El exconvento de San Miguel Arcángel, ubicado en el Pueblo Mágico de Huejotzingo, es mucho más que un edificio antiguo. Para quienes viven en este municipio, representa una parte esencial de su identidad y de su historia.
Huejotzingo o Huexotzinco es una palabra compuesta por los vocablos nahuas ahuéxotl, ahuejote o sabino, el árbol; tzin, diminutivo, y co, lugar, que en conjunto significan “en el ahuejotito” o “lugar de los pequeños sabinos”.
Contexto histórico y origen del asentamiento
El valle de Huejotzingo fue corredor y asiento de diferentes culturas, se cree que grupos humanos han habitado este lugar desde hace más de 1500 años. Al llegar la influencia olmeca, comenzó a desarrollarse la agricultura en el valle. Predominaron en esta región las etnias olmeca-xicalanca y tolteca-chichimeca, fundadoras de los señoríos de Huejotzingo y Cholula. Estos grupos dominaron el área entre los años 600 y 1292.
El centro ceremonial y religioso de los huexotzincas se encontraba a las faldas de los volcanes, entre las barrancas, las cuales usaron como fortaleza natural para protegerse de los constantes ataques de sus vecinos. Aunque su extensión territorial llegaba más allá del actual Atlixco, el señorío se dividió en cuatro cabeceras de igual importancia, muy cerca unas de otras, quizá para tener mayor dominio sobre todo el señorío conquistado: la principal fue Tecpan-Huexotzinco, localizada en la barranca que divide las actuales poblaciones de Santa María Teopanzolco y San Miguel Tianguizolco, mientras que las otras, Xaltepetlapa, Almoyohuacan y Ocotepec, rodeaban la sierra.
Huejotzingo fue entonces un centro importante durante el Posclásico tardío y esta situación perduró en la época colonial debido a la alianza que los huejotzincas establecieron con los españoles durante la conquista de Tenochtitlán. Esta situación influyó en la decisión de los franciscanos de fundar uno de los primeros centros evangelizadores en este sitio, relocalizando a la población en un lugar llano en donde se construiría la primera iglesia.
La llegada de los franciscanos y la fundación del convento
Con la llegada de la Orden de Frailes Menores al territorio conquistado por los españoles se inició un proceso que Robert Ricard denomina la “conquista espiritual” de los indígenas de Mesoamérica. En la primera junta celebrada en la ciudad de México en 1524, los menores acordaron constituirse en la Custodia del Santo Evangelio, nombrar a fray Martín de Valencia primer custodio, llegar a las cuatro ciudades más densamente pobladas y fundar en ellas sus primeras casas: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo.
Los franciscanos pusieron especial dedicación en la enseñanza de la doctrina cristiana a los niños indígenas, pues veían en ellos a los futuros promotores de la nueva religión. De hecho, los niños indígenas desempeñaron un papel sumamente importante en el proceso evangelizador emprendido por los mendicantes, pues fueron los intérpretes, traductores, catequistas y cantores de la naciente Iglesia cristiana.
De acuerdo a las investigaciones arqueológicas de Mario Córdova Tello, antes del año 1545 el conjunto conventual de Huejotzingo estaba ya configurado por el atrio, la iglesia, la capilla abierta, el convento, la escuela y tal vez un hospital. Por lo tanto, es importante destacar que en Huejotzingo se presentan varias etapas constructivas anteriores al monumento que se contempla actualmente.
Etapas constructivas
Durante la primera de estas etapas, probablemente alrededor del año 1526, se emprendió la edificación de una iglesia y un convento, del cual fray Toribio de Motolinia era guardián. Como lo apunta Córdova, a partir de este momento los franciscanos comenzarían a congregar a cierto sectores de la población indígena, modificando el antiguo patrón de asentamiento.
Durante la segunda etapa constructiva (1530-1545) se aprovechó la superficie de la primera iglesia, únicamente transformando el edificio con el propósito de hacerlo mucho mas sólido y ampliarlo para poder albergar un mayor número de fieles. Además de esta iglesia, que tenía un planta basilical, se construyó una capilla abierta (o capilla de indios) a un costado de la iglesia original. Este elemento arquitectónico cumplía con las mismas funciones que la iglesia pero lo hacía en los días festivos o en domingo, para poder reunir a la gran cantidad de indígenas que se congregaban durante esas fechas.
De esta segunda etapa constructiva, durante las excavaciones arqueológicas, también se pudieron identificar la existencia de una escuela para niños, un convento, un hospital y el atrio, dando como resultad un conjunto arquitectónico armonioso. Este auge constructivo es sintomático de la consolidación de la orden franciscana en la Nueva España, además de su expansión en toda la región de Puebla-Tlaxcala.
