Ordenación sacerdotal de José Luis Díaz: biografía y trayectoria

SOY JOSÉ LUIS DIAZ CRUZ, por voluntad de Dios sacerdote de la Diócesis de Matagalpa, Nicaragua. Recuerdo que de niño me llamó mucho la atención como un sacerdote que solamente tenía un brazo alzaba una custodia y bendecía a una gran multitud que permanecía de rodillas, recuerdo haberle dicho a mi madre que de rodillas estaba junto a mí. ¡Yo quiero ser como él! Así nace mi historia vocacional.

Primeros años y formación

Desde mis primeros recuerdos, me sentí atraído por las cosas de Dios. Era una inclinación natural, un susurro interior que me hablaba de un camino más allá. La idea de ser sacerdote germinó en mi corazón desde niño, aunque su plena comprensión y maduración fue un proceso paulatino, casi un misterio. Mi infancia estuvo marcada por la vida parroquial. Fui acólito durante muchos años, sirviendo en el altar, y más tarde, catequista, compartiendo la fe con otros. Desde mis primeros años, ese anhelo de servir a Dios como sacerdote ya residía en mi corazón.

Fue ordenado diácono el 08 de junio de 2019 y sacerdote el 23 de noviembre del mismo año. Al finalizar mi formación mi obispo me pidió que le acompañara en su Misión Pastoral en la diócesis de Matagalpa, servicio que desempeñé como seminarista egresado, luego todo mi ministerio diaconal y mis primeros meses de sacerdote. Oportunidad que agradezco al Señor, porque me permitió conocer a mi obispo y trabajar muy de cerca con él. Ver su humildad y cercanía con la gente, fue para mí un testimonio y un ejemplo a seguir, además verle como un verdadero profeta anunciando la Palabra de Dios y denunciando las injusticias.

Seminario y formación sacerdotal

Vocación y discernimiento

La vida me sonreía. Tenía una novia a quien amaba, un trabajo fijo con estabilidad económica, y me dedicaba a estudiar algo que me apasionaba y me sigue apasionando profundamente. Tenía, en esencia, todo lo que un joven profesionista podría desear. Se desató en mi interior una pregunta desgarradora: la tensión entre mi vocación personal y mi realización humana. Constantemente me decía a mí mismo: «Termino la carrera y ya luego pienso en esto de ser cura». Pero era una verdad a medias, una excusa para posponer lo inevitable.

No sé si alguna vez han sentido ese latido profundo y persistente de un enamorado, esa atracción que lo consume todo. Yo lo sentí, y la experiencia fue abrumadora. Me sentía dividido, jalado por dos fuerzas poderosas, y el conflicto interno era casi insoportable. Hasta que, en la universidad, mientras cursaba Ingeniería de Sistemas Informáticos, un profesor de Programación nos preguntó por qué habíamos elegido esa carrera. Sin dudarlo, casi por instinto, respondí: No sé, quiero ser sacerdote. Aquella confesión sorprendió a mis compañeros, quienes, desde ese momento, me cuidaron y, de alguna manera, me convirtieron en un referente para ellos.

Camino hacia la consagración y experiencias formativas

Navegando en mi computadora, mi atención fue capturada por la imagen de un legionario en sotana, publicada por un consagrado del Regnum Christi en Chile. En medio de mis propias dudas vocacionales, aquel consagrado chileno fue una guía invaluable. Yo consideraba opciones que parecían más “rígidas”, como la vida contemplativa, o la congregación en la que ahora me encuentro. Aún conservo el recuerdo de los correos que envié a ambas instituciones.

Los laicos del Regnum Christi de Panamá fueron fundamentales en mi comprensión del verdadero impulso misionero hacia las vocaciones. Gracias a su cercanía y apoyo, pude caminar y conocer la Legión. No concibo mi vocación como algo aislado o para mi propio beneficio. Cada encuentro, cada conversación, cada experiencia compartida con el santo pueblo de Dios, me convence más de que se aprende muchísimo de ellos. Es en esa interacción donde el sacerdocio cobra vida y sentido pleno, donde puedo servir y, al mismo tiempo, ser nutrido por la fe y las historias de quienes me rodean.

Formación académica y ministerial

  • Estudió Ingeniería en Sistemas y Redes Informáticas.
  • Ingresó al noviciado de Monterrey en 2013, donde también cursó sus estudios de humanidades.
  • Realizó sus prácticas apostólicas como formador y profesor en el Centro Vocacional de la Ciudad de México.
  • Posteriormente, llevó a cabo los estudios de filosofía y teología en Roma.
  • Además, realizó diplomados en acompañamiento, alta formación en ciencia y fe, y un curso de perfeccionamiento en acompañamiento de nuevos movimientos.

Ministerio sacerdotal y servicio pastoral

Al finalizar mi formación mi obispo me pidió que le acompañara en su Misión Pastoral en la diócesis de Matagalpa, servicio que desempeñé como seminarista egresado, luego todo mi ministerio diaconal y mis primeros meses de sacerdote. Oportunidad que agradezco al Señor, porque me permitió conocer a mi obispo y trabajar muy de cerca con él. Ver su humildad y cercanía con la gente, fue para mí un testimonio y un ejemplo a seguir, además verle como un verdadero profeta anunciando la Palabra de Dios y denunciando las injusticias.

