Queridos hermanos, sean todos bienvenidos a la casa de Dios, en la que nos disponemos para celebrar la Santa Misa, en este segundo domingo de Cuaresma, encaminándonos hacia la Pascua con Cristo. Hoy la liturgia nos hace una solicitud especial respecto a Jesús: «Escuchadle». Pidamos a Dios quite de nosotros toda perturbación que nos impida escuchar su voz, y comencemos esta celebración con el canto de entrada.
Guía para las moniciones en la Misa: propósito y tono
La liturgia de hoy nos mueve a hacer el bien a los servidores de Dios. Para continuar brindándote este servicio, solicitamos tu aporte económico voluntario, que Dios bendecirá. Abramos nuestro corazón para que pueda hacerlo y comencemos esta misa con el canto de entrada. Al iniciar la Cuaresma, la Palabra pone su acento en la tentación.
Presidentes y encargados de liturgia pueden usar una sola monición para todas las lecturas incluido el Evangelio, si así conviene a la comunidad; pero si se necesitan moniciones individuales pueden prepararse por separado. Buenos días (tardes, noches) queridos hermanos. La liturgia de hoy nos mueve a hacer el bien a los servidores de Dios.
Monición inicial para el tiempo de Cuaresma
Al comenzar la Cuaresma, con el salmo 50 asumimos, como Iglesia, los pecados de la comunidad cristiana de todos los tiempos e incluso los de la humanidad entera. Cristo, con su obediencia, hoy quiere restaurar nuestra vida de pecado. El mundo está lleno de tentaciones, pero de Cristo hoy hemos aprendido cómo resistirlas.
El pasaje de la carta a los Romanos, que hoy escucharemos, conecta perfectamente a los dos protagonistas de las otras lecturas: Adán y Cristo. Lo que acarreó el pecado del primer Adán -la muerte- ha quedado ampliamente superado por lo que nos ha conseguido el segundo y definitivo Adán, Cristo Jesús: la vida.
Monición para la primera lectura (Génesis o relatos veterotestamentarios)
Hermanos, comenzamos a escuchar la Palabra de Dios. El relato de la vocación de Abrahán que encontramos en el libro del Génesis nos presenta al patriarca dejando su tierra y emprendiendo un largo viaje hacia una tierra prometida por Dios. La etapa de la historia de la salvación que se proclama el segundo domingo de Cuaresma es cada año la figura de Abrahán: en ese ciclo A, su inicio, su vocación, que él acepta inmediatamente, convirtiéndose así en el prototipo de todo creyente que, fiado en la palabra de Dios, deja todo cuanto posee y se pone en camino rumbo a lo desconocido.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Dios ha prometido gratuitamente a Abrahán una bendición universal y definitiva: él nos librará de la muerte si, como Abrahán, «esperamos en su misericordia».
Monición concreta para II Reyes 4, 8-11 (ejemplo alternativo)
Monición a la primera lectura (II Reyes 4, 8-11). El relatado en este pasaje que escucharemos del libro de los Reyes, es en favor de la mujer sunamita que acoge en su casa, con toda la esplendidez de que es capaz, al hombre de Dios. Esta acogida no queda sin recompensa, cumpliénsose así una promesa que Jesús hará en el Evangelio de hoy.
Monición para el salmo responsorial
El salmo recoge expresiones de confianza que muy bien podrían haberle acompañado durante la ruta. El salmo 32 nos invita a aumentar nuestra fe en la palabra de Dios que nos promete la salvación, aun cuando nos sintamos rodeados de debilidad y fracaso. Salmo responsorial: Salmo 32, 4-5. 18-19. y su misericordia llena la tierra. y reanimarlos en tiempo de hambre. como lo esperamos de ti.
Al comenzar la cuaresma, con el salmo 50 asumimos, como Iglesia, los pecados de la comunidad cristiana de todos los tiempos e incluso los de la humanidad entera. Salmo responsorial: Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. limpia mi pecado. cometí la maldad que aborreces. no me quites tu santo espíritu. y mi boca proclamará tu alabanza.
Monición para la segunda lectura (Romanos u otras cartas)
En la segunda lectura de hoy, Pablo aplica la vocación de Abrahán, y su respuesta de fe, a los cristianos: en concreto a Timoteo, uno de sus discípulos predilectos. San Pablo nos recuerda, en su carta a los Romanos, que la mayor recompensa que podemos recibir los cristianos es resucitar con Cristo. Si morimos con Él, nuestra recompensa es también la resurrección.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
Monición para el Evangelio: la Transfiguración y el mandato de escuchar
La escena evangélica de la transfiguración confirma la vocación de Jesús como Hijo amado de Dios e invita a los discípulos a que lo escuchen y le sigan en el camino hacia la Pascua. Cristo, con su obediencia, rompe la dinámica de las consecuencias de ese pecado, según lo afirma San Pablo y San Mateo: que Jesús vence la vieja tentación que amenazaba desde el principio a la humanidad.
gloria del Jesús transfigurado, en presencia de sus tres discípulos más cercanos, Pedro, Santiago y Juan, a quienes les permitió contemplar su gloria. -«Señor, ¡qué bien se está aquí! -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Para que nuestra Iglesia vaya cada día encaminándonos hacia la gloria de Cristo, purificándonos de nuestras manchas, a través del sacramento del perdón, durante este tiempo de Cuaresma.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. -«No moriréis. Si en la primera lectura veíamos a Adán sucumbiendo ante la tentación de Satanás, el evangelio de San Mateo nos ofrece hoy la otra cara: a Jesús que resiste las tentaciones del maligno, y nos queda de ejemplo para resistir nosotros también.
