Razones por las que un sacerdote deja el seminario

La salida de un sacerdote del seminario o del ministerio es un fenómeno complejo que combina motivos personales, formativos e institucionales. No se trata de juzgar el interior de nadie; simplemente de opinar a partir de lo que el mismo protagonista relata. A partir de testimonios y análisis sociológicos y eclesiales, pueden identificarse varias causas recurrentes que llevan a hombres jóvenes a abandonar el camino hacia el sacerdocio o a dejarlo después de la ordenación.

Madurez afectiva insuficiente

Cualquiera que haya vivido fuera de su país y de su familia y amigos sabe que pasará momentos difíciles porque las emociones no perdonan: extrañará y el afecto enardecido, y dolido, se aferrará a cualquier recuerdo. Es natural que así sea, como también es natural que un hombre se enamore de una mujer. Pero justamente aquí entra la educación en los afectos y emociones: el hombre, si adquiere virtudes, es capaz de controlar esa emoción exacerbada; es difícil, muy difícil quizás, pero lo puede hacer. El joven presbítero cae en la cuenta de la realidad: la formación que recibió en el seminario fue pura cháchara.

Fracaso de la formación en la dimensión humana

Y lo que salta a la vista de cualquiera lector es que este joven de 24 años que se encontró siendo sacerdote cargaba consigo una enorme inmadurez afectiva, propia de un adolescente, y que su etapa de seminario fue incapaz de educar. El perfil del seminarista incluye ciertas características humanas y espirituales: capacidad de escucha, deseo de oración, sensibilidad por el sufrimiento ajeno, madurez afectiva, apertura al acompañamiento y un estilo de vida coherente con los valores cristianos. Sin embargo, en la práctica la formación humana muchas veces queda relegada.

Instituciones totales y control social

Para realizar sus fines, los seminarios tienden a adoptar todas las características de las instituciones totales, utilizando un concepto de Goffman. Los jóvenes seminaristas viven segregados en lugares cerrados, separados del resto del mundo y poblados únicamente por varones célibes. Las actividades comunitarias tienen mucho más peso que las individuales y la organización planifica cada momento de la vida de los jóvenes internos hasta el último detalle. Estas instituciones ejercen un control total sobre todos los aspectos de la vida de los individuos dentro de ellas.

Las características clave de las instituciones totales son: separación física y social; control burocrático; régimen de rutina y aislamiento del resto de la sociedad. En el entorno del seminario las lecciones de conformidad y deferencia van acompañadas de las de ‘silencio y secreto’. Lo que surge es una lealtad absoluta a la Iglesia institucional. Se evitan los conflictos y siempre prevalece el miedo a las consecuencias de hablar claro. Y cuando los individuos hacen una demostración de rebeldía, reciben inmediatamente un castigo público.

Hiper vigilancia, conformismo y simulación

Sobre las cabezas de todos los seminaristas pende un estricto sistema de vigilancia, un «gran hermano» que está muy atento a la forma en que los seminaristas visten, hablan, caminan y participan en las actividades religiosas y educativas comunes. En este contexto, los más valorados son obviamente los conformistas, los chupamedias, los que callan y nunca critican a sus superiores; en definitiva, los que respetan la omertá del grupo. El sistema invita a convertirse en un simulador colosal y sistemático, en un mentiroso profesional. Y a ceder, a ceder siempre. A someterse, a agachar la cabeza.

Formación 'de relleno' y aversión al estudio

Marco Marzano aporta en su libro La casta dei casti el siguiente testimonio de un sacerdote formador en un seminario de Italia: “Toda la estructura de la formación es ‘de relleno’ puesto que los seminaristas son sujetos a los que hay que ‘resetear’ y ‘reprogramar’... De ahí la multiplicación de palabras, homilías diarias, conferencias, iniciativas dispares de todo tipo. Todo ello sirve a la institución para ‘echar cosas’ en las cabezas de los sujetos a educar. Por supuesto, nunca se tiene en cuenta el impacto real de este bombardeo sobre las personas: lo importante para la organización es ‘haber hecho’”.

Contaba un sacerdote: “Por las mañanas teníamos clases y por las tardes nos ponían todo tipo de actividades en la agenda para que no estudiáramos: limpiar los baños, cortar el pasto o barrer las galerías; ensayos de coro, el viaje en minibús a alguna fiesta patronal. Todo. Para poder estudiar, tenía que esconderme. Y si me pillaban, me pedían inmediatamente que fuera a ayudar a la cocina o que hiciera alguna otra actividad práctica. A veces nos decían explícitamente que ‘estudiar demasiado arruina la fe’”.

Aislamiento tras la ordenación y sensación de abandono

En Italia llaman a la misa de ordenación, “misa de Santa Liberata”, porque a partir de ese momento el seminarista es libre. El joven pasa del control total a la indiferencia total. El sacerdote se da cuenta, después de la ordenación, de que nadie lo quería en las altas esferas del seminario, de que no había un verdadero afecto hacia él por parte de los superiores, de que no era cierto que el control sirviera para evitar que se perdiera. Se queda solo; sólo con sus conciencia, con sus virtudes y con sus defectos. Ni siquiera suele ser acompañado por sus "hermanos en el sacerdocio", grupo cuyo defecto principal es la envidia. La percepción de ser abandonado que sufren los jóvenes sacerdotes es muy común, y es en ese momento en el que, si se le cruza la mujer, o el jovenzuelo adecuado puede echar todo por la borda.

