Historia y características del canto gregoriano

El canto gregoriano tiene su origen en la antigua música eclesiástica cantada en la liturgia del rito romano. Más que una antigua tradición musical, el canto gregoriano constituye un patrimonio espiritual de la Iglesia. A lo largo de los siglos, este repertorio ha sobrevivido a reformas, cambios culturales y nuevas corrientes musicales sin perder su esencia.

Orígenes y formación histórica

A mediados del siglo i, San Pablo arriba a Roma y lleva a las comunidades cristianas melodías de origen hebreo que conocía de la sinagoga y que paulatinamente fueron siendo adaptadas a la nueva religión. En esta herencia, la costumbre de cantar los salmos ocupa un lugar relevante. Más tarde, durante los siglos ii y iii, la Iglesia romana utilizará en su culto elementos rituales de otras regiones como, por ejemplo, Siria, Asia Menor y Bizancio, además de la lengua griega.

A partir del año 313, con el fin de las persecuciones y el reconocimiento del cristianismo como religión en pie de igualdad con los demás cultos existentes en el imperio, la Iglesia inicia un proceso de formación litúrgico-musical propio, utilizando elementos de tres culturas: los Libros Sagrados de los judíos; el sistema modal y los progresos teóricos y técnicos de los griegos; la lengua, la poesía y la métrica de los versos de los romanos. En este nuevo contexto, se construyen templos en varios sitios y las celebraciones adquieren mayor esplendor.

San Gregorio Magno nació alrededor del año 540 en Roma, y fue Papa desde 590 hasta su muerte en 604. A finales del siglo vi, subió al solio pontificio la figura que daría nombre al canto litúrgico oficial de la Iglesia: San Gregorio Magno. San Gregorio, al finalizar ese siglo, puso mayor orden en el repertorio, revisó nuevamente la liturgia musical, añadió otras cuatro escalas o modos de interpretación, y modificó el repertorio existente. San Gregorio consolidó la Iglesia de Roma instituyendo un culto más uniforme, absorbiendo las diferentes liturgias latinas (galicana, hispano-mozárabe, ambrosiana y celta) en la liturgia romana.

La participación de San Gregorio en la música se exageró gracias a una leyenda desarrollada en el s. IX que supuestamente le atribuye la autoría del canto, lo que desembocó en la adopción del término “canto gregoriano”. La fuente principal de este mito parece haber sido Johannes Hymonides, conocido como Juan el Diácono de Roma, que escribió una biografía de San Gregorio en 875 atribuyéndole la compilación del antifonario (volumen de cantos). Aunque se sabe que no fue el compositor de los cantos, se dice que tampoco los recopiló.

Difusión en la Europa medieval: Carlomagno y los benedictinos

A mediados del siglo VIII, el reino franco de Pipino III el Breve adoptará la liturgia romana. Así los cantores romanos cruzan entonces los Alpes y la transmiten los cantos litúrgicos de Roma de manera oral, puesto que los manuscritos contenían los textos de los cantos pero no su melodía. Durante la dinastía Carolingia, Carlomagno (748-814) buscó unificar la Iglesia francesa con las prácticas romanas. Con Carlomagno, y gracias a los monasterios benedictinos que lo difunden por toda la cristiandad de Occidente, lo que se conocía ya como “canto gregoriano” alcanza su máximo esplendor. En el siglo VIII, Carlomagno tuvo mayor influencia en la música sacra e invitó a su corte de Aquisgrán a varios cantantes romanos y con ellos fundó una escuela de canto e inspeccionó personalmente su funcionamiento, con lo que se mejoró la estructura musical y tuvo mayor difusión en Europa.

Esta unificación de diferentes liturgias era políticamente conveniente, pero además fue impulsada por la fe y la reverencia de Carlomagno hacia Roma. Antes de esto, el rito Romano era solamente una de tantas liturgias. Carlomagno buscó concretamente la fusión de diferentes tradiciones del canto, especialmente el galicano y el romano. Esta forma híbrida gálico-romana se llamó el canto carolingio, esencialmente canto romano antiguo pero con trazas de canto galicano. Esto fue lo que finalmente se vino a dar a conocer como el canto gregoriano, gracias a la leyenda de la autoría de San Gregorio.

