La resurrección de Cristo en la obra de Francisco de Goya: análisis y significado

Francisco de Goya y Lucientes es uno de los artistas más complejos y fundamentales del tránsito entre el arte académico del siglo XVIII y las búsquedas expresivas del siglo XIX. En su producción aparecen temas religiosos, históricos y sociales tratados con soluciones pictóricas que rompen con los modelos anteriores. Entre sus obras religiosas destaca un Cristo crucificado que fue desde el principio, una de las obras más conocidas y admiradas de Goya por su calidad, pero también una de las más discutidas como imagen religiosa.

Contexto artístico y biográfico que explica su enfoque

El pintor y grabador español Francisco de Goya y Lucientes nació en Fondetodos, Zaragoza, el 30 de marzo de 1746. Se trasladó a Madrid en 1775. Estudió también en la Academia de San Fernando desde 1785 y, poco más tarde, en 1789, la corte de Carlos IV lo contrató como pintor oficial.

Con la elección del tema mostró su habilidad e inteligencia. La pintura, hay que tenerlo en cuenta, fue realizada para que su autor pudiese ingresar en la Academia. Por lo cual la obra debería gustar y contentar a todos los académicos, además de satisfacer el gusto erigido en estilo oficial de la Academia, cuyas normas y criterios imponían en aquel momento los pintores Mengs y Bayeu.

Goya hábilmente presenta una obra recurriendo a dos tópicos muy precisos; por un lado, el tema de Cristo y todo cuanto representa en España; por el otro, recurrir a la figura desnuda y modelarla con precisión y justeza, según exigía la Academia. También utilizará el pintor, como mera fuente de inspiración y referencia, el modelo iconográfico del Cristo de Mengs, de Aranjuez, eliminando todo fondo de paisaje, para aproximarse también de alguna manera al Cristo de Velázquez, del Prado.

Descripción plástica del Cristo crucificado

Utilizando la habitual iconografía del crucificado con cuatro clavos, nos presenta el pintor una robusta cruz, sobre la cual se muestra un cuerpo joven y hermoso, con la pierna derecha un poco adelantada y los pies firmemente apoyados sobre una peana. Ante nosotros tenemos una figura armoniosa y ondulada, que no presenta signo alguno de violencia externa o restos de sangre, salvo en la cabeza que inclina suavemente hacia la izquierda.

La disposición de la figura de Cristo sobre un fondo oscuro y neutro da como resultado la aparición de una imagen serena, carente de dramatismo y forzadas emociones. El desnudo del Crucificado se convierte en un desnudo académico que, sutilmente modelado, hace que la anatomía del cuerpo se resuelva con unas carnaciones a base de tonos azul-rosados, que dan unas calidades perladas y matizadísimas a la piel, que consigue una tibieza casi humana.

Es muy hábil el juego de sombras y transparencias con el cual el pintor consigue el perfecto modelado del cuerpo, cuyos músculos aparecen pintados con delicadas gradaciones y exentos de toda tensión. Esta imagen no tiene la crispación de la agonía, pero carece del reposo de la muerte. Tan sólo la cabeza parece tener vida propia, sus ojos miran hacia el cielo y de su boca abierta parece salir un callado grito.

Técnica y solución pictórica

En esa cabeza ha centrado el pintor toda la fuerza expresiva del Cristo, en esa dolorosa y sufriente mueca que, para potenciarla más, recurre Goya a una técnica más suelta y expresiva, más cargada de pasta y con un modelado más fuerte. Con frecuencia se ha hablado de la falta de sentido religioso en esta representación de Cristo. Posiblemente Goya se preocupó más por la calidad pictórica y el perfecto modelado de la figura, así como de obtener esa fuente de luz natural que parece emanar del cuerpo del crucificado y centra nuestra atención en Él.

Ocurre que me sorprende que un conocedor de la anatomía como era Goya, nos presente ese cuerpo crucificado sin la menor tensión muscular. Parece que esté apoyado plácidamente sobre la plataforma a la que tiene clavados los pies. Todo lo contrario. Si obviamos la presencia de los clavos y el resignado rostro, de expresión más entregada que doliente, más triste y sufrida que sufriente, bien podría estar siendo representado un hombre que ora a los cielos alzando sus brazos, más que estar padeciendo la tortura de estar colgando de sus manos taladradas. ¿Error de representación o intencionalidad consciente para transmitir paz y confianza durante tan dramático y tremendo momento?