Desde mis primeros recuerdos, me sentí atraído por las cosas de Dios. Era una inclinación natural, un susurro interior que me hablaba de un camino más allá. La certeza de ser sacerdote para anunciar a Cristo a la gente que tiene necesidad de Él se reafirmó en mi corazón con una claridad inquebrantable.

Pruebas, sufrimiento y fidelidad en la misión

Probablemente tú que estás leyendo estas breves palabras sabes un poco de mi historia, de lo que está pasando en mi patria y la terrible persecución que vive la Iglesia de Nicaragua. Como todo buen cristiano nunca pensé estar encarcelado, mucho menos siendo sacerdote.

En todo este camino difícil que me ha tocado recorrer, me he dado cuenta que a los seres humanos por naturaleza nos gusta vivir bien. Queremos vivir siempre saludables, no queremos que se nos mueran nuestros seres queridos, queremos ser felices: pero tristemente buscamos la felicidad en la comodidad, en la riqueza, en el placer y en lo vano, en lo que termina, etc. Y nos olvidamos por completo de la Palabra del Señor, Mateo 5.

En mi humanidad le tuve miedo al dolor, no me gustaba sufrir. Pero hoy estoy convencido que todo sufrimiento es parte de nuestra vida cristiana. El sufrimiento está presente en la vida de todos y de maneras tan diferentes. Seguro tú en este momento podrías pensar en al menos una cosa que te causa dolor, tristeza o preocupación. Son muchísimas cosas dolorosas y tristes que en estos últimos meses me ha tocado vivir como a muchos de mis hermanos nicaragüenses, pero me he dado cuenta de que el sufrimiento es un misterio que solamente desde la fe se ilumina y que nos permite ser fuertes, además de santificarnos.

La cruz, si se carga acompañada con el amor de Dios, puede aliviarnos el alma y llevarnos a un estado espiritual profundo. Cargar la cruz en medio del dolor es difícil, pero no imposible de la mano de Dios. Un mes antes de que nos encarcelaran mi madre falleció y siempre pregunte a Dios ¿Porqué te la llevaste? luego en la cárcel seguí preguntándole ¿Porqué me tienes aquí?... no he hecho nada soy inocente. No comprendía todo lo que estaba pasando. Ahora con seguridad ya no cuestiono la voluntad de Dios pues me he dado cuenta que Él siempre tiene un propósito en nuestra vida.

Gratitud y acogida tras la persecución

Mi obispo sabe que después de salir de la cárcel junto a mis hermanos fuimos bien recibidos en la diócesis de Gaylord. Mi diócesis, mi obispo, mis hermanos que están con Ustedes y yo estamos enormemente agradecidos. Agradezco profundamente a Mons. Jeffrey J. Walsh por su cariño y amistad, un hombre de Dios que admiro mucho y que agradezco al Señor el haberle conocido. Gracias por haberme abierto las puertas de su diócesis. Infinitas gracias al Padre Wayne Dziekan, por cada detalle y gestión para con nosotros. Dios le bendiga y esté siempre con él.

Agradecer de Igual manera a Sra. Silvia Cortes López, por su ayuda, sus consejos, que la virgen de Guadalupe interceda por su vida y servicio a la Iglesia. Agradezco a tantas personas lindas y buenas que de muchas maneras estuvieron aportando su amor y cariño de diversas maneras, de la Parroquia San Felipe Neri junto al Padre Kenneth Stachnik y a toda la Comunidad Hispana de la Capilla Nuestra Señora de Guadalupe. Les recuerdo siempre y les llevo en mi corazón. De manera muy especial agradezco a la familia Ramirez, pues en ellos encontré una verdadera familia y amigos de Nazaret.

Reflexión personal y llamada al seguimiento

Hay dos frases de la Escritura que resuenan profundamente en mi corazón y que han sido un faro a lo largo de toda mi formación. La primera es de Lucas 5:5: “En tu nombre lanzaré las redes”. Esta frase encapsula la esencia de mi camino, el momento en que me atreví a responder a ese llamado interior, a confiar en Su invitación a pesar de las dudas o las apariencias. La segunda, de Juan 15:15 “le he llamado amigos” ha sido mi guía en el día a día.

Él Señor siempre está con nosotros y Él siempre se abaja para escuchar al afligido y al atribulado, y siempre nos trata con misericordia. Por eso si estas pasando alguna situación difícil, sonríe y date cuenta que no estás solo, Jesús está contigo. Dios siempre provee, no deja solo al desvalido, siempre abre puertas allí donde parece que se cierran. Después de todo esto voy descubriendo las maravillas del Señor. Toda cruz lleva a la verdadera felicidad, a encontrar la verdadera paz, toda cruz lleva a la resurrección. Por eso agradezco a Dios tantos regalos que me ha concedido después de toda dificultad e incertidumbre y no puedo echar de menos a la Santísima Virgen María, ella ha estado siempre conmigo.

Actividad actual

Ahora mientras ustedes y mi gente de Nicaragua duerme, yo corro por las calles de Roma a abordar las rutas y los metros que me llevan a la Universidad, aunque en cada momento les recuerdo y elevo oraciones por ustedes, para que se porten bien. En Cristo y María! P.

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