Evangelio del domingo 23 de febrero: lectura y reflexión

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.»

Las palabras de Jesús nos invitan a revisar qué entendemos por felicidad. Muchas veces la buscamos en seguridades externas, en el reconocimiento o en la comodidad. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que la verdadera alegría nace cuando el corazón se abre a Dios y a los demás.

Lectura del Evangelio (Lc 6,27-38)

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros.»

Jesús enseñando en el monte: ilustración del Sermón

Relación con la primera lectura: Levítico 19, 1-2.11-18

El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.”»

No hurtaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.

No andes difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor».

Un “código de santidad” para la vida

El Levítico incluye uno de esos textos luminosos ante los que no cabe la duda en su interpretación, es claro y práctico. Comienza con la propuesta del Señor: sed santos, porque yo, vuestro Dios, soy santo. Nuestra santidad deriva de la santidad de Dios.

La ley del talión ha sido superada y se nos propone algo nuevo: fomentar relaciones de fraternidad, teniendo siempre como referente el actuar de Dios. El texto no habla de cosas extrañas. Habla de todo eso que compone nuestra vida de relación con Dios y con los demás. Propone cómo ha de ser nuestra conducta.

Evangelio de Mateo 25,31-46: el juicio final y las obras de misericordia

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Y el rey les dirá: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis».

Obras de misericordia: iconografía representativa

“Conmigo lo hicisteis”: ver a Cristo en el hermano

El trato que damos a los demás, equivale al trato que damos a Cristo. Por eso, a la pregunta de cuándo te vimos…Jesús responde “cuando lo hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis”. De ahí que todo necesitado por el hambre, la sed, la desnudez, la prisión o la enfermedad, se convierta en camino de encuentro con Jesús.

Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible ante las necesidades de los hermanos. Las obras de misericordia no son temas teóricos, sino que son testimonios concretos. Obligan a arremangarse para aliviar el sufrimiento.

Reflexión práctica para la Cuaresma

El mensaje del Evangelio de hoy nos presenta a Jesús subiendo al monte y enseñando a la multitud un camino de felicidad que sorprende. Sus palabras no se apoyan en el éxito, el poder o la ausencia de problemas, sino en actitudes interiores que transforman la vida desde dentro.

La Cuaresma es una llamada a no olvidar lo esencial del cristianismo: el amor, la compasión, la misericordia. Ese es el camino que nos lleva a lo fundamental. La expresión de ese amor tiene hechos concretos: dar de comer y de beber, hospedar, vestir, visitar… Algo al alcance de todos.

  1. Lectura reposada del evangelio: permite que la Palabra te hable y te transforme.
  2. Pregúntate: ¿Qué actitud del Evangelio necesito fortalecer en mi vida? (humildad, misericordia, búsqueda de la paz, confianza en Dios).
  3. Propósito: concreta un gesto de misericordia para esta semana (dar alimento, visitar, acompañar, perdonar).

Motivación y desafío

El Evangelio nos asegura que ese camino, aunque exigente, conduce a una alegría más grande y duradera. Vivir así no siempre es sencillo y muchas veces exige renuncias. Pero el evangelio nos dice esto: ver a Jesús en el hambriento, en quien está en la cárcel, en el enfermo, en el desnudo, en el que no tiene trabajo y debe sacar adelante una familia.

¿Qué interés tienen en mi vida las palabras de Jesús en el evangelio de este día? ¿Cuál puede ser mi programa a seguir en esta cuaresma según lo que la Palabra de Dios me ha propuesto?

Lectio: actitudes concretas que propone este evangelio

  • Amar a los enemigos: ser generosos con quienes nos hacen daño.
  • No juzgar ni condenar: practicar la misericordia.
  • Perdonar y dar sin esperar nada a cambio.
  • Practicar obras de misericordia: alimentar, dar de beber, acoger, vestir, visitar.

Tabla de correspondencia práctica entre texto y acción

La siguiente tabla ayuda a traducir en gestos concretos las enseñanzas del Evangelio:

(Tabla)

  • Mandato evangélico - Acción práctica
  • Amar a los enemigos - Oración por quienes nos calumnian; responder con bondad.
  • Dar al que pide - Compartir alimento, tiempo o recursos.
  • Ver a Jesús en los pequeños - Voluntariado con pobres, enfermos y encarcelados.
  • No juzgar ni condenar - Acompañamiento y escucha antes que crítica.

Oración sugerida

Señor, vengo a rezar, a conversar contigo. Quiero que tus palabras se ahonden cada vez más en mi corazón y se conviertan en norma de mi vida.

Señor, confieso que tu palabra hoy es muy exigente para mí. Dame tu mirada para ver a los pobres, los enfermos, los pecadores como Tú los ves.

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