Este jueves 12 de diciembre se celebra como cada año el Día de la Virgen de Guadalupe. Cada 12 de diciembre, millones de fieles celebran a la Virgen de Guadalupe, considerada la patrona de América Latina. Su historia tiene origen en el México colonial, pocos años después de la conquista española, cuando un joven indio llamado Juan Diego afirmó haber recibido un mensaje divino en el cerro del Tepeyac.
El santuario de la Virgen de Guadalupe, ubicado al pie del Cerro del Tepeyac en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, es el segundo recinto más visitado del mundo, superado solo por la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. Recibe, de manera anual, entre 17 y 20 millones de personas. El sitio de la aparición se convirtió, entonces, en el escenario donde hoy está la Basílica de Guadalupe, que atrae a millones de peregrinos cada año.
Antecedentes y origen de la devoción
Según la agencia cristiana ACI, la Virgen María se le apareció pidiendo la construcción de un templo en su honor. El obispo de esa época, Juan de Zumárraga, le solicitó a Juan Diego que le dijera a la Virgen que necesitaban una prueba de fe. Fue entonces que Juan Diego regresó al Tepeyac y recibió la señal que le fue solicitada: un ramo de rosas de Castilla en pleno invierno. Al entregarlas al obispo, la imagen de la Virgen quedó plasmada en su tilma, una prenda que se conserva hasta hoy.
Según el historiador Gustavo Watson Marrón en su libro El templo que unió Nueva España, la Antigua Basílica había sido construida en 1695 y era el único templo de México que contaba con cuatro torres octagonales, modelo replicado de las basílicas españolas. Con el paso del tiempo, su deterioro provocó que el suelo se comenzara a hundir en diferentes sectores del templo, pero nunca el que se encontraba la Virgen.
El atentado del 14 de noviembre de 1921
La historia del Santuario de la Virgen de Guadalupe es una de las más llamativas y divulgadas de la Iglesia Católica, ya que el 14 de noviembre de 1921 sufrió un atentado que marcó su historia y la de todos sus devotos. Ese día, alrededor de las 10:30 de la mañana, un hombre colocó un ramo de flores a los pies del cuadro de la Virgen, que en ese momento se encontraba en la Antigua Basílica de Guadalupe, hoy Templo Expiatorio a Cristo Rey. Dentro del arreglo floral había una bomba que explotó poco después.
La explosión dañó los candeleros, el altar, el mármol del piso y rompió vidrios en viviendas cercanas. Sin embargo, la imagen original de la Virgen de Guadalupe, resguardada a unos cinco metros del lugar, no presentó daños. Milagrosamente, la tilma quedó intacta tras el atentado que fue hecho con dinamita. Fueron dañadas las gradas del altar y los candeleros de latón.
Cuando la bomba estalló, arrasó con casi todo a su alrededor, pero la Virgen no sufrió ni un rasguño. Un Cristo Crucificado de hierro y bronce, que estaba justo adelante de la imagen de la Virgen, cayó y la protegió, salvándola de la explosión. Este suceso fue interpretado como un milagro en el que la figura metálica de Jesús protegió a la de su madre, por lo que se lo llamó el Santo Cristo del Atentado. El crucifijo, a diferencia de la Virgen, quedó totalmente deformado.

El crucifijo doblado: el Cristo del Atentado
En la entrada de la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, se conserva un crucifijo de bronce doblado por la explosión ocurrida el 14 de noviembre de 1921. Conocido como el Cristo del atentado, este objeto se ha convertido en un símbolo de memoria histórica, devoción guadalupana y misterio aún no resuelto. El crucifijo de bronce se dobló hacia atrás por el impacto y se considera que con ello absorbió parte de la energía de la explosión. Desde entonces, se le conoce como el “Cristo del atentado” y se encuentra expuesto en la entrada de la Nueva Basílica de Guadalupe.
El crucifijo doblado: el estudio también analizó la deformación del crucifijo. Orozco señaló que la cruz no estaba fija al altar, por lo que debió haber sido desplazada por la explosión, no doblada. El físico indicó que el bronce requiere energía considerable, calor y tiempo para deformarse, condiciones que no estuvieron presentes en el evento. Por ello, consideró que no existe una causa material conocida que explique la forma en que quedó el crucifijo.
Dimensiones del crucifijo y daños
Milagrosamente, la tilma quedó intacta tras el atentado que fue hecho con dinamita. El Cristo Crucificado de hierro y bronce, que pesa 34 kilos, el cual antecedió en el altar la imagen de la Virgen, cayó retorcido al piso. El Cristo había protegido a su Madre de la destrucción que el hombre, seguramente enviado por algún superior, quería propiciar. La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no sufrió ningún daño; el cristal que la protegía tampoco se rompió no obstante la fuerza de la explosión.
