristianismo sobre el paganismo, exaltando el poder de la cruz sobre el símbolo imperial.

Sobre la base, el obelisco estaba adornado con el escudo de armas papal, y la esfera de bronce que una vez lo coronaba fue reemplazada por una cruz, en cuyo interior se encontraba una reliquia de la Vera Cruz. Su nueva apariencia transformó, por lo tanto, el antiguo monolito en un monumento a la fe.

Posteriormente, Gian Lorenzo Bernini, a quien el papa Alejandro VII encargó el rediseño de toda la plaza, eligió el obelisco como eje central de su ingeniosa arquitectura elíptica. Sus dos brazos, la columnata, se extienden idealmente para crear una especie de "abrazo" que da la bienvenida a los fieles. El obelisco, situado entre las dos fuentes que simbolizan la purificación y el río Jordán, se convirtió en el corazón palpitante y el punto central de la plaza, una obra que une arquitectura y fe. Ha sido testigo de innumerables ceremonias papales y de la historia de la Iglesia durante más de cuatro siglos, uniendo la historia antigua y la moderna en un único y majestuoso símbolo.

Funciones astronómicas y curiosidades

Además de su valor histórico y artístico, el obelisco también tiene una función astronómica específica que poca gente conoce. Como un gigantesco reloj de sol, sirve de gnomon para la meridiana tallada en el pavimento de la plaza, marcando la hora y la posición del sol. Al mediodía, sus antiguas piedras proyectan una sombra que indica las horas solares y los signos del zodíaco, un detalle fascinante que la convierte en un puente entre la historia antigua y la ciencia.

La superficie lisa y sin jeroglíficos del obelisco continúa generando debates y teorías entre los historiadores, quienes buscan comprender su singular «desnudez». La leyenda de que el globo de bronce que lo coronaba contenía las cenizas de Julio César o de San Pedro resultó ser falsa, ya que el globo estaba completamente vacío. Durante las operaciones de elevación se produjo el famoso grito de Benedetto Bresca: «¡Agua a las cuerdas!», con el objetivo de evitar la rotura de las cuerdas que estaban a punto de ceder bajo el gran peso del obelisco.

El obelisco es el único de los trece obeliscos antiguos de Roma que jamás se ha caído. Es, exactamente, el actual Obelisco Vaticano que todo cristiano admira cuando visita la plaza de San Pedro. Es el último y único monumento que quedaba en pie del antiguo Circo de Nerón.

El Obelisco Vaticano en la Plaza de San Pedro con la columnata de Bernini

Datos básicos y remarcables

  • Origen según Plinio: Heliópolis (Egipto).
  • Altura del monolito: 25,3-25,4 metros; altura total con pedestal y cruz: casi 40 metros.
  • Traslado a Roma: ordenado por Calígula en 37 d.C.; colocado en la spina del Circo de Nerón alrededor del 40 d.C.
  • Abandono: permaneció más de 1.500 años medio enterrado en el Campo Vaticano hasta su traslado por Sixto V.
  • Traslado a la Plaza de San Pedro: obra dirigida por Domenico Fontana en 1586, operada por 900 hombres y 75 caballos.
  • Inscripción en la base: «ECCE CRUX DOMINI - FVGITE - PARTES ADVERSAE - VICIT LEO DE TRIBV IVDA».

Vaticano: Historia, Arte y Secretos Más Allá del Turismo | Documental

La pervivencia del símbolo

Hoy el Obelisco Vaticano es uno de los monumentos más fotografiados y admirados del mundo. Su historia de «viajero» y «superviviente» fascina a los visitantes, quienes la admiran no solo por su belleza, sino también por los siglos de historia que representa. En pleno centro geométrico de la Plaza de San Pedro, justo delante de la basílica homónima, se alza un obelisco erigido en la época de César Augusto en la ciudad egipcia de Heliópolis y posteriormente instalado en Alejandría.

El traslado a la plaza de San Pedro fue seguido con entusiasmo por toda la población, que llevó en procesión triunfal a Domenico Fontana el último día. Tras el éxito, Fontana fue nombrado Caballero de la Espuela de Oro. La obra de Domenico Fontana quedó recogida en su tratado Della trasportatione dell'obelisco Vaticano et delle fabriche di Nostro Signore Papa Sisto V, publicado en 1590, que ilustra las fases del arduo transporte y el izado mediante numerosos grabados contemporáneos.

El obelisco sigue conservando su encanto enigmático y, además de su papel como emblema cristiano y pieza central arquitectónica, continúa cumpliendo funciones prácticas y simbólicas que enlazan la historia de Roma, el mundo antiguo y la tradición cristiana.

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