Detalle del Cristo de Goya: iluminación del torso y cabeza

Significados posibles: entre lo académico, lo pictórico y lo simbólico

Sea como fuese, el Cristo crucificado no fue concebido como una imagen de culto y devoción para colgarse en un altar de iglesia. Posiblemente Goya se preocupó más por la calidad pictórica y el perfecto modelado de la figura, así como de obtener esa fuente de luz natural que parece emanar del cuerpo del crucificado y centra nuestra atención en Él.

La pintura tuvo buena prensa cuando Goya la pintó, no la ha tenido tanto a lo largo del siglo XX. Pero a pesar de todas las discusiones acerca de la misma, lo cierto es que hay en ella grandes hallazgos y brillantes soluciones plásticas. En esa dialéctica entre contenido religioso y prioridad pictórica se abre una lectura: Goya usa la iconografía sagrada como vehículo para exhibir su dominio del desnudo, la anatomía y la luz, y a la vez introduce una interpretación compleja del dolor y la paz.

La luz como símbolo

Finalmente, me intriga el "golpe" de luz que ilumina sólo el torso y la parte superior y más adelantada del muslo izquierdo. Esa fuente lumínica que parece emanar del cuerpo enfatiza la centralidad de la figura y la transforma en foco moral y estético. La luz en Goya no solo modela; también significa: destaca la dignidad serena del crucificado frente al fondo oscuro y neutro.

Conexiones con la obra histórica y social de Goya

La transformación del estilo de Goya lo convirtió en un artista absolutamente revolucionario y visionario. En el año de 1815 Goya enfrentó un juicio inquisitorial a causa del cuadro La maja desnuda. A esto se sumó que, tras la restauración de la corona, Fernando VII veía con desconfianza a Goya por haber continuado relacionado con la Casa Real durante la guerra. Su edad, su enfermedad y la ausencia de pruebas de lucro personal, jugaron a su favor. Aún así, ese fue el último año al servicio del poder real. Poco tiempo después, en 1819, una recaída de salud lo dejó sordo. Durante este período, tuvo lugar la producción de sus famosas pinturas negras.

La producción histórica de Goya -como El 2 de mayo de 1808 en Madrid o La lucha con los mamelucos y El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos- muestra su capacidad para tratar la violencia, el horror y la condición humana con soluciones plásticas innovadoras. En las grandes composiciones históricas, la luz, la ausencia de detalles de los verdugos, y la humanización de las víctimas muestran la complejidad moral y pictórica que también encontramos en sus composiciones religiosas: un interés por la intensidad expresiva más que por la mera función devocional.

Comparación: El 3 de mayo de 1808 (detalle de víctimas) y el Cristo crucificado (detalle de luz)

Lecturas críticas y controversias

Con frecuencia se ha hablado de la falta de sentido religioso en esta representación de Cristo. Sea por la serenidad del cuerpo, por la ausencia de dramatismo barroco o por la evidente preocupación por la ejecución pictórica, la obra ha sido objeto de debates. Esta pintura que tuvo buena prensa cuando Goya la pintó, no la ha tenido tanto a lo largo del siglo XX.

Pero a pesar de todas las discusiones acerca de la misma, lo cierto es que hay en ella grandes hallazgos y brillantes soluciones plásticas. El pintor consigue una figura que, aunque partiendo de presupuestos y esquemas anteriores, se aleja totalmente de los tópicos y soluciones efectistas del barroco español.

Resumen de elementos formales relevantes

  • Iconografía clásica del crucificado con cuatro clavos y cruz robusta.
  • Fondo oscuro y neutro que concentra la atención en la figura.
  • Modelado suave, carnaciones azul-rosadas y gradaciones delicadas.
  • Técnica más suelta en la cabeza para enfatizar expresión.
  • Ausencia de tensión muscular que sugiere paz o una intencionalidad pictórica.
  • Uso de la luz como recurso simbólico y plástico.

EL ARTE EN EL CRISTO CRUCIFICADO. HISTORIA Y CRÍTICA

Tabla comparativa: rasgos del Cristo de Goya frente a modelos anteriores

La tabla sintetiza las diferencias principales entre el Cristo de Goya y modelos académicos o barrocos previos.

  • Goya: imagen serena, luz interior, prioridad pictórica sobre devoción.
  • Mengs/Académico: acabado pulcro, idealización conforme a normas académicas.
  • Barroco español: dramatismo intenso, tensión muscular, signos de sufrimiento explícito.

En suma, el Cristo crucificado de Goya es una obra que articula tradición e innovación: recoge recursos iconográficos precisos para responder a las exigencias académicas y, al mismo tiempo, introduce una libertad expresiva y una prioridad pictórica que anuncian su tránsito hacia propuestas más personales y radicales.

tags: #la #resurreccion #de #cristo #goya