Transmisión, notación y reformas

El gregoriano tuvo una gran expansión y el repertorio se amplió, lo que derivó en la necesidad de crear un sistema de escritura que ayudara a los cantores a recordar las melodías, que hasta ese momento se transmitían de forma oral. Inicialmente surgieron sólo los neumas, signos colocados encima del texto para indicar de alguna manera las ondulaciones de la melodía. En la notación más primitiva, sobre el texto se colocaban símbolos que indicaban el número de notas para cada sílaba y si la melodía subía o bajaba.

Para solucionar el problema de la altura exacta de los sonidos, se añadieron líneas que representaban ciertas notas en la escala y servían para identificar las notas próximas a ellas. Primero se insertó una línea en rojo para indicar la nota fa y más tarde una segunda línea en amarillo, que señalaba la nota do. En los siglos X y XI, los signos sobre el texto, ahora se llamaban neumas diastemáticos, del griego intervalo, ya que ahora se colocaban a alturas variables, indicando el tamaño relativo y la dirección de los intervalos en torno a una línea que correspondía a una nota en particular.

Al agruparse los neumas en grupos de dos y tres, se podían combinar de manera flexible en unidades más grandes. Durante el siglo X, el repertorio irá aumentando y se copia en manuscritos con distintas notaciones musicales. Ya en el siglo xii, los signos neumáticos fueron sustituidos por signos más cuadrados, precursores de la notación moderna. Con la evolución de la polifonía también surge la notación métrica: valores de tiempo determinados para las notas, compases, pentagrama.

Surgió entonces el gran reformador e incrementador de la música occidental, el monje benedictino Guido d’Arezzo, que instituyó el tetragrama para la pauta gregoriana e insertó las claves de do y fa, permitiendo así la alteración de la extensión de las notas. Otra innovación introducida por él se refiere a la nomenclatura de las notas, que hasta aquel momento eran identificadas según el método alfabético griego: A (la), B (si), C (do), D (re), E (mi), F (fa) y G (sol). Basándose en un himno a San Juan Bautista, en el que cada inciso comienza con un grado de la escala musical, Guido nombró las notas tal y como las conocemos hoy.

Períodos históricos y declive

La mayoría de los estudiosos coinciden en dividir la historia del canto gregoriano en cuatro períodos o épocas. Con Carlomagno y la difusión por los monasterios, el canto gregoriano alcanza su máximo esplendor. Durante el siglo X, el repertorio aumenta y se copia en manuscritos con distintas notaciones musicales. Al final de la Edad Media, con la aparición de la polifonía, que deforma la frase, la melodía y sobre todo el ritmo del texto, el canto gregoriano entra en una etapa de declive progresivo.

Tras ser descartado por el Renacimiento y el Protestantismo, se hicieron muchos intentos para restituir el canto gregoriano en base a la música moderna de principios del siglo XVII. En el siglo XIX hubo un nuevo intento de reforma musical sacra y aparecieron algunas ediciones en la Universidad de Ratisbona. Se iniciará una etapa de revitalización con Dom Prosper Guéranger, abad de Solesmes de 1837 a 1875. En su empeño por restaurar la vida monástica, interrumpida hacía algunas décadas como consecuencia de la Revolución francesa, comenzará un proceso de recuperación del verdadero espíritu del canto gregoriano. Promueve la revisión y comparación de manuscritos en varios monasterios de Europa para devolverles su sentido original, en un trabajo paleográfico y semiológico.

Este arduo trabajo, que la Iglesia encargó a la Abadía de Solesmes tras León XIII, se fue realizando en el taller de paleografía gregoriana del monasterio. La fotografía facilita mucho esta tarea y se publican algunas obras con los resultados de los estudios. En 1903, San Pío X publica el motu proprio Tra le sollecitudini, sobre la música sacra. El mismo Papa promueve la fundación del Instituto Pontificio de Música Sacra en 1910.

Características musicales del canto gregoriano

Una respuesta técnica a tal pregunta sería la siguiente: se trata de una música monódica, diatónica, modal y de ritmo libre. Monódica. Diatónica. Modal. De ritmo libre.

  • Monódico: a diferencia de la polifonía, en el canto gregoriano todas las voces cantan una sola melodía.
  • Diatónico: este tipo de canto usa únicamente la escala diatónica, constituida por la secuencia natural de los sonidos, con un solo accidente, el si bemol.
  • Modal: el gregoriano se divide normalmente en ocho modos. Todos los modos se caracterizan por sus intervalos, por cómo de grande es la “distancia musical” entre cada nota.
  • Ritmo libre: las notas de la pauta gregoriana no tienen un valor medido absoluto, como en la música moderna; su valor fundamental consiste en el tiempo simple o silábico.
  • Lengua y texto: siempre son cantos en latín y los textos suelen provenir de la Sagrada Escritura; el canto gregoriano simboliza la unidad y la santidad de la Iglesia.

