Historia de los judíos en el Vaticano y Roma: siglo XVI

Roma cuenta con la comunidad judía más antigua de Europa. Los judíos han vivido allí durante más de 2.000 años, a menudo sufriendo terribles decretos y opresión. La comunidad judía en Roma se remonta por lo menos al año 161 AEC cuando Jasón ben Eleazar y Eupolemus ben Iojanán llegaron como emisarios de los macabeos para unirse en una alianza con los griegos seléucidas.

Contexto histórico y presencia judía antes del siglo XVI

La ciudad ya era un importante centro comercial, donde gente de todo el mundo acudía en masa para establecer puestos comerciales. El número de judíos en la ciudad creció desde el siglo I a. C. en adelante, a medida que Roma expandió su dominio. El general Pompeyo conquistó la Tierra de Israel y Jerusalén en el año 63 a. C., anexando su territorio al dominio romano y tomando prisioneros judíos allí como esclavos.

Durante las guerras romano-judías antes y después de la destrucción del Segundo Templo, decenas de miles de judíos tomados prisioneros en la Tierra de Israel fueron llevados a Roma como esclavos. Muchos prisioneros judíos se convirtieron en trabajadores/esclavos de la construcción y construyeron el anfiteatro Flavio, más popularmente conocido como el Coliseo. La construcción del Coliseo fue financiada con el dinero que Roma adquirió con la destrucción del Segundo Templo.

La comunidad se ha convertido en una de las más importantes de la diáspora. En sus sinagogas desarrollaron el llamado rito italiano, que, de hecho, fue traído de la Tierra de Israel. Todavía se practica hoy en Italia. Durante el período imperial, había al menos 12 sinagogas en funcionamiento en la ciudad.

Del Imperio a la Edad Media: cambios en el estatus de los judíos

En general, los primeros emperadores romanos trataron con tolerancia a los judíos en Roma. Julio César (100-44 AEC) otorgó privilegios a los judíos romanos, les permitió poseer propiedades y administrar sus asuntos comunitarios. Él los exceptuó del servicio militar debido a sus requerimientos para observar las leyes de la dieta judía y el Shabat. Augusto (27 AEC-14 EC) también trato a los judíos con respeto. Además de seguir reconociendo sus derechos, él aprobó la colecta de un impuesto anual de los judíos de Roma para el Templo en Jerusalem.

Sin embargo, la situación de los judíos de Roma y de todo el Imperio Romano se deterioró a medida que se difundió la afirmación del cristianismo, hasta que fue legalizado por el Edicto de Constantino, en el año 313, y el Concilio de Nicea, en el 325. El Papado ganó poder a finales de los siglos III y IV de esta Era. Durante los inicios del cristianismo, el Obispo de Roma, “el Papa”, como se le llama, adquirió gran relevancia tanto religiosa como política, estableciendo a Roma como el centro del cristianismo.

Constantino el Grande (306-336) se convirtió al cristianismo en el año 312. Él promulgó decretos que convirtieron a los judíos y a los paganos en ciudadanos de segunda clase. Prohibió el matrimonio entre judíos y cristianos y castigó con la muerte la transgresión de esta orden.

Siglos XI-XV: convivencia, profesionales y tensiones

Alrededor del año 1000 se crearon en Europa gremios de artesanos y artesanos, de los que sólo podían ser miembros los cristianos. A los judíos se les permitió ejercer una profesión prohibida a los cristianos: los banqueros. Y los de Roma pueden ser considerados los pioneros de esta actividad económica, nueva entonces: los bancos de crédito. El hecho de que trataran con dinero los hacía indispensables.

En el siglo XI, sabios y eruditos judíos famosos por sus conocimientos vivían en Roma. Se puede encontrar una descripción de la comunidad judía en ese momento en el Libro de viajes (Sefer Massaot) por Benjamín de Tudela, judío español, comerciante de piedras preciosas, que, entre 1159 y 1172, viajó por el Mediterráneo. Tudela informa haber visitado Roma en 1160. Describe una comunidad de unas 200 familias “muy respetadas”, con una vida intelectual activa.

Durante los inicios del período medieval y hasta el Renacimiento, el clero mantuvo una actitud dual hacia el judaísmo. Continuaron denunciándolo con las expresiones más duras posibles, sin que eso les impidiera seguir favoreciendo a los judíos que formaban parte de sus relaciones. Muchos de los médicos personales de los papas y del alto clero eran judíos, y recibían una serie de privilegios.