Reacciones, búsquedas e investigaciones
Tras el estallido, la multitud, indignada, comenzó a buscar al culpable para hacer justicia por mano propia. Los reportes de la época describen al sospechoso como un hombre con “rostro alterado” que intentó abandonar el lugar. Según testimonios, un grupo de mujeres siguió al sospechoso y pudo informar a las autoridades que lo habían visto descender por las escaleras de la iglesia.
Las investigaciones en torno al atentado no se hicieron esperar y comenzaron las especulaciones en torno al presidente del momento, Álvaro Obregón, por sus constantes críticas a la iglesia católica. Finalmente, un tiempo después, se detuvo a un trabajador ferroviario conocido como Luciano Pérez. Del autor intelectual nunca se supo nada, aunque eran tiempos de la presidencia del general Álvaro Obregón, cuya postura en contra de la Iglesia era muy conocida.
Estudio científico del caso
En 2021, el físico Adolfo Orozco, del Colegio de Estudios Guadalupanos, publicó un análisis en el Boletín de la Universidad Intercontinental titulado “El atentado al ayate de San Juan Diego y la ciencia”. En este trabajo, examinó los aspectos físicos y matemáticos de la explosión, los daños registrados y las diferencias entre los daños esperados y los observados. De acuerdo con sus cálculos, la imagen de la Virgen recibió una densidad de energía 900 veces mayor que los vidrios de las casas a 150 metros, los cuales se rompieron. Aun así, el vidrio que protegía la imagen, un vidrio común, permaneció sin daño.
El estudio también analizó la deformación del crucifijo. Orozco señaló que la cruz no estaba fija al altar, por lo que debió haber sido desplazada por la explosión, no doblada. El físico indicó que el bronce requiere energía considerable, calor y tiempo para deformarse, condiciones que no estuvieron presentes en el evento. Por ello, consideró que no existe una causa material conocida que explique la forma en que quedó el crucifijo.
Significado religioso e impacto
El Cristo del atentado se conserva como un testimonio histórico del suceso ocurrido en 1921. ‘Cristo del Atentado’, evidencia del amor de Jesús hacia su Madre, la Virgen María. El crucifijo se ha convertido en un símbolo de memoria histórica, devoción guadalupana y misterio aún no resuelto. Al Cristo se le conoce como “El Cristo del Atentado” y es anualmente venerado por numerosos fieles que acuden a la Basílica nueva para saludar a Santa María de Guadalupe, madre de todos los mexicanos.
Cada año, durante el mes de diciembre, se llena de turistas que llegan desde distintos puntos del país y el mundo para dar gracias a la Inmaculada. El Santo Cristo del Atentado es visitado por peregrinos que van a la Basílica antigua, que se encuentra a un costado del nuevo templo, para dar gracias a su Hijo por haber dejado la imagen intacta, para veneración de millones de personas cada año.

Protecciones y secretos durante tiempos de persecución
Para 1926, cuando inició la llamada Guerra Cristera, las autoridades de la Basílica de Guadalupe decidieron retirar del altar la tilma sagrada y esconderla dentro de un ropero de doble fondo para evitar su destrucción, pues el fanatismo en contra de la Iglesia estaba a su máxima altura en el país. En aquel entonces, el abad de la Basílica, el padre Feliciano Cortés, decidió ocultar la imagen genuina y colocó una copia en el altar de la Antigua Basílica.
Cómo se recuerda hoy
Del 14 de noviembre de 2021 al 20 de noviembre de 2022, según las condiciones establecidas por la Iglesia católica, los fieles pudieron ganar indulgencia plenaria cruzando por la Puerta Santa de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Este Año Santo recuerda el primer centenario (14 de noviembre de 1921) del atentado con explosivos que sufrió la tilma de San Juan Diego donde 390 años antes, el 12 de diciembre de 1531, quedó plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe.
En la entrada de la Basílica de Guadalupe se conserva el crucifijo de bronce doblado, símbolo de un episodio que mezcla historia, ciencia y fe, y que cada año convoca a millones de fieles a recordar, venerar y agradecer. La devoción a la Virgen de Guadalupe y la memoria del atentado permanecen como elementos centrales de la identidad religiosa y cultural de México.
La BOMBA de 1921: El Cristo se Dobló, pero la Virgen Sobrevivió
Tabla de daños y observaciones del atentado (resumida)
- Fecha del atentado: 14 de noviembre de 1921.
- Hora aproximada: 10:30 de la mañana.
- Objetos dañados: candeleros de latón, gradas del altar, mármol del piso, vidrios en viviendas cercanas.
- Objeto intacto: tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe (no sufrió daños).
- Objeto deformado: Cristo crucificado de hierro y bronce (34 kg), doblado y expuesto como “Cristo del Atentado”.
- Investigación: detenido Luciano Pérez; autor intelectual no determinado.