Se canta en frases completas: en el gregoriano se cantan ideas; es decir, frases completas en lugar de compases, guiadas por una forma de canta llamada pneuma. Además, a cada sílaba se le da una nota diferente. Así, en una sola emisión, la melodía crece, se desarrolla y decrece. Las frases musicales se repiten con frecuencia y se modifican ligeramente, creando un efecto sosegador.

Tipos de canto y uso litúrgico

El canto gregoriano es el canto litúrgico oficial de la Iglesia Católica de rito latino, por lo tanto, el que se usa públicamente con la finalidad de alabar a Dios y obtener la santificación de los fieles, objetivo de la liturgia. En la liturgia cristiana podemos destacar un claro influjo de la liturgia judía.

Hay distintos tipos de piezas dentro del repertorio gregoriano: el Responsorial, en el que un solista alterna con el coro o la congregación; el Antifonal, en el que dos grupos o coros, alternaban; y otras formas propias del oficio y de la misa, tales como himnos, himnarios, el gradual y el antifonario. El Concilio de Trento autorizó para uso litúrgico solamente cuatro secuencias: Victimæ paschali laudes, Veni Sancte Spiritus, Lauda Sion y Dies iræ.

Influencia y restauración moderna

Con la aparición de la polifonía, ciertas melodías gregorianas reciben acompañamiento de otras voces, dando lugar al organum paralelum, y algunas órdenes religiosas crean su propio estilo. En el siglo XVI se intentó hacer una nueva reforma musical pero no fue exitosa. En el siglo XVIII imperó la moda de agregar a la melodía notas de adorno incluyendo algunas partituras clásicas del canto llano.

Se inició una etapa de revitalización en el siglo XIX con Dom Próspero Guéranger (1805-1875) quien tomó la iniciativa de restaurar el canto gregoriano a través de los manuscritos antiguos que se habían conservado. Este arduo trabajo se fue realizando en el taller de paleografía gregoriana del monasterio de Solesmes, promoviendo la revisión y comparación de manuscritos en varios monasterios de Europa para devolverles su sentido original.

Sin embargo, se produce un hecho inesperado: una sencilla grabación hecha por los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos en España, arrasó con el mercado discográfico europeo y de Estados Unidos en 1993, provocando un interés renovado por el antiguo Canto Romano.

Espiritualidad y función

El canto gregoriano, entonces, es la música espiritual por excelencia de la Iglesia, el cual une los textos bíblicos con la sencillez monódica y la oración para elevar el alma a Dios de manera comunitaria. Desde san Gregorio Magno hasta el Concilio Vaticano II, el canto gregoriano ha acompañado la oración de millones de fieles.

Dom Jean Claire expresó que este tipo de música parecía “expresar” los tres votos religiosos: pobreza, castidad y obediencia. Pobreza: porque es simple y monódico, además de no contar con acompañamiento espiritual. Castidad: pues no suscita pasiones en el hombre, sino que invita a la paz de espíritu y a la serenidad. Obediencia: su razón de ser consiste en servir al texto litúrgico.

manuscrito medieval de notación neumática

Relevancia actual

Hoy continúa ocupando un lugar privilegiado dentro de la liturgia católica y sigue siendo un recordatorio de que la belleza también puede convertirse en un camino para encontrarse con Dios. Aunque el canto gregoriano está fuertemente asociado a la época medieval, sigue ejerciendo una influencia considerable en la música contemporánea. Numerosos compositores, como Maurice Duruflé y Arvo Pärt, se han inspirado en las melodías gregorianas y las han integrado en sus propias composiciones.

El canto gregoriano.

Datos relevantes (resumen)

  • Origen: liturgia romana, con influencias hebreas, griegas y romanas.
  • Nombre: vinculado a San Gregorio Magno (Papa c.590-604) y a una leyenda medieval.
  • Difusión: impulso decisivo en la época carolingia, difusión por monasterios benedictinos.
  • Notación: evolución de neumas a tetragrama (Guido d’Arezzo) y luego a notación cuadrada.
  • Características: monódico, diatónico, modal (8 modos), ritmo libre, latín litúrgico.
  • Restauración: abadía de Solesmes y Dom Próspero Guéranger en el siglo XIX.

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