El Renacimiento y la apertura temporal

Durante el Renacimiento la comunidad judía de Roma respiró aliviada y vivió un período de prosperidad y privilegios. Los judíos de Roma fueron participantes activos y beneficiarios de los cambios que el Renacimiento trajo a la educación y la economía. Los judíos se convirtieron en artesanos, banqueros y comerciantes. Sobre todo, en la época del Renacimiento, disminuyó la persecución a los judíos debido a que disminuyó el nivel de observancia religiosa de los líderes y la población.

León X (1513-1521), un Papa de la familia de los Medici, dejó de exigir que los judíos llevaran sus insignias identificatorias y eliminó algunos impuestos judíos. Lo más notable fue que permitió a los judíos construir una imprenta, lo cual supuso una gran ayuda porque los judíos pudieron imprimir los sefarim en vez de escribirlos a mano. El Papa Pablo III (1534-50) permitió que los judíos expulsados de Nápoles, de la Tierra de Israel y de África se asentaran en Roma. Abolió las representaciones de la pasión en el Coliseo, en donde a menudo se asesinaba a judíos. También otorgó permiso (1545) a Antonio Bladao, Isaac ben Imanuel de Lattes y Benjamín ben Iosef Arignano para establecer una imprenta hebrea en Roma.

El siglo XVI: la Reforma, la Contrarreforma e instauración del gueto

La vida de los judíos de Roma se deterioró drásticamente después de la elección en 1534 del Papa Pablo III. Su papado se caracterizó por una lucha contra la Reforma Protestante iniciada por Lutero. Reactiva el Tribunal del Santo Oficio, la Inquisición Romana y, en 1545, convoca el Concilio de Trento. La Iglesia endurece su posición hacia los judíos, aumentando la presión para su conversión. Crea un impuesto que deben pagar todas las sinagogas dentro de los Estados Pontificios y ordena la quema del Talmud.

El 9 de septiembre de 1553, Rosh Hashann el año judío 5314, cientos de volúmenes del Talmud fueron quemados en Campo dei Fiori, una plaza en el centro de Roma. En mayo de 1555 se eligió un nuevo Papa. Para consternación de los judíos, el elegido fue el cardenal Caraffa, que tomó el nombre de Pablo IV. Para Pablo IV, el judaísmo representaba una amenaza a la fe cristiana.

La bula papal Cum nimis absurdum del papa Pablo IV dio orden de confinar a los judíos en 1555 a un mismo barrio, amurallado, humillante, despojándolos de derechos y libertades, los cuales no volvieron a recuperar hasta 1870. El gueto estaba situado en una zona indeseable de Roma que el Tíber inundaba con frecuencia. Tenía una superficie de un kilómetro cuadrado y vivían allí más de 10.000 personas. Para crear más espacio, los judíos construyeron casas más altas, bloqueando la luz del sol.

La bula papal también les prohibía poseer tierras y sólo podían alquilarlas. No podían trabajar en ningún otro negocio que no fuera el de venta de ropa y telas usadas; emplear o socializar con cristianos, ni trabajar en público en días festivos cristianos. Los médicos judíos no podían tratar a los pacientes cristianos. Se les obligaba a escuchar periódicamente sermones en las iglesias y a llevar carteles distintivos en la ropa. Sólo podían tener una sinagoga. Esta prohibición se eludió incorporando bajo un mismo techo, en el llamado Cinque Scole, las cinco sinagogas de las diferentes congregaciones.

Mapa histórico del gueto de Roma y ubicación de la Sinagoga

Además, durante el siglo XVI fueron habituales humillaciones rituales institucionalizadas: los judíos debían presentar una petición anual para que les permitieran seguir viviendo en el gueto y celebrar ceremonias públicas de subordinación. En el arco de Tiro se celebraba una humillante ceremonia en la que el Rabino debía rendir homenaje al Caparione (el alcalde de la ciudad), que respondía golpeando al rabino, lo que indicaba que los judíos podían seguir viviendo en el gueto.

Aspectos religiosos, culturales y de resistencia

A pesar de la constante persecución y de las dificultades de vivir en Roma, el estudio de Torá y la vida religiosa continuaban. La humillación y la persecución de los cristianos no tentaba a los judíos a convertirse, sino que continuaban viviendo con orgullo y lealtad a su herencia. Rav Tzidkia ben Abraham Anav Harofé (1230-1300), escribió el "Shibolei Haleket", una de las primeras obras italianas que codificó la ley judía. Rav Ovadia Sforno (1475-1550) vivió en Roma durante muchos años y fue un brillante líder de Torá.

