En el alma de un pueblo, quedan no solo acontecimientos ya lejanos, relatados de generación en generación, como solo testimonios de un pasado ya referido, sino que en muchas ocasiones van perviviendo en sentimientos y emociones que conciben su propia identidad, y que se van salvaguardando en los iconos que el propio pueblo va creando.
La venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es el principal titular de la Hermandad del mismo nombre que reside en el antiguo Convento del Corpus Christi de El Viso del Alcor desde sus orígenes.
Orígenes y promoción de la devoción en El Viso del Alcor
Precisamente fueron los Mercedarios Descalzos, los principales impulsores de la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno en nuestro pueblo, pues ellos empezaron a venerar desde 1604, la imagen de un crucificado bajo esta advocación, que según parece, fue traído desde Madrid por la Condesa de Castellar, doña Beatriz Ramírez de Mendoza.
Conforme fueron pasando las décadas la imagen de crucificado, que hoy conocemos bajo la advocación de Cristo de la Misericordia, fue ganando el fervor de nuestro pueblo, hasta convertirse en la gran devoción de la villa de El Viso.
Junto a este sincretismo devocional, el pueblo empezó considerar como suya la imagen de Crucificado que los condes habían traído y que los mercedarios habían difundido, por lo que no tardó en fundarse una hermandad para venerar a la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno que tanto arraigo empezó a tener en el pueblo.
Esta hermandad debió fundarse durante la primera mitad del S. XVII y debía de tener como imagen titular, al Cristo de la Misericordia y quizás la talla de Dulce Nombre de Jesús, ambas imágenes se conservan en la actualidad en el Convento del Corpus Christi de El Viso del Alcor.
La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno estaría formada por fieles laicos del pueblo, mientras que los frailes mercedarios serían los propietarios de su imagen titular; el Crucificado de la Misericordia.
Transformaciones iconográficas en el siglo XVII
El S. XVII es el primer siglo del Barroco y dentro de esta corriente estética debemos señalar que la devoción a Jesús Nazareno con la cruz a cuestas alcanza su máximo esplendor.
Y es que el S. XVII es un siglo de crisis, provocado principalmente por sequias y pestes que producían un gran índice de mortandad y generaba entre la población un ambiente de pesimismo.
Ante ello el pueblo busca en la fe, la principal vía para llegar a la salvación tras la muerte, a la vez que venera las nuevas imágenes que los artífices de la época realizaban para contrarrestar la herejía protestante.
Entre las imágenes que empezaron a tener mayor devoción y arraigo popular, están las de Cristo con la cruz a cuestas, cuya iconográfica es poco común antes de 1550 y que desde la segunda mitad del S. XVI y durante todo el S. XVII, se convertirá en uno de los principales temas cristológicos.
Este cambio estuvo favorecido por el intenso fervor popular que alcanzó en Andalucía durante el S. XVII las nuevas imágenes de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas ya que representaba a un Cristo vivo que carga con la cruz de los pecados de los hombres y al que el pueblo está llamado a seguirlo e imitarlo para que cada cual cargue con sus propias cruces, tal y como la hace Jesús Nazareno.
Dentro de este cambio debemos señalar el hecho de que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno sustituyera la imagen de un Crucificado muerto en la Cruz, por un Nazareno llevando la cruz a cuestas.
Renovación de imágenes y auge cofrade durante el Barroco
Ya hemos señalado que el S. XVII es el siglo de la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, pero no debemos de olvidar que durante el Barroco las cofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno en Andalucía alcanzan la época de mayor esplendor.
Dentro del auge del Barroco las cofradías de Jesús Nazareno enriquecen notablemente su patrimonio y sus cortejos procesionales alcanzan una gran fastuosidad, tal y como lo corroboran muchas cofradías de Jesús Nazareno de la campiña cordobesa.
