Athanasius Kircher fue un monje jesuita nacido en los primeros años del siglo XVII en Geisa, cerca de Fulda dentro del territorio que hoy es parte de Alemania. Formado en humanidades, ciencias y filosofía, su saber se expandió por numerosas disciplinas: matemáticas, astronomía, filología, biología… La fama de sabio y erudito perduró en Roma a lo largo de dos siglos y se consolidó en el Museo Kircheriano, una colección etnográfica y de antigüedades construida con la colaboración de numerosos misioneros.
Breve biografía de Kircher
Athanasius Kircher nació el 2 de mayo de 1601 o 1602 en Geisa, Turingia, Alemania. Era el menor de seis hermanos, hijos de Johannes Kircher, doctor en Filosofía y consejero del príncipe-abad de Fulda Balthazar de Dernbach. La precaria economía familiar condicionó el ingreso de la prole en diversas congregaciones religiosas con el fin de que pudieran estudiar. Entre 1614 y 1618 Athanasius aprende griego antiguo y hebreo en el colegio jesuíta de Fulda.
Entre 1625 es llamado a la corte del arzobispo-elector de Maguncia y en la capital de Renania-Palatinado se incorpora como profesor a la universidad. Estudia Teología y se interesa por la Astronomía; con la ayuda de un telescopio examina las manchas solares. En 1628 es ordenado sacerdote. Enseña Escolástica, Matemáticas y las lenguas hebrea y aramea en la Universidad de Wurzburgo, tarea que comparte con el estudio de las lenguas orientales y con la investigación científica.
En 1633 Kircher llega a Roma por azares del destino luego de naufragar en su camino hacia Viena. A su llegada no pudo evitar la tentación de conocer Roma a donde se trasladó a pie, instalándose en el Colegio Romano. Kircher permanecería en Roma hasta el final de sus días, en un primer momento como profesor de Física, Matemáticas y lenguas orientales. En 1636 es nombrado confesor del recién convertido al catolicismo soberano de Hesse-Darmstadt, a quien acompaña en su viaje por Italia, visitando Malta y Sicilia.
A partir de 1646 es liberado de su tarea como profesor en el Colegio Romano y se consagra a la investigación y la escritura. La obra de Athanasius Kircher alcanza los cuarenta volúmenes y abarca, además de las disciplinas ya comentadas, la Química y la Medicina, y otras paraciencias como la cábala y el ocultismo. La obra de Kircher le granjeó la fama de maestro de los cien saberes.
Inventos, observaciones y aportaciones científicas
La exploración de los fenómenos asociados a la luz ocupó buena parte de su vida: el ojo, las lentes, los espejos, la refracción... Diseñó relojes solares, creó un modelo de linterna mágica y el arpa eólica, inventó un megáfono, una máquina de calcular y un pantógrafo. Su máquina de movimiento perpetuo no llegó a funcionar.
En 1643 escribe el libro Ars magna lucis et umbrae, dividido en tres partes “Magia horográfica”, “Magia Catóptrica” y “Magia representativa”, donde da cuenta de sus observaciones sobre astronomía y astrología, así como de fenómenos físicos. En la última parte del texto describe un aparato denominado como linterna mágica. Esta invención es la aportación más importante de Kircher al mundo del cine y la fotografía puesto que sentó un precedente para la proyección fílmica.
La linterna mágica de Kircher consistía en una alteración a la cámara oscura; usando el fenómeno de entrecruzamiento explicado por Da Vinci, Kircher logró proyectar con luz imágenes provenientes de la cámara hacia una superficie del exterior. A la inversa de la cámara oscura tradicional, la linterna mágica usaba dibujos en su interior, iluminados con luz hacia el orificio para que la imagen se proyectara en una superficie oscura del exterior.
Kircher se interesó por la Medicina a raíz de la epidemia de peste de Nápoles y Roma de 1656; utilizando su microscopio para examinar la sangre de los enfermos llegó a observar "pequeños gusanos", concluyendo en su Scrutinium Pestis (1658) que eran los portadores de la enfermedad y recomendando medidas preventivas. Fue considerado asimismo vulcanólogo por sus estudios sobre las erupciones del Etna y del Stromboli.
