Oración de Jesús en Getsemaní: texto bíblico y meditación

La oración de Jesús en Getsemaní es uno de los episodios más conmovedores y teológicamente reveladores de los Evangelios. Después de la última Cena, Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.»

Contexto y escenario

La noche antes de ser arrestado, Jesús fue con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, en el Monte de los Olivos. Era un jardín tranquilo donde él acostumbraba ir a orar. Jesús, después de la última Cena, se dirige al monte de los Olivos, mientras ora juntamente con sus discípulos. El recorrido hasta Getsemaní está lleno de expresiones de Jesús que hacen sentir inminente su destino de muerte y anuncian la próxima dispersión de los discípulos.

Mapa del Monte de los Olivos y ubicación de Getsemaní

Los acompañantes y la petición de velar

Jesús invitó a Pedro, a Santiago y a Juan para que lo acompañaran. Llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan a un lugar un poco más apartado. Les dijo: «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.» Les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.»

La angustia de Jesús y su oración

Luego empezó a sentir una tristeza muy profunda, y les dijo: «Estoy muy triste. Siento que me voy a morir. Quédense aquí conmigo y no se duerman.» Comenzó a entristecerse y angustiarse profundamente. Se adelantó un poco más y cayó en tierra. Pidió en oración que, si fuera posible, pasara de él la horrible hora que le esperaba.

Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló hasta tocar el suelo con la frente, y oró a Dios: «Padre, ¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero no será lo que yo quiera, sino lo que quieras tú.» «Abbá, Padre -clamó-, todo es posible para ti. Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía.»

Repetición y perseverancia en la oración

Jesús se fue a orar otra vez, y en su oración decía: -Padre, si tengo que pasar por este sufrimiento, estoy dispuesto a obedecerte. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Nuevamente se apartó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras con que había orado antes.

Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Los discípulos dormidos y la exhortación

Jesús regresó a donde estaban los tres discípulos, y los encontró durmiendo. Entonces le dijo a Pedro: «¿No han podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? No se duerman; oren para que puedan resistir la prueba que se acerca. Ustedes están dispuestos a hacer lo bueno, pero no pueden hacerlo con sus propias fuerzas.»

Cuando volvió y encontró a los discípulos dormidos, les dijo: «Simón, ¿estás dormido? ¿No pudiste velar conmigo ni siquiera una hora? Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil». Cuando regresó de nuevo adonde estaban ellos, los encontró dormidos porque no podían mantener los ojos abiertos.

La llegada de la hora y la traición

Luego volvió Jesús a donde estaban los tres discípulos y les dijo: «¿Todavía están durmiendo? Ya vienen los malvados para apresarme a mí, el Hijo del hombre.» He aquí la hora ha llegado, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levántense, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

En ese mismo instante, mientras Jesús todavía hablaba, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. El traidor, Judas, había acordado previamente con ellos una señal: «Sabrán a cuál arrestar cuando yo lo salude con un beso. Entonces podrán llevárselo bajo custodia». En cuanto llegaron, Judas se acercó a Jesús. «¡Rabí!», exclamó, y le dio el beso. Entonces los otros agarraron a Jesús y lo arrestaron; pero uno de los hombres que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al esclavo del sumo sacerdote cortándole una oreja. Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron.

Significado teológico y espiritual

La oración del Getsemaní revela la verdad sobre la identidad, vocación y misión del Hijo, que ha venido al mundo para cumplir la voluntad paterna de Dios hasta el final, cuando diga: «Todo está cumplido». En Getsemaní, más que cualquier otra oración de Jesús, se manifiesta la realidad del Hijo de Dios que, siendo igual al Padre, es al mismo tiempo verdadero hombre. Jesús, en la palabra que dirige a los tres discípulos a quienes llamó a estar cerca de él durante la oración en Getsemaní, expresa el típico esfuerzo de la responsabilidad, unida a la aceptación de las tareas en las que el hombre se ha de «superarse a sí mismo».

La oración de Jesús en Getsemaní se comprende no sólo en relación con todos los acontecimientos del Viernes Santo -es decir, la pasión y muerte en Cruz-, sino también en relación con la última Cena. Durante la Cena de despedida, Jesús llevó a término lo que era la eterna voluntad del Padre al respecto, y era también su voluntad: su voluntad de Hijo: «¡Para esto he venido yo a esta hora!»

En la invocación «¡Abbá! ¡Padre!: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres» hay tres pasajes reveladores: ternura filial, conciencia de la omnipotencia del Padre y, finalmente, la adhesión total de la voluntad humana a la voluntad divina.

Lecciones prácticas para la oración

  • La oración honesta puede expresar miedo, cansancio y angustia: no hay vergüenza en llevar a Dios nuestras penas y temores.
  • Perseverar en la oración implica lucha interior; muchas veces exige valentía para aceptar la voluntad de Dios.
  • La exhortación de Jesús a velar y orar nos invita a la vigilancia espiritual: «Velen y oren, para que no entren en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.»
  • La entrega de la propia voluntad a la voluntad divina es la clave de la verdadera libertad humana: «No se haga mi voluntad, sino la tuya.»

El Salvador sufre en Getsemaní

Fragmentos bíblicos clave

  1. «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú.» (Mt 26:39)
  2. «Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo.» (Mc 14:34)
  3. «Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.» (Mt 26:41)
  4. «He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.» (Mt 26:45)

Uso litúrgico y espiritual

Los relatos evangélicos de Getsemaní muestran dolorosamente que los tres discípulos, elegidos por Jesús para que estuvieran cerca de él, no fueron capaces de velar con él, de compartir su oración, su adhesión al Padre, y fueron vencidos por el sueño. La oración de Jesús durante su agonía en el huerto de Getsemaní y sus últimas palabras en la cruz revelan la profundidad de su oración filial: Jesús lleva a cumplimiento el designio amoroso del Padre, y toma sobre sí todas las angustias de la humanidad, todas las súplicas e intercesiones de la historia de la salvación.

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