Significado y práctica de mujeres rezando en misa

El uso del velo o mantilla en misa es casi tan antiguo como la Iglesia misma. Uno de los motivos para el pueblo de la Antigua Alianza de usar el velo era la costumbre de cubrir lo que se consideraba digno de respeto, de veneración.

Un ejemplo de esto lo vemos en el Antiguo Testamento con el Arca de la Antigua Alianza que se guardaba detrás del velo del Santo de los Santos. Y la Iglesia ha retomado esta norma por los mismos motivos; de esta manera se cubren, por ejemplo, el cáliz, el sagrario, el copón, los altares, etc..

El velo ayuda a entender lo verdaderamente importante a los ojos de Dios: “Que vuestro adorno no sea lo de fuera, peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena.

La mujer, al cubrirse la cabeza, se recoge en oración, entre otras cosas, evitando así la distracción propia como ajena. Al cubrirse la cabeza, se recoge en oración, y evita así la distracción propia como la ajena.

Tradición, norma y libertad

Aunque el velo no sea una cuestión de dogma, es, al menos, una cuestión de tradición eclesial. Es por esto que, dada su importancia, el uso del velo o mantilla por parte de la mujer durante la misa fue, desde muy antiguo, una práctica obligatoria que incluso estaba consignado tanto en el Código de Derecho canónico del año 1917 (Can.

Y si la Iglesia vio la necesidad de no tener en consideración el velo durante la misa, como algo obligatorio, sus motivos válidos habrá tenido; que no significa esto acabar con lo que él significa o representa. Por consiguiente hoy en día ya no se usa, aunque esto no quiere decir que esté prohibido; la mujer que quiera llevar el velo en misa lo puede hacer.

El velo es obligatorio única y exclusivamente para las religiosas (siempre y cuando el instituto religioso así lo prescriba en sus constituciones) dentro y fuera de la misa. El velo es también símbolo de consagración para las vírgenes consagradas.

Signos de veneración: inclinaciones y gestos

Seguramente, al asistir a la celebración de la Santa Misa, te habrás dado cuenta de que, cuando se menciona el nombre de Nuestra Santa Madre, la Virgen María, los sacerdotes y muchas de las personas presentes se disponen a inclinar la cabeza.

En el actual rito romano se estipula que entre algunas de las normas más generales para todas las formas de Misa se deben realizar dos clases de inclinación para venerar al Altar, al Evangelio o las Divinas Personas, y estas pueden ser de cuerpo o profunda, o de cabeza.

De acuerdo con lo que establece la Instrucción General del Misal Romano, publicada en 1970 y actualizada en el 2000, la inclinación significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos.

La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas o la Santísima Trinidad; y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del santo en cuyo honor se celebra la Misa.

En la inclinación de cabeza, únicamente se mueve la cabeza desde el cuello, sin que se mueva el tronco. Lo hacemos al escuchar el nombre de la Virgen María a manera de reverencia y honor.

Se menciona a la Virgen María en dos ocasiones de forma ordinaria en el “Yo confieso”; y también se dice su nombre en el momento de la Plegaria Eucarística, cuando se menciona la comunión de los Santos.

Historia litúrgica del Misal Romano

Por medio de la Constitución Apostólica Missale Romanum, del 3 de abril de 1969, el papa Pablo VI aprobó el nuevo Misal Romano y la “Instrucción General al Misal Romano” (Institutio Generalis Missalis Romanum - IGMR), que acompaña y precede al formulario del Misal.

El texto de la edición oficial (editio typica) del Misal y de la Instrucción son del 25 de marzo de 1970. Pasados cinco años, en 1975, se publicó la segunda edición del Misal Romano. En el año 2000, treinta años después de la primera edición, se lanzó su tercera edición.

Recuperación y prácticas contemporáneas

El uso del velo o mantilla en misa es casi tan antiguo como la Iglesia misma. No obstante, desde hace tiempo las mismas mujeres han ido recuperando su uso y también reivindicando su verdadero significado.

Usar mantillas es una antigua tradición que muchas mujeres han optado por recuperar. Algunas mujeres están eligiendo la mantilla no sólo en la iglesia, sino para cualquier momento en el que rezan en privado o en público. De esta manera se ayudan a enfocarse en la oración.

Ya sea en la iglesia en un día de semana o en domingo, cuando una mujer se pone algo en la cabeza, se está diciendo a sí misma y a los demás que está vestida para la iglesia. La belleza de la mantilla es algo que honra a Dios así como la hermosa arquitectura o las bellas vestimentas también lo hacen.

Fundamentos bíblicos y teológicos

Todo hombre que ora “o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza. San Pablo dijo esto yendo en contra de las ideas de su cultura sobre los hombres y las mujeres: “Por supuesto que para el Señor, la mujer no existe sin el hombre ni el hombre sin la mujer.

San Pablo escribe que él desea que los corintios mantengan las tradiciones tal y como él se las transmitía. No hizo esto solo para su cultura. Más bien, está transmitiendo una tradición de mujeres que cubren sus cabezas y hombres que no lo hacen.

Santo Tomás de Aquino explica esta declaración de 1 Corintios 11.10, simplemente diciendo que es porque los ángeles están presentes en el santo sacrificio de la Misa. Los hombres deben mostrar reverencia, así como las mujeres.

Usos sociales y matrimoniales

En la actualidad, el uso del velo se acostumbra, en el mayoría de las ocasiones, durante la celebración del sacramento del matrimonio: la tradición Judía introdujo el velo blanco para las novias.

Tradicionalmente, estos velos de encajes cubrían el rostro y cuerpo de la novia. Se cree que cuando los novios se paraban bajo el “chuppah” (toldo de boda) se encontraban en un estado elevado. Este estado se revelaba más en la novia ya que su rostro emanaba una santidad especial, la “Schechinah” (la Presencia Divina) de Dios. De acuerdo a la tradición, en el día de su boda los novios están más cerca de Dios que en un día común.

Práctica devocional y guía para la participación

Incluso para los católicos más devotos, asistir a Misa a veces puede parecer una rutina. Sin embargo, la Misa es el acto de adoración más grande de toda la creación. Es lo más cerca que estamos del cielo en la tierra.

Esta guía accesible te ayuda a comprender y participar en la Misa con renovada claridad, devoción y asombro. Ya seas nuevo en la Misa, regreses después de una larga ausencia o hayas asistido durante años pero anhelas una experiencia más profunda, esta guía transformará tu forma de abordar la Liturgia.

mantilla en la iglesia, mujer rezando con velo

Prácticas recomendadas

  • Si una mujer decide usar velo, recordar que es una tradición y un signo de reverencia, no un dogma.
  • Respetar la libertad de cada fiel: la Iglesia no prohíbe su uso y algunas religiosas y vírgenes consagradas lo usan por mandato de su instituto.
  • Combinar la práctica externa (velo, inclinaciones) con una disposición interior de recogimiento y oración.

TE PONES el MANTO, VELO o MANTILLA en la MISA? TE QUEDARÁS SIN PALABRAS!

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