Durante la década de los cuarentas comienza la tercera etapa constructiva, en la que se levantan la iglesia y el convento que podemos ver en la actualidad. Como lo han indicado varios investigadores, los conjuntos religiosos construidos durante esta etapa siguieron las disposición de la “traza moderada”, dictada por el virrey Antonio de Mendoza. Esta traza consistió en un intento de establecer reglas claras y unificar la manera en la que se construían los conjuntos conventuales de los pueblos indígenas.
Además, se introdujeron nuevos elementos arquitectónicos como las capillas posas, ejecutadas bajo un mismo diseño arquitectónico y ubicadas en cada esquina del atrio. Una vez en el atrio de la iglesia conviene detenerse a ver las capillas posa (en las esquinas del gran espacio, donde se iban deteniendo las procesiones), construidas hacia 1550.
Descripción arquitectónica y elementos sobresalientes
Este convento franciscano, construido entre 1544 y 1570 por fray Juan de Alameda presenta una mezcla de plateresco y mudéjar. El primer estilo se expresa en el contraste de amplios espacios lisos con reducidas áreas ornamentadas, como es el caso de la fachada lateral, cuya puerta rodea una prolija decoración que evoca hojas y cardos.
El estilo mudéjar se manifiesta sobre todo en la forma conopial del arco de la puerta mayor (como la quilla invertida de un barco vista al corte: arco combado primero y al final apuntado). Esta construcción se caracteriza por dos altas columnas clásicas que tienen en su parte superior una delgada cornisa que forma un alfiz.
En el interior destaca el retablo central, uno de los pocos del siglo XVI que se conservan en México, obra del artista flamenco Simón Pereyns. En el interior se pueden apreciar muestras de pintura mural, donde se destaca el mural de los encapuchados. También resalta el pétreo decorado de la puerta de la sacristía, que forma una malla cuajada de flores. Igualmente notorios son dos emblemas franciscanos: el escudo de las cinco llagas del Señor y el cordón rematado por flecos.
Este conjunto fue uno de los cuatro primeros establecimientos franciscanos en la Nueva España y consta de un enorme patio con una cruz de piedra en el centro y cuatro capillas posas en cada uno de sus ángulos, cada una dedicada a: Pedro y Pablo, Juan Bautista, Santiago y la Virgen de la Asunción.
Para construir el templo y sus dependencias, los franciscanos levantaron una gran plataforma de 230 m por lado. El relleno del lado noroeste, con 2.50 m, es más alto que el relleno de la esquina sureste, que sólo alcanza 1.40 m de altura. Por medio de exploraciones arqueológicas efectuadas al norte del actual templo, se localizaron vestigios de otros dos templos. Ésos consistieron en restos de muros que claramente delimitaban varios espacios. El primero de ellos, un muro que evidenciaba lo que podría haber sido la capilla del patio y otros alineamientos, también de muros, de algunas dependencias religiosas.

Museo y conservación
En el año 1980 en el convento se llevó a cabo el trabajo denominado “Proyecto Huejotzingo”, por las secciones de Monumentos Históricos, Restauración y Museografía del Centro Regional de Puebla del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con el patrocinio de la fundación Mary Street Jenkins. El proyecto tuvo como finalidad la conservación y restauración del conjunto conventual franciscano, así como la habilitación del claustro, con el propósito de montar en él un museo de sitio. Este recinto, inaugurado en junio de 1985, ofrece al visitante un acercamiento al proceso de evangelización del centro del país, así como un panorama de los bienes que pertenecieron a este convento franciscano.
La exposición permanente del museo se compone de pilas bautismales, retablos, pinturas, textiles y objetos utilizados en las ceremonias religiosas.
EX CONVENTO SAN MIGUEL ARCANGEL
Significado cultural y protección
Bien cultural inscrito en 1994 en la lista de Patrimonio de la Humanidad. El exconvento de Huejotzingo forma parte de los famosos conventos fortaleza de México. Sus muros gruesos, sus torres y los frescos que todavía se conservan en su interior hablan de una época en la que dos mundos muy distintos se encontraron: el europeo y el indígena.
Sin embargo, el exconvento de Huejotzingo no es solo un recuerdo del pasado. Para sus pobladores sigue siendo un lugar vivo, un espacio que reúne, que inspira y que da orgullo. Muchos turistas reconocen en este sitio no solo la belleza de la arquitectura, sino también el valor de las tradiciones que siguen vivas alrededor de él. Hoy más que nunca, necesitamos valorar y cuidar este legado. Conservarlo es un compromiso de todos: autoridades, ciudadanos y visitantes.
Datos relevantes (síntesis)
- Periodo de construcción: 1544-1570 (principalmente por fray Juan de Alameda).
- Estilos: mezcla de plateresco y mudéjar.
- Elementos destacados: retablo central de Simón Pereyns, capillas posas, mural de los encapuchados, puerta de la sacristía con malla pétrea.
- Intervenciones modernas: Proyecto Huejotzingo (1980) y museo de sitio inaugurado en 1985.
- Patrimonio: inscrito en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1994.
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