La Iglesia parroquial de Huelma, dedicada a la Inmaculada Concepción, es uno de los ejemplos más notables de la arquitectura religiosa del siglo XVI en la provincia de Jaén y fue declarada Monumento el 5 de junio de 1981. El templo fue levantado sobre otro anterior; la construcción comenzó alrededor de 1530 (fecha aproximada) y en el primer libro de fábrica aparecen ya pagos en 1537, lo que indica que el proceso de construcción ya había empezado.
Fases constructivas y autores
El proceso histórico seguido en la realización de la iglesia de Huelma nos lleva a individualizar tres grandes fases constructivas, motivadas por el largo tiempo empleado y por el cambio de gusto durante el siglo XVI:
- Desde los comienzos de la obra hasta 1559.
- Desde 1559 hasta 1575 (año en que muere Andrés de Vandelvira).
- Desde 1575 hasta los primeros años del siglo XVII.
En la primera fase se realizarían la cabecera y el primer tramo que marcan la realización de tres naves: una central amplia y dos laterales más estrechas. Al frente de las obras en esta etapa, bajo criterios aún próximos al gótico, estuvieron Francisco del Castillo “El Viejo” y Domingo de Tolosa. En 1547 aparecen como tasadores Juan de Maeda y Andrés de Vandelvira; Maeda era aparejador y discípulo de Diego de Siloé, maestro mayor de la catedral de Granada, por lo que la cabecera y el primer tramo se adscriben al proyecto de Diego de Siloé.
La segunda fase, iniciada hacia 1559, corresponde al cambio de planteamiento promovido por Andrés de Vandelvira, que pasa a ser el arquitecto fundamental con dirección efectiva de las obras mediante visitas periódicas. La visita en 1559 del obispo de Jaén don Diego Tavera impuso un ritmo constructivo acelerado y la orden de seguir las obras con diligencia para poder echar los arcos y cubrir las capillas.
Tras la muerte de Vandelvira en 1575 se abre la tercera fase. La dirección corresponde ahora a Francisco del Castillo “El Joven”, hijo del Viejo, que mantuvo las directrices del maestro y estuvo al frente hasta su muerte en 1586; después intervinieron otros maestros como el maestro Moral y canteros como Pedro de Orden y Andrés y Pedro Martínez.
Planta y esquema general: del gótico tardío al “templo salón” renacentista
La construcción debió iniciarse en estilo gótico decadente y tardío, con señales en arcos apuntados y en las bóvedas que preceden al presbiterio. En la planta se aprecia una cabecera rectangular con altar mayor y tres naves de desarrollo longitudinal en cuatro tramos. El proyecto inicial de Diego de Siloé proponía una capilla mayor rectangular cubierta con una bóveda de medio cañón con casetones y tres naves con bóvedas góticas separadas por pilares cuadrados sobre grandes basamentos coronados con entablamentos y medias columnas adosadas.
Hacia 1559 Vandelvira modifica el planteamiento y se igualan las naves en anchura y altura, entre los contrafuertes se sitúan capillas, las nervaduras góticas se sustituyen por bóvedas vaídas, y los soportes se racionalizan con pilares cruciformes de inspiración clásica y capiteles corintios. De este modo el templo pasa a ser una “iglesia de salón”: tres naves de similar altura y amplitud que ofrecen un interior diáfano y capaz de albergar gran cantidad de personas; el transepto no es más ancho que el conjunto de las naves.
Abovedamientos y decoración vandelviriana
Vandelvira adopta para los abovedamientos las bóvedas vaídas, que son su aportación más característica al Renacimiento en la provincia. Las bóvedas del segundo y tercer tramo, pese a ser trazadas por Vandelvira, fueron ejecutadas por Francisco del Castillo, que introdujo un repertorio decorativo manierista: molduras que dividen la superficie en casetones y rombos con ornato geométrico y vegetal, reservando formas aveneradas para las pechinas.
La bóveda central del segundo tramo desarrolla un programa escultórico de gran categoría: en los arranques aparecen los cuatro evangelistas identificados por sus atributos; sobre ellos putti y cartelas de cuero recortado estructuran el espacio para albergar los altorrelieves de la Virgen con el Niño, San Pablo, San Andrés y San Pedro, mezclados con emblemas de virtudes; la clave se corona con la figura de Dios Padre con la bola crucífera. La tercera bóveda presenta decoración geométrica y vegetal, con heráldica en el centro que corresponde al obispo don Francisco Sarmiento de Mendoza.
Soportes y capiteles
Los pilares derivan directamente de la solución de Diego de Siloé en la catedral de Granada, mediante la unión de un núcleo cuadrangular con medias columnas adosadas y un entablamento completo. No obstante, en la primera fase los capiteles presentan motivos platerescos y figuras antropozoomorfas; en la intervención vandelviriana los capiteles se convierten en corintios con caulículos desarrollados, tendiendo hacia la normativa clásica.
Fachadas, torre y exteriores
Los exteriores, obra de Francisco del Castillo “El Joven”, presentan uno de los alzados más elegantes construidos en el siglo XVI dentro de la arquitectura religiosa andaluza. La fachada principal (sur) tiene un carácter marcadamente civil y palaciego, de clara inspiración serliana y tomada de los tratados de Sebastián Serlio. Está organizada en dos pisos separados por una gran cornisa; el superior está retranqueado con contrafuertes y ventanas.