Los judíos de Roma fueron participantes activos y beneficiarios de los cambios culturales. Probablemente debido a su relación con el cardenal Grimani, Rav Ovadia enseñó hebreo al humanista cristiano Johannes Reuchlin. Reuchlin fue nombrado como el juez que debería decidir si el Talmud era dañino y debía quemarse. Su decisión favorable para los judíos los salvó de esa tragedia.

Consecuencias a largo plazo y memoria

El gueto fue abolido en dos ocasiones e instaurado tan pronto como fue posible hasta su completa desaparición en 1878. Sus murallas no fueron demolidas hasta 1888. Si bien algunos judíos agradecieron vivir entre muros, esto se debió a que ayudaría a frenar, en parte, los ataques contra la población judía.

Los dos milenios de presencia judía continuada en Roma fueron brutalmente interrumpidos un 16 de octubre de 1943 por los nazis y sus colaboradores. Al alba fueron apresados 1 024 judíos, deportados a Auschwitz y eliminados. Solo sobrevivieron 16. En total el 17 % de la judería italiana fue exterminado en los campos.

La historia de la comunidad judía de Roma, la más antigua del mundo occidental, es ininterrumpida, ya que es la única ciudad de toda Europa de la que los judíos nunca fueron expulsados. La comunidad judía de Roma se remonta al siglo I antes de la Era Común, e irónicamente fue haciéndose cada vez más próspera bajo el Imperio romano al contrario de lo que ocurría en Judea durante la misma época.

Piedras de Escándalo (pietre di inciampo) en las calles de Roma

Roma judía, mucho más que el Ghetto: el arte, los sabores, las peripecias vitales de tantos romanos judíos han creado uno de los caracteres de esta ciudad multicultural. Naturalmente, la presencia de la comunidad judía entorno al Templo Mayor, cerca de los terrenos que ocupaba el antiguo Ghetto, son el signo más visible de la Roma judía.

Legado contemporáneo y reconciliación

La intransigencia de Pío X ha sido convertida en amistad por el papa Juan Pablo II en su histórica visita a la sinagoga de Roma en 1986 -la primera de un papa a una sinagoga-, y que posteriormente visitaron el papa Benedicto XVI (2010) y el papa Francisco (2016). El Concilio Vaticano II reconoció el vínculo con que el pueblo del Nuevo Testamento está especialmente unido con la raza de Abraham y la Declaración del Concilio sobre las Relaciones de la Iglesia con las Religiones no Cristianas reafirmó que “la Iglesia reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos”.

EL GUETO de ROMA, de AQUÍ enviaron JUDÍOS a los CAMPOS de CONCENTRACIÓN

Hoy la Sinagoga de Roma, el Templo mayor, construido entre 1901 y 1904, y el Museo Hebraico de Roma conservan la memoria de una presencia milenaria. Descubre la historia del gueto y visita las catacumbas judías en Roma. Hay una parte de la ciudad Eterna menos conocida pero que forma el carácter y belleza de sus calles, de sus gentes, incluso de su forma de entender la vida. Se trata de la Roma judía.

Datos relevantes en tabla

  • Origen documentado de la comunidad: 161 a. C. (misiones de Jasón ben Eleazar y Eupolemus ben Iojanán)
  • Creación del gueto de Roma: bula Cum nimis absurdum de Pablo IV, 1555
  • Abolición definitiva del gueto: finales del siglo XIX (1878-1888 demolición de murallas)
  • Deportación masiva durante la II Guerra Mundial: 16/10/1943, 1.024 judíos deportados a Auschwitz
Arco de Tito: bajorrelieve del Menorah y tesoros del Templo

La presencia judía en Roma se manifiesta hoy en calles, sinagogas, museos y en las ‘Piedras de Escándalo’ que recuerdan a las víctimas. La historia del gueto, la tradición religiosa y la memoria del Holocausto forman parte inseparable de la identidad de la ciudad, mostrando tanto periodos de vida próspera como episodios de humillación y persecución.

Es posible realizar recorridos que muestran los hitos de esta milenaria comunidad: Museo Hebraico de Roma y Sinagoga, Catacumbas judías y el antiguo Ghetto (el barrio judío). Un itinerario, mil historias, una historia milenaria que, fijaros bien, es anterior al Imperio Romano y al Papado.

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