Origen y naturaleza del Museo Kircheriano
El Museo Kircheriano nació como Wunderkammer, es decir, un gabinete de curiosidades como los que los pudientes atesoraban de manera privada para su edificación intelectual. La colección kircheriana surgió de la fusión de los fondos privados de Kircher con los objetos procedentes de la donación que en 1651 el noble Alfondo Donnini hizo al Colegio Romano. Atanasio Kircher se encargó de gestionar tal donación y de agrandarla con piezas de su interés.
Estaba constituido por piezas arqueológicas procedentes de la antigüedad clásica, de Oriente y de las Américas, pero también por ejemplares del mundo natural, instrumentos musicales y máquinas creadas por el propio Kircher. Mientras los gabinetes de curiosidades acostumbraban a ser privados, la colección del Colegio Romano estaba abierta a los visitantes que frecuentaban el centro de instrucción, siempre con el permiso de Kircher, que ejercía de guía. Este hecho le ha valido el título de primer museo del mundo.

El catálogo de 1678 y la descripción de la colección
En 1678 Giorgio de Sepi, ayudante de Kircher en temas de mecánica, publicó Romani Colegii Societatis Jesu Musaeum Celeberribum, el catálogo del gabinete. El catálogo alcanzaba las setenta y dos páginas y contenía diecisiete láminas con grabados además de numerosas ilustraciones. En la imagen del frontispicio se representa al propio Athanasius Kircher mostrando la colección a dos visitantes en una sala en forma de L, idealizada y magnificada, con las paredes repletas de cuadros -hasta ciento veintitrés-, estatuas y otros objetos artísticos.
El catálogo divide la sección Animalia distinguiendo entre aves, animales marinos y animales terrestres. En el capítulo cuarto de la segunda parte se relacionan Apparatus Rerum Peregrinarum ex omnibus orbis pelagis collectus, Objetos extranjeros recogidos y provenientes de otros continentes. Esta sección comienza con la descripción de los objetos acuáticos del gabinete: una cola de sirena proveniente de las Islas Molucas; una branquia de ballena procedente de Islandia; el morro de un pez espada; dos cocodrilos -uno de ellos "de quince palmos de longitud" donado por el príncipe Juan Federico duque de Brunswick-Luneburgo- y el otro una cría de apenas dos palmos; estrellas de mar; una tortuga marina; una raya; un armadillo proveniente de México; un pez torpedo; conchas y caracoles marinos como púrpuras y otros de las familias Muricidae, Turbinidae, Trochidae o Pinnidae, además de ostras y corales.
Entre los restos de animales terrestres se relacionan una iguana mexicana; un cuerno y una pezuña de alce; musarañas; tres cuernos de rinoceronte; dientes de hipopótamo; el esqueleto de un simio; restos de un zorro gris; de un lince mejicano; y otros no identificados. Finalmente, entre las aves, figura un pico de tucán; la piel de un ave del paraíso o un cuervo púrpura procedente de Brasil. Se añaden además otros sujetos zoológicos como el ala de un pez volador o un huevo de avestruz.
Piezas arqueológicas, máquinas y curiosidades
Entre el repertorio de la colección se hallaban piezas etruscas como la escultura de bronce del labrador de Arezzo y la Cista Ficoroni, un joyero en cobre de exquisita factura. Kircher también instaló salas con espejos que creaban ilusiones ópticas, varias reproducciones del planetario de Arquímedes y más de una decena de creaciones mecánicas que operaban a través de las fuerzas magnéticas. La colección incluía instrumentos científicos, manoscritos, monedas, antigüedades egipcias y romanas, y objetos procedentes de las Américas y Asia.

Destino de la colección y huella actual
A la muerte de Kircher en 1680 el museo conoció el abandono durante cierto tiempo hasta que se hizo cargo de la colección Filippo Buonanni, que en 1709 publicaría una segunda edición del catálogo en el que se enumeraban hasta sesenta y tres especímenes zoológicos. Aquel nuevo inventario certificó la desaparición de algunos de los objetos; no obstante, con el tiempo, y gracias a donaciones y ayudas, el museo se recuperaría y ampliaría sus colecciones.