Dentro de este proceso de enriquecimiento patrimonial numerosas cofradías renuevan sus imágenes primitivas, que serán sustituidas por otras cuya estética será la predominante en la época barroca: de esta forma la Hermandad del Traspaso de Sevilla, renueva en 1618 su titular por la imagen de Jesús del Gran Poder, obra de Juan de Mesa, en 1621 el mismo artista realizó otro Nazareno que sustituyó al primitivo titular de la Hermandad de la Rambla y en 1632, la Hermandad de Jesús Nazareno de Conil de la Frontera sustituye la imagen del Señor por otro Nazareno realizado por Francisco de Villegas.
Este fenómeno de sustitución de imágenes Cristíferas durante el barroco, dentro de las cofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno es expuesto por Juan Aranda Doncel, quien señala que la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Viso del Alcor, sustituyó a la del Cristo de la Misericordia en 1669, dentro del proceso de renovación de imágenes primitivas que las cofradías de Jesús Nazareno llevaron a cabo durante el Barroco.
Por tanto podemos cuestionar que la sustitución del Cristo de la Misericordia por la imagen del Nazareno se debiera a posibles discrepancias entre los frailes y los cofrades, ya que durante el S. XVII las cofradías de Jesús Nazareno alcanzaron un intenso fervor entre los fieles que empezaron a rendir culto a un Jesús Nazareno vivo, que soportaba en con su cruz los pecados de la humanidad.
Esta preferencia popular hizo que las cofradías de Jesús Nazareno alcanzaran una notable posición social y un poder que posibilitó que las antiguas imágenes titulares fueran sustituidas por otras tallas al gusto de la época y sobre todo, al gusto de los fieles y devotos de estas hermandades, que demandaban a un Jesús Nazareno vivo, llevando la cruz a cuestas para redimir a la humanidad.
De esta forma la Hermandad que se había forjado el Viso para rendir culto al Cristo de la Misericordia, sustituyó en el año 1669 la imagen de un Cristo crucificado y muerto por otra imagen de un Cristo Nazareno, vivo, llevando la cruz a cuestas.
Al margen de este cambio, la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno, no solo se mantuvo, sino que se arrebató: poco tiempo después la imagen del Cristo Crucificado pasó a llamarse Cristo de la Misericordia, advocación que quizás le impusieron los propios frailes mercedarios, al ver como el nuevo Nazareno empezó arraigarse con gran fuerza en el pueblo.
Andrés Cansino y la imagen de 1669
La nueva imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno fue realizada en 1669 por el imaginero Andrés Cansino.
Esta documentada gracias al testamento de su autor, pues a su muerte le faltaba por cobrar 100 reales al Padre Comendador de los Mercedarios de El Viso.
Andrés Cansino es un escultor tan importante como desconocido: debió de nacer hacia 1635, aunque su actividad artística no debió de iniciarse hasta 1649, año en el que tuvo que ingresar en el taller de José de Arce y en el que permanecería hasta 1655, cuando tras la aprobación del examen gremial, Andrés Cansino abriría su propio taller de escultura y en el que comenzaron a formarse artistas como Francisco Antonio Gijón o Luis Antonio de los Arcos.
Andrés Cansino fue un artista precoz pues dada su temprana muerte, acaecida en 1670, no pudo desarrollar una estética propia, sino mas bien mantener y transmitir el legado de su maestro.
En este sentido nuestro imaginero se convierte en un eslabón fundamental dentro de la evolución de la escultura barroca sevillana, pues al practicar la nueva estética del barroco (flamenco e italiano) introducido en Sevilla por el flamenco José de Arce, fundiéndola con las estética clasicista imperante en Sevilla desde el Renacimiento, provocó el nacimiento de un nuevo concepto escultórico que triunfaría a partir de su muerte y sería desarrollado por sus discípulos.
Llegados a este punto debemos de advertir dos cuestiones que pudieron determinar el encargo de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno: en primer lugar hay que señalar que los años centrales del S. XVII fueron muy difíciles, pues la epidemia de peste de 1649 diezmó la población a la mitad y desató una crisis económica que redujo considerablemente la promoción artística.
En este sentido hacia 1660 están en activo varios talleres sevillanos como el de los sucesores de Martínez Montañez, el de José de Arce, o el de Pedro Roldan.
A la vez otros artistas que empezaron a trabajar por libre, abriendo sus propios talleres, como el caso de Andrés Cansino, cuyas obras tendrían menor remuneración.