Moniciones para las oraciones de los fieles
Presidente: Amados hermanos, pidamos la misericordia de Dios en favor de todos los hombres y supliquemos el perdón para cuantos hemos pecado. Por la Iglesia, para que, en este tiempo de cuaresma, Dios conceda a cada uno de sus miembros, la fuerza necesaria para luchar contra el mal, convertirse de su mala conducta y retornar al camino del bien.
- Por el Papa, obispos y sacerdotes, para que en este tiempo de Cuaresma sean dispensadores generosos de la misericordia de Dios.
- Por quienes gobiernan las naciones, especialmente por los de nuestro país, para que eviten la tentación del dinero y su poder, y busquen el bien de toda la sociedad.
- Por los más desprotegidos de la sociedad, para que el pan de la palabra reavive en ellos las esperanzas de un futuro mejor.
- Por los peregrinos y emigrantes, los hombres sin techo y sin patria, para que la gloria que hoy se nos ha manifestado les ilumine y encuentren el camino a una vida mejor.
- Por todos los que sufren, especialmente por los enfermos, los abandonados y los que carecen de una vivienda digna, para que sepan completar, con su dolor, lo que falta a la pasión de Cristo.
- Por quienes estamos aquí reunidos en torno al banquete del Señor, para que seamos generosos con nuestros sacerdotes y siempre acudamos en su ayuda, sabiendo que son los enviados de Dios.
Presidente: Señor, Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza humana, herida por el pecado de Adán, escucha las oraciones de tu pueblo y concédele iniciar el camino cuaresmal con la fuerza de tu Palabra, para que venza las tentaciones del Maligno y llegue, con gozo, a las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
San Ramón Nonato: antífona litúrgica y monición para su memoria
El evangelio de hoy es el propio de la celebración de San Ramón Nonato, santo mercedario de gran devoción, sobre todo entre las mujeres en gestación y recién nacidos. San Ramón nació en el pueblo de Portell, situado en la comarca de la Segarra, provincia de Lérida, en el siglo XII. Y le pusieron el sobrenombre de nonato, por haber salido a la luz del mundo por la incisión, inspirada y urgente, que la daga del vizconde de Cardona practicó en el vientre de la madre muerta.
Muy joven ingresó en la Orden de la Merced. Fue, por tanto, redentor de cautivos en tierra de moros. En una redención que realizó en Argel, debió quedar en rehenes. Fue entonces cuando padeció el tormento de ver cerrados sus labios con un candado de hierro para impedirle dirigir palabras de consuelo a los cautivos cristianos y predicar la buena nueva liberadora del Evangelio. Rescatado por sus hermanos mercedarios, el papa Gregorio IX lo nombró Cardenal de la Iglesia con el título de San Eustaquio.
Un hombre de Dios dispuesto a dar la vida por los hermanos, que confió plenamente en aquel que lo había llamado a la vida y a su vocación, a pesar de las dificultades. Cuando iba ya de viaje a Roma, convocado por el Sumo Pontífice, le alcanzó la muerte en el fuerte y enriscado castillo de Cardona, el año 1240. El evangelio de la Transfiguración y la memoria de este santo nos invitan a confiar y a poner nuestra vida en las manos de Dios.

Moniciones prácticas y consejos para su uso en comunidad
Ser discípulo de Cristo implica conflictos y sufrimiento, pero también aporta una gran recompensa. De eso tratan las lecturas de hoy. La mayor de las recompensas, dice Pablo, es compartir la vida en plenitud que nos ha dado el Resucitado. Por su parte, el evangelio alude a una recompensa en dos direcciones: una, para los mensajeros del Evangelio a quienes les compete el honor de ser representantes de Cristo; otra, para quienes les acogen por ser discípulos, porque recibirán un premio en el cielo.
Para que los que celebramos hoy esta santa Misa, preparemos nuestros corazones para que lleguen a ser, por medio de la penitencia cuaresmal, tierra fecunda en la que la Palabra de Dios produzca buenos y abundantes frutos. Acerquémonos ahora a recibir el Cuerpo de Cristo y pidámosle que transforme nuestra vida para llegar -transfigurados por su misericordia- a las festividades pascuales.
Recomendaciones prácticas
- Si la comunidad es pequeña, use una única monición introductoria que englobe lectura, salmo y evangelio; si es grande, prepare moniciones breves para cada lectura.
- Mantenga un tono claro, cercano y orante: las moniciones deben conducir a la oración y a la escucha atenta de la Palabra.
- En celebraciones en memoria de santos mercedarios, inserte una breve referencia biográfica que ilumine el sentido de la fiesta (p. ej. San Ramón Nonato).
- Evite distracciones: las moniciones deben ser concisas y siempre orientadas a la acción litúrgica que sigue.
Como Hacer la Monición de Entrada
Textos y fuentes para preparar las moniciones
Fuentes útiles: Aldazábal, José, Enséñame tus caminos 8 Los Domingos Ciclo A, Centro de Pastoral Litúrgica Barcelona, 2004; Gutiérrez A. Estas obras y otros materiales de pastoral litúrgica ayudan a redactar moniciones fieles a la tradición y adaptadas a la comunidad.
Para continuar brindándote este servicio, solicitamos tu aporte económico voluntario, que Dios bendecirá. Gracias por su apoyo. ¡QUE DIOS LOS BENDIGA!
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