En 1773, tras la supresión de la Compañía de Jesús por el breve Dominus ac Redentor del papa Clemente XIV, el museo cerró y sus colecciones se dispersaron. Un buen número de objetos contribuyeron a fundar los Museos Vaticanos. A finales del siglo XIX se consumó una nueva dispersión de los fondos entre varios museos romanos, incluido el traslado de la colección de Historia Natural a la Universidad La Sapienza. En la actualidad treinta y cinco museos tienen alguna pieza del Kircheriano primigenio.
Con la desamortización de 1874 el edificio del Colegio Romano pasó a ser estatal y albergó el Liceo Ennio Quirino Visconti, la Biblioteca Nacional y una pequeña parte con los restos del Kircheriano. Casi todos los objetos originales se reunieron en 2001 con motivo de la exposición Athanasius Kircher S.J. El 29 de abril de 2015 se inauguró en el Liceo Visconti el nuevo espacio denominado Wundermusaeum, donde sólo las copias en madera de los obeliscos romanos son originales del Museo Kircheriano. El resto -una esfera armilar, un telescopio, una linterna mágica, y algunos libros y piezas de Historia Natural- son objetos incorporados en su mayoría al museo del Liceo a finales del siglo XIX y principios del XX, que recrean el ambiente original.
Visitar hoy: el Wundermusaeum
En el Wundermusaeum pueden verse elementos de la naturaleza como un cocodrilo, armadillos, esqueletos de animales terrestres y marinos, aves exóticas provenientes de Sudamérica y fósiles. El Wundermusaeum programa visitas concertadas las tardes de los jueves y está ubicado en el número 4 de la Piazza del Collegio Romano, sede histórica del Colegio Romano y del Liceo Visconti.
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Legado intelectual y cultural
Athanasius Kircher fue considerado uno de los más destacados multidisciplinares enciclopedistas del Barroco. Publicó tratados sobre la necesidad del establecimiento de un idioma universal (Novum hoc inventum quo omnia mundi idiomata ad unum reducuntur, 1660), estudió chino y copto, y abordó el desciframiento de los jeroglíficos egipcios, trabajo que culminaría en su Oedipus Aegyptiacus (1652-1653). Fue conocido como experto en jeroglíficos y a él acudieron para intentar resolver los que contenía el Manuscrito Voynich.
Kircher investigó la naturaleza conciliando la concepción religiosa con el saber científico de su tiempo: lo considerado como mágico no respondía a lo que hoy entendemos por magia, sino que hacía referencia a un conocimiento comprobado a base de observaciones, conciliado con la creencia religiosa. Sus observaciones y su pensar combinaban la fe con la curiosidad científica, sin distanciar saber mágico y saber científico.
Fuentes y estudios recomendados
- Giorgio de Sepi, Romani Colegii Societatis Jesu Musaeum Celeberribum, catálogo del museo (1678).
- Filippo Bonanni, Museum Kircherianum sive Musaeum A.P. Athanasio Kirchero.
- Connor Reilly, Athanasius Kircher, Master of a Hundred Arts.
- Eugenio Lo Sardo, Athanasius Kircher y estudios sobre su figura y su museo.
Tabla: Secciones destacadas del catálogo de 1678 (resumen)
- Animalia: aves, marinos, terrestres - incluidas especies exóticas (cocodrilos, armadillos, aves del paraíso).
- Objetos extranjeros: especímenes y curiosidades de Asia, África y América.
- Piezas arqueológicas: antigüedades clásicas, etruscas y egipcias.
- Instrumentos y máquinas: artefactos ópticos, planetarios, máquinas magnéticas y mecánicas creadas por Kircher.
El Museo Kircheriano, aunque desmantelado y disperso en gran parte, dejó un rastro duradero en la historia de los museos y de la cultura científica europea; su colección y su catálogo nos permiten hoy reconstruir una de las más singulares y ambiciosas empresas de saber barroco.