La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno fue encargada por el Padre Comendador de los Mercedarios Descalzos de El Viso, una orden surgida a inicios del S. XVII, que procuraba volver a los orígenes de la vida monástica, alejada de todo boato y riquezas.
Por tanto sería más comprensible que los Mercedarios de la orden reformada, encargaran la imagen de un Nazareno a un artista no muy prodigado, que trabajaba para particulares y para otras órdenes religiosas y cuya remuneración sería más asequible para los mercedarios descalzos.
Esto también pudo determinar que se encargase una imagen de vestir, muy probablemente de candelero, es decir, un maniquí articulado en los que sólo estarían tallados los pies, manos y cabeza, pues los mercedarios, según sus escasos recursos, encargarían una imagen de vestir que económicamente eran más asequibles que una imagen tallada al completo.
Además en el gusto de la época empezaba a consolidarse las imágenes vestidas con tejidos reales que otorgaban a la imagen un aspecto mucho más realista y lo aproximaban más al devoto.
Rasgos estilísticos y efecto devocional
Iconográficamente la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es heredero de los Nazarenos que ya existían en Sevilla (Pasión, Gran Poder), pero Andrés Cansino va a un paso más allá: realiza una obra más barroca y dinámica: gira su torso y cabeza hacia la derecha, a los que contrapone los brazos que giran levemente hacia la izquierda.
Al girar la cabeza hacia la derecha, Cansino consigue algo inédito en la escultura sevillana: la comunicación de la imagen con el devoto, que produce una comunicación íntima y mística, consiguiéndose de esta forma un impacto devocional.
Jesús Nazareno, itinera hacia el Gólgota con andar pausado y fuerte zancada: parece que el Señor se está levantándose de la caída, en un intento de plasmar un instante fugaz del camino del calvario, un rasgo plenamente barroco puesto que se adentra en un instante fugaz.
La influencia de Arce se hace patente en el trabajo de las gubias: se abandona el detallismo de herencia montañesina, en aras de una imperfección formal en la que cobran protagonismo el juego de volúmenes y los planos contrastados.
En este sentido, Cansino abandona el detallismo empleando un golpe de gubias largo y poco trabajado, pero con suavidad en el modelado y delicadeza en las formas.
Esta forma de trabajar la observamos en la portentosa cabeza de Nuestro Padre Jesús Nazareno: en su barba bífida y poco trabajada, la bóveda craneal tallada a base de largos golpes de gubias, con mechones largos y sinuosos, como si estuvieran húmedos.
Por contra, sus manos son de gran fuerza expresiva, detrás de ellas hay un estudio anatómico previo, donde están talladas las venas y tendones con un refinamiento que nos retrotrae a la estética más clasista de la escultura sevillana: son manos expresivas, pero de una delicadeza exquisita que parecen acariciar el madero, más que agarrarlo con sufrimiento.
En su gesto, observamos el virtuosismo de Cansino a la hora de plasmar la dulzura de Cristo, el cansancio, el dolor y la fatiga, que se combina armónicamente en una belleza ideal.
Por tanto, Andrés Cansino conjuga a la perfección los dos postulados por los que se regía la escultura sevillana de mitad del seiscientos: técnicamente mantiene las influencias del pleno barroco introducidas por su maestro José de Arce y estéticamente, mantiene la idealización y el clasicismo conceptual que caracterizan a la escultura de la escuela sevillana.
Restauraciones y conservación
La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno da buena cuenta de todo lo expuesto, pues el devenir del tiempo apenas ha transformado su concepción: probablemente en el S. XVIII se le añadió una cabellera natural sobre la original y esta se mantuvo hasta inicios del S. XX.
Pero no documentamos su primera restauración hasta 1975, entre el 17 de noviembre de 1975 y el 23 de Marzo de 1976 en el Instituto de Restauración y Conservación de Monumentos de la dirección general de bellas Artes del Ministerio de Cultura, en los Reales Alcázares de Sevilla.
Es esta restauración Francisco Peláez del Espino sustituyó su cuerpo original, probablemente de candelero, por otro que desvirtuó su concepción, al presentarlo muy erguido y con considerables desproporciones.