Impacto de la crisis moral y los escándalos

Desde el interior de la Iglesia atribuyen este bajo interés por el sacerdocio a la crisis moral que vive la curia y las constantes acusaciones de abuso sexual que se han revelado en los últimos años. Es evidente que las acusaciones de abuso en la Iglesia deben haber impactado en esta baja considerable y debemos hacernos cargo. Los millennials, que puede ser la generación que por estas fechas ingresaría al seminario, tienen la característica de enfrentar los problemas apenas se presentan, de no guardarse nada, ni ocultar los hechos, lo que es opuesto a lo que se ve en la iglesia por estos días.

Descenso de vocaciones

El número de candidatos a sacerdotes ha bajado en muchos países. De acuerdo al informe publicado por la Conferencia Episcopal de Chile, en su edición de 2018, el porcentaje de candidatos a sacerdote ha bajado un 40% en los últimos 17 años. De acuerdo al informe, el número de candidatos a sacerdotes en el 2001 era de 847 personas, cifra que disminuyó a 525 en 2016. El Anuario Estadístico de la Iglesia, publicado por el Vaticano, confirma la crisis: las voluntades en la última década han bajado en 2.735, situando por continente: África (-69), América (-1299), Asia (-871), Europa (-581) y Oceanía (-5).

Falta de acompañamiento personalizado

La formación es muy deficiente en este sentido. En la mayoría de los casos, una persona sale del seminario con las mismas características negativas que tenía al principio, y si acaso con algunas más. Porque en el seminario siempre se tiende a dejar en segundo plano a la persona individual en favor de una comunidad genérica. De hecho, aparte de la dirección espiritual y la confesión, el resto del trabajo educativo se centra en el grupo y nunca en el individuo. Habiendo vivido ya varios años en el seminario, seguramente has adquirido un buen conocimiento de ti mismo: tus cualidades y tus defectos, tus talentos y limitaciones. También coméntale tus temores, qué es lo que te hace experimentar temor o ansiedad de cara al ministerio sacerdotal.

Tensiones entre ideales y realidad

El objetivo de un seminario es claro: formar pastores con olor a oveja, hombres capaces de estar cerca del pueblo, con sensibilidad, humanidad y una fe profunda. Pero también es importante decir qué no es un seminario. No es un internado rígido, ni una prisión, ni una especie de fábrica de curas donde todos deben pensar igual. Cuando el seminario actúa como prisión o fábrica, la disonancia entre el ideal y la experiencia concreta puede provocar desencanto, crisis vocacional o abandono.

Motivos personales y espirituales

La oración ayuda a suprimir nuestros vicios y nos ayuda a perseverar en nuestra relación con Dios. Hay casos en que las razones para dejar el sacerdocio son personales y espirituales: dudas genuinas sobre el llamado, lucha interior con el celibato, crisis de fe, o la constatación de que el sacrificio que ese estilo de vida exige no concuerda con la propia historia personal. En otros, la salida obedece a decisiones conscientes y responsables de no continuar en un camino que se ha discernido no auténtico.

Posibles vías de mejora

Para que la formación no fracase hace falta un seminario que sea, realmente, un lugar de libertad, de acompañamiento cercano y de madurez. Se recomienda mejorar la atención a la madurez afectiva, fortalecer la dirección espiritual personalizada, reducir el carácter asfixiante del control institucional, fomentar el estudio serio y la reflexión crítica, y enfrentar con transparencia los casos de abuso y mala praxis. Mirar hacia todo esto es el modo como perseverar en la vocación.

infografía: características de una institución total y efectos en seminaristas

Tabla: causas principales que llevan a dejar el seminario

  • Madurez afectiva insuficiente → incapacidad para gestionar enamoramientos y afectos intensos.
  • Formación humana deficiente → falta de desarrollo personal y emocional.
  • Institución total y control extremo → sensación de reclusión y pérdida de libertad.
  • Hiper vigilancia y presión al conformismo → simulación y mentiras para sobrevivir.
  • Aversiones institucionales al estudio → pobre preparación intelectual y vocacional.
  • Sensación de abandono tras la ordenación → desarraigo y soledad en el ministerio.
  • Escándalos y crisis moral → pérdida de confianza pública y vocacional.
  • Falta de acompañamiento personalizado → salida sin procesos de integración adecuados.

Ex sacerdote mormón nos cuenta TODO sobre los mormones y por qué se hizo católico

¿Quién podrá encontrar una solución? La respuesta requiere reformas culturales y educativas dentro de los seminarios, mayor transparencia y acompañamiento humano, y una atención real a la formación integral -humana, espiritual, intelectual y pastoral- que permita a los candidatos madurar sin anestesias institucionales ni simulaciones.

tags: #dejo #el #seminario #sacerdote