La portada central enmarca vanos adintelados coronados por un frontón triangular sostenido por ménsulas, flanqueada por hornacinas y tondos rematados con mascarones y guirnaldas de frutos. La fachada norte sigue el mismo esquema. La torre, adosada a la fachada oeste en su parte norte, se conforma con cuatro cuerpos realizados en distintas etapas; el cuerpo de campanas es realización del siglo XVII, un intento rápido por acabar la obra que desproporciona el conjunto. En el tercer cuerpo se abren frontones que se parten y enrollan para albergar heráldicas: aparecen los escudos del obispo de Jaén Moscoso y Sandoval (1619-1646), de la familia Cueva y el escudo de la Villa de Huelma, representado por primera vez en la cara sur del tercer cuerpo.

El retablo mayor: historia, destrucción y reconstrucción
El retablo original del Altar Mayor, trazado a fines del siglo XVI, era una pieza de madera con estructura piramidal y tres calles laterales compartimentadas, con relieves de la Anunciación, Nacimiento, Visitación y la Huida a Egipto, flanqueadas por los evangelistas y con la Inmaculada en el espacio central; culminaba con un remate del Calvario. Sobre la autoría se discute entre D. Sebastián de Solís -maestro ensamblador y escultor- y Blas de Figueredo, entallador jiennense de gran prestigio.
Durante la Guerra Civil (1936) un piquete entró en la iglesia el 26 de julio de 1936, destruyó el mobiliario y la ornamentación, sacó el retablo a la plaza y lo prendió fuego. El interior quedó destrozado hasta 1939.
La reconstrucción posterior fue impulsada por el párroco D. Manuel Linde Contreras (párroco desde 1939), quien logró reunir fondos y en 1945 contrató al pintor Juan Almagro López (Pegalajar, 1886-1965) para pintar un retablo a imagen y semejanza del destruido. Almagro pintó un retablo sobre tela con figuras de los evangelistas y escenas (Nacimiento, Anunciación, Visita, Huida a Egipto) y remate del Calvario, dejando el espacio central a la Inmaculada; la obra fue pagada con diez mil pesetas y realizada en dos meses y medio.
En otras capillas y elementos secundarios se llevaron a cabo más intervenciones: entre 1608 y 1611 se obra la capilla del coro y se abren ventanas; en 1686 se construye la sillería del coro por Alonso de Molina; a fines del XVII y principios del XVIII se renuevan campana, vidriera del altar mayor y el órgano de Rodrigo de Velasco; en 1716 se arregla la capilla del coro y se hace el retablo de Nuestra Señora del Carmen.

Materiales y técnicas
Las bóvedas vandelvirianas están realizadas en piedra de cantería en las fases más antiguas y, ya en la última fase, algunas de las bóvedas se ejecutaron en ladrillo como solución de remate y ahorro. La presencia de un casetón de color más oscuro en la bóveda, de madera a diferencia del resto que son de piedra caliza, señala la reutilización de materiales y soluciones puntuales destinadas a iluminación simbólica en días señalados.
Riqueza artística y patrimonio mueble
Del importante conjunto de bienes muebles que el templo acumuló, apenas queda nada tras la destrucción de 1936. Se conserva, entre lo más reseñable, una talla del Resucitado y el retablo pintado por Juan Almagro. A lo largo de cuatro siglos numerosos artistas han plasmado la silueta del templo en óleos, dibujos y maquetas; hoy la iglesia sigue siendo fuente de estudio para la evolución del gótico al manierismo en Andalucía.
Intervenciones modernas y restauración
Tras la Guerra Civil las paredes ennegrecidas fueron blanqueadas y posteriormente picadas para recuperar las tallas de piedra. La restauración del retablo perdido del presbiterio y de otras capillas se realizó en 1946 con la colaboración de Juan Almagro. En fechas recientes se han efectuado trabajos puntuales de conservación y documentación, además de exposiciones y actividades culturales que ensalzan la figura de Vandelvira.
Propuesta de video
Tabla resumida de fases, autores y obras
- 1530-1559: Fase inicial - Diego de Siloé (trazado por cabecera), ejecución por Francisco del Castillo "El Viejo" y Domingo de Tolosa; cabecera y primer tramo, bóvedas góticas.
- 1559-1575: Fase vandelviriana - Andrés de Vandelvira dirige la obra; igualamiento de naves, bóvedas vaídas, pilares cruciformes y decoraciones renacentistas.
- 1575-siglo XVII: Fase final - Francisco del Castillo "El Joven" como maestro mayor; ejecución de bóvedas centrales y decoraciones manieristas, torre y sacristía; remates en ladrillo.
La Iglesia parroquial de Huelma constituye, por tanto, un testimonio vivo de la transición estilística del gótico al Renacimiento en Andalucía, con la impronta de maestros como Diego de Siloé, Andrés de Vandelvira y la familia Castillo, y con una compleja historia de destrucción y recuperación que marca su patrimonio material y artístico.