No fue una restauración acertada porque cambió notablemente su estética y el fracaso de la misma lo denota las fotografías conservadas y los testimonios documentales: en octubre de 1978, Peláez tiene que intervenir en la imagen arreglando un brazo del Señor.
En 1995, la imagen es nuevamente restaurada por el escultor don Francisco Berlanga de Ávila, quien realiza un nuevo cuerpo anamatizado, más en consonancia con su estética primitiva en cuanto a proporciones.
La devoción del Nazareno en contextos españoles: ejemplos y expansión
Una de las imágenes de mayor devoción de España es la de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Madrid, el popular Cristo de Medinaceli.
Esta advocación parece una contradicción, puesto que, si es el Redentor (que no es otra cosa que el libertador o el rescatador), ¿cómo puede ser rescatado?
El origen de esta advocación está en que esta imagen fue llevada a Mámora (Marruecos) por los capuchinos, para que fuera venerada allí.
Al caer la ciudad en manos de los musulmanes, la imagen del Cristo fue apaleada por las calles, quedando posteriormente requisada.
Más tarde, la imagen sería rescatada junto con otro grupo de prisioneros cristianos, por la Orden de los Trinitarios, por el precio simbólico de treinta monedas.
De ahí el nombre del Redentor Rescatado y el hecho de que esta imagen porte siempre el escapulario de los trinitarios.
El Cristo fue después trasladado a Madrid, instalándose en una capilla sufragada por los duques de Medinaceli.
Siglos después, durante la Guerra Civil española, la imagen fue enviada a Ginebra junto con otras obras de arte que debían ser rescatadas de la contienda.
Vista la imagen de Jesús de Medinaceli y conocida su historia, es fácil darse cuenta de lo que esta imagen quiere decirnos a nosotros, cristianos del siglo XXI.
Lo primero, es que Jesús, el Redentor, sigue esperándonos en todos aquellos que necesitan ser rescatados de su situación de pobreza, marginación, tristeza, soledad, adicción, etc.
Él, nuestro Salvador, nos espera en ellos y nos recuerda que cada cosa que hicimos a estos, los más pequeños, «conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).
Lo segundo, está muy relacionado con lo anterior y con la anécdota de la tiza. Y es que, muchas veces el Señor está en aquellas situaciones y personas que tendemos a tratar como si fueran anodinas.
La devoción del Nazareno en Alcázar de San Juan y otras localidades
La devoción a Jesús Nazareno Rescatado tiene su origen en el siglo XVII, cuando los frailes trinitarios descalzos, dedicados al rescate de cautivos, llevaron esta advocación por diversos territorios.
Gracias a la intervención de los trinitarios, la imagen fue rescatada junto a 211 cautivos y otras 16 imágenes sagradas.
En su honor, se celebraron grandes festividades en Madrid, donde la imagen pasó a conocerse como el “Cristo de Medinaceli”.
Siguiendo la expansión de esta devoción, la Orden de los Frailes Trinitarios Descalzos promovió la fundación de hermandades en diversos lugares de España.
En Alcázar de San Juan, se estableció en diciembre de 1709 una hermandad bajo esta advocación, fijando su sede en el Convento de la Santísima Trinidad.
Se cree que la primera imagen de Jesús Nazareno Rescatado pudo haber llegado desde Tánger junto a otras imágenes rescatadas por los trinitarios, iniciando así una tradición que perdura hasta nuestros días.
Desde su fundación, se convirtió en una de las hermandades más populares de Alcázar de San Juan, reuniendo un gran número de hermanos y consolidándose como un referente de la Semana Santa local.
Uno de los hechos más destacados en su historia ocurrió en 1862, cuando la reina Isabel II, en muestra de su devoción, donó una túnica para Jesús Nazareno Rescatado y un manto para María Santísima de los Dolores.
Estas piezas históricas se conservan en la actualidad como testimonio del vínculo de la hermandad con la realeza.
Durante la Guerra Civil Española, en 1936, la imagen primitiva de Jesús Nazareno Rescatado, junto con la de María Santísima de los Dolores, fue destruida.
Sin embargo, la devoción de los fieles no decayó y, pocos años después, fueron sustituidas por las actuales tallas, ambas obras del escultor valenciano José María Ponsoda Bravo.
La imagen de Jesús fue realizada en 1940 y la de la Virgen en 1941.
Hoy en día, la Real e Ilustre Esclavitud de Ntro. Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Stma. de los Dolores continúa siendo una de las hermandades más representativas de Alcázar de San Juan.

El Nazareno en otras regiones y continuidad devocional
Una ciudad milenaria como Huelva, contaría con un símbolo propio, la devoción al Nazareno, que se ha ido sucediendo durante quinientos años.
El Nazareno dieciochesco se convertiría en uno de las imágenes referentes de la Semana Santa onubense en los años de la Ilustración, hoy conocida por los testimonios gráficos de finales del siglo XIX y por la constancia del retablo cerámico aludido.
La figura de este Simón de Cirene había formado parte hasta ese momento del llamado paso del Motín perteneciente a la Hermandad del Valle de Sevilla.
De esta manera, el paso del Nazareno con el cirineo se convertiría en una de las escenas más devocionales de la Semana Santa onubense.
En 1890 la hermandad viviría un periodo de reorganización, saliendo el 4 de abril, Viernes Santo, al igual que lo haría en los años finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX.
Cuando Sebastián Santos nació, en 1895, la devoción del Nazareno de Huelva había llegado a un momento crucial de su historia.
La actual imagen del Nazareno de Huelva sería encargada por Antonio Tello Olivares y José Domínguez Barba, siendo bendecida el 31 de octubre de 1950.
Sebastián Santos había realizado una talla, en la que se conjugaba la belleza estilística con la devoción de un pueblo, que había perdido su principal imagen devocional en dos ocasiones, y en ambas renació de sus cenizas.
SALIDA 🔴 JESÚS NAZARENO DE JOCOTENANGO EL DUCE RABÍ 🔴 Procesión Tercer Domingo de Cuaresma 2026
Elementos litúrgicos y cultuales asociados
- Las cofradías del Dulce Nombre de Jesús celebraban sus cultos básicamente en dos momentos del año: la Navidad y las solemnidades de Semana Santa.
- Estas imágenes estaban igualmente vinculadas a imágenes de Ntra. Sra. de la Soledad o de los Dolores.
- La función del Domingo de Resurrección consistía en procesionar la talla del Niño en un trayecto totalmente arbitrario que simulase la pérdida del pequeño.
Patrimonio material y litúrgico
“… otra inferior para el camarín, dos camisas y dos enaguas de hilo, tres cíngulos de oro, una corona de espinas y tres potencias de plata sobredorada, una cruz grande de madera color caoba y otra pequeña para el camarín, una imagen del Cirinéo y cuatro angelitos con sus repisas y atributos de la pasión en plata y un estandarte morado de nuestro padre Jesús bordado en seda de colores”.
Patrimonios, pérdidas y reconstrucciones
La historia devocional de esta imagen daría para otro relato, reflejo de la historia de una hermandad, la del Nazareno, que sigue escribiendo sus páginas paralelas a la línea del tiempo de una ciudad milenaria como Huelva.
En 1950 la hermandad sufrió hechos trágicos y ejemplares, y la devoción supo reinventarse en nuevas tallas que representaron la continuidad del culto.
Tabla resumida: hitos cronológicos relevantes
- 1604 - Mercedarios Descalzos veneran un crucificado traído por la Condesa de Castellar.
- Primera mitad S. XVII - Fundación de la hermandad en El Viso del Alcor.
- 1669 - Sustitución del Crucificado por el Nazareno y realización de la nueva imagen por Andrés Cansino.
- 1975-1976 - Restauración en Sevilla por Francisco Peláez del Espino.
- 1995 - Nueva restauración y cuerpo anamatizado por Francisco Berlanga de Ávila.
La devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno, en sus distintas advocaciones y manifestaciones culturales, revela la capacidad de las comunidades para crear, transformar y mantener símbolos que articulan la fe, la memoria